Fantasía de Dragones Seguir historia

jamegerea Jorge Giovani Vallejo López

Una niña aficionada a los dragones logra hacer un sueño realidad gracias a un libro muy especial.


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Soñar, Imaginar y Vivir.


Podemos soñar con muchas cosas, las cuales van cambiando conforme pasa el tiempo.

Cuando somos niños casi siempre soñamos con aquello que nos gustaría llegar a ser, con aquello que nos gustaría vivir y con aquello que quisiéramos ver cuando seamos adultos.

Aunque de adultos también tenemos sueños que podrían ser diferentes a los de los niños, existen ciertas cosas con las que aún nos gusta soñar de igual manera que cuando éramos niños.

Los dragones son algo con lo que a todos nos gusta soñar; volando con ellos y sobre ellos en un viaje que a todos nos gusta imaginar; sus majestuosas formas e impresionante tamaño ha cautivado el sueño de los humanos desde siglos atrás.

A todos nos gustaría vivir la experiencia de escucharlos, de verlos y sobre todo poder tocarlos.

Saber que ellos existen; que son reales y que viven más allá de nuestra imaginación en un mundo al que solo aquellos que se atreven a soñar pueden llegar, es algo que inspira a atreverse a soñar.






En una noche lluviosa, una niña se encontraba en casa con su abuelo leyendo fantásticas historias de dragones, los cuales le fascinaban a la pequeña.


Aquellas historias estaban plasmadas un viejo libro tan grueso y pesado que la niña no podía cargarlo ni leerlo sin la ayuda de su querido abuelo; en este libro, el cual era su favorito de todos los que había visto en su corta vida; la pequeña podía leer increíbles historias sobre la más grandiosas y fantásticas criaturas que jamás se hayan imaginado.


Grandes y poderosos dragones alados que volaban sobre los reinos de la gran Europa, la antigua Asia y otros lugares insospechados.


Imponentes dragones cuyas alas eran más grandes que un avión y tan fuertes como un volcán; hermosos dragones chinos tan majestuosos y sabios como ninguno e incluso un dragón con apariencia de serpiente emplumada que le llamaba mucho la atención.


La pequeña escuchaba atenta cada una de las historias que le contaba su abuelo mientras veía cada ilustración que había en el libro sin perder detalle alguno; atentamente observaba mientras preguntaba a su abuelito: ¿de dónde venían?, ¿Donde vivían?, ¿Vivía alguno cerca? Y cosas por el estilo.


Su abuelo le respondía lo que podía sin romper la ilusión de la pequeña, apenas logrando contestarle ya que con cada dragón nuevo que conocía más preguntas por parte de la pequeña surgían.


En un momento después de mirar el reloj y tras un ruido proveniente de sus estómagos, el abuelo se dio cuenta que era algo tarde y ya era la hora de un pequeño bocadillo.


Por lo que le pidió a su nieta que lo esperara por un momento ya que él iría por leche y galletas para cenar; no había nada mejor que leche con galletas para cenar mientras se lee un buen libro o.… acaso ella no lo creía así; le pregunto con una gran sonrisa a su querida nieta.


La pequeña aun emocionada con gran euforia y un fuerte grito le respondió casi gritando “SÍ”, su abuelo sonrío y salió de la habitación pidiéndole nuevamente lo esperara mientras iba por su merienda.


La niña abrió el libro que reposaba en el sillón y comenzó a hojearlo un poco más, observando todas las ilustraciones de dragones que había; sujeto a su pequeño dragón de peluche que tanto le gustaba, ya que su abuelo le había regalado en su cumpleaños.

Comenzando a jugar con este, sujetándolo fuertemente ella giraba rápidamente mientras imaginaba que lo hacía volar, lo arrojaba al aire para después atraparlo; le movía las alas como si volara, hacía que rugiera con ella y hablaba con el dragón como si los dos fueran grandes amigos.


Ella lo sujeto con sus manos y mirándolo le dijo lo que sería fantástico si él fuera un dragón de verdad. Diciéndole al peluche que imaginara lo lejos que podrían llegar volando con sus grandes alas, su rugido sería tan fuerte que se escucharía por todas partes y él sería tan majestuoso como ninguno.


Sería tan grande y tan fuerte que nadie lo desafiaría. Entonces la niña abrazo fuerte al dragón de peluche mientras cerro sus ojos deseando ver un dragón de verdad.


El libro que se encontraba en el sillón repentinamente cambio sus páginas sin que nadie lo hiciera y entonces de este comenzó a emanar una bella luz multicolor con muchos destellos.


La pequeña que se encontraba de espaldas al libro no se daba cuenta de lo que ocurría, cuando; un sonido parecido a un pequeño rugido llamo su atención.


