La Plaga Andante Seguir historia

karimnc Karimn Castorena

"Tus muertos volverán a vivir; los cadáveres se levantarán... Anda, oh pueblo mío, entra a tus habitaciones; cierra tras de ti tus puertas..." Isaías 26:19-20 La humanidad se encuentra al borde de la extinción. Los no muertos caminan sobre la faz de la Tierra y se han coronado cómo los reyes indiscutibles de la cadena alimenticia. Acompaña a los pocos habitantes de este mundo y vive junto a ellos y en carne propia las desgracias y desventuras de vivir en un planeta muerto y sin esperanza.


Post-apocalíptico Sólo para mayores de 18.

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El Valle de Muertos.

Fecha: Mediados de septiembre del año 1 después de la plaga andante.
Hora: 22:00 aproximadamente.
Ubicación: El Valle de los Muertos.


Era una fría y lluviosa noche de mediados de otoño. El viento aullaba casi en un silencio total y llevaba consigo un sentimiento de soledad, melancolía y abandono. La lluvia caía desde el atardecer por lo que la tierra se había convertido en espeso lodo. Las nubes ocultaban la poca luz que las estrellas podían ofrecer, el mundo estaba cubierto de oscuridad. De vez en cuando un relámpago rasgaba el cielo e iluminaba por pocos segundos los campos atestados de despojos carbonizados, los restos humanos estaban apilados en montañas de varios metros de altura y databan de los primeros meses de la plaga, cuando aún se pensaba que los difuntos eran el principal foco de infección y eran calcinados en masa. Aquel lugar había sido bautizado como el “Valle de Muertos”, un nombre tan lúgubre como el mismo sitio. Cualquier individuo que rondara por aquel paraje juraba que dicho nombre no le hacía justicia a tan desolado y triste lugar. Alguna vez se corrió el dicho de que todos tenían al menos un familiar ahí, sepultado en alguna parte de los kilómetros y kilómetros de pilas de esqueletos.


En medio de éste matadero avanzaba un vehículo todoterreno cuyo motor, vagamente modificado para minimizar el ruido, rompía con el ambiente de silencio y calma. El automóvil tenía capacidad para 5 integrantes: Un conductor, un copiloto que estaba encargado de la navegación y la lectura de mapas, dos pasajeros cuyo trabajo dependía del tipo de misión que se llevara a cabo y un artillero ubicado en la zona de carga; la parte trasera había sido alterada para que se tuviera una vista de 180 grados, el cristal y la carrocería habían sido removidos para dar lugar a un vallado metálico de un metro de alto, también se integró un asiento movible, un reflector de baja intensidad, un barandal para precaución del usuario y un faro de emergencia que podía ser dirigido manualmente. El protocolo de exploración ordenaba que las luces de los autos debían iluminar a un 20% de su capacidad, es decir, una luz tenue y casi inexistente. Justo en medio de los focos se encontraba la llanta de repuesto, en noches como ésta era solo cuestión de tiempo para que tomara el lugar de algún neumático dañado. La tracción de las ruedas no era de mucha ayuda entre escombros, fango y extraños restos. Las llantas habían sido reforzadas con cadenas para evitar cualquier atasco, lamentablemente no parecía que diera resultados. Para los miembros del único convoy de exploración y búsqueda hubiera sido más sencillo abandonar el vehículo y seguir a pie, pero ahí afuera había “cosas” que no dudarían ni un segundo en ir tras ellos.


A pesar de que el Valle de Muertos permanecía en constante silencio, los integrantes del grupo juraban que el viento venía acompañado del sonido de las voces de aquellos que habían muerto inhumanamente a lo largo de la plaga y que ahora yacían ahí, a la espera de una redención que jamás llegará. Bajo ellos, en el cuerpo metálico del vehículo, se hallaba un recordatorio de aquellos caídos; con la sangre helada observaban como a su paso establecían un camino de huesos quebrados y viseras en un avanzado nivel de putrefacción. Un camino de muerte. Pero ¿Qué no era eso lo que les esperaba? Al final del camino sus cadáveres terminarían aquí. El Valle de Muertos reclutaba a todos, tarde o temprano.


Robert Lewis, el conductor del todoterreno, era un viejo que fácilmente pasaba las siete décadas de edad. Su gris y opaco cabello estaba descuidado, le avergonzaba la creciente calva que devoraba su cráneo por lo que usaba una despintada gorra roja con el logo de algún equipo de béisbol olvidado hace tiempo para esconder sus penas. Debajo del café de sus ojos se hallaban decenas de arrugas que se acentuaban por la falta de sueño, Robert había olvidado la última vez que pudo dormir mínimo ocho horas consecutivas. Sus párpados se volvían cada vez más pesados con el pasar de los días, cuando sentía que el sueño comenzaba a vencerlo se decía a sí mismo “Mantén los ojos abiertos maldito anciano, la ciudad depende de nosotros. Hazlo por ella, tu nieta te necesita.” A pesar de que forzaba la vista a causa de la poca luz que su auto emanaba no apartaba la mirada hacia la derecha o izquierda, su atención se encontraba totalmente en el camino ya que la vida de sus pasajeros y de la colonia dependía de que llegaran a salvo. Esas provisiones que habían conseguido les daría un respiro por al menos dos o tres semanas.


El copiloto y comisionado de crear la ruta de viaje era un joven de 24 años llamado Jack Armstrong. Por años se aprovechó de ser pariente del prestigioso astronauta americano Neil Armstrong y ahora, ese apellido no tenía ningún valor. La última vez que intentó utilizarlo a su favor fue durante su huida de los vagones del metro de la ciudad de Nueva York. “¡Hazte a un lado imbécil! Soy familiar de Neil…” Jack había sido golpeado con una botella de alcohol, el vidrio explotó al momento de chocar con su cráneo y había abierto una herida profunda en su frente. A pesar del terrible dolor que comenzaba a apoderarse de él logró, a duras penas, salir por una ventana y caminar por las vías hacia la estación mas cercana.

26 de Abril de 2019 a las 21:24 1 Reporte Insertar 2
Continuará… Nuevo capítulo Cada 15 días.

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Daniel Calpe Daniel Calpe
Me has sorprendido gratamente con este capítulo y tu forma de escribir, puesto que en este género hay muchos escritores novatos. Capítulo escrito con detalle y mimo, estoy impaciente por saber cómo continúa.
16 de Mayo de 2019 a las 05:17
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