Relatos Cortos Seguir historia

angellovix Angela Lovix

Pequeños relatos que realicé: Uno para San Valentín y dos relatos paranormales para Halloween. Cuando los escribí tenía unos 15 años así que... Bueno, dan mucho que desear. ^^ Pensad que los hice con mucho amor.


Cuento No para niños menores de 13.

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Un baile Inolvidable

—¡¿Qué has hecho qué?! —grité incrédula.


No podía creérmelo. Yo la había dicho que iría sola y ella era incapaz de hacerme caso. Y encima se le había pedido a Andrew, el hijo de los vecinos de en frente. Ya había quedado mal.


—Irene, por favor —suplicó mi madre—. Relájate, cariño. Es un buen chico y ha aceptado a llevarte sin replicar.


Intenté relajarme porque no tenía ganas de discutir, así que cogí aire y respiré tranquila.


—Te dije —Ahora más relajada— que no me hacía falta pareja para el baile. ¿Era muy difícil aceptar lo que yo quería?

—Pero, cariño, todo el mundo llevará una pareja —explicó mi madre—. Vale que te guste estar sola a veces y que no tengas muchas amigas… Pero, por favor, te lo pido…


Suspiré y asentí. De todas formas, iba a ser solo una noche.


—Bueno, esta tarde he quedado con Lara para comprarme el vestido para el viernes —dije, cambiando de tema —. Si quieres venir…

—¿A qué hora habéis quedado?

— A las 6, como siempre

— A esas horas me habré despertado de mi siesta y ni siquiera estaría vestida, así que podéis ir tranquilas. Además, tu estilo no cambia demasiado.


En eso tenía razón. Mis vestidos eran oscuros generalmente. Negros, grisess, morados, azules oscuros… Nunca claros y siempre colores fríos o neutros.


—De acuerdo, voy a hacer los deberes antes de que venga a buscarme Lara.


Mi madre asintió y se fue a su habitación a descansar. Yo mientras, hice los deberes antes de que mi amiga llegase.

Al cabo de unas horas, terminé los deberes y me levanté para vestirme.

Me puse unos vaqueros oscuros y una camiseta negra. Recogí mi pelo caoba en una coleta a un lado y me puse unos pendientes negros brillantes. Cogí las botas negras altas y me las puse.

Sonó el timbre y fui a contestar.


—¿Si?

—Irene, soy yo. Baja.


Yo colgué el telefonillo, cogí mi bolso donde metí el móvil, la cartera y las llaves y despidiéndome de mi madre, bajé escaleras abajo.

Abrí la puerta para salir del edificio.


—Hola Lara —Le saludé—. ¿Qué tal?

—Bien, ¿y tú?

—Bien.


Le miré. Lara llevaba el pelo rubio oscuro suelto con una diadema, unos vaqueros y una camiseta azul oscura.


—Me encanta esa camiseta, ¿dónde la has comprado? —pregunté.


Lara me sonrió enigmáticamente.


—La compré en Bershka el domingo — me respondió—. Cuando la vi, me acordé de ti.


Yo sonreí y fuimos al centro.

Nos paramos en Seven y entramos. Yo me paré para mirar los vestidos más oscuros mientras Lara miraba para ella.

En un lugar apartado, había un vestido negro brillante que llegaba hasta las rodillas. Lo cogí.


—Eh, Lara — Me acerqué a ella—. Voy a probarme este vestido. ¿Has encontrado algo?

—Sí, uno rojo —Me señaló el vestido que tenía el mano derecha—. Vamos.


Me cogió del brazo y llevó arrastras hasta los probadores. Una vez dentro, nos cambiamos y nos probamos los vestidos.

Nos quedaban muy bien y no eran muy caros, así que decidimos cogerlos. Como no teníamos nada más que hacer entramos en un bar y tomamos una coca cola.

Cuando salimos del bar, ya eran las nueve y como al día siguiente había clases, decidimos irnos a casa.

Una vez en casa, le enseñé el vestido a mi madre y más tarde cené.

A las once, después de haber estado viendo la tele un rato, me fui a la cama.

Al día siguiente fui al instituo, me quedé con Lara en el recreo y cuando terminaron las clases, volví a casa.

Poco a poco la semana se fue acercando al inminente viernes y yo estaba de los nervios.

Era la primera vez que iba acompañada con un chico a un baile. Y encima era el vecino de al lado.

Me peiné y me maquillé un poco, para ir más natural. Me puse el vestido y unos zapatos negros de tacón. Cuando terminé, llamaron a la puerta y fui a abrir.

—Hola —Me saludó Andrew—. ¿Lista?

Yo asentí y nos despedimos de mi madre.


—Estás… muy bien —dijo al salir mirándome de arriba abajo.

