La última guardiana (Crónicas de las guerras mágicas 1#) Seguir historia

mariaale05 María Alejandra Villegas

Cuentan las antiguas leyendas que la hechicería surgió de 15 piedras, cada una de las cuales poseía un don determinado. Dichas piedras atraían la codicia de muchas personas que veían en ellas la posibilidad de obtener más poder, así que para protegerlas existía un guardián cuyo destino era evitar que dichas piedras cayeran en manos equivocadas. Surgió entonces una amenaza más poderosa que todas las anteriores, una secta que apareció de la nada dispuesta a apoderarse de los dones. En un intento desesperado de protegerlos, la guardiana de las piedras absorbió uno de los dones en su corazón y envió los demás al futuro para que naciera en el corazón de una guardiana cada cien años. Han pasado 1500 años. La primera generación cayó, al igual que las siguientes trece. Ahora Maya es la última guardiana del don, la pieza definitiva que debe definir el final de esta guerra.


Fantasía Todo público.

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Introducción: El primer sueño

Despertó en un lugar extraño. A medida que iban desapareciendo los efectos del somnífero observó que se hallaba en un calabozo, o algo parecido: las paredes sin ningún recubrimiento, los haces de paja regados por el piso y la suciedad del lugar la impulsaban a creerlo.

Tardó unos segundos más en acabar de despejar sus sentidos. Al intentar moverse descubrió que sus muñecas y tobillos estaban sujetos a una mesa con cadenas. Trató liberarse usando magia, pero no resultó, estaba débil y no podía conjurar nada.

一 No creí que despertaras 一 escuchó una voz cínica. Un hombre de piel blanca y cabello negro sentado cerca de ella afilaba con tranquilidad un cuchillo. 一 Bueno, tanto peor para ti― continuó el mismo.

Un estremecimiento recorrió la espalda de Anastasia al ver aquel hombre en su siniestra acción. De nuevo intentó zafarse de sus cadenas, pero no pudo.

Tuvo que hacer un gran esfuerzo para dominar sus emociones, debía salir de allí por cualquier medio posible. Ya esto iba muy en contra de lo que había creído hasta entonces, algo había fallado en sus cálculos y debía averiguar que era.

― ¿Eres de la orden? ― preguntó al misterioso sujeto.

― Sí― respondió el hombre. ―De hecho, soy todo lo que queda de ella.
La mujer frunció el ceño y comenzó a balbucear. En este momento estaba siendo incapaz de unir las piezas en su mente. El desconocido sólo rio al ver la confusión grabada en su rostro.

―¿Qué? ¿Creíste acaso que habías ganado?― prosiguió levantándose y llegando al lado de ella.― ¿Pensaste que al "deshacerte" de los demás, tú y tus amigos estarían a salvo? Pues te tengo noticias... ― Dejó caer el cuchillo con violencia y lo clavó a un lado de la cabeza de Anastasia―les faltó uno― completó alejándose de ella.

No supo qué responder. Su pecho subía y bajaba al ritmo de su respiración agitada. No comprendía nada, no sabía en que podían haberse equivocado para terminar así. ¿Y los demás? Ella podía esperarse este resultado para sí misma, pero ¿los demás estarían bien?
Si era así aún le quedaba una pequeña esperanza. Cualquiera de ellos pudiera enterarse de su paradero, y podrían ayudarla. Guiada por esos vagos sentimientos dejaba su vista vagar por el salón en busca de una salida, y a ver con insistencia a la puerta en espera de su salvación.
―Ninguno de ustedes se rinde fácilmente, ¿cierto?― habló el desconocido de nuevo. Ella no se molestó en contestarle.― Si estás buscando a los guardianes, olvídalo. No vendrán.
― Te escuchas demasiado seguro de ti mismo― le contestó la bruja.
― Es porque me he asegurado de no dejar cabos sueltos.― Volviendo a acercarse a ella le tocó la frente, mostrándole los recuerdos de cómo había asesinado a cada uno de los otros guardianes.

El alma se le partió en pedazos cuando vio morir a cada uno de ellos, todos esos valerosos hombres y mujeres cuyas vidas terminaron de forma tan repentina como atroz. Ahogó un quejido en su garganta y se atrevió a desafiarlo de nuevo:
― No todos están muertos― aseveró.

― ¿Lo dices por el joven cazador? No pude encargarme personalmente de él, pero mandé una bestia en mi lugar, a esta hora no deben quedar ni los huesos. Acéptalo, estás sola.
Un último estremecimiento en Anastasia. Toda palabra murió en su garganta y la esperanza en su corazón. Gruesos lagrimones rodaron por su rostro al recordarlo todo: sus aliados muertos, una familia incompleta, un reino desolado que caería sin nadie que lo impidiera. Era el fin.

― Esto aún no termina ― alcanzó a decir con el poco aliento que le quedaba.― Los otros dones están fuera de tu alcance, y aunque no fuera así estoy segura de que mis hijas, los hijos de todos nosotros, continuarán nuestra labor.

El hombre dejó salir una risotada. Apretó el cuchillo que tenía en la mano y le colocó una mano sobre el pecho a la mujer.

― Quizás sea cierto, pero me temo que para ti es el final del camino.—Cerró los ojos mientras comenzaba a conjurar:—


“Uil Enchte Zaret, pexyo li votray inchante ca Samtra. Distel Samtra e ter li votray zetse co vot text ont Ramei or zoxte. Leytre lie dil chante dil cormen”


Acabó el encantamiento y dejó caer el cuchillo sobre el pecho de la mujer.

Esta se retorció y contorsionó ante el frío de la hoja y el sonido que hacía atravesando y cortando sus huesos; cuando comenzó a bajar por su caja torácica empezó a toser escupiendo sangre. Un segundo más tarde, el hombre sumergió la mano en su pecho y de un solo tirón le arrancó el corazón.

Con una gran expresión de satisfacción en el rostro metió el órgano dentro de un cofre de madera, salió de la habitación, dejando el cuerpo allí, y colocó la caja en una repisa junto con otras catorce iguales, solo que vacías.

― ¿Sabes? Tenías razón Anastasia ― comenzó a hablar al aire ― esto apenas empieza

31 de Mayo de 2019 a las 00:00 2 Reporte Insertar 1
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Yissell Manríquez Yissell Manríquez
Me gusto la intro y tu manera de escribir. Ya empezó interesante xD
30 de Mayo de 2019 a las 21:15

~

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