Una Gota de Amor Seguir historia

A
Aracelys Gonzalez


Se narra unos maravillosos recuerdos de mi infancia en mi pueblo natal; donde compartiamos con alegria y gozo de nuestra niñez. Fiestas, costumbres, convivir eran parte del día a día de mi pueblo.


Cuento Todo público.

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Una Gota de Amor

Se iniciaba un nuevo amanecer para aquellos pobladores donde el entusiasmo y la camaradería de cada habitante se sentían unidos al despuntar del día. Doris con su alegría habitual musitaba su acostumbrado canto mañanero mientras recogía los cebollines, los topochos y los ajíes de su huerta para preparar el desayuno de Genaro, su pareja, quién trabajaba como albañil en Maracay y el de los niños que se alistaban para ir a la escuela.

Con el paso de los días Doris se sentía cada vez más feliz, al ver cómo su comunidad iba progresando en todo los aspectos. Su hermano José Luis, quien la visitaba todas las mañanas, manejaba una camioneta de pasajeros y era muy conversador y bochinchero, por eso no era extraño que tuviese muchos amigos y amigas con los que compartía su tiempo, incluyendo al viejo Apolinar, quien contaba unos estupendos chistes y a quien la vida había dado muchas lecciones. A José Luis ella le decía el cronista pues relataba a cualquier hora y oportunidad que se le presentara la manera en que vivieron sus abuelos y sus padres en sus respectivas épocas. Sus historias siempre resaltaban la opresión y la humillación que padecieron en casas de familias con dinero. Las anécdotas sin querer estaban escarchadas siempre por la melancolía y la ira.

Cuenta que una vez mientras daba su ronda escuchando su música favorita, vio en la parada al abuelo Apolinar. Este se monta, lo saluda brevemente y se sienta a dos filas de él. José Luis en algún momento, no sabe cual, notó un cambio apreciable en el rostro del viejo, algo que revoloteaba en su cabeza le transmitía a su rostro una paz indescriptible. Caviló unos segundos en esto y pudo comprender que el viejo había sin quererlo transmitido ternura a su corazón. De repente escucha ¡Epa! Aquí me quedo, nos vemos mañana primo... nos vemos mañana abuelo, el viejo Apolinar. El día transcurrió con bastante afluencia de pasajeros y un fresco atardecer recibió a los que volvían de sus trabajos y a los niños bulliciosos que emocionados comenzaban sus vacaciones… y José Luis pensando en aquello que afloró en aquel rostro apergaminado de don Apolinar.

Los preparativos de las fiestas estaban cerca, ya se rumoreaban los eventos a realizarse para el Día de las Mercedes.

¡Epa buenos días, cómo están mis sobrinos bellos!… hola Doris… Hola José, vente ya casi tengo listo el desayuno… gracias hermana, ¿sabes? Ayer sucedió una cosa rara con el abuelo Apolinar… tenía un rostro como de angelito arrugado… transpiraba una paz… se veía tierno el doncito… ¿sí? Puede ser que haya recordado algo feliz de su pasado… Raúl el hijo mayor de Doris pregunta ¿Será que al viejito ya no lo quiere nadie?... ¡no digas eso hijo! A don Apolinar aquí en el pueblo lo aprecian mucho, está aquí desde su juventud… es verdad mamá, siempre que me ve me dice hola chiquito estudia mucho y no dejes de darle amor tus padres y a tus hermanitos.

Por la tarde se reunieron los organizadores de las fiestas: María era la encargada de los arreglos en la iglesia junto con Raquel, Héctor y Ana Luisa; cada quién supo cual trabajo iba a realizar. Ana Cecilia quedó encargada de hacer las muñecas para los visitantes de la feria. En esto llega Nelson ¿qué tal Ana, donde andabas? Recogiendo una hojas de maíz para realizar las muñecas que por tradición son infaltables para la bendición de las cosechas… es una bella tradición… bueno me agarraste de salida... no se te olvide buscar a tu muñeca de maíz más tarde, y le sonríe con complicidad… claro que más tarde te voy a buscar… es decir a la muñeca y ambos se ríen picaronamente.

Esa tarde llovía mucho; sin embargo los preparativos para las fiestas no se detenían. Mireyita, Inés y Rodolfo viajaron a la ciudad más cercana a comprar lo necesario para los adornos de las calles y plazas del pueblo aprovechando también para comprar algunas cosas personales. Rodolfo consiguió una película que hace tiempo quería ver La vida es bella e Inés le comenta, se ve bien, después nos la prestas… claro no falta más, para qué están los amigos.

