El Demonio de la Tormenta Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Sebastián es un experimentado montañista que avanza por un escarpado paso en busca de unos senderistas desaparecidos, antes de dar con su ubicación, una tormenta aparece de la nada y un monstruoso ser, oscuro y bestial aparece, trayendo muerte a su paso...


Horror Literatura de monstruos Todo público.

#misterio #muerte #Montañas #nieve #demonio
Cuento corto
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El Demonio de la Tormenta

I


Mis pasos se enterraban los casi dos pies de nieve que había en mi camino. La temperatura cayó a los quince grados bajo cero desde la noche anterior sin mayores cambios a pesar de la luz del día. Eran ya la dos de la tarde y no había encontrado rastro alguno de los campistas que llevaban desaparecidos un día y medio. Temía lo peor. Al hacer una ronda en solitario no debía, ni quería, alejarme mucho de mi campamento, sin embargo era apremiante que al menos intentara localizarlos. Antes ha sucedido que por no aventurarse solo unos doscientos metros más se han perdido vidas que esperaban por ayuda.


El terreno en la zona noroeste no era tan escabroso, de hecho, era uno de los más fáciles por los cuales ascender hasta el campamento Nashville desde la falda de la montaña. Los campistas respondían a Sarah y a Richard Montalvo, esposos que acostumbraban visitar esta zona desde ya varios años. Recuerdo haber conversado con ellos en alguna ocasión. Sabían a la perfección sobre lo difícil que resulta volver al camino una vez que se opta abandonarlo y me parecía por demás extraño que lo hicieran.


Ya rebasaba los dos mil quinientos kilómetros de altura y me encontraba a unos setecientos metros de la última estación cuando decidí regresar. El riesgo de sufrir alguna lesión o hasta perderme, aun al haber vivido aquí toda mi vida era latente y no podía tomar ese riesgo. Dejé una mochila con una bandera naranja en un lugar visible, dentro se encontraban indicaciones para regresar a la ruta, alimentos, medicina y ropa térmica. Muy a mi pesar era lo único que podía hacer en solitario.


Al dar la vuelta y emprender el camino de regreso, un eco repentino, un lamento en medio del silencio ensordecedor de la nieve, alertó mis sentidos de golpe. Obligándome a detenerme, tuve que ignorar todos los demás sonidos a manera tal que pudiera reconocer la dirección de aquella voz, llegando incluso a detener de manera momentánea mi propia respiración.


—¡Sebastián! —escuché decir a lo lejos, era una voz que conocía.

—¿¡Sarah!?


Ahí estaba de nuevo, venía justo detrás de mí. Sin perder tiempo, regresé sobre mis pasos para facilitarme el paso y después de unos metros logré visualizar a aquella pareja de esposos que buscaba. Sarah se apoyaba sobre una improvisada muleta hecha con una rama, mientras Richard estaba recostado sobre un árbol. Estaban muy heridos por alguna razón, pero vivos.


—Llevo horas buscándolos, ¿están bien?

—Si, nos desviamos un poco del camino y yo caí por una ladera. Richard intento bajar a ayudarme y terminó en peor condición, creo que se rompió la clavícula izquierda. Yo solo tengo un esguince.

—Richard, ¿puedes moverte?

—Poco, me duele mucho.

—Escucha, voy a ponerte una venda alrededor del brazo para inmovilizarlo, deberás resistir. ¿Entendido?

—Si, haz lo que creas necesario.


Tomé varias vendas de mi mochila y procedí a inmovilizar el brazo colocando este sobre el pecho de Richard a modo de que su mano reposara a la altura de la clavícula derecha. Al hacerlo, el muchacho no pudo evitar un sonoro grito de dolor. La venda primero cubrió la cintura de Richard y desde ahí siguió cubriendo el codo hasta el hombro y luego por la espalda de nuevo a la cintura, repitiendo el proceso hasta que el brazo estuviera completamente inmóvil.


—¿Dolió?

—Vaya pregunta... Pero me siento mejor, duele menos ahora.

—Era la idea... Toma estos analgésicos. Andando, no estamos tan lejos de una estación, pediré ayuda por radio y estaremos en el pueblo en menos de veinte minutos. Debo ayudar a Richard, ¿podrás ir sola?

—No te preocupes por mí, solo es un esguince, esta rama me ayuda bastante.

—De acuerdo, Richard, de pie.

—Es más fácil decirlo que hacerlo.


