Smart Seguir historia

s_h_e_e_l_a_g Shee Lag

¿Es el ser engañado algo de lo cual reírse y reconfortarse? La mayoría de seres humanos se sienten más inteligentes al tender trampas crueles a otros. ¿Has conocido a alguien que juegue con otra persona porque esta se ha portado mal? Sin duda, y quizá es lógico de entender. Pero, ¿has conocido a alguien que planee como un asesino serial cada jugada, cada emboscada, y cada puñalada que asestará a alguien solo porque cometió el error de amar y creer en la persona equivocada? Smart es una historia con un título paradójico, ya que representa la palabra «Inteligente» en inglés, en donde no se encuentra una sola gota de inteligencia, sí de ingenuidad y de un amor puro, puro y de los pocos que quedaban, y la transformación de algo tan profundo, en una cuestión irreversible.


Cuento No para niños menores de 13.

#corazón-roto #decepciones #desiluciones #amar #depresión #pena #tristeza #mentiras #dolor #desamor #amor
Cuento corto
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Smart

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«[…] No estoy viviendo
Solo estoy matando el tiempo[…]
No te vayas…
El verdadero amor espera,
en áticos encantados…»

True love waits,Radiohead

No creo en las casualidades. Excepto las más comunes, como encontrarse con alguien en un mismo autobús, cosas así. Pero, sí creo en las causalidades y aunque odio esa palabra la definiré.

La causalidad es lo manipulado por nosotros, las personas, con fines buenos o malos. A algunos les da por jugar con esto para hacerlo pasar por destino. Como el día que abrimos la misma puerta a la vez en un sitio al que nadie concurre a esa hora. O cuando eras el único que entendió mi propuesta colectiva siendo el salvador que me apoyaba; así como terminabas cada frase que yo comenzaba, para dar la idea de que estábamos conectados uno al otro.

La causalidad la facilitó una simple espía a la que apodé Mata Hari y se volvió mi amiga para filtrarse en lo más profundo de mí, en aquello que estaba oculto, en la razón del mal.

Mata Hari que me estudió por completo para que tú coincidieras en todo conmigo, como un perfecto galán que sostiene mi hilo rojo.

Algunas veces tú, otras ella, me observaban por la vitrina opaca en que se identifica a los sospechosos.

Era tan compleja como sencilla, por eso ambos fracasaron en entender lo que trataba de decir y quién era.

Ya lo sabes, cariño, todo animal salvaje desconocido se intenta capturar. Ambos fracasaron, y me alegra cuánto tiempo y dinero tuviste que invertir por tu mala autoestima. Espero que a tu próximo «amor» lo conozcas a la cara y no refugiado tras las paredes de tus miserias.

Mata Hari era una chiquilla que se creía bruja y estaba lo suficientemente lejos como para permitirme ser yo misma sin el peso de que la preocupara, por eso le contaba mis cosas.

El infierno y la causalidad comenzaron aquel día que tanto vos como ella dieron rienda suelta al complot. «Utiliza la fragancia de la rosa roja y la que tiene esencia de miel, tu suerte cambiará.» dijo.

¿Me costaba algo usar un perfume u otro?

No, en absoluto. Ella creía fervientemente en que un incienso ahuyenta las almas, creía que veía fantasmas, que tenía poderes sobre el agua y la tierra.

Yo confieso que muchas veces soltaba una sonrisa amena, porque me daba ternura que estuviese tan refugiada en esas cosas siendo tan joven. Me hubiera gustado que supiera que la vida no tiene una varita mágica con la cual hacer y deshacer al antojo de uno. Pues, si así fuera: ¿Habría necesitado ella venderme a ti por dinero? ¿Estudiarme disfrazada de gran amiga solo para entregarme a un fanatizado y obseso? Sí su «magia» le hubiese servido para cambiar sus estrellas, sin duda sería una flor en vez de una simple tuna de tierra árida.

Desde el principio, mucho antes de que te conociera en aquel sitio al que fui a buscar un sueño estabas en contacto con ella para vigilarme, espiarme, sacarme de allí, y no sé sinceramente qué fin más.

Ella decía que querías que me fuera de allí porque conocería a otro y no te querría… lo cual era extraño porque no nos conocíamos. Por lo tanto pensaba que ella quería que yo me fuera de allí para que no te conociera.

Pero te conocí…

Y esta es la parte mágica que ninguno pudo explicar, y que por infortunio, les facilitó la emboscada.

Tantas personas había aquel día que me sentía perdida para inscribirme en aquel lugar, y justo te veo viéndome fijo.

Al rato, te pregunté por cierta información y contestaste de un modo sumamente seco, aunque correcto.

No pensé en vos ni ese día ni ningún otro.

