Cuento corto
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PRISION

Una casa, un cuarto, una ventana y seis barrotes de metal ¿acaso aquí vive un animal? ¡Qué crueldad! Apenas seis meses de mi última visita y todo está mucho peor que antes, diferente muy cambiado… un vidrio más roto, otro más sucio que el anterior, una silla menos, un plato de arroz negruzco menos que servir… ¿a cuantas personas se visitan en un lugar como este? A cuantos día tras día, cien, quinientos, mil, o mejor aún ¿mil quinientos cien? Simplemente son números que desconozco y que de igual manera no me interesarían en lo más mínimo, lo que si recuerdo de cuando en cuando y vagamente son los rostros, adornos, zapatos y medias que mis interlocutores más cercanos tenían sobre sus cuerpos jóvenes, o no tanto según el caso. Se traían mascaras a cada tanto sin la mínima cordura o vergüenza ¡Cuánto los odio! Tratando de disimular el odio, resentimiento reprimido, emociones malignas y otras cuantas perversidades que apenas me puedo imaginar, ¿Por qué complicarse la vida de esa forma? Quien sabe… su instinto masoquista sigue intacto, qué sentido tiene para ellos o para mí el torturarnos mutuamente con nuestras presencias, tal vez la conciencia los revuelca cada noche, ahí preguntándose, interrogándose noche tras noche sin descanso… luego dicen que uno es el que sufre por ideas locas de distanciamiento. ¡Estúpidos insensatos! ¿Creen escapar de mí? ¿Creen saber que no me doy cuenta? Sin duda pierden el tiempo con personas como yo, al mismo tiempo pienso que no debería concentrarme demasiado en cosas sin sentido, cosas, ya no tienen importancia ni relevancias como en el pasado ¿no ves cómo me encuentro ahora? ¡Patético y ridículo! No he podido caer más bajo, parece que falta mucho más fondo.

- ¡basta! ¡basta! ¡no digas más por favor!…

No voy a parar, el otro día, era veintisiete o veintinueve, más o menos, llego a mi hogar una mujer de veintitantos años preguntando por un ser, ¡ah sí! Un ser llamado Lennin… ¿y qué? No hice otra cosa que llamarle la atención, como seis veces ¡que sabré de ese hombre por Dios! Nunca lo he visto y tampoco ese nombre lo había escuchado… además en cierta manera, lo único que escucho es el coro celestial de niños que se forman en la pequeña iglesia del pueblo donde vivo ¡como cantan esos chiquillos inocentes! ¡Ah! y el borracho de turno que pasa cada fin de semana por al pie de mi casa, tipo ocho o nueve de la noche, siempre sale algún degenerado, sin falta, nunca falla. Fumando y maldiciendo tipo: ¡no quiero vivir! ¡Alguien que me mate ya…! ¡Hijue…a que me mate hoy! ¡Alguien que lo haga ya! – Pobre infeliz, ciertamente hay que estar demasiado jodido, jodido con todo; con el haire hasta la manza y poco más arriba como para pronunciar semejantes cosas, bueno… el de esta noche no esta tan mal, sí que sabe hacer lo suyo… – y la cosa no para ahí, no sé cómo, pero siempre van acompañados de su “amiguita” la botellita en la mano derecha o izquierda, según, después del rumbón, el vacilón ¿será la mujer? ¿La amante? O su compañera infalible… en fin, nunca se le despega, como tampoco la promesa de un día abandonarla definitivamente antes de perderla en un accidente de tránsito o antes que termine en un hospital inconsciente, o, mucho peor en una clínica para rehabilitarse. ¡¿Pero qué hipocresía no?! ¡Borrachos inmisericordes! ¡Cuánto los odio! Pero a la vez los compadezco, inspiran lastima y compasión, tienen un aire agradable de ternura en medio de tanta fetidez, y… que esa mujer, como decía antes, llega a tal hora ¿no? Preguntando por tal y tal señor que tiene una barba larga que le llega hasta el suelo, y decía también, de un sombrero pequeñito, ¡señor el sombrero es importante! Mide apenas dos metros… alcanza apenas, no más, dos metros… y que también es médico… a los pocos minutos le dije: señorita no me tome a mal, pero, no la conozco y tampoco a la persona que trata de describirme, y, le repito por sexta vez acá en esta casa vive una sola persona, vivo solo yo… con un gato y tres perros guardianes, el uno custodia el jardín, el dos me cuida a mí, y el tres cuida por largas jornadas el cultivo de mata-mata, ¡ah! y otro más, el más vagabundo de todos, un cuarto que escolta a los carros que pasan por aquí, por al frente de la casa, cuando eso el pobre “Francesco” los corretea unos cuantos metros, hasta que se aleja de mi vista ladrando y ladrando, gimiendo como loco, cualquiera diría que le encantan los autos… sin duda será piloto de carreras, o mejor piloto de “Rally” ¡que buen conductor seria! ¡Hasta ganaría el campeonato mundial! Eso se lo digo señorita… ¿Cómo me dijo su nombre? ¡Ah perdón me equivoque! Jeje… ¿Cómo es que usted dama bella se llama? – Me miró feo – me llamo Cristina, Cristina Alcácer señor, conozco a su hijo y quiero hablar con él ¿se encuentra en casa? ¿Le puede avisar, por favor, que he venido a buscarle? Es importante… eso fue lo que dijo esa niña impertinente, ni la deje pasar a la sala, ni la invite a tomar café ni micho menos a mi cuarto… no confió en nadie, menos en mujeres bonitas, ¡son la perdición! No confió en nadie que me venga a echar semejantes retahílas, semejantes cuentos, ¡el de los cuentos soy yo, y me los se todos! ¿Barba hasta los pies? ¿Sombrero pequeñito? Luego de eso la “chica” se fue alejando lentamente por la acera del frente. ¡No tengo nada mierdas! ¡No tengo nada para nadie! ¿Hasta cuándo dejaran de joderme? – grite –.