Ella volteo rápidamente logrando ver como del libro salía aquella bella luz y ruidos extraños que nunca antes habían escuchado; asombrada y temerosa se acercó lentamente intentando averiguar qué ocurría; y entonces de este comenzaron a salir pequeños dragones.


La niña estaba asombrada por lo que estaba ocurriendo.


Estos pequeños dragones parecidos a pequeños dinosaurios corrían por todas partes persiguiéndose y jugando unos con otros, algunos más escupían diminutas bolas de fuego, mientras otros se acercaban a saludar a la pequeña quien estaba feliz de ver a sus amados dragones vivos, mientras tanto; del libro continuaron saliendo dragones de todo tipo.


Algunos pequeños como una gallina y otros grandes como un camión, los cuales salían volando directo hacia el cielo llevándose con ellos el techo y algunas paredes de la casa; la niña estaba atónita mirando como salían y salían dragones de aquel libro; asombrada por lo impresionantes que eran todos ellos. Tal era su asombro y fascinación que no se dio cuenta que ya no se encontraba en la casa de su abuelo.


Repentinamente un par de dragones con grandes alas la asombraron al salir volando del libro directo hacia le cielo y aterrizando frente a ella estirando sus gigantescas alas como si quisieran maravillarla a propósito, maravillando a la pequeña mucho más de lo que ya estaba. Ella misma se decía que eso debía de ser un sueño y que no podía ser real lo que estaba atestiguando.


Hasta que del libro salieron dos majestuosos y gigantescos dragones chinos; uno rojo y otro blanco siendo acompañados de otros más pequeños que volaban circundando alrededor de estos.


Los dos dragones eran tan grandes y hermosos que junto con un brillo especial que emanaba de estos dos, la pequeña estaba atónita inmóvil observándolos subir a lo más alto del cielo hasta casi tocar las nubes; para inmediatamente bajar serpenteando hacia ella acercándose rápidamente hasta donde la niña se encontraba.


Rodeándola ambos volaban casi al ras del suelo distantes a su alrededor cuando uno de ellos se acercó y detuvo frente a ella, posándose en el suelo lentamente; la niña miraba al dragón sin perder detalle alguno de este, observaba sus grandes ojos los cuales le parecían muy bonitos, sus largos bigotes y espesa barba.


La pequeña quien se encontraba emocionada y más aún cuando bajo el otro dragón que también se acercó lentamente hasta ella.


Ambos dragones rodearon a la niña lentamente acercando sus grandes cuerpos permitiéndole a ella que los pudiera tocar con sus pequeñas manos, quien logrando sentir la escamosa piel de uno de ellos y el suave pelaje del otro, se dibujó en su rostro una enrome sonrisa de felicidad y emoción. Ambos dragones la rodearon hasta terminar detrás de ella asomando sus enormes cabezas sobre los hombros de la pequeña.


A quien miraban con sus enormes ojos; los cuales, inspiraban tranquilidad y armonía a la pequeña; quien en su rostro no podía dejar de verse una gran sonrisa de felicidad. Al tenerlos tan cerca y poder sentirlos ella estaba llena de júbilo ya que su deseo se estaba haciendo realidad; podía sentir su calor y su piel al acariciarlos, podía sentir su aliento y sobre todo sentir que realmente existían.


Entonces soltó su pequeño dragón de peluche dejándolo caer, el cual se desvaneció justo antes de tocar al suelo. La niña con gran ternura acaricio a ambos dragones y con una voz suave les dijo:” Sabia que eran reales y que realmente son muy hermosos”, abrazando el hocico de uno y le dándole un pequeño beso en la nariz al otro.


Una lagrima de alegría recorrió el rostro de la niña y con una enorme sonrisa en su rostro, la pequeña no dejaba de tocarlos ni de mirarlos minuciosamente; hasta que ambos dragones repentinamente levantaron sus cabezas dirigiendo su mirada hacia el horizonte; un sombrío horizonte cubierto por nubes de tormenta en el cual algo enorme se ocultaba. En ese momento ambos dragones se alejaron de la niña lentamente para emprender vuelo hacia esa dirección.


Aquella pequeña miraba hacia el horizonte intentando ver que era lo que ocurría; algunos truenos y relámpagos comenzaron a iluminar aquel sombrío lugar, revelando lentamente la silueta de lo que parecía ser un titánico dragón que se ocultaba en las nubes tormentosas y las sombras.


Los truenos resonaban iluminando su alrededor mientras la niña observaba como los dragones se dirigían hacia aquel sitio.

Pronto el cielo comenzó a despejarse poco a poco abriendo paso a los rayos del Sol, que apenas lograban colarse atravesar de lo huecos que las espesas nubes.


