Stripper Bottle Seguir historia

uniromancy Clare Devon

Una noche de alocado juego es la que vivirá Aria junto a cinco de los chicos más guapos que ha visto nunca.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#erotico #cuento #juvenil #orgía #sexo
Cuento corto
2
1566 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Stripper Blottle

Giré la botella en el suelo, era mi turno.
Sabía que me había metido en un embrollo realmente grande al aceptar el reto de mi hermana, Adela, sin embargo, no me arrepentía.
—No te atreverías a jugar Stripper Bottle esta noche, ni aunque estuviera el bombón jodidamente sexy de Mark Lowed frente a ti.
Había dicho ella, y sabía que lo había dicho a propósito, con la única esperanza de hacerme enfadar.
Yo no era una chica que aceptaba el cerrar la boca cuando estaban retándome a algo, no importaba cuán vergonzoso o peligroso fuese, no era mi estilo el dejarme ser pisoteada.
—No estés tan segura —contraataque yo frente a una Adela con el teléfono en mano, lista para hacer una apuesta—. Con gusto aceptaría si el bombón de Mark Lowed está frente a mí, mucho más si viene con esos cuatro dioses del sexo con él.
Entonces ella marcó.
—¿Cuánto apuestas, Aria? —susurró, apunto de dar a llamar a quién sabe quién. Sabía que ella los traería, era capaz de hacerlo—. Tu coche por un mes.
—¿Y si yo gano?
Crucé los brazos sobre el pecho, esperando a que ella dijera algo que no me hiciera cambiar de parecer. No le daría mi coche, por nada en el mundo, no a ella.
Entonces dijo una simple frase.
—Te dejaré en paz por el resto de tu vida. ¿Aceptas o te retractas, hermanita?
La respuesta había sido clara, y ella había marcado en un segundo a los cinco chicos. Era una ventaja ser la novia del representante de su banda, al parecer.

La botella dio hacia Adela, y me congelé cuando la parte trasera dio hacia mí. No tenía mi camiseta, sólo el sujetador.
Adela estaba en sujetador, sonriente como si estuviese presente en un juego de niños.
Mark Lowed, el vocalista de la banda de rock de nuestro instituto, se hallaba con el pecho desnudo, junto a todos sus colegas. Sonreía en mi dirección, con la matadora sonrisa de chico malo que le caracterizaba, con el cabello cayendo sobre su frente, despeinado.
¡Dios!
Dylan Clark estaba sin cazadora, y no quitaba la vista de los pechos de mi hermana.
Christian Wood a pecho desnudo. ¡Hmmm!, estaba tan marcado que... ¡Dios!, deseaba lamer.
Jake Atwer, se hallaba descalzo y sólo le quedaban los vaqueros puestos. Estaba observándome somo si fuese el ultimo trozo de pizza en el mundo.
Y, por último, Kyle Vensom. Semi desnudo, con el primer botón de los vaqueros desabrochado, los pies descalzos, y sus ojos azul celeste clavados en mí.
Estaba nerviosa. No comprendía el por qué la mayoría me observaba. Mi hermana también estaba aquí...
Poco a poco estaba excitándome con la situación, poniéndome. A decir verdad, no me arrepentía de aceptar la apuesta.
Sabía que ambas debíamos quitarnos el pantalón, pero, por sorpresa, Adela rechazó al instante, dándome una mirada que prometía. Estaba planeando algo y yo lo había captado.
—Chicos, debo decir que este juego es muy... excitante, pero prefiero reto ahora mismo. ¿No es así, Aria? Ambas preferimos reto ahora mismo —de pronto, sonrió—. Pero mi turno ya fue hace dos minutos. Creo que te toca a ti ahora, hermanita.
Era una perra, en pocas palabras.
—Por mí está bien, nena —murmuró Jake.
Sin quitar su vista de mí, relamió su labio inferior.
Pronto me di cuenta, que, de hecho, Mark, Dylan y Kyle tenían sus intensas, prometedoras, traviesas miradas puestas en mí también.
Algo me decía que ya no iba a contar con mi hermana.
—Bien —dije—. Acepto.
Entonces, observé decidida cómo mi hermana sonreía, y al instante de darle una mirada comprometedora a Mark, él buscó un pequeño sobre Durex rojo, y se acercó de rodillas hacia mí, sonriendo.
¡Oh Dios!...
—Fresa —murmuró, sosteniendo en alto el pequeño paquete.
Tragué saliva.
Su rostro estaba a unos centímetros del mío, su media sonrisa seductora, en parte juguetona, me intimidaba un poco. Por un segundo parecía como si sólo nosotros dos estuviésemos allí.
Fresa. Hmm.
Me imaginé probando el sabor desde su cuerpo, desde su polla.
>>—Reto Aria, me encanta este reto.