Los días pasaban y en la casa de Doris crecía la emoción… mami mami cuando regrese papá le voy a dar una sorpresa… ¿qué será, tu boleta de promoción?... ¡síii!... jaja muy bien hija tenla en la sala para que no se te olvide… venga Raulito para darle un beso ¿ya va a cumplir 11 años el hombrecito de la casa?... faltan cinco días y Raúl alza cada uno de los dedos de la mano derecha como un penacho… sí hijo sólo cinco… y Eduardito ¿cuantos años tiene?... ¡seiiss!... ¡eeésooo!... ¿y la más chiquita?... la niña Sofía sonríe achinando los ojos y mostrando todos los dientes de leche que aún le quedan. Al abrazar a sus hijos Doris piensa qué bueno sería que Genaro trabajase más cerca de todos nosotros.

José Luis en su último recorrido de la tarde y sin pasajeros, decide pasar cerca de la calle del viejo Apolinar y como lo ve sentado en su patio viendo los árboles aprovecha la oportunidad y se baja de su camioneta y lo saluda ¡épale viejo! Como anda todo… todo bien primo, contemplando esta tarde fresca y recordando cuando viví junto con mis viejos en Guayabal… ¿y qué hacían ellos allá?... bueno, don Evaristo mi padre trabajaba en la hacienda, tenía una habilidad para capar cochinos única… pero no es muy grato ese recuerdo… en cambio de doña Luisa mi madre, que trabaja mucho en la casa con nosotros chiquitos que no éramos muy tranquilitos que digamos es distinto. Cuando terminaba de atendernos se iba a la cocina y pilaba maíz y luego lo vendía en la pulpería, además sabía hacer de todo, era muy independiente de la hacienda, muy fuerte, le gustaba cantar coplas en los bailes y ver morir los atardeceres... oye viejo con razón te veo aquí sentao… me gustaría que me contaras todo eso, esos recuerdos suyos de aquellos tiempos, cómo era todo allá, por aquella época… me gustaría que, cuando me case, contarle esas cosas a mis hijo, las experiencias de personas como usted… no se preocupe José que no hay algo que le guste más a un viejo como yo, que hablar… muy bien, entonces écheme la bendición… Dios me lo bendiga, nos vemos en cualquier rato.

Era un día resplandeciente, el amanecer era alegre y las fiesta en honor a la patrona ya habían comenzado. Todos se engalanaban de lo mejor que ofrecía sus guardarropas y los visitantes ya dejaban ver sus rostros los en las plazas del pueblo… y Genaro llegaba justo a tiempo.

Alborozo, alegría, los niños abrazaban a su papá ¡al fin! su llegada ya era largamente esperada por los niños y cuando el taxi lo depositó en la acera frente a su hogar ya se le guindaban del cuello Eduardo y Sofía… ¡bendición bendición!... Dios los bendiga mis nenés, déjenme abrazar a su madre… saben cuanto los extrañé… voy a preparar algo sabroso y Doris se va a la cocina y los niños empiezan a contarle todo lo que hicieron en su ausencia.

Se oían los músicos ofreciendo lo mejor de su repertorio, los encuentros deportivos ya estaban por iniciarse… las festividades habían transcurrido de forma alegre y tranquila. En la noche se realizaría la procesión.

En casa de Doris todo estaba listo para el cumpleaños de Raúl, ya las invitaciones estaban hechas y en cualquier momento comenzarían a llegar los invitados. El primero en aparecer fue el tío José Luis, con su novia Elena, luego Francisca y los músicos amigos de la cuadra, quienes ya instalaban el sonido y comenzaban a afinar sus instrumentos. El humear de la parrilla despedía un aroma intenso y agradable. El conjunto arrancó improvisando unos versos para el cumpleañero que salió a bailar junto con su madre. Ya el ambiente era de fiesta, Francisca y Armando ya estaban en la pista junto con Rosario y Don Julián y el entusiasmo se regaba en todas direcciones.

En el pueblo las retretas, los bailes de gala y la animación general era el producto del compromiso y el esfuerzo que cada habitante había sumado para que las condiciones generales mejoraran día a día y el resultado de ese esfuerzo era que las fiesta en honor a Mercedes, patrona santa, fuese una de las semanas más coloridas y esperadas de todo el año por aquellos lares.

Don Apolinar estaba invitado a la fiesta de Raúl, a las diez de la noche se apareció con un pequeño regalo para el cumpleañero… toma hijo a esto le llaman el cubo de Rubik… será interesante ordenarlo… pero no te fíes por su apariencia… es muy divertido he interesante, sé que a un niño tan inteligente como tú le va a gustar… gracias mi don… de nada, feliz cumpleaños… ¡mi don! Ya pensaba que no vendría… épale primo, se me hizo tarde en la feria, la cosa estaba muy buena por allá, el partido de beisbol estuvo emocionante, todo estaba muy bien organizado, da gusto estarse en la grada… que bueno viejo muy bien… aquí todos bailan y hay unas mocitas como para usted, le guiña un ojo, que les gustaría que las invite… ¡cómo no!... aquí estoy para lo que crean que soy bueno… y es rieron a carcajadas.

