Sólo estábamos bromeando Seguir historia

nattysuketchi Natalia Rodríguez

Mientras cenaba con su familia, Annie observaba el reloj con ansiedad. Faltaba poco para las 9.


Horror Horror adolescente Todo público.

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Sólo estábamos bromeando

Mientras cenaba con su familia, Annie observaba el reloj con ansiedad. Faltaba poco para las 9.


– Voy a ir a mi cuarto a descansar.

– ¿No vas a estar a medianoche para la entrega de los regalos?

– Tengo sueño ma. No creo poder aguantarme, pero voy a poner la alarma. En ningún lado dice que no se puede así ¿o sí?

– Está bien. Pero si estás muy cansada puedes irte a dormir y esperar hasta mañana, no hay ningún problema.

– ¿Y dejar que empiecen sin mí? Nah. Vuelvo en un par de horas.


Annie se subió a la cama y tomó una revista para distraerse. En cuestión de minutos escuchó unos golpecitos en su ventana. Era Verónica. Se veía hermosa con su abrigo rojo y su largo cabello negro. Annie levantó la ventana y salió por ella al jardín. Tomó a Vero de las manos y la miró desafiante.


– No veo que traigas mis regalos

– ¿Regalos? Pensé que con éste te bastaba – sonrió Vero

– ¿Crees que porque cumplo años en Navidad me puedes dar un mismo regalo para las dos ocasiones? Al parecer todo el mundo lo cree. – Ambas se rieron – Estoy bromeando. Sabes que tú eres lo único que deseo.

Annie se inclinó hacia adelante para besarla. De repente Verónica sintió algo que la tomó por los hombros y la lanzó con violencia sobre la nieve.

– ¿Qué demonios te pasa John? – gritó Annie. Su hermano se veía enfurecido y había estado tomando demasiado.

– ¡Eres una asquerosa! A la próxima que las vea juntas le voy a contar a mamá y a papá.

– ¡John, no! ¡Por favor!


John se retiró y Vero se levantó sacudiéndose la nieve de la ropa. Annie la abrazó preocupada.


– Mierda, ¿qué hago?

– Hay que darle una lección – contestó Vero

– No quiero hacerle daño

– No vamos a hacerle daño. ¿Recuerdas la fiesta de Halloween hace unos meses? A diferencia de ti y tu familia, yo nunca tiro las decoraciones. Este es mi plan: vamos a hacerle una broma.

– ¿Cómo la haremos?

– Tendrá que ser en casa de Irina, sabes que tu hermano está loco por ella. Allí armaremos todo. La ventaja es que queda muy cerca ¿me ayudarás?

– Tengo que estar de regreso antes de las doce o mi familia sospechará.

– El tiempo alcanza para que organicemos todo, pero no para que veas el plan en acción… ¡Ya sé! ¿Qué tal si lo transmito en vivo? Así lo podrás ver desde tu casa.

– Vamos, me vas a meter en problemas – Annie se llevó las manos a la cara y movió la cabeza de un lado al otro – Ahhh, no lo sé…

– Será muy divertido. Y me parece justo después de haber subido ese video tuyo bailando en la…

– ¡Shh! – Annie se sonrojó – Eso fue totalmente innecesario. Está bien, hagámoslo.


Annie y Vero se pusieron en marcha mientras esta última llamaba a Irina y la ponía al tanto de la situación. Ella accedió a ayudarlas e incluso ayudó a llevar las cajas llenas de materiales de la casa de Verónica a la suya. Allí las tres empezaron a montar un escenario de película de terror.


– Tenemos poco tiempo y poco presupuesto, ¿en serio crees que vamos a engañar a alguien con esto? – preguntó Irina.

– Confía en mí – contestó Vero – Llevo un tiempo teniendo que entregar proyectos audiovisuales a último minuto. Ese tipo de cosas ya no son inconvenientes para mí.

– ¿Qué diría el profesor Lébedev si viera lo que estás haciendo? – Se burlaba Irina – supongo que nos va ayudar el hecho de que todo se verá oscuro.

– ¿Creen que mi hermano accederá a venir aquí a medianoche? – se preocupó Annie.

– ¿No lo conoces? – Irina soltó un resoplido – Una vez apareció aquí a las 4:00am a entregarme una tarjeta de buenos deseos porque se enteró que tendría una presentación al otro lado de la ciudad. Es un pesado, no deja de mandarme mensajes todos los días aunque sabe que no me interesa en absoluto. No saben cuánto me alegra participar en esto que estamos haciendo. Se lo merece.


Después de dos horas y media de trabajar sin descanso, las tres chicas terminaron de ubicar y revisar todo. Verónica maquillaba a Irina mientras Annie caminaba de un lado a otro preguntándose si a su familia se le habría ocurrido tratar de entrar a su habitación. Ella había cerrado la puerta por dentro pero ¿y si alguien cerraba la ventana? ¿Cómo podría entrar después?


– Chicas, creo que debería irme ya

– Está bien, ya estamos terminando. Vuelve a casa y no olvides estar pendiente del celular – Vero se dirigió a Annie y le dio un beso en la mejilla. Annie se despidió de ambas.

– ¿Cómo me veo? – preguntó Irina a Vero. Su hermoso y delicado rostro se había transformado gracias al maquillaje. De lejos parecía que había acabado de sufrir un espantoso accidente.

– Desafortunadamente, no alcanzaré a hacerte nada así muy profesional. Así que… –Vero buscó entre las cajas y sacó un velo blanco – Tendrás que ponerte esto sobre tu cabeza.