El ambiente era pesado, la mayoría de los que estaban, se hallaban excitados. Y quién no... Yo lo estaba, mucho.
Mark quitó la envoltura y salió a la vista el pequeño gorrito que parecía delicioso.
Avanzó sobre mí, dejándome casi tumbada y lo infló.
¡Santo cielo!
Puso la colita entre sus dientes y cerró sus labios alrededor, dejando un condón lleno de aire saliendo desde sus labios hacia los míos. Su piel caliente se pegó a la mía y entonces supe de qué iba el presunto reto.
Tomé el lubricado preservativo entre mis dedos índice y pulgar de ambas manos, y abrí la boca ocultándolo en mi interior.
La mirada de Mark prometía, devoraba, tan jodidamente sexy.
Comencé a chupar. Hmmm. El sabor a fresa dulce, delicioso, se apoderaba de mi gusto.
Sentí mi sexo palpitando bajo los vaqueros.
¡Dios!, me encantaba este juego, me encantaban estos chicos.
Oí los aullidos tras la espalda de Mark e instintivamente me sonrojé, sacándole una media sonrisa de dientes apretados. Luego lo adentré en mi boca otra vez, y él vació el aire en un segundo, juntando nuestros labios.
Devoró por un instante mis labios y luego se alejó, llevándose el trozo de plástico, sonriente.
—Desearía repetir el mismo momento, pero en otro lugar, nena —guiñó hacia mí, y me levanté a mi posición otra vez.
Aquello había sido muy, muy delicioso.
Mark giró la botella, luego Jake y Christian debían desabrochar el botón de sus vaqueros.
Rieron y al segundo tres de los cinco estaban a punto de tener fuera el pantalón.
Sólo cuando estuve segura de que sólo estábamos jugando, que esto no terminarían en sexo desenfrenado, Adela paró el juego. Clavó su mirada en la mía y supe que lo siguiente sería una ridícula excusa que me dejaría a solas con cinco chicos excitados.
Puso su camiseta otra vez y luego los tacones en sus pies, y se levantó dirigiendo una mirada a cada uno. Justo en aquel momento caí en la cuenta que ellos sabían qué sucedería ahora mismo, esto no había sido un encuentro casual. ¡Santa mierda!
—Bueno, creo que es todo por mi parte chicos, diviértanse esta noche —guiñó y tomó su bolso desde el sofá. ¡Ella lo había preparado todo!—. Tengo una cita.
Excusa barata, y se marchó.
Bajé la mirada hacia mi ropa esparcida en el suelo y luego miré hacia arriba, todos estaban observándome. Sonriendo, relamiéndose, dándose miradas cómplices entre ellos.
—Al parecer sólo somos cinco chicos y una chica —susurró Dylan, quitándose la camiseta de fuerza.
Mordí mi labio.
—Una chica muy linda.
Estaba directamente contra la pared, en un segundo, con Kyle a mi lado, Dylan en el otro.
Kyle susurraba en mi oído.
Reprimí un gemido.
—Creo que podríamos acelerar algo las cosas, ¿no?
Christian se acercó desde el frente y comenzó a tirar de mis vaqueros lentamente hacia abajo.
Estaba tan acalorada... quería lamer su abdomen bien esculpido.
Entonces me imaginé a mí misma besando los labios acorazonados de Mark una vez más, acariciando el cabello rebelde de Jake, besando cada línea deliciosa de la palabra tatuada en el abdomen de Dylan, viendo desde cerca el miembro de Kyle.
¡Oh Dios!, bajo el cuerpo bien esculpido de Christian, quizá escuchando una que otra de sus bromas entre caricias.
Les deseaba, deseaba que me follaran.
Sentí la piel suave de los labios de Kyle contra mi cuello, lento y delicado. Dylan puso su dedo índice en mi barbilla y me giró hacia él en el mismo momento, y me besó.
Su lengua áspera acarició la mía, sus labios duros y finos guiaban los míos; entonces se separó repentinamente de mí y me miro a los ojos con aquellos orbes chocolate líquido ardientes. Tomó mi mano, y la llevó hacia sus vaqueros, sobre su erección.
Oh señor.
Gemí.
—¿Te gusta esto, nena? —murmuró Kyle, posando su gran mano sobre la copa de mi sujetador, rozando su piel caliente a mi piel fría sobre la tela.
Volví a gemir, él presionó, besando mi hombro.
Abrí los ojos y guie mi vista nublada hacia el frente. Christian había lanzado mis vaqueros por detrás de su espalda y sólo las bragas de encaje cubrían mi mojado sexo.
Deseaba sentirle a cada uno de ellos dentro de mí, deseaba saborear cada centímetro de sus miembros. ¡Diablos!, sí que lo deseaba.
