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No todo es lo que parece

El elixir mágico

Abre los ojos y la busca con desesperación, no la ve a su lado derecho, recuerda haberla dejado allí la última vez que la vio. Sus parpados se contraen contra su rostro dejando ver un bello iris verde con un brillo tornasol de desolación y amargura. Las venas que recorren el nácar de los ojos opacan la luz infinita que solían tener. Sus movimientos son tan lentos que podría ver los dibujos en las alas de una mosca si pasara frente a él. Gira su rostro a la izquierda cuando su corazón ya se movía más rápido que sus sentidos y una lágrima había comenzado a salir de sus ojos.

─MMMMJJJJJJJJJJJJJ ─suspiró

Estaba allí, aún estaba allí. Su elixir de la vida aún estaba junto a él, de seguro moriría si alguien lo robara. Ese líquido transparente, según él, podía otorgarle la felicidad a cualquier infeliz de la tierra, nunca más volverían a sentirse solos ni inseguros, tendrían la fuerza de un titán, la sabiduría de los dioses y la astucia de los aventureros. Teniéndolo a su lado nunca les faltaría casa, ni compañía, ni alimento.

Allí estaba él. Tendido en el suelo apreciando su tesoro. Su tesoro. Se levantó estrujándolo entre sus brazos como si alguien se lo fuera a arrebatar, pero nadie en el callejón parecía muy interesado, quizás porque en el callejón no había nadie. Comenzó a caminar meciéndose como si bailara, quizás en su mente lo hiciera y quizás hasta estuviese sonriendo, pero realmente se movía tan lento que sonreír quizás le tomaran 15 minutos. Finalmente una piedra se interpuso en su camino, no pudo sostenerse de caer al suelo y su preciado tesoro se quebró contra el pavimento. En solo unos instantes su elixir estaba extendido por el suelo formando un pequeño charco de transparencia suficiente para que al levantar su rostro viera en él su imagen.

Tenía el rostro descuidado, pálido. La sonrisa que imaginaba tener solo estaba en sus sueños.

─ ¿Quién es ese señor? ─se preguntó

Tocó su nariz con una de sus manos, y en efectivo, era él.

Verse reflejado en su elixir le hizo observar el resto de su cuerpo. Sus ropas eran harapos, y su piel estaba llena de magulladuras, sus bolsillos vacíos. Entonces se dio cuenta que no tenía más posesiones que su elixir. Miró su alrededor y se dio cuenta de que no tenía amigos, ni familia, ni un techo donde cobijarse más que su elixir.

De pronto sus ojos se llenaron de lágrimas.

-Mi elixir ─susurró.

Ahora su elixir estaba esparcido en el suelo.

-Quizás mi elixir si era mágico ─se dijo─ se las arregló muy rápido para desaparecer todas las cosas que amaba y me acaba de mostrar mi verdadera vida en cuestión de segundos en un espejismo.

Se levantó con trabajo y se marchó dejando atrás el milagroso charco y el cristal roto de la botella de Vodka estrellado contra el pavimento.

27 de Marzo de 2019 a las 20:29 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Rayito de Luna Cuando me desprendí por primera vez de la Luna decidí que lo único que quería hacer en la vida era poner mi luz sobre un papel y crear nuevos mundos.

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