Cuento corto
2
647 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

I

Marcos llevaba una semana encerrado en la habitación del piso que compartía con un par de amigos. El final de curso siempre era una época complicada, pero este máster le estaba absorbiendo la vida. La verdad es que trabajar y estudiar no eran una buena combinación; había pedido vacaciones para poder entregar a tiempo su trabajo final de máster. Era administrativo en una pequeña empresa y al salir de su jornada laboral, corría para llegar a tiempo a la universidad. Tras cuatro horas de clase llegaba a casa justo para cenar y dormir. Al día siguiente, la rutina volvía a empezar y, en el fondo, sentía que su vida era como una rueda de hámster dando vueltas sin parar.


Estaba llegando a fin de curso y en cierta manera podía acariciar su libertad, pero estaba atascado y llevaba un retraso considerable en su proyecto. Si ahora suspendía, todo el esfuerzo quedaría en nada.


Esa noche en particular, los compañeros de piso de Marcos se habían ido a una fiesta universitaria. Fiesta loca, muchas chicas y mucha diversión, le habían dicho para tratar de convencerlo, pero su sentido de la culpabilidad había sido superior él y había preferido quedarse en casa para darle un empujón al trabajo pendiente. De eso hacía ya dos horas y ahí seguía con la hoja en blanco. Como era incapaz de escribir un par de líneas, intentó despejar su mente con el móvil. Por desgracia, terminó envidiando las instastoriesde sus amigos y lo bien que se lo estaban pasando.


Mientras se maldecía a sí mismo por no haberles hecho caso, una notificación de email le apareció en pantalla: «Deseos a domicilio, tu pide y nosotros lo realizamos. Llama o manda un Whatsapp al 600 501 312 y no te arrepentirás».


Caray pensó Marcos, el spam cada día es más ingenioso. Al menos, el punto de originalidad no se lo podía negar. El móvil volvió a sonar y otra notificación apareció en pantalla. «Llámanos, el primer deseo corre por nuestra cuenta. 600 501 312».


Este último mensaje le hizo mucha gracia así que, casi sin pensar, pulsó sobre el número y llamó. Una dulce voz femenina le respondió al otro lado.


—Deseos a domicilio, ¿en qué puedo ayudarle?

—Hola, quisiera una Pizza Unicornio — dijo aguantándose la risa y colgando.


Riendo todavía por el arrebato que había tenido, notó que se empezaba a relajar. No hacía este tipo de chiquilladas desde el instituto y la verdad es que le había sentado realmente bien. Se imaginaba la cara de la chica al decirle su deseo y una sonrisa picarona se le dibujó en la cara.


De repente el timbre sonó. Marcos se sobresaltó extrañado, ¿quién llamaba a la puerta a la una de la madrugada? Al abrir y se encontró cara a cara con un chico joven.


—Hola, le traigo su pedido. Pizza Unicornio ¿verdad?

—Sí... —balbuceó Marcos que apenas podía articular palabra por la sorpresa.

—Aquí tiene. Déjeme decirle que es una bomba de azúcar. Queso cremoso, algodón de azúcar y Peta Zetas, una combinación realmente explosiva, pero para gustos… — dijo el pizzero a modo de confidencia —Tome, antes de que se enfríe. Además ya está pagada, solo tiene que echar un firmita aquí — le dijo mientras le mostraba una tablet.


Marcos, que seguía sorprendido, firmó como pudo, el repartidor imprimió una copia y se fue. Tras cerrar la puerta examinó la caja, no conocía el restaurante, pero impreso en un lateral se podía leer “Deseos a domicilio”.


Estaba caliente, así que la abrió. El chico tenía razón no solo tenía una pinta asquerosa, era una bomba de azúcar. Estaba hambriento, así que cogió una porción.


—¿Pero que mierda es esta? —dijo Marcos mientras escupía el bocado— ¿Quién coño hace Pizzas Unicornio? En realidad la gracia había sido pedir algo tan absurdo como el propio email que había recibido. Ahora ya no le hacía tanta gracia.


Su teléfono sonó. Un número desconocido le estaba llamando.

—¿Hola?

—Hola Marcos ¿feliz con su pedido? —le dijo la misma voz de antes.

—Estaba asquerosa

—Vaya, siento que no haya cumplido sus expectativas, lamentablemente no podemos hacer nada con los deseos de nuestros clientes. Tan solo nos limitamos a cumplirlos —¿Queríamos saber si desea alguna cosa más?

