Purificadores: En las sombras Seguir historia

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Presley Jensen es una Detective de la policía de Sinners City, con una vida laboral y social aburridas, un pasado que se guarda para sí misma y un macabro futuro aguardando. Pronto se verá envuelta en un caso que cambiará algo más que su simple rutina... transformará su vida para siempre. Conocerá un grupo de personas que al parecer forman parte de una organización llamada "Los Purificadores", personas con los fervientes ideales de hacer del mundo una utopía, eliminando de raíz el mal que en él habita. Son sus métodos y argumentos los que pondrán a prueba la moral de la Detective Jensen y, aun más, las tuyas.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13. © M. E. Cáceres

#245 #376 #381 #suspense
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1. Una vida ordinaria

Otro día. Nada más que otro aburrido y patético día para la Detective Presley Jensen. Su rutina es sencilla: levantarse a las 6 a.m., luego de que la pantalla holográfica de su alarma destellara sobre su cama de plaza y media que carecía de acompañamiento, ir al baño, orinar, enjuagarse los dientes, lavar su rostro y dedicarse una sonrisa sarcástica frente al espejo; tomar un café en la cocina, seleccionar una vestimenta deprimente y dirigirse al Departamento de Policía de Sinners City en el coupé que su padre le ayudó a conseguir. Algo de burocracia, no le ofrecían casos importantes o excitantes como los que archivaba, casi nunca estaba en el campo junto a la acción. Trabajar para un jefe que no vería el crimen ni debajo sus propias uñas. No era muy sociable, más que alguna que otra charla breve y ocasional con sus colegas pero tanto como lo era con su padre, Hal, con quién hace casi un año no se veía. Sus relaciones siempre fueron cortas y flojas, su última relación amorosa había terminado hace apenas un mes. Liberaba tensión practicando un poco de box, sentía que al menos para eso era buena. Pasaba más tiempo en la oficina que en el campo, la hacía recordar a su madre: «Vive, querida mía. Y aprovecha bien tu tiempo, no quiero verte desperdiciar tu vida tras un escritorio o arriesgando tu vida, el mundo es un lugar perverso, tú vive». Y así era.

De regreso en su apartamento, en el 6to F, ingresó y las luces encendieron automáticamente, una pequeña pantalla identificadora en la entrada anunciaba en letras pequeñas la llegada de la Detective. Llegó hasta el sofá en la sala, puso su arma en la mesa ratona, tiró su abrigo sobre otro sillón y se echó sobre el sofá. Comenzó a pensar en lo frustrante que se había convertido su vida, siempre fue destacada en sus notas en el colegio, la Escuela de Leyes, en la Policía e incluso pasó los exámenes para Detective a la primera, pero nadie querría compartir mucho con la sabelotodo, mejor es ser rata de escritorio. Se sintió vacía, sin vida, nada emocionante ocurría en su aburrida y tediosa existencia, a no ser por alguna película de esas que se quedaba viendo hasta pasada la medianoche o algún libro de romance o aventuras que su tía Clarissa, con la cual compartía la misma edad de veintisiete años, le había regalado para que le sirvan de compañía en las noches solitarias. Ella ya estaba viviendo su propia historia casada con Tom, un sagaz hijo de perra en la rama de la abogacía.

Elevó su vista al techo, recostada en el sofá que ya no estaba tan mullido como antes. Se incorporó y revisó su pulsera Vonix. Opciones holográficas aparecieron frente a ella, buscó entre el menú corriendo las opciones que iban apareciendo con su mano derecha. En una esquina figuraba la hora, 9.15 p.m. Un mohín apareció en su rostro, era algo tarde. Se dijo para sí que no estaría mal ver alguna película para completar la rutinaria jornada. Se estremeció al oír repetidos y violentos golpes en su puerta.

La Detective se levantó del sofá, tomó su arma y se acercó a la entrada mientras que el sonido parecía repetirse. Unas veces en su puerta, otras enfrente, en la puerta de otro vecino. Cuando hubo llegado a la entrada intentó ver por la pantalla de la micro-cámara. Era su vecino del 4to B, Jack Sullivan, lo veía ir y venir, desesperado, iba de puerta en puerta, pidiendo por auxilio. Jensen abrió la puerta y apuntó en ambas direcciones del pasillo. Sullivan la vio.

—¡Por favor, por favor! Viene detrás de mí. ¡Está loco! ¡Mató a mi colega! — decía agitado— ¡Tú! E-eres policía, ¿cierto? Estaré seguro contigo. ¡Haz algo! ¡Te estoy hablando!

Jensen lo vio de reojo mientras revisaba las escaleras sin bajar el arma. Regresó hasta la puerta e hizo un gesto para que se mantuviera en silencio.

— Vamos. Pasa.

Sullivan ingresó corriendo, trastabillando por el susto que llevaba encima.

Ella retrocedió lentamente de espaldas al interior sin dejar de mirar a ambos lados, cerró la puerta y la aseguró. Revisó la pantalla de la entrada.

— Gracias. Gracias. Me salvaste la vida. ¡Oh, maldita sea!

Presley oprimió el Vonix.

— 10-0, aquí la Detective Jensen, reporto un posible 10-14, tengo un testigo en mi apartamento que dice haber visto la situación. Envíe refuerzos y paramédicos a mi ubicación, enviando.

— 10-4, Detective. En unos minutos estarán allí. — Le respondió una voz masculina desde el Vonix.