Vivía tan en mi mundo que ni siquiera noté, que tanto vos como ella, si es que no eran la misma persona, habían leído mi primera novela y un día representaron una escena de la misma.

Hoy cuando lo pienso, me parece horriblemente enfermo.

Pero llegó aquel momento, que tras usar el perfume dulce, creo que ella o vos mismo quizá, dio la indicación de presentarte ante mí.

Yo estaba con prisa, y te interrumpí porque ya había escuchado lo que tenías para decirme, pero por boca de otro. No te importó, seguiste hablando. Entonces, te di mi atención.

Pero, ¿por qué se detuvo el tiempo y giraste así a verme? Tus ojos no dejaron de ir y venir en los míos.

Ojos de miel, chocando con unos ojos de miel. Y yo sostuve la mirada porque así es como observo. Luego, no hiciste más que andar merodeando detrás de mí.

¿Sabes por qué le llamé a este cuento Smart? Por la novelista y poetisa proveniente de Canadá que se enamoró de un poeta tan solo por como escribía. Lo hizo de modo intenso, dando todo. Incluso para conocerlo le pagó el pasaje a él y a su esposa.

Sí, era un hombre casado.

La otra razón por la que le llamé Smart, fue porque curiosamente esta casualidad no sé si habrá sido causalidad, pero por fortuna, estoy ajena a ello, en ese hotel, con ese nombre decidí hospedarme… ¿Sabes a qué? A esperarte. Sí, tú lo sabes muy bien… y no a esperarte como amantes que quieren hacer el amor, sino a esperarte para huir.

Durante un año te escribí, siempre. Te escribí con mi prosa y mi poesía que no es mi fuerte, pero para vos salían siempre flores. El problema es que a tu ego le molestaban las espinas. Pero, mi querido, todo rosedal tiene espinas. Lo muy delicado incluso debe tener defensas.

Te haya gustado o no, te hablé siempre con la verdad. Claro, yo lo hacía de un modo tan fuerte, que quizá te asustaste, te sentiste apabullado, o me viste demasiado osada. Pero no era de las que te rodeaban aprobándote todo solo por quedar bien.

Soy auténtica y genuina. A lo mejor no podías con eso.

Cada vez que me cruzabas, yo sufría por tu desdén de no responder mis cartas, pero es que nunca te lo dije, joven viejo: yo quería que alguien se enamorara de mí por cómo escribo.

No es que quería copiar a Smart, sino que quería dar lo mejor que tengo, esa honestidad, ese sentir sublime que sale por mis dedos al teclear.

Si te gustaban mis ojos y mi boca se sentía lindo. Si te gustaba mi pelo y mi cintura era halagador, pero si te enamorabas de mi mente… ¡Era eterno!

¿Quién puede olvidar a alguien que un día llega como una fuerte tormenta y destroza todos los vidrios que te mantienen encerrado en tu cuarto de autoflagelación?

Era grande ya, y sin embargo confesé que nunca había podido enamorarme, que no sabía cómo amar. No porque me faltaran sentimientos, sino porque la gente tiene muchas falencias. Nadie me deslumbraba, y ahora, menos.

Entonces, aquel día que te conocí vi tus ojos conteniendo al infinito, y ¿qué quieres que te diga?… Si de algo estuve siempre enamorada es del gran firmamento.

Tus ojos estaban llenos de galaxias, de tristeza, de fuerza, de lucha, de soledad. Quise acunarte.

Por primera vez sentí que me había enamorado porque era algo desprovisto de lo típico.

No niego que si hubiera caído en tu cuerpo nos habríamos amado hasta morir, pero nunca te atravesabas en mí de ese modo.

Llegaste a mí como la lluvia fresca y la primavera, para revivir el jardín marchito que yo era.

Nunca sabré qué sentiste de veras, ya que cuando por fin hicimos contacto, hasta hoy sigo sin discernir si eras tú o los que te odian, que son bastantes, y los que me odian, que seguro deben ser muchos, que se metieron en el medio y se hicieron pasar por uno y el otro.

Eres el mago del bosque, eres un enigma que nunca descifraré. No porque no vaya a volver a verte, sino porque no me interesa hacerlo.

Quizá sí llegué hasta el fondo de ti, pero sabías que estaba prohibida.

Quizá no pudiste notar que era un gorrión abandonado en el nido, gritando por auxilio, porque estaba desfalleciendo.

Las experiencias de tu vida te volvieron duro y fuerte, y a lo mejor me viste débil. No estoy de acuerdo: el dolor es dolor, no importa por qué se sufra, lo que importa es que duele.

Quizá los años algún día cuando te traigan la madurez o la sensibilidad lo entiendas. Sí deseo que nunca estés en agonía y en la locura a la que fui inducida por todo el complot que hicieron.