– Cielos, ojalá no me vaya a tropezar, se arruinaría todo.

– Eres de artes escénicas, así que confío en tus habilidades.

– Bueno, eres de medios, así que confío en que todo salga como dijiste.


Verónica fue a revisar todo por última vez, mientras Irina llamaba a John.


Al llegar a casa, Annie se alivió al comprobar que la ventana aún seguía abierta. Entró a su habitación y con algo de dificultad logró cerrarla de nuevo. A las 11:50 John llamó a su habitación.


– Tengo que salir. Dile a papá y mamá que voy a llevar un regalo de nuestra parte a los Kahler.

– Está bien. ¿Me prestas tu celular?

– ¿Para qué?

– Quiero ver las fotos de la salida del viernes.

– Más tarde te las envío.

– Las quiero ver ya. Por favor. Si no, no te dejo salir. Sé que vas a casa de Irina, de otra forma no estarías tan ansioso.

– ¡Qué molesta! Está bien, sólo dame un momento. – Annie observaba mientras su hermano hacía algo en el celular antes de entregárselo

– ¿Ocultando tus cosas? – se río. John la sujetó por el cuello del suéter y la amenazó.

– Tú también tienes cosas que ocultar, no lo olvides – y se fue.

Un rato después Annie fue a la sala a reunirse con sus padres. Agarró uno de los paquetes bajo el árbol que tenía su nombre y lo examinó por todas partes.

– No vamos a empezar sin tu hermano – le advirtió su madre

– ¿Por qué lo dejaste salir justo ahora? – reprochó el padre

– Dijo que le iba a llevar a los vecinos un regalo de navidad de nuestra parte ¿no es eso muy amable?

– Ojalá sea cierto.


La madre de Annie miró con enfado a su esposo mientras este se llevaba a la boca la segunda bandeja de galletas de chocolate. Annie sintió su celular vibrar dentro de su bolsillo y presintió que ya había llegado el momento.


– Avísenme cuando llegue – Annie se retiró

– ¿Otra vez a su habitación? – se quejó su madre – esa niña se la pasa encerrada todo el día como si…


Annie no escuchó más, cerró la puerta y se tumbó sobre la cama. John llegó a casa de Irina. La puerta estaba abierta, al entrar todo estaba completamente oscuro. Buscó a tientas el interruptor y su mano sintió algo frío y viscoso al tocar la pared. La retiró asqueado y se limpió pasándola por el pantalón. En ese momento recordó que no traía consigo su celular. De repente se escuchó el grito de una mujer.


– ¿Irina? – gritó John

– ¡Ayuda!


John fue adentrándose hacia el área del comedor. Verónica cerró la puerta principal. Lo seguía tratando de no hacer ruido, grabando todo a una distancia prudente. Tres personas conectadas incluyendo a Annie presenciaban la situación, pero aún no podían ver nada con claridad.


– ¡Alguien! ¡Ayúdenme!


John intentó de nuevo encontrar un interruptor pero las luces no se encendían. Buscó a tientas por todas partes algo con qué atacar pero no encontró nada. De repente el cuarto se empezó a iluminar y él pudo observar que sus manos estaban manchadas de rojo. Verónica se escondió con cuidado mientras se unían 10 personas más quienes empezaban a mandar comentarios de aprobación. Una figura femenina apareció sosteniendo un farol antiguo. Llevaba un vestido blanco hasta los tobillos y los pies descalzos tenían un tono azul violáceo. Su cabellera rubia iba cubierta por un larguísimo velo, bajo el cual se veía su rostro desfigurado del que caía sangre al piso y al vestido.


– ¿Qué es esto, Irina? ¿Estás tratando de asustarme o algo? – se rió

– ¿John? ¿John? ¡Ayúdame! ¡Por favor! – la voz de Irina provenía del piso de arriba

– Ya cállate – gritó una voz gruesa y profunda. En seguida se escucharon unos gritos de dolor espantosos, y la cabeza de la mujer que sostenía el farol cayó frente a él.


Entonces la actitud de John cambió por completo. Viendo que no tenía otro lugar por dónde huir comenzó a subir las escaleras. Al subir cada escalón sentía algo que crujía bajo sus pies. Voces infantiles provenían de todas direcciones. Vero esperó a que subiera a la terraza y fue tras él, mientras varias de las 50 personas que los veían preguntaban cómo habían logrado todo eso. Arriba, John miró hacia todas partes pero se encontraba solo. Vero se escondió detrás de unas cajas de madera. El número de espectadores subió a 115.


– Ya es demasiado tarde – la mujer del farol apareció y comenzó a acercarse a él llevándolo hasta el balcón de la terraza.


Viéndose acorralado John cayó de rodillas al piso llorando y suplicando. En los comentarios la gente se burlaba de él y les pedían que continuaran asustándolo. Uno de ellos, sin embargo, comentó que ya habían llegado demasiado lejos. Vero le hizo entonces una señal a Irina para que se levantara el velo y terminara su actuación.


– Tranquilízate John. Sólo estábamos bromeando.


Vero salió de su escondite y las chicas se empezaron a reír. John se quedó confundido unos segundos y luego respiró profundamente y comenzó a reír con ellas primero tímidamente y después a carcajadas. Fue la Navidad más extraña en la vida de todos.


200 personas presenciaron el final de la broma. En ese momento ya todo eran risas y diversión.


De repente, las risas cesaron.


John se había lanzado por el balcón.

21 de Marzo de 2019 a las 04:02 0 Reporte Insertar 0
Fin

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