Sabe viejo que tenemos una conversación pendiente… sí primo, bueno como te decía… las cosas no eran muy buenas por aquella época, el trabajo era duro y era poco lo que se ganaba, a veces no salíamos para no gastar tan rápido las alpargatas… el viejo trabajaba duro pero el patrón nunca estaba contento, siempre tenía que hacer algo más… a veces soñando veía un azadón que nunca dejaba de golpear la tierra una y otra vez y del hueco en la tierra lo que brotaba eran matas de maíz cuajadas de sangre… despertaba con esas angustia salada en la garganta… a veces soñaba con campos inmensos de avena y matas de arepas… allí sí es verdad que no quería despertar pero la realidad volvía siempre. Ya con doce años me fui con un tío a trabajar a otra parte y me di cuenta que podía ser mejor y me obstiné en sacar a mi vieja y mis hermanos de allá, mi padre la fiebre y la neumonía ya se lo habían llevado al cementerio de Guayabal. Al final todos salimos de allá… ya va viejo, déjame buscarte algo para que tomes y comas ya regreso… el viejo aprovecho y echó un pié con María de los Ángeles a quien como a él le gustaba los pasodobles de la Billo´s. Todos le celebraban las vueltas a los dos… oye viejo no has perdido el toque mágico… jeje la práctica José Luis nada más… bueno sigo antes que me canse… las fiestas cuando era joven no me las perdía, hacia cualquier cosa para irme al Amparo o a Punta Negra para ver a los bailadores de Joropo… con decirte que juntaba leña para venderla a una puya jeje… sí que recuerdo eso… también que una vez nos dejaron sin casa porque justamente iban a pasar una carretera por allí y les estorbábamos a los ingenieros y al gobierno, nos sacaron y ni tiempo nos dieron para acomodarnos. Una tía nos ayudó a improvisar una casita. A doña Luisa eso le afectó mucho. En las noches cuando creía que dormíamos salía al patio y lloraba despacio oprimiéndose el pecho. El techo lo remendó con hojas de Casupo para que no entrara tanta claridad por las mañanas… dejemos eso a un lado… me fui Caracas y allí me casé, Alondra era una mujer única, alguien hecho de amor, ¿que te puedo decir de ella? Muchas, muchas cosas. Le gustaba trabajar. Los dos trabajamos arduamente y aún así apenas podíamos mantenernos, tuvimos ocho muchachos… mi don no se me encoja, ¿qué pasa? Se me puso melancólico, vamos a cantar el cumpleaños y luego seguimos… no te preocupes José Luis, cuando uno llega a cierta edad se pone sentimental… son tantos recuerdos los que se agolpan, se asoman a la memoria… a mi esposa le gustaba ayudar a todo aquel que podía… yo cometí muchos errores… le criticaba demasiado su buen corazón… ¿no la apoyaste viejo?... a veces la hice sufrir… uno el hombre es egoísta, le gusta ser el sol de las mujeres… ya viejo, no te martirices, nadie es perfecto todos nos equivocamos en esta vida… por cierto, la otra vez te subiste a mi camioneta y noté que escuchando una canción, no recuerdo cual, te pusiste como sentimental… Viejo mi querido viejo … ¡esa misma es!... sí, lo que sucede es que al ver a los hijos crecer uno se alegra pero a la vez sabes que uno se quedará solo, cada uno se irá y hará su vida, no se sabe si lejos o cerca… ¿Qué por qué pienso así? La experiencia, mi mujer me decía que no guardara todo eso dentro, que lo soltara pero me había acostumbrado a estar encerrado en mí mismo, no lo podía entender porque no lo veía… fue una amarga lección… ¿y los nietos?... los conozco sí, casi a todos, con algunos hablo de vez en cuando… tranquilo viejo, todo eso como usted dice es parte de la vida -le da un abrazo- hola Raquel, hola José, me vengo a llegar a este doncito… ¡claro! No faltaba más… dele pues… nos vemos abuelo… José Luis reflexionó un momento en lo que había hablado con don Apolinar para después ir a ayudar a su hermana a servir la parrilla. Todavía a lo lejos se podía escuchar el sonido de la música de las fiestas y los fuegos pirotécnicos restallando en un cielo nevado de menudas estrellas…

Al día siguiente y continuando con el programa se daba la lectura en la plaza mayor de la historia de la Virgen de la Merced o de las Mercedes, la mujer vestida de Sol y Reina de la Paz… tiene tres fechas al año a saber: el 3 de agosto, 24 de septiembre y en navidad. Nosotros los pobladores damos homenaje a nuestra patrona celebrando este día; también en la patrona de los cautivos inocentes… y el relato se extendía como una alfombra sobre la plaza que invitaba a todos a escuchar.