Lentamente conforme la luz del sol comenzaba a iluminarlo todo; se revelo la figura del que quizás, fuera el dragón más grande jamás visto por alguien y el cual se mostraba ante los ojos atónitos de una pequeña; quien al poder distinguirlo se quedó boquiabierta aún más sorprendida, por aquel dragón; era al que alguna vez le dijo que podía ser el dragón más grande de todos.


Su dragón de peluche se había convertido en un dragón real, el dragón más grande que nunca nadie antes hubiera visto jamás, tan era el tamaño de aquel titánico ser que incluso los dragones chinos que ella había acariciado antes, eran pequeños en comparación a este.


La niña no podía moverse debido a lo emocionada que se encontraba, solamente contemplaba a su dragón, el cual permanecía muy lejos a la distancia mirándola con sus grandes ojos; cuando repentinamente este se levantó sobre sus patas traseras y estiro su largo cuello junto con sus alas los mas que podía.


Haciéndolo ver a un más imponente; y justo cuando ya no lo podía creer la pequeña niña, el dragón lanzo un poderoso rugido tan fuerte que la tierra comenzó a cimbrarse, el viento comenzó a soplar con gran fuerza y el sonido era tan fuerte que parecía podía ser escuchado hasta los confines más remotos del planeta.


La niña con las aun con las manos tapando sus oídos y tras escuchar el rugido; comenzó a gritar con gran emoción brincando de alegría y con fuertes gritos lo felicitaba por ser el dragón más grande y fuerte de todos.


Aquel dragón solamente la miraba atentamente mientras ser era ocultado nuevamente y desaparecer cuando todo se cubrió de nubes y se obscureció.


La niña aun impresionada por lo que había visto permanecía de pie mirando hacia el horizonte mientras era iluminada por un rayo de luz proveniente del cielo que caía directamente sobre ella.


Entonces cerro sus ojos lentamente aun logrando ver a sus amados dragones acercándose, respiro profundamente y cuando los abrió descubrió que de nuevo se encontraba en la habitación en la que había estado leyendo el libro con su abuelo; quien en ese instante abrió la puerta entrando a la habitación con dos vasos de leche y galletas.


La niña estaba de pie justo en medio de la habitación mirando hacia una pared donde se encontraba su dragón de peluche parado en el piso frente a ella; su abuelo la miro y le pregunto si continuaban con el libro.


La pequeña miraba a su alrededor preguntándose qué había pasado, cuando vio a su abuelo le pregunto si los había visto y sobre todo escuchado; su abuelito sonriente le pregunto ¿escuchar qué? La niña le respondió el rugido del dragón; su abuelo le miraba extrañado por lo que le había dicho y le dijo que no había escuchado nada.


Entonces la niña le dijo que un gigantesco dragón había rugido tan fuerte que podía oírse por todas partes; en ese momento el abuelo recordó haber escuchado a su nieta imitando el rugido de un dragón mientras jugaba con su peluche, por lo que con una sonrisa le dijo que ya lo recordaba; un gran y poderoso dragón había rugido tan fuerte que casi rompe las ventanas.


Al escuchar esto la pequeña estaba contenta por lo que le dijo su abuelo, pero en solo un momento se dio cuenta que no lo había escuchado y solo se lo decía para no romper sus ilusiones. La pequeña entristeció, ya que supuso que aquello que ella vio y vivió no había pasado en realidad; al parecer solamente había imaginado todos esos dragones.


Su abuelito dejo las galletas y la leche en una pequeña mesita cercana al sillón para ir por algunas servilletas que había olvidado en la cocina.


La pequeña camino hacia su peluche, lo sujeto con sus manos y le pregunto si todo había sido real o un sueño; entonces, al levantarlo, descubrió debajo de este algo grande y brillante y muy particular, la escama de dragón.


Al mirarla su carita se ilumino de alegría dibujando en su rostro una enorme sonrisa, la levanto con su mano y miro detenidamente asombrada por un brillo especial que tenía; ahora estaba segura que no había soñado a los dragones y todo había sido real, por lo que con gran emoción salió corriendo en dirección a la cocina para mostrarle a su abuelo que en realidad había visto un gran dragón.


Mientras tanto el libro se quedó en el sillón cerrado como si esperara a que alguien lo abriera, de repente de debajo del sillón un pequeño dragón salió de debajo de este y lo escalo hasta llegar al libro.


El cual se abrió un poco con su hocico entrando de nuevo en este, cerrándose apenas y el dragón termino de entrar.


Una vez hecho esto, aquel libro permaneció ahí esperando el momento para transportar a quien lo desee, a un mundo lleno de dragones.

11 de Mayo de 2019 a las 00:01 0 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Jorge Giovani Vallejo López Aproximadamente desde los 14 años inicie a escribir algunos cuentos propios, me encantan las historias de fantasía, acción y aventura; más aun me gusta escribir con una bella melodia alimentando mi imaginación.

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