No entiendo… ¿No era más fácil hablar?

Será que me gusta hablar cara a cara y sin problemas, que no me escondo, que no soy cobarde, y no necesito formar un batallón contra una persona ni difamarla.

Creerás que el mejor puñal que me pegaron y me destrozó por completo fue que pasé todos aquellos días al borde de la locura, con miedo, con soledad, con paranoia, perdida, y triste cuando bajé las escaleras el último día con mi indumentaria de lujo para recibirte, deseando que estuvieras en un coche para escapar.

Pero allí solo estaba el vacío y la ruidosa ciudad.

No, corazón frío, no fue eso lo que me rompió el alma, sino que inventaste una historia sobre mí para no dejarme volver al lugar donde quería cumplir mis sueños, tú que te consideras justo, de parte del feminismo y militante… espero que ahora hayas notado que no eres más que un hipócrita disfrazado, con deseos de mandar y nada más. Un abusador, un vengativo, y una persona muy despiadada.

No logré enamorarte por cómo escribo, como sí lo hizo Elizabeth Smart, o quizá sí. ¿Eso importa? No, en absoluto, porque más que el amor me pesan las injusticias, y porque fue en una mañana fresca de diciembre, cuando bajé las escaleras del hotel, unos días antes de marcharme, me encontré en la puerta del viejo sitio en el que expiró la poetisa más apasionada y mártir que es de mi mayor aprecio.

Entonces, con mi mirada perdida, la angustia anudada en el pecho como si fuese vagando por la vida con una espada enterrada, bajé la vista y en el piso, algo tan conmemorativo y simple como una placa recordatoria me llevó como un efecto mariposa a aquel día que entré y te vi.

No fuiste nada en ese momento. Luego recordé la danza de nuestros ojos de miel. Los tuyos demasiado dulces en comparación a los míos. Entonces, pensé: «No sé si lo amé, o si amé la idea que creé de él, pero sin duda este verso que reza aquí en este piso, como un recuerdo a la injusticia y al arte de una poetisa cuya vida fue arrasada por la locura de un hombre celoso que no podía aceptar que había sido abandonado, me di cuenta que no en vano había estado en esa situación, en ese hotel e incluso en esa calle, con los ojos desorbitados como si me hubiese parado en mi propia tumba.»

La placa ponía: «Yo muero extrañamente… No me mata la Vida, no me mata la Muerte, no me mata el Amor; muero de un pensamiento mudo como una herida…».

Se plantó un rosal allí, en memoria de todas las víctimas de violencia de género. El rosal crece donde «Delmira Agustini amó por última vez».

Así es, Delmira.

Morí porque me lo debía merecer.

Morí esperando que alguien sintiera mi dolor y viniera a mis brazos para buscar lejos la libertad.

Y tal cual como tú, viviendo provisoriamente a pasos de donde te mataron, no me mató el amor, ni la muerte, sino mi pensamiento mudo como una herida…

Mientras en tu memorial crece un rosal, en mí se deshojó y solo quedaron las espinas, y le cae continuamente la nieve, en primavera, en verano, otoño e invierno.

Mi alma quedó sellada, como una antigua compuerta de una cámara mortuoria.

Sonreí y asumí cómo me engañaron, y me sentí feliz de lo valiente que fui de despojarme de toda cosa material por ir tras la libertad, la amistad, el compañerismo, la paz y si surgía, también por el amor puro, ese que nace de lo sencillo.

Miré al cielo y exclamé:

—¡Bella Delmira! Mientras crecen rosas que mantienen viva tu esencia, yo solamente quedé como un rosal muerto y sin vida ante esos amores que profesan paraísos de mentira. Pero hay una cosa que te prometo, porque soy automática en mi cambio de sentir, aunque no me mataron, por el contrario, abrí mis ojos ante la verdadera vida, yo al igual que tú, amé por última vez.

21 de Marzo de 2019 a las 21:04 2 Reporte Insertar 10
Fin

Conoce al autor

Shee Lag Como lo proponía Hemingway: Escribo duro y claro sobre lo que duele, pero sin perder la ternura. Mi lema es drenarse las emociones a través de las letras. Me gusta escribir, incluso podría decir que es una necesidad, ya que no encuentro otro modo de dejar en el mundo todo lo que siento, observo, creo y soy, excepto mediante este lenguaje extraordinario que fluye a través de los dedos.

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Covadonga Tossan Covadonga Tossan
No puedo decir otra cosa que BRUTAL
7 de Abril de 2019 a las 21:24

  • Shee Lag Shee Lag
    Muchas gracias por comentar. Un abrazo. 7 de Abril de 2019 a las 22:22
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