—No gracias

—¿Está seguro? —dijo la voz insistiendo — somos capaces de cumplir cualquier cosa que usted pueda desear. No tenemos límites y ....

—No gracias —y colgó asustado dejando a la voz con la palabra en la boca. Esa conversación había sido muy extraña y Marcos empezaba a tener miedo. ¿En qué juego macabro se había metido?


Su teléfono volvió a sonar. Otra vez le llamaba un número desconocido.


—De verdad que no deseo nada. ¡Dejadme en paz!

—Lo siento no es tan fácil, usted a contraído unas obligaciones con nuestra empresa.

—¿Perdona?

—¿Recuerda el recibo que firmó?


Marcos se fue corriendo a buscar la caja de la pizza. No recordaba que había hecho con el recibo. Estaba de los nervios mientras revolvía la habitación en busca del dichoso papelito. Finalmente lo encontró arrugado en una esquina de la habitación:


«Gracias por elegir “Deseos a domicilio”. Estamos a su disposición para hacer realidad cualquier deseo que usted requiera. Tiene derecho a tres deseos, uno de ellos ya disfrutado en el momento de la firma de este contrato. Además, el firmante se compromete a usar como pago su propia vida transcurridos diez años desde la firma. Por ello, cumplido ese plazo, un trabajador de nuestra empresa le hará una visita y le ofrecerá un plazo extra de 5 días para poner en orden sus cosas y despedirse de sus seres queridos. La firma de este ejemplar implica la aceptación de todas sus cláusulas. En caso de incumplimiento, nuestro trabajador se personará de inmediato para hacer efectivo el pago de la deuda contraída. Muchas gracias por trabajar con nosotros. “Deseos a domicilio” siempre a su servicio».


—Pero pero… ¿qué coño es esto?!!! — gritó Marcos al teléfono

—Tranquilícese, son solo las condiciones de nuestros servicios.

—Yo no he contratado nada

—Hombre, usted nos pidió una Pizza Unicornio, nosotros cumplimos su deseo y usted firmó el contrato. ¿No le enseñaron que hay que leer antes de firmar?

—¡Si esto es una broma pesada no tiene ni puñetera gracia!

—Le aseguro señor García que no es ninguna broma y que su incumplimiento tiene graves consecuencias.

—¿Cómo sabe mi nombre?

—En el momento de su firma, usted nos transfirió su alma. Lo sabemos todo de usted. Se llama Marcos García, tiene 25 años y es el tercero de una familia de 4 hijos. Hace 8 años su familia sufrió un terrible accidente de tráfico siendo usted el único superviviente. Ahora trabaja de administrativo en una pequeña empresa para pagar el piso que comparte con unos amigos y el máster que está estudiando. Que por cierto, se le está resistiendo, quizás le podríamos ayudar con ese problemilla ¿sabe? En fin... Podría continuar, pero creo que ya hemos captado su atención ¿verdad?

—Verdad—respondió Marcos derrotado

—Mire Marcos, yo le entiendo, pero las cosas son como son y creo que usted ha tenido una vida muy dura. ¿Por qué no disfrutar del éxito lo que le queda? Puede ser millonario, puede ser una estrella de rock o del cine… solo tiene que pedirlo.

—¿Y si no quiero nada?

—Hombre, el incumplimiento de las condiciones tiene graves consecuencias. Yo me lo pensaría antes de ir por esa senda. Además, al jefe de abajo, ya sabe, no le gustan los indecisos y usted está dudando más de lo habitual. Saltaran las alertas y su caso será transferido a mis compañeros de segundo nivel y… bueno no sé si le gustará recibir una de sus visitas —En ese momento sonó el timbre de la puerta— Ups… lo siento, parece que su caso ha sido transferido. Buena suerte.


La voz le colgó y Marcos se quedó ausente mirando el teléfono ante la surrealista conversación que acaba de tener. Mientras, el timbre sonaba cada vez más insistentemente.


Se acercó silenciosamente a la puerta y miró por la mirilla. Al otro lado, un hombre mayor de pelo canoso y piel blanquecina esperaba ataviado con un inmaculado traje negro.


—Sr. García, sé que está ahí detrás. Le rogaría que me abriese la puerta para que podamos tratar el delicado tema que nos atañe a usted y a la empresa que represento.


Marcos abrió despacio la puerta y antes de que pudiera darse cuenta el hombre se había deslizado sigilosamente hacia el interior del piso.


—¡Por fin! como son ustedes los mortales…

—¿Quién es usted?