- ¡basta! ¡basta ya de bromas! Viejo loco, insensato, sinvergüenza, estúpido enfermo…

¿Enfermo? ¿Enfermo me dices? No jodás niño “Efra”… ya veremos quien está más enfermo…

- ¿Y quién más ha venido por aquí?

No nadie, excepto por esa mujer, la bella dama, preguntando por no sé quién, y te decía, me exaspera en gran manera lo que salió ayer por la radio, lo vi como siempre, el mismo tonto, con el mismo tono aburrido y escuálido de voz, fingiendo ser periodista radial, ¿Cómo puede salir de esa boquita perversa tanta basura? ¿Cómo pudo decir tan enorme mentira?... un supuesto asesino en serie lleva más de ocho mil víctimas, si… ocho mil, sin discriminar sexo, raza o religión, a todos les “da de baja” niños, niñas, mujeres, hombres, trans, bi y todo lo demás… en apenas tres meses, ¡eso es imposible! Son tantos en poco tiempo, ni el más hábil puede juntar tantos cadáveres… ni hablar, es estúpido, sin pies ni cabeza, eso es una absoluta farsa… por eso date cuenta, date cuanta hasta donde hemos llegado con los medios de comunicación, esa gente hace lo que quiere y nadie les dice nada. Ese señor debería ya jubilarse, ¡que se olvide de sí mismo y de los demás! ¡Se haría un gran favor y a nosotros también! Eso es mejor que estar pregonando a toda hora, a todo momento el “supuesto asesino en serie” ¿Qué hora es?

- Cinco menos quince, ya casi es hora viejo…

- ¿Hora de qué? ¡ah verdad! esa hora…

Luego de escuchar esa nefasta noticia decidí apagar la radioleta y recostarme un poco, echarme en el suelo por unos cuantos siglos, pensar, y después conciliar el sueño y… ¿Qué crees? Pues… pues… ¡que no puede! Llego otra p…a visita, el mundo andaba verdaderamente al-rrevés, ¡ni te lo imaginas! Andaba yo parado, de pie, con un solo zapato, el derecho, y nada más, mirando por la ventana con su vidrio sucio y sus seis barrotes negros sucios, inmóviles, después sonó el timbre por sexta vez, y que me agarra algo por el estómago ¡algo triste!... trate de huir de ese malestar, alguien me detuvo, ¿A dónde vas? Me dijo mientras me miraba de arriba hasta abajo sin sorprenderse en lo más mínimo… ¿sin zapato qué? – volvió a preguntar –.

- Niño ingenuo… ¿A dónde vas si no tienes prisa?

No pude hacerla a un lado, no pude salir victorioso, y luego de un rato conversamos lo más de bien y a gusto en la sala frente a la chimenea, tomado mate y café, al mismo tiempo nos reímos un montón, ¡un montón! Con esa mujer la pase hasta la madrugada creo… pues el sol se veía cerca de salir por la montaña a través de la ventana con seis barrotes negros… de igual manera ella también se alistaba para salir una vez más de la prisión, justo los dos salieron a la misma hora sin ser divisados por nadie, nadie más que yo… me levante de la cama sin perder de vista el lugar que su cuerpo había dejado vacío, con una nota acompañado, diciendo: esta noche volveré, no te pierdas, Niño Ingenuo…

- Volvió mama ¿verdad?

- Ya te lo he dicho… ¡no sé quién es esa mujer!

Mmm, ok, es hora de tu medicamento, viejo.

12 de Abril de 2019 a las 16:13 0 Reporte Insertar 0
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