La luz dentro de ti Seguir historia

kazamalegend Reprán H.

Miriam es una mujer extrovertida, recién comienza su trabajo como arquitecta en una firma y ha sufrido un flechazo por su compañero de trabajo Obed. Pese a no ser una mujer cohibida decide ir con calma hasta hacerlo caer a sus pies, sin embargo, el destino y su insaciable curiosidad la llevarán a conocer a un artista en ascenso. Alberto, quien hace lo posible por mantener una vida sin complicaciones, intenta contener la ola de eventos que desencadena el conocer a Miriam, no conforme con su presencia, un visitante nada agradable intentará tomar la vida del escultor reviviendo un pasado tormentoso.


Romance Suspenso romántico Todo público.

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Abro la invitación a la fiesta y sin leer su contenido lo dejo caer al piso, hoy paso de música, alcohol y chicos; quiero una noche entera en mi cama después de una semana laboral cansada.

Voy a tomar una ducha contenta de que sea viernes y mañana no haya trabajo, la desventaja es que tendré que esperar hasta el lunes para tener unos momentos con la sonrisa perfecta de Obed. Es de los pocos que mantiene su distancia, siempre optimista y atractivo. Que fortuna tener un compañero así, trabajamos en la misma compañía, eso significa que…

Aún en ropa interior corro más rápido que una bala para coger el papel, acabo de recordarlo: él también debe estar invitado. No lo pienso dos veces, quiero verlo. Marco a Sonia y le comento que si iré a la fiesta, para que le avise a Ariel, Laura y Blanca, nuestras amigas. En grupo es más divertido.

Termino de bañarme y busco en mi armario algo adecuado. Lo malo del fin de semana y vivir sola, es la escases de ropa limpia. Meto la mano hasta el fondo y rescato unos jeans entubados, así como la blusa blanca tres cuartos que tan bien me queda; sencillo, cómodo y sexy. Esta vez no revelaré mis atributos femeninos más poderosos.

A pesar de que Obed no ha mostrado un interés desmedido no es diferente a la mayoría, sigue siendo hombre; en algún momento será seducido por mí. No me apetece un gusto unilateral, no es divertido y termina siendo cansado; no ofrece el éxtasis de la interacción física, siempre hay reglas y muchos peros.

Ambos somos adultos y estoy segura de no serle indiferente, esta noche puede ser mi oportunidad. Esta noche se irá conmigo.

Hemos llegado al lugar indicado hace una hora, pero no puedo encontrarlo; veo a la mayoría de los empleados y demás invitados, la cena comienza a servirse para después dar lugar a la música y bebidas embriagantes. Debo reconocer que la celebración es entretenida, incluso el ambiente es agradable; las mujeres (incluidas mis amigas) están despampanantes con los vestidos cortos, coloridos, escotados y modelos que dejan poco a la imaginación.

El nerviosismo está empezando a invadirme, vine sólo por él y no me siento del todo seductora. Puedo clasificarlo como extraño, no es algo que yo haría, pero este hombre me obsesiona.

Para el fin de la cena mis amigas han ayudado mucho a distraerme, por lo que Sonia y yo decidimos bailar. Me encanta el ritmo, ella se mueve sensual y yo le hago segunda, movemos los hombros, las caderas, reímos y disfrutamos de los movimientos de nuestros cuerpos.

De repente me pongo al cien, lo veo entrar con un grupo de hombres; son cinco, me parece. Se pasan de largo para sentarse en la mesa de fondo, lo que es perfecto pues está frente a la mía. Eso me pone y bailo con más entusiasmo.

Disfrutamos dos piezas más y le pido regresar a nuestro lugar. Una vez sentadas intento localizarlo, hacer contacto visual, pero los penetrantes ojos con los que me encuentro son los de un hombre alto, cabello oscuro, tez clara, expresión seductora y cuerpo ejercitado. Sonrío, hay muchos como él, coquetos y sin una pizca de sensibilidad. No es lo que ahora me apetece.

Decepción, es como un golpe en el estómago que me regresa a la realidad, Obed está sentado dándome la espalda, maldigo la situación.

Las chicas encuentran pareja para bailar, yo rechazo a los que me invitan, al final me quedo sola en la mesa. Me apachurro en mi asiento porque han pasado casi 30 minutos y no he podido tener mi momento con él.

Necesito una idea, un plan para acercarme y que no sea tan obvio, después de todo somos compañeros de trabajo y no quiero malentendidos.

Tengo la costumbre de mirar al suelo cuando estoy pensando, me pierdo entre mis lunáticas visiones de cómo sería o cuál es la opción más viable. Mi mirada se clava en mis zapatos; es la segunda vez que los uso, aún no se amoldan bien a mis pies. Entonces lo sé. Es necesario dar el primer paso para comenzar cualquier aventura. Haré lo habitual, iré hasta él y le preguntaré ¿bailas conmigo?, Sencillo.