Los labios de Mark estaban entreabiertos, estaba jadeando, entonces me di cuenta demasiado rápido sobre su mano dentro de los vaqueros y el ajustado boxer negro.
Encontró mi mirada y sonrió. Demasiado travieso para ser verdad. Entonces sacó fuera su erecto miembro, grueso y jugoso.
Me imaginé a mí misma lamiendo desde la base hasta su rosado glande. Hmmm.
Estaba masturbándose a sí mismo frente a mí, para mí.
—¿Te gusta lo que ves, bebé?
Murmuró con una carcajada juguetona y al segundo gimió.
Yo quería ser la que estuviese dentro de sus pantalones.
—Basura, basura, esto es basura —susurró Dylan en mi oído y sus dedos expertos quitaron mi sujetador sin siquiera una demora.
Mis pechos estaban al descubierto, y tan pronto como mi sujetador estuvo lejos Kyle tenía sus labios succionando alrededor de mi pezón.
—Oh, cielos —gemí.
Oí la traviesa risita de Dylan en mi oído.
Aún tenía mi mano sobre su erección que luchaba por ser liberada, y yo fui a su rescate.
Sonreí y saqué fuera su pene empalmado, caliente bajo mis dedos, delicioso y vigoroso.
—¡Oh, santa mierda! —gimió en un ronroneo la voz suave y cálida de Jake.
Mi vista se clavó en sus labios encarcelados por sus dientes y quise arrastrarme hacia él y sentarme sobre su miembro, cabalgarlo.
—¡Hmmm... nena! Me gustaría que fueses tú la que hicieras esto.
Jadeé.
Sentí la piel tibia de Christian en mis muslos, gemí y él abrió mis piernas bruscamente, sin compasión. Quitó mis bragas, ahora estaba completamente expuesta a cinco chicos jodidamente calientes deseosos de follarme.
—Quiero metértela, pero antes quiero probar el sabor de tu coño mojado, princesa.
¡Oh mi Dios!
Lanzó mis bragas a un lado e inmediatamente estaba deleitándome con la imagen de Jake poniéndolas en su boca de la manera más provocativa que había imaginado jamás.
Luego, un gran gemido ronco y melodioso llegó a mis oídos y en un segundo la leche de Mark estaba derramándose sobre su mano, alcanzando el orgasmo.
—Oh, Aria... —gimoteó.
¡Ay, deseaba saborearla!, y el pareció poder leer mis pensamientos.
—Hueles muy, muy bien —murmuró Christian, hundiendo su nariz entre mis cabellos púbicos, inhalando mientras me miraba directo a los ojos con aquella mirada seductora.
Kyle amasaba mis pechos, los lamía con dedicada fascinación.
Yo gemía.
Dylan gemía en mi oído, besando mis labios con salvajismo de vez en cuando. Su miembro duro palpitaba entre mis dedos y yo le acariciaba ávida.
Christian dio una lamida a mi clítoris, su lengua áspera y caliente acarició mis ninfas. Exploraba mi sexo con desesperante lentitud, placentera y deliciosa.
Gemí, creyendo que estaba en el séptimo cielo, y hasta la parte racional de mí misma quería más, necesitaba más.
—¿Por qué no tocas esto, Jessy?
Kyle levantó su melena desde mis pechos, mojados por su lengua, dejándome ver sus ojos nublados, y tomó mi mano justo como lo había hecho Dylan minutos atrás.
La puso sobre su pene, erecto, esperando a ser acariciado por mis manos, pero yo quería más.
—¡Oh cielos, Christian! —grité extasiada.
Él movía su lengua sobre mi sexo, y su dedo pulgar jugaba con mi punto débil placenteramente. Trazaba círculos presionando mi clítoris y movía su lengua con experta destreza.
Se sentía tan malditamente bien...
Se levantó de repente, dejándome a mitad del camino para un espléndido orgasmo y sólo cuando creí que me embestiría, Mark le hizo a un lado y Christian retrocedió tocándose a él mismo para mí.
Gemí.
—¡Hmmm..!
Exclamé, y fui cayada rápidamente por un salvaje beso de aquellos labios rojos y acorazonados, fríos.
Mark se posicionó en mi entrada y me embistió tan voraz que pude sentir el choque de su piel y sus testículos contra mi cuerpo.
—¿Te gusta esto, Aria? —murmuró, follándome cada vez más duro.
Estaba tan grueso y tan caliente dentro de mí... me encantaba.
Oí el sonido del orgasmo de Dylan en mi oído, y su tibio semen estaba cubriendo mi mano.
—Oh por todos los demonios. Mark... —grité, había aumentado la velocidad.
Sentía mi sexo aferrarse a su miembro grueso, sentía su carne en mi interior con dureza, delicioso. Estaba al borde de enloquecer.
Llevé uno de mis dedos a mi boca, saboreando la leche espesa de Dylan a mi gusto.