—Disculpe mis modales, mi nombre es Cristóbal y trabajo para…. —dijo mientras rebuscaba entre unas hojas de papel — “Deseos a domicilio”. Lo siento, tenemos múltiples nombres y en ocasiones cuesta centrarse ¿sabe?

—¿Y qué quiere de mí? —le dijo Marcos a la defensiva.

—Oh… yo nada, pero mi jefe quiere su vida dado que su alma ya la tiene. Ahora es solo cuestión de tiempo y eso es lo que he venido a negociar con usted. ¡Tiempo!


Esas palabras dejaron en shock a Marcos, que ya estaba empezando a volverse loco. Deseos, almas y el infierno, que parecía un maldito call centercon burócratas, contratos y letra pequeña. Una pesadilla en toda regla.


—Yo solo pedí una maldita Pizza Unicornio!! — dijo desquiciado.

—Cierto, y aceptó nuestras condiciones con su firma. La verdad, ha batido nuestro record de deseos absurdos. Hasta nos hemos jugado su caso. El día a día ahí abajo — dijo señalando el suelo — es muy aburrido. ¿Se imagina una vida de funcionario para toda la eternidad? pues así estamos, y cuando sale un caso como el suyo, nos emocionamos tanto que nos lo jugamos a la pajita más corta.

—Soy muy joven para morir. ¡Solo era una broma!

—Claro hombre. Llame a mis compañeros y pídales los dos deseos que le quedan. No nos volveremos a ver hasta dentro de 10 años. Es una muy buena oferta la verdad.

—¿Y si quiero vivir más de 10 años?

—Bueno… Esto no se lo puedo garantizar ni yo, que soy una Parca. Quiero decir, que un día es un accidente de tráfico, otro día es un terrorista con una bomba, una caída tonta en la bañera,... ¿Quien sabe? El hilo del destino es muy caprichoso y no intervenimos en él a menos que tengamos un contrato firmado. — le dijo mostrando el recibo que Marcos había firmado al pizzero. — pero con esto le podemos garantizar 10 años de una vida de éxito… bueno si sabe elegir bien.

—No me interesa. Seguro que hay algo que podamos hacer. Todos los contratos tienen sus lagunas —le replicó Marcos que se había dado cuenta que la única forma de salir de esta era seguirle la corriente.

—Lo siento no hacemos excepciones. Si no le interesa nos vamos directos al inframundo.

—Vamos hombre… algo se podrá hacer. Piense que de no ser por mí estaría con su rutina burocrática. Solo por eso, ¿no me merezco una segunda oportunidad?

—Es usted muy atrevido Sr. García —dijo mostrando una sonrisa perfecta— y como caso excepcional, puede que podamos jugar a algo llamado “hagamos un trato”.

—¿Qué trato? —preguntó Marcos que empezaba a visualizar una pequeña esperanza.

— Sabe usted, en el fondo como somos burócratas, solo necesitamos a alguien que ocupe su lugar. Nos da igual si es usted, su amigo o la vecina del cuarto.

—Pero… ¿me pide que le pase el marrón a otro?

—Justamente

—No puedo hacerlo, no sería justo.

—¿Quién dijo que era justo? Le ofrezco una solución por que me cae usted simpático.


Marcos se sintió totalmente derrotado y empezó a pensar que de todas formas no tenía familia y su vida era mediocre. ¿Por qué no terminar de una vez con todo?


—Sabe usted, tampoco es tan complicado —le dijo Cristóbal mientras ojeaba lo que parecía un expediente— Veamos… su familia falleció en un accidente de tráfico causado por un vehículo de grandes dimensiones, concretamente un camión, que además se dio a la fuga. Nunca se encontró al culpable y por ello sigue impune de las muertes causadas. Ahí lo tiene. Esta es su oportunidad.


—Pero si nunca se encontró a ese conductor.

—No hay secretos para nosotros. Yo mismo tengo aquí el nombre del culpable. ¿Tenemos trato? — le preguntó Cristóbal ofreciéndole mano.

—Tenemos trato — respondió Marcos — dándole la mano.

—Un placer hablar con usted Sr. García y que disfrute de una vida larga y plena.


Cristóbal se desvaneció y el contrato se volatilizó. Hubiera parecido un sueño, de no ser porque la Pizza Unicornio continuaba sobre la mesa. Marcos esperaba impaciente que el culpable de la muerte de su familia recibiese una llamada y cayese en la trampa.

8 de Mayo de 2019 a las 08:32 0 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Historias relacionadas