— Copiado. — informó la Detective Jensen y cortó la comunicación. — Y tú. Me dirás lo que ocurrió.

— S-sí, por... por supuesto.

— ¡Ahora!

Sullivan dio un pequeño sobresalto, asustado por el pedido de la Detective.

— ¡Claro! Claro.

Jack Sullivan se levantó del suelo, estaba ubicado al final del apartamento, junto a la ventana. Abrió la boca para comenzar a hablar pero fue interrumpido por un pequeño sonido en el cristal. Sullivan giró aterrado. Jensen dirigió su vista a la ventana y reconoció un dispositivo pegado en el exterior del vidrio de la sala que tenía una diminuta luz parpadeante. En ese momento le dio la orden de que se tirara al suelo. El diminuto dispositivo hizo un estallido que no le permitió hacer movimiento alguno a Sullivan y lo impulsó hacia atrás, tirándolo al piso.

Varios pedazos pequeños de cristal se esparcieron por la sala. Presley Jensen había alcanzado llegar detrás del sofá para cubrirse de la explosión. El aire frío ingresaba del exterior y con él, un tipo alto vestido de negro y encapuchado.

La Detective Jensen oyó el aterrizaje del desconocido sobre los cristales en el suelo. Levantó la vista para ver lo que estaba sucediendo. La cara de este sujeto permanecía cubierta por una gran capucha, toda su vestimenta era oscura y sombría. Se veían bajo lo que parecía ser su tapado unas correas sujetas al cuerpo, que incluso llegaban a sus brazos, con diferentes tipos de cuchillos, en la cintura uno más del lado izquierdo y una pistola del lado derecho. Tenía unos guantes de cuero negro, unas botas del mismo color y material que llegaban a la mitad de sus pantorrillas y de una de ellas se podía vislumbrar el mango de otro cuchillo, este un poco más grande que los demás, con una empuñadura plateada y algunas tiras finas de cuero rojo enrolladas en ella.

— Te encontré... Desecho.

El desconocido tomó uno de los cuchillos que llevaba en una correa del brazo izquierdo y avanzó hacia Jack Sullivan. La Detective Jensen salió de atrás del sofá y lo apuntó.

— ¡Alto, policía! — ordenó Jensen.

El extraño se detuvo, sin mostrar su rostro y, aparentemente, sin apartar la mirada de Sullivan.

— Arroje el cuchillo al suelo y ponga las manos en la cabeza. Queda bajo...

— ¿Bajo arresto? — interrumpió a la Detective Jensen. — Hazte un favor y mantente fuera de esto, Inerte.

Su voz era grave y profunda, no se apuraba al hablar. Dio otro paso hacia Sullivan, el cual intentaba incorporarse y se arrastraba mirando con horror al desconocido.

«¿Qué cara...?», se dijo para sí misma, Jensen. Mantuvo el arma apuntando al encapuchado.

— ¡He dicho que se detenga! ¡Está infringiendo varias leyes y se le acusa de homicidio! ¡Arroje ese maldito cuchillo en este instante!

El extraño se detuvo por segunda vez. Giró su cabeza hacia la Detective esta vez, manteniendo su rostro oculto. Enseñó su cuchillo y lo devolvió a la correa. Con sus dedos parecía haber tomado algo, tan disimuladamente que escapó de la vista de Jensen.

— Tú no entiendes nada, Inerte. Este es un Desecho y es justamente por lo que estoy aquí. He venido a Purificar.

— Mantenga la boca cerrada. Ponga sus manos en la cabeza.

El encapuchado hizo lo que se le ordenó y retrocedió unos pasos hacia la ventana, quedando de frente a la Detective.

— La Ley. Permiteme preguntarte, ¿crees en ella? ¿Puedes tú confiar en la Ley? Dime, ¿acaso crees que escorias como este sujeto merezcan "la Ley"?

— Le he dicho que cierre la boca. Póngase de rodillas.

— Evidentemente no conoces tan bien a este tipo. Se nota en tu rostro, Inerte. Lo siento, pero ya es tarde para él. Aunque no para ti... Jensen.

— ¿Qué demonios? — dijo Jensen, vacilando.

En ese momento de duda de la Detective, el encapuchado sacó sus manos de la cabeza y arrojó los dispositivos que había tomado de abajo de su brazo hacia Jensen. Los dispositivos lanzaron otra pequeña pero potente onda expansiva que la empujó contra la pared. El encapuchado se acercó a Sullivan y lo miró.

"Ni condenados ni libres, el Mal es un fuego que debe extinguirse y los Desechos no pueden redimirse". Jack Sullivan, yo, te Purifico.

Inmediatamente tras haber dicho estas palabras, el encapuchado tomó su arma y le propinó tres balazos en la cabeza a Sullivan.

La Detective se reincorporó y tomó su arma rápidamente. Para cuando giró sobre sí, vio al homicida en la ventana.

— ¡Deténgase!

El encapuchado hizo caso omiso y se dispuso a saltar. Jensen abrió fuego contra él mientras su imagen se desvanecía fugaz tras el salto. Corrió hacia la ventana pero no halló rastro alguno de él. Se había esfumado. A lo lejos se podían oír algunas sirenas y el ruido del tráfico nocturno. A diferencia de su día, esta no había sido -en lo absoluto-, una noche ordinaria.

22 de Abril de 2019 a las 00:49 0 Reporte Insertar 3
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