¿Cómo están mis niños, cansados? No papi amanecimos muy bien, todo estuvo muy bello, Raúl le dice me divertí mucho y había muchas personas en mi fiesta y porque estábamos todos juntos, mis hermanos, mi mamá y tú, mi mamá siempre dice ojala que Genaro trabajase más cerca… ¿verdad mamá que sería chévere que mi papá consiguiese un empleo más cerca?... sí hijo, seria bueno, coman aquí les traigo estos pasa palos que se salvaron anoche… todos se veían muy animados… ¡por supuesto! Si todo quedo muy sabroso… dime el hervido de gallina de las cuatro… ¡divino!

José Luis al atardecer ya había culminado la jornada y se disponía visitar a su novia Elena, en su cabeza aún rondaba la conversación con don Apolinar… definitivamente le tenía aprecio al viejo.

Llegando al centro lo divisó caminando y aprovecho para saludarlo… que más mi don espéreme ahí que ya estacionó… y entonces, ¿cómo amaneció?... bien primo, ese joropazo con Raquel casi que vuelve muchacho otra vez jeje… que bueno mi don, véngase vamos esa panadería a tomarnos un café… la vida no es fácil, antes tal ves era más difícil, unos cincuenta años atrás, pero tener una esposa y unos hijos en de lo más bello que tiene la vida, aunque en mis tiempos mi mujer lavaba y plancha montones de ropa para estirar los realitos se podía decir que fuimos felices… ¿te dije que fue partera, no? Sí chico muy buena, traer a eso pequeñitos al mundo con la necesidad que había y con el amor con que lo hacía… es maravilloso… ¿y te quedaron muchos ahijados?... uno que otro pero con el tiempo les perdía el rastro, los tiempos habían cambiado tanto… sí, así también pasó con mis padrinos, pero no importa pues ya me conseguí a uno… ¿verdad primo, y a dónde?... por aquí mismo, de ahora en adelante usted será mi padrino, venga para darle un abrazo… y José Luis le dio un abrazó en ese instante al viejo Apolinar que radiante se le saltaron algunas lágrimas que se atoraron entre los pliegues de su cara.

Doris salió a pasear esa tarde con los niños acompañada de Genaro, para ver los toros coleados en la feria de Las Mercedes, cada coleador esperaba su turno para lograr la mejor actuación en la tumbada del toro… se escuchaba la euforia de los fanáticos en las gradas ¡túmbalo, túmbalo! Le gritaban a Marco Antonio, el coleador favorito de las jovencitas. Antes de llegar hicieron un pequeño desvío para llegar a los puestos de artesanías de los habitantes del pueblo en donde estaban la muñecas hechas con hojas de maíz de Ana Cecilia… ¡mami, cómprame una! Si hija son muy bonitas… sí señora es parte de nuestra tradición… llegaron a la Manga de Coleo y después de un rato regresaron a su hogar.

Don Apolinar estaba en su mecedora, pensando en la conversación con José Luis, sintiendo que, a pesar de todo lo malo que vivió y de todos los errores que cometió, la vida siempre vale la pena, se sentía tranquilo consigo mismo después de todo. Podía pensar con calma en todo lo que hizo y no hizo, los aciertos y errores de su vida mientras lo arboles se mecían al compás de la brisas vespertina… estos arboles, tan fuertes, tan frondosos… mucho tuvieron que resistir para llegar a esa altura… y recordaba las penurias que vivieron sus hijos pequeños y cómo su niña Paola moría siendo una bebé… Alondra cuantos errores, eras el motor de la casa, cómo enredé todo, estaba atorado, nunca pedí perdón… que distancia Dios mio…

En ese momento mira al frente de su casa y mira que va pasando Raquel, epale y ve a don Apolinar que va a su encuentro… ¡hola Raquel! ¿Cómo le pareció la fiesta? ¡Muy buena! Sí es cierto, tenía tiempo que no echaba un pie, imagínate, el joropo que tocaron esos muchacho estuvo muy bueno ¿no le parece? Sí vale, vamos a ver cuando nos invitan a otra, bueno tengo que seguir sino me cierran la tienda, saludos… y se despiden un beso.

Apolinar se sentía tranquilo, regresó nuevamente a su casa con un ánimo nuevo para emprender sus tareas… me he quitado un peso de encima estoy seguro que hoy dormiré tranquilo y lleno de felicidad.

26 de Marzo de 2019 a las 13:37 0 Reporte Insertar 1
Fin

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