Levemente salado. Exquisito. Entonces observé a Mark sonreír y quitó una de sus manos de mi cadera solo para limpiar un poco de semen en mi labio inferior. Sin embargo, sentí que desfallecería de encanto en cuanto se llevó el pulgar a la lengua y saboreo el líquido de Dylan junto a mí.
Eso había sido tan... sexy.
Observé a Dylan sonreírle. Una mirada cómplice y juguetona, ¡santo cielo!
Mordí mi labio oyendo a Christian gemir. ¡Estos chicos me volverían loca!
—Hagamos esto más divertido —propuso Jake.
Tiró mis bragas hacia el suelo y se acercó con rapidez.
Mark dejó de embestirme y aquello había sido una tortura considerando el que estaba a punto de correrme.
Kyle gemía, jadeaba, su pecho subía y bajaba ante mi toque, pero tuve que soltarle.
Gruñó, y Jake me puso de rodillas. Mi corazón daba golpetazos contra mi pecho y por un momento creí estar soñando, esto era una autentica orgía.
Jake se puso detrás de mí, sentado en el suelo con los vaqueros bajados hasta las rodillas.
Jadeé y entonces al segundo después estaba teniendo mi primera vez anal.
Grité, me fundí sobre su regazo. Me estaba follando por el culo y después de que el dolor de la primera penetración se iba, era realmente placentero.
Kyle sonrió delante de mí y tomó mis piernas.
Me sentí confusa, me estaba retorciendo de placer, pero me congelé en cuanto adiviné las intenciones tras esa sonrisa de chico malo travieso.
—¿Qué vas a...? ¡Oh mierda! —me embistió duro, una mezcla de sensaciones me inundó.
Esta noche nunca la olvidaría, no señor.
Mi pecho subía y bajaba. La piel se me erizaba bajo cada roce.
—Estás tan caliente, Aria —susurró con aquella dulce voz, un ronroneo extasiado.
Estaba al borde del orgasmo otra vez. Oh, joder...
—Al parecer te gusta el sabor a fresa —murmuró Dylan repentinamente.
Abrí los ojos encontrándome con una gran erección otra vez, frente a mí.
Dylan estaba parado frente a mí, sonriendo, y entonces rasgó el pequeño sobre de un preservativo rojo suave, dándomelo, esperando a que yo le enfundara.
Gemí y con las manos temblorosas puse el condón en su miembro. Luego, sin siquiera dejarme tomar una respiración se adentró en mi boca tomando mi cabeza. Dulce y a la vez salvaje.
Oí a Christian gemir muy alto y supe que se había corrido en cuanto la imagen de él mismo con la cabeza hacia atrás completamente agitado, pasó como una imagen fantasma desde el rabillo de mis ojos.
Sentí el sabor a menta-fresa en mi lengua, la palpitación de su carne contra mi lengua, en mi garganta.
¡Estaba a punto de correrme!
—Oh, bebé —gimió Kyle.
Sentía la respiración agitada de Jake en mi espalda, en mi cuello. Su piel contra la mía, exquisito.
Me liberé en un placentero y bien merecido orgasmo, aferrándome al miembro de Kyle, sintiendo a Jake quedarse quieto y apretarme contra su cuerpo, vibrante por el orgasmo.
Entonces Kyle se vino junto a mí, liberándose, gimiendo, colapsando contra mi cuello.
—Sigue así nena —pidió Dylan, cerrando los ojos al sentir mis labios apretarse contra su miembro—. Estoy a punto de correrme... —jadeó.
Kyle salió de mi interior junto a Jake, me besó por última vez, y entonces se levantó mientras Dylan liberaba su líquido caliente por segunda vez, en mi garganta esta vez. Salado, espeso, delicioso, caliente. Hmmm...
Cinco minutos después estábamos cansados, complacidos y más íntimos de lo que nunca había imaginado.
Nunca olvidaría esta noche, claro que no.
Suspiré, habíamos bebido una ronda de Jack Daniels entre pequeñas miradas cómplices del gran espectáculo que habíamos montado.
Sólo había puesto mi camiseta en su lugar para cubrir mi cuerpo, y había limpiado todo junto a ellos.
Entonces el lugar más recóndito de mi mente recordó que yo tenía una vida familiar un poco ajetreada, pero mis padres estarían devuelta alrededor de las diez.
Fijé mi vista en el reloj: diez con cinco ¡Mierda, ellos debían estar aparcando!

18 de Abril de 2019 a las 23:51 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Clare Devon Hey!, soy Clare n.n. Escribo por pasion y adoro crear nuevas historias. Escribo en el genero de Romance Erotico y Novela Juvenil, sin embargo, uno de mis grandes amores es el Thriller. Espero les gusten mis historias y no duden en dejarme un comentario si lo desean! <3

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~