—Gracias. Tú también —Me sonrojé—. Gracias por aceptar la petición de mi madre. Debes de pensar que soy tonta por no ir con nadie.

—No tiene por qué —Se encogió los hombros con indiferencia—. Yo también soy algo solitario, así que no me extraña. Cada uno es como es.


Yo sonreí agradecida y seguimos andando hacia el edificio reenfrente. Delante de una columna estaba Lara con su pareja Mark.

Llevaba el vestido rojo combinado con unos zapatos de tacón.


—Irene, estás perfecta —Me saludó, a lo cual sonreí—. Él es Mark.

—Encantada —dije y me dirigí a Lara—. Tú también estás guapa.


Ella me sonrió y miró a mi acompañante con una sonrisa de picardía.


—Yo soy Andrew —Se presentó—. Encantado.

—Igualmente —respondió la pareja.


Se saludaron cordialmente y entramos en la sala de baile. Nos sentamos en una mesa y los chicos fueron a buscar las bebidas.


—Parece muy agradable —Me susurró Lara con una sonrisa—. ¿Ves como es bueno tener pareja?

—No me iba a morir sin pareja pero he de aceptar que es agradable y…


Me callé porque llegaron los chicos con las bebidas. Sonreímos y entablamos una conversación una tranquila.

La verdad es que Andrew y yo parecíamos congeniar y en mis estómagos parecían haber un montón de mariposas.


_ ¿Quieres bailar? – me preguntó después un silencio


Todo el mundo estaba bailando y éramos la única pareja sentada. El problema es que no sabía bailar y me daba vergüenza decirlo.

—No sé. No quiero hacer el ridículo y no es lo mío bailar… —Intenté inventarme una excusa.

—¿No sabes bailar, verdad? —arqueó una ceja.


Yo agaché la cabeza para evitar la mirada.


—Tranquila, yo guío ¿de acuerdo?

—Está bien —dije nerviosa.

Me levanté de la silla y me llevó a la pista de baile. Me cogió de la cintura y me fue guiando en el baile. Yo tenía la sensación de que estaba temblando y que me estaba sonrojando de vergüenza.


—Relájate —Me susurró—. Lo estás haciendo bien.


Yo sonreí algo más relajada y me dejé llevar. Terminamos de bailar y Andrew se fue un momento al baño. Yo me senté para relajarme.

De repente, se me acercó un chico fumando, con cara del típico chico ligón.


—Hola guapa, ¿estás sola?

—No —dije seca—. Está en el baño. ¿Qué quieres?

—¿Quieres ir a bailar conmigo, muñeca? —Hizo la sonrisa típica de estúpido ligón.

—No me apetece —Le espeté y me giré dándole la espalda—. Adiós.

—No me voy a ir, habiendo una chica bonita como tú —Me cogió de la muñeca y tiró de mí.

—¡Qué me dejes! —Me intenté soltar, pero tenía más fuerza.

—Creo que ha dicho que le sueltes.

—¡Andrew!


El chico miró detrás suyo y se encontró con una mirada de pocos amigos de parte de Andrew.


—¿Y tú quién eres, su novio? —Se burló.

—A ti no te importa. Suéltala, no lo pienso repetir.


El chico puso la mirada en blanco y al final, me soltó y se fue.


—¿Estás bien? —Me preguntó y me miró el brazo.


Yo asentí, aun en shock mientra me miraba el brazo. Luego, me abrazó.


—Menos mal.


Yo me quedé de un aire y no me moví. No podía y de todas formas, me reconfortaba.


—Perdona, Irene —Me soltó, sonrojado—. Es solo que… debo dar una vuelta.


No entendía nada. ¿Qué es lo que quería decirme? ¿Por qué me había salvado? ¿Y el abrazo?

Le cogí del brazo.


—¿Qué querías decirme? —pregunté—. Necesito saberlo.


Andrew me miró a los ojos. Sus ojos azules brillaban como estrellas al lado de mis ojos negros.


—Verás, Irene. Desde que eres mi vecina, he querido siempre decirte una cosa —Empezó sonrojado—. Y es… que me gustas. Que desde que te conocí me gustabas. Que no pensaba en otra persona que no fueras tú. Que… me gustaría que salieras conmigo.


Me sonrojé. No sabría decir si de alegría, vergüenza… o de qué. Pero os aseguro que estaba como un tomate.

Andrew quiso irse, pero yo le agarré el brazo de nuevo. Se giró para mirarme.


—Sí —dije sonrojada.

—¿Sí de qué? —preguntó extrañado.

—De salir contigo.


Él se sonrojó, me sonrió muy contento con la respuesta… ¡Y me besó!

12 de Abril de 2019 a las 00:00 0 Reporte Insertar 0
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