Decidida doy el primer movimiento hacía su dirección. Una enorme sonrisa se dibuja en mi rostro al ver que por fin ha volteado, y no sólo eso, viene en dirección mía. Nuestras miradas conectan y nos saludamos a distancia.

—¡Hola! —Decimos al tenernos de frente. Su voz me gusta.

—Vengo con unos amigos, ¿te gustaría conocerlos? —Asiento con la cabeza.

Tomo su cálida mano y recorremos el salón hasta llegar a su mesa. Dicen que en manada se ven más imponente, efectivamente los cinco hacen juego.

—Este es Luis, José, Alberto y Esteban. Chicos saluden ella es Miriam, una compañera de trabajo, es la nueva de la oficina.

Me sonríen y cada uno me da un beso en la mejilla, me siento Nicole Kidman en los premios Óscar y ellos son unas estatuillas que quiero llevarme a casa.

Alberto, de la mirada profunda, parece que sabe que está arriba del estándar y se regocija en ello. Así que la estatuilla de Alberto no me la quiero ganar, esos son los tipos que quieren acaparar todo y en mi estante no hay cupo para él. Estoy un poco cansada de hombres así.

Obed pasa una mano por mi hombro y me atrae a él, acerca sus labios a mi oído para decirme:

—Alberto quiere conocerte un poco más, siéntete cómoda, no te va a comer.

se aleja dejando mi hombro descubierto de sus dedos y mi olfato lejos de su perfume. Volteo hacia sus amigos y ya no hay ninguno, Obed los imita y de pronto en la mesa sólo nos encontramos Alberto y yo.

—Pareces un poco impactada, ¿no es lo que esperabas? —Pregunta esbozando una sonrisa.

Me quedo helada por lo que acaba de pasar, no es precisamente la aventura que quería empezar. Sin una pizca de descaro comienzo a reírme.

—No hagamos de esta una noche fastidiosa, yo no soy lo que tú buscas y tú no eres lo que yo quiero.

—¿Cómo lo sabes? —No se molesta por mi cometario.

Me acomodo los lentes y lo miro directo a los ojos.

—Porque los dos somos iguales, sólo quieres impresionarme para pasar una noche conmigo y luego fingiremos que no nos conocemos; pero no vine esta noche para terminar en tu casa —la manera tan seria de verme y luego sonreír calmadamente me irrita.

—¿A qué vienes entonces?, lo que sea que ves en mí y te incomoda, es sólo un reflejo de tu personalidad.

Cruzo los brazos, miro a otro lado para evitar sus oscuros ojos y me encuentro a Obed en una mesa acompañado de sus amigos y otras chicas, la mujer a su lado tiene una belleza de televisión, con ese vestido amarillo arriba de las rodillas está preciosa. Que ridículo, me deja con su amigo y se va a coquetear con otra, no lo culpo, está en todo su derecho. Sin embargo, logra ponerme celosa e intolerante. De pronto me doy cuenta de lo obvia que estoy siendo.

—¿Es por mi amigo? Mi intención no es incomodarte, sólo quería hacerte una pregunta —volteo a verlo y lo confirmo.

—Así es, Obed es el motivo de estar aquí; supongo que ya no es necesario ninguna pregunta más.

Me siento avergonzada por exponerme de esa manera, tomo toda la dignidad que me queda y me doy la vuelta. Quiero salir corriendo, pero mi orgullo se niega a hacer más grande mi vergüenza. Llego al lado de Blanca y le informo que quiero irme. Pero todas se están divirtiendo en grande que no me hacen caso. Volteo hacia donde esta Obed, quien sigue muy divertido con su compañía. Por fin dejo de rogarles a mis amigas y salgo del salón. Voy maldiciendo al tipo cuando el roce de unas manos toca mí codo.

—Mi amigo lo hizo porque yo le pedí que nos presentara. Toma —me entrega una tarjeta—, hay una exposición de arte en esa dirección, un buen pretexto para que invites a Obed, le gusta esos lugares.

Por un momento no se si mi ira es más grande que mi sorpresa. Es posible que me haya enfadado con la persona equivocada. No me ha ofendido y yo he sido odiosa y grosera con él.

—¿Cuál es la pregunta?, la que querías hacerme hace un momento —tiene una sonrisa tímida que me pone la piel de gallina.

Con la luz su cabello se define castaño.

—Solamente, quería preguntar si bailas conmigo. Pero está claro cuál es la respuesta.

Se encoge de hombros y da la vuelta dándome un adiós con la mano.

14 de Mayo de 2019 a las 18:58 0 Reporte Insertar 4
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