La luz Seguir historia

flavii_mb Flavia M.

Sobre las memorias de alguien que ya no logra recordar con claridad.


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La luz

"A orillas del amor, del mar, de la mañana

en la arena caliente, temblante de blancura,

cada uno es un fruto madurando su muerte."

Idea Vilariño, Mediodía.



El viejo se contentaba con escuchar el sonido de las olas que chocaban contra el muelle. Imaginó cómo se arremolinaban alrededor de la madera, que intentaba mantenerse indemne al contacto de las lenguas saladas que no le daban tregua, y las tonalidades profundas que se entremezclaban con la espuma blanca, al tiempo que recordaba el cosquilleo en los pies que le producía al caminar por la orilla.

Un suspiro nostálgico se escapó por entre los labios del viejo en forma de vapor. Allí, parado en un infinito oscuro, deseó con vehemencia que sus ojos pudieran captar la belleza de aquel escenario familiar de la misma forma que sus otros sentidos. Pero eso era imposible, él lo sabía, pero su terquedad había aumentado con cada arruga; al punto que ya nadie le discutía nada.

Y así fue cómo, como único motor de sus últimos años de vida, se aferró al deseo de cosas imposibles y el recuerdo de la luz.

La luz… ¿Quién hubiese imaginado que extrañaría tanto la luz? La arrogancia que de joven había poseído, no le había permitido atesorar algo tan mundano como la luz. No fue hasta que ella dejó de retornar a su mirada, que comprendió el papel rotundo que tenía en los recuerdos. Los escenarios eran difusos y la imposibilidad de guardarlos de nuevo lo atormentaban y revivían el sentimiento de soledad que lo había embargado cuando el médico sentenció lo irreversible de su condición.

La luz… La luz se escondía de sus ojos. Ya no podía fotografiar nuevos horizontes, pero peor que eso, estaba olvidando poco a poco las escenas que alguna vez había sido protagonista. Escenas como la que se acercaba con timidez a su memoria, en aquel momento.

Una risa le retumbó en los oídos e hizo eco por entre las olas. La reconoció al instante. Era su risa, la de un niño ingenuo que disfrutaba del suave contacto de la arena sobre el cuerpo; a la que abrazaba para crear una montaña. No estaba seguro del lugar exacto donde había jugado esa vez, pero sí que se trataba del mismo escenario que ahora disfrutaba.

También recordaba cercano a él se encontraban sus padres, aunque solo las percibía como figuras alargadas que disfrutaban ver al pequeño reir. De improviso lo cargaron. En pleno vuelo lo llevaron hasta el agua. Los chillidos del pequeños se intensificaban cada vez que su pie rozaba la superficie fría del océano. Le fue imposible olvidar la sensación que le provocó la masa líquida o cómo el sol se ocultaba a lo lejos y dejaba un tizne de naranjas y violetas, pero ya no estaba seguro de cómo se veía.

Se trataba de un recuerdo tan lejano, que lo consumía las sombras. Podía describir el calor que le proporcionaba el abrazo de su padre al cargarlo, pero ya no podía definir el contorno del rostro o la amplitud de su sonrisa. Podía hablar sobre el sonido de las carcajadas de su madre pero ya no estaba seguro qué color tenía en los ojos.

La luz. Todo empezó cuando la luz lo abandonó. Primero difuminó las siluetas y luego las borró por completo. Ahora solo podía aferrarse a lo que los otros sentidos le ofrecían, pero era mentira que se conformaba con escuchar el sonido de las olas golpear el muelle. Deseaba más que nada poder ver la puesta del sol y los tonos naranjas y violetas. No quería que las sombras lo acecharan.

Pero eso era solo la testarudez que lo poseía, la incapacidad de resignarse, a pesar de los años, al destino eterno dentro de la caverna.

Giró sobre sus pies, con pasos lentos y la espalda encorvada. Con las manos fue guiando el bastón, que golpeaba la madera del muelle, que como él se defendía como podía de las inclemencias de la naturaleza.

El sol se adentró por fin en el horizonte y dio paso a la noche. El viejo continuó su marcha solitaria, ahora sí, en oscuridad absoluta.

19 de Mayo de 2019 a las 00:44 3 Reporte Insertar 4
Continuará…

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Fabián  Fabián
Muy buen relato de nostalgia sensorial. Saludos!
F. Ciamar F. Ciamar
Que triste :( Muy buena narracion, casi te hace sentir la desesperecion del hombre
19 de Mayo de 2019 a las 10:48

  • Flavia M. Flavia M.
    ¡Muchas gracias por leerlo y comentar! Me alegro que te haya gustado. 19 de Mayo de 2019 a las 14:18
~