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chiarambottino Chiara Bottino

Freya es una de las pocas personas con dones, viviendo en un momento en que el mundo está secretamente cambiando con ellos. Ellos que son mencionados en poemas nórdicos desde tiempos inmemorables y que todavía no lo saben. Freya solo se siente perdida y rota.


Fantasía Sólo para mayores de 18.

#love #drama #poderes #profecia #violencia
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FREYJA


Abrí los ojos. Un intenso impulso recorrió mi delgado y pálido cuerpo. Todo a mí alrededor estaba oscuro, era de noche. A lo lejos se veían luces de la calle y pocos autos circulando.


Dudé si me convenía levantarme o debería esperar. Empecé a observar mí alrededor. Bolsas de basura formaban un especie de colchón para mi cuerpo. Estaba en un callejón sin luz, los edificios tenían las persianas bajas y las luces apagadas. Un auto aparentemente roto estacionado o abandonado en frente mío tapaba casi toda mi vista a la calle que se dejaba ver. Me había quedado dormida, otra vez.


Tenía miedo, pero decidí levantarme. No podía arriesgarme a que me encontrasen. Salí del callejón y me adentré en la avenida Baulborn, empecé a correr a toda velocidad por calles vacías de gente sin saber bien dónde ir.


Corrí por horas, mis piernas no paraban a pesar del dolor y mi agitación no superaba la adrenalina del terror. Después de varios giros paré para ver donde me encontraba: Calle Rafael. Decidí girar hacia la derecha y seguir corriendo un poco más. El terreno ya no me era familiar, no solía andar por ahí seguido. Pero eso fue lo que me alentó. Por ahí no me buscarían seguro. Corrí, pasando inmensas casas lujosas. Algunas no tan grandes pero bastante ostentosas similares entre sí. Éste de seguro era un barrio donde yo no sería muy bienvenida. Las luces de la calle eran faroles con estilo y los arboles prolijos como si un jardinero se encargase de ellos.

Empecé a caminar buscando un lugar para descansar lo que quedaba de la noche y esconderme. Cada lote casi o más alucinante que el anterior, era un barrio que parecía salido de un sueño, el de alguien con mucha imaginación. Algunas de las casas eran demasiado -esculturas de leones, fuentes, lagos- pero había otras perfectas, sobrias, algunas hasta acogedoras. Lo que no lograba era imaginarme a los habitantes, aparecían en mi cabeza de forma negativa, como snobs, niños malcriados o las familias de las mismas personas que me estaban buscando.


En cierto punto me topé con un hogar distinto. Compartía con los otros la apariencia de valer millones pero entre los que la rodeaban parecía discreto, como si buscara esconderse. Era una de las casas que podía llamar acogedora, o por lo menos algo cercano a ello.


Paré y por unos minutos me quedé contemplándola. Wau...fue todo lo que pensé. Mientras que la casa de su izquierda era rosa y de cristal, y la de su derecha tenía un jardín delantero con un lago, un puentecito y cosas lujosas como las demás; ésta era de madera y vidrio similar a una casa tradicional de campo pero un poco más moderna. Tenía unas cortinas lindísimas color crema cubriendo las ventanas y la entrada consistía de una galería con tres escalones centrales para subir al balcón de barandas de madera techado. A un costado un asiento-hamaca de madera grande que se balanceaba, de con un gran almohadón blanquecino. Al otro lado dos silloncitos haciendo juego y una mesa baja. Nada más. Esto es lo que los faroles me dejaban ver.


Miré hacia mis costados volviendo un poco a la realidad. No había nadie. Decidí escabullirme por atrás. El jardín era grande, tenía una pileta añadida a un jacuzzi, todo rodeado de piedras. Era fantástico, pero ya un poco ostentoso y no combinaba del todo con la casa. Opté entonces por acostarme atrás del jacuzzi. Si alguien mirase por la ventana trasera no me vería. Me saqué la mochila que llevaba y la tire a un costado. Me recosté en el pasto y me quede dormida casi instantáneamente.



Me desperté muy temprano, gracias al sol. Esta vez más calmada pero todavía asustada. El olor del pasto era, sin ninguna duda, mejor que el de la basura. Estaba algo mojada por el rocío, pero si el día seguía así no tardaría en secarme.


Cuando me estaba preparando para irme antes de que me vieran, noté que algo no estaba en su lugar. O mejor dicho algo había aparecido al lado mío. Un sándwich de jamón y queso y una botellita de agua se apoyaban sobre una bandeja en el pasto. Miré para mis costados pero no había nadie. No me acordaba hacía cuanto tiempo no comía algo que no fuera de quiosco, estaba hambrienta. Dedicar unos minutos a comer algo no dañaría a nadie. En ese momento no quería pensar en que la comida no aparece sola, y que por lo tanto alguien sabía que estaba ahí.


Agarré el sándwich con las dos manos y le di algunos mordiscos. Pero cuando iba por la mitad, sentada cómodamente sobre el muro exterior del jacuzzi, relajada, olvidando todo lo que no fuera la comida de ese momento, escuché el ruido de la puerta trasera abrirse.


Dejé caer el sándwich en la bandeja, agarre la mochila, me paré y empecé a correr hacia un muro trasero en el jardín que unía a esa mansión con la vecina. Cuando estaba a medio trepar, colgada de la pared de piedras, alguien me agarró de la cintura. Tenía que ser un hombre, no es muy difícil distinguir entre manos, por lo menos no para mí. Mi corazón se paró y el miedo volvió a envolverme.


No puedo ir con la policía es muy peligroso, fue lo primero que pensé sin contar que la persona que me agarraba podía ser uno de ellos. Empecé a gritar histérica removiéndome de esos brazos que ahora me sujetaban firmemente. Toda la fuerza y destreza física que en algún momento me pude jactar de tener parecía haber desaparecido, estaba muy flaca y cada parte del cuerpo me dolía. No me alcanzaba la energía para salir así que desistí. Me solté de la reja y dejé que mi cuerpo cayera al suelo. Al caer me torcí el tobillo pero logré mantenerme parada gracias al hombre, aun sin cara, que seguía sin soltarme pero ahora me sostenía de una manera casi tierna. Me tranquilicé y me di vuelta. No puede evitar un mueca de dolor al tratar de apoyarme en la pierna izquierda, lo que él respondió con una sonrisa. Mi cerebro se calmó y un rápido flash apareció en mi cabeza.


Un niño jugando en las hamacas con su madre.


Lo empujé cayendo al suelo. Levanté la mirada, seguro parecía una niña asustada. Él seguía sonriendo . Era perfecto.





12 de Mayo de 2019 a las 15:43 3 Reporte Insertar 0
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F. Ciamar F. Ciamar
Gran comienzo!nrealmente me hacr querer leer mas y me encanta como esta escrito.
18 de Mayo de 2019 a las 11:21

~

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