Solsticio de Invierno Seguir historia

zashy Zashy Tacajara

Reencuentro, una noche fría, que encontró calor a pesar del calendario... dos almas que nunca más serían extrañas. Dos seres que nunca más serían Solo Desconocidos.


Cuento Todo público.

#desconocidos
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Llegada del frío o del calor...

Era aún un desconocido en mi vida, ambos lo sentíamos, a doce meses de la primera y única vez que nuestras miradas se habían cruzado y toda una vida de no encontrarnos, de no conocernos. Quien quita que alguna vez, nos hayamos tropezado en una esquina, con tantas amistades en común, con tantos momentos, pero no, la vida nos había conducido hasta ese camino, ese camino del que hoy éramos víctimas, las víctimas más afortunadas del destino.

Una vez más en vísperas de navidad, una noche fría, por supuesto que una noche, y una fiesta con los amigos. Alcohol, menos esta vez, pero alcohol al fin, de lo contrario no habría sido capaz de manejar mis emociones ni de enfrentarme a mis miedos. Uhy sí que estaba apuesto esta vez, cómo no lo noté la primera vez, por qué fui tan cobarde, si lo tuve junto a mi cuerpo, si compartimos la misma cama, por qué evité un año de maravillas. Pero despierta, me dije ante la imagen que aparecía delante de mi rostro en aquel lugar, rodeado de luces, humo y música electrónica, ya el tiempo que se perdió no tiene remedio, pero esta vez, mmmm esta vez nadie va a escapar, ni él, ni yo, ni esta atracción que siento, esta vez no nos vamos a escapar el uno del otro.

Timidez, notable timidez, en sus acciones y yo ansiosa porque dé el paso, unos minutos de desespero, porque mi cuerpo aún baila solo, entre todos los contrastes del lugar, sonrío a mi mejor amiga, que se unió a mí en un día tan complicado y ella solo se encoge de hombros. Pero solo fueron eso, minutos, cuando había reunido suficiente confianza, nuestros cuerpos se reencontraron, una vez más, guiados por el ritmo de la música, un ritmo que hacía sofocar bajo el calor de la animación. Volví a sentirme como un año antes, volví a sentir su respiración en mi nuca y a erizar cada trozo de piel, volví a sentir miedo, miedo de nunca parar de mirarlo y robarle ese beso que llevaba anhelando tanto tiempo.

Sabía que no podía esperar esta vez, me tocaba la iniciativa, reuní el valor que necesitaba, era un año más madura, por qué no jugar con fuego, volteé aun bailando, le di el frente a la situación, al baile y a su cuerpo que seguía intentando moverse. Levanté tan sexy y lentamente el rostro como me lo permitieron mis impulsos y la música, y ahí estaban esos labios que quería sentir, que quería probar. Por qué dilatar más mis deseos, por qué negarme lo que estaba a mi disposición, por qué no besarlo, por todo el tiempo que quise y no pude. Así fue, sí que lo besé, con desespero y furia, justo como pedían nuestros labios y exigía el ritmo de la noche. Una y otra vez, tantas veces como pude, tantas veces como quise, tantas veces como nos encontramos lo suficientemente cerca.

La fiesta continúo y por momentos huía, no quería ahogarlo ni ahogarme yo, me escapaba con mi amiga, que sonreía al verme así de feliz. Al bar, al servicio, a bailar sola o con mi otro amigo, eran escusas que me inventaba para dejarlo solo y hacer que me extrañara. Algunas de esas ocasiones, lo encontraba en mi camino de vuelta, hasta que fue en mi búsqueda en las mesas del bar, donde compartía criterios sobre algunos asuntos con colegas. Llegó y exigió el espacio, el espacio que le correspondía a mi lado, se sentó pasó su mano por mi espalda, para sentirse más cómodo supongo, pero para mí fue más que eso, sentí que quería tenerme, que nadie más en el lugar tenía derecho a acercarse, que era de él, y muy a pesar de mis más fuertes instintos feministas y liberales, fue un pequeño gesto, pero me gustó esa sensación. Ese momento que se vio terminado, por la necesidad de algunos de irse del lugar que aún prometía darnos más diversión.

El camino de regreso no fue tan interesante, se volvió recio y aburrido, ya la resaca y el cansancio pesaban y los miedos y vergüenzas afloraban. Llegó entonces ese punto de la ruta donde nos dividiríamos, ese punto donde había que tomar una decisión, ambas opciones arriesgadas, entregarnos por completo o esperar una próxima vez. Pero por qué esperar, por qué contenerme, por qué fingir ser una nena buena y decente, cuando lo que realmente me interesa es mi felicidad y la libertad de mis acciones.

Una hora después, yacíamos sobre su cama, desnudos y a merced de nuestros deseos. Ya no seríamos de nuevo desconocidos, esa noche exploramos nuestros cuerpos, esa noche la más larga del año que nos regaló 13 horas de oscuridad para indagarnos, amarnos, bajo un cielo con una intensa luna llena que mostraba en el horizonte a Mercurio y Júpiter. Una noche especial del calendario, que anunciaba la llegada del invierno astronómico en el hemisferio norte y la llegada a mi corazón de este verano en forma de hombre.

Ese solsticio, presentó dos almas, que vivían en cuerpos que se añoraban, y la lluvia de estrellas Úrsidas adornó el firmamento celebrando el cruce de dos caminos que quizás, pero solo quizás se conviertan en uno.



1 de Marzo de 2019 a las 14:32 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Zashy Tacajara Ingeniera apasionada por las buenas historias.

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