El día que te encontré Seguir historia

ari-quintana Ari Quintana

Por la calle a la que se dirige al trabajo no pasaba nada, lo cotidiano lo embriagaba, hasta que un día todo su mundo cambió


Cuento Todo público.

#microcuento #amor #cuento
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El día que te encontré

Camino por una ciudad inundada de ruidos, edificios que diario le hacen cosquillas al cielo, cafeterías llenas de personas intentando un momento de paz.


Esta ciudad me llega a asfixiar del exceso que declara, nada aquí es discreto todo aflora, todo crece y otras cosas mueren en su lucha por sobrevivir.


Esta calle Ámsterdam por la que transito diario rumbo a mi oficina me relaja, es la única que siento me pertenece, es ese pequeño momento en el tiempo donde quisiera quedarme.


Pero un día después e miles de días iguales percibí sin querer por una ventana que alguien me observó, pensé era casualidad, no era el único caminando a esa hr temprano pero curiosamente sentí la mirada clavada en mi, y al alejarme de ella seguí sintiendo la mirada aún colgada a mi espalda.


Al siguiente día me fui unos minutos antes de la típica hora por la que pasaría por aquella ventana, y sucedió la misma sensación, la silueta en la ventana era una simple sombra de mujer o de hombre, realmente lo ignoraba pero de que clavaba su mirada en mi eso era seguro.


Deje de pasar un par de días por Ámsterdam tomando Av. México ya saben enfriar y olvidar todo el asunto de la ventana, pero no hubo forma en que dejara de pensar en ello y no fué hasta una semana después que decidí volver a caminar por Ámsterdam.


Tal vez se pregunten cuál es mi sensación al respecto ¿miedo? ¿angustia? ¿emoción? no sabría decirles pero miedo no era, simplemente no puedo explicar cómo ese hecho le dió un vuelco a mi vida y a la percepción que tengo de todo a mi alrededor.


Llegó el día en que tome Ámsterdam de nuevo pero no por el parque sino que me fui por la banqueta para pasar por la ventana lo más cerca posible, el corazón se me salía de la emoción, no sabía realmente qué esperar, al llegar al No. 327 caminé más despacio casi al grado de no hacer sonar mis zapatos, a la par mi corazón seguía como loco y poco a poco entre más me acercaba más tranquilo me iba sintiendo.


Me quedé junto a la gran puerta de madera contigua a la ventana y agucé el oído para escuchar alguna voz, movimientos, algo. Pero al desviar mi mirada hacia la ventana me di cuenta que en la corniza de la ventana había un sobre, me acerqué lentamente sin despegar mi cuerpo de la puerta y tome el sobre, tenía mi nombre.


Dentro del sobre una llave, mi cabeza estaba a punto de explotar, acaso ¿podría abrir la puerta de madera con ella?, me paralicé por unos minutos y decidí sacar la llave e intentar abrir la gran puerta, introduje la llave y giré la perilla y ¡click! abrió.


Mi corazón me decía entra y mi mente no paraba de gritarme que me iban a meter a la cárcel por allanamiento de morada, le hice caso al corazón, además el sobre tenía mi nombre con todo y apellido, me serviría de prueba ¡Tenía que entrar!.


Empujé la puerta lentamente y solo ví un pequeño jardín con una linda silla de madera, el día estaba soleado y hacía calor, mi frente, mi espalda, mis piernas estaban empapadas en sudor, pero era de la intensidad del momento sin duda.


La casa me parecía demasiado familiar y no me generaba miedo, seguí caminando y encontré la puerta que daba hacía la habitación dueña de aquella ventana.


Por fin entro la cordura en mi y toqué formalmente un par de veces hasta que una voz dijo: Entra, Bienvenido.


Y al entrar a la habitación pintada con paredes blancas y con muebles modernos la vi a ella en el fondo en un sillón color aqua, ella, la mujer que había soñado repetidas veces, la mujer que no sabía como se había adueñado de mis sueños y relatos oníricos, aquella que por la locura de su belleza jamás creí encontrar.


Mis amigos me juzgaban loco porque siempre les hablaba de ella, tan imaginaria y etérea que para mi era tan real como el día o la noche.


Me comencé a marear y a sentir náuseas y casi me desmayo, me tomé de la pared mientras todo me daba vueltas, no podía ser posible.


Ya no podía escapar, ya no tenía fuerzas y al escuchar sus pasos acercarse a mi, tomo mi hombro me dijo dulcemente por fin llegó el día, te encontré.








22 de Mayo de 2019 a las 17:29 0 Reporte Insertar 0
Fin

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