El camino por delante era casi una línea recta, excepto una pequeña desviación casi al llegar a la estación. A pesar del estado de ambos, avanzar a través de la nieve no supondría mayor trabajo, al menos eso era lo que estimaba con el clima en ese momento. Antes siquiera de recorrer los primeros cien metros, la nieve empezó a caer en mayor abundancia y el viento también hacía lo propio. La tormenta estaba por comenzar.


—¿Había reporte de más nieve?

—No, por el contrario, el reporte decía que no habría más, por eso me animé a venir solo.

—¿Qué hacemos, Sebastián?

—No tenemos muchas opciones, no llegaremos antes de que la tormenta se instaure por completo y recibirla de lleno no es posible....

—Acampemos aquí... —interrumpió Sarah.

—Si, esa es una buena idea. Miren —dije señalando a la derecha—, ahí hay un terraplén que podemos utilizar.

—En mi mochila hay dos tiendas en buen estado —agrego Richard.

—Voy a tenderlas y esperaremos que esto se calme.


No tardé mucho en colocar las tiendas en su lugar, aunque el clima empeoró más rápido de lo que cabría de esperarse. Al terminar, los esposos quedaron juntos y yo al lado de estos. La tormenta comenzó a desatar su furia minutos después.


—Tenías razón, no hubiésemos llegado —dijo Sarah alzando la voz.

—Nos salvamos de quedar en una pésima situación. Aprovechen y descansen, cuando se calme la nevada seguiremos sin detenernos hasta la estación.

—Gracias, Sebastián.

—Descuida, amigo...


El sonido de la nevada era parecido a un silbido, de ahí el nombre del lugar donde nos encontrábamos Mt. Whistler. El frío hacía que me doliera la nariz aún teniendo buena parte del rostro cubierto. Con una sábana térmica sobre mi espalda, esperé a que el clima estuviera de nuestra parte.



II


—¡Sebastián! ¡Se lo ha llevado! ¡Ayuda!


No sentí en que momento había caído dormido, pero los gritos desesperados de Sarah me hicieron despertar. Al salir, una ensangrentada muchacha apenas si podía mantenerse de pie. Sostenía con dolor el muñón que quedaba de la mano que le había sido arrancada. Al ver esto quedé mudo.


—¡Sebastián! ¡reacciona por favor!

—Mierda, Sarah, ¿que sucedió?


Tomé con cuidado su mano derecha y realicé un torniquete con un listón. La herida era desgarradora, no fue un tajo limpio, sino el trabajo de algo apenas con filo, tosco. Los huesos expuestos estaban triturados y el sangrado era profuso.


—¡Se llevó a Richard, esa cosa se lo llevó!

—¿Un oso?

—No sé... Estábamos conversando cuando escuchamos algo fuera, abrí la tienda y eso me arrancó la mano —dijo y acto seguido empezó a llorar—, me arrancó la mano, Sebastián... Richard intentó ayudarme y entonces lo arrastró fuera, en aquella dirección.

—No te muevas de aquí —Tomé de mi mochila dos armas—, usa esta bengala cuando dejé de nevar y yo iré por Richard.

—¿Ese es un revólver?

—Si, lo llevo en caso de encontrarme con osos o lobos. No te muevas, si te pierdes no podré ayudarte.

—Entiendo. Sebastián, trae a mi esposo de vuelta, por favor...

—Lo haré, espera por nosotros.


El rastro era reciente y había clara evidencia de violencia, podría distinguirse los intentos de Richard de soltarse de aquello que lo arrastraba lejos. Por el contrario, no podía de ninguna manera averiguar según las pisadas de que era lo que había atacado a la pareja. Podía segurar que era grande, por la distancia entre cada paso y lo profundo que estas se hundían en la nieve. Sin embargo, no era una huella reconocible. Varios metros adelante, un grito confirmó que iba en el camino correcto, cargué el revólver y afirmé mis pasos. La tormenta no había menguado ni un poco y la visibilidad no era la ideal. No obstante, entre los árboles, logré ver el movimiento de algo que deambulaba, entre tanto, los gritos de Richard hacían eco en la montaña. Apresuré mi marcha para intentar darles alcance. La nieve era más profunda y empezaba a dolerme el cuerpo debido al frío. Al acercarme, tuve que retirarme el guante de la mano derecha para tomar el revólver y halar el gatillo cuando fuera necesario. Aquello que se había llevado a Richard consigo se detuvo, supongo que al advertir mi presencia. Lo poco que era capaz de ver me permitió contemplar cuando el joven fue abandonado por su atacante y este a su vez viniendo en mi dirección, obligándome a esconderme entre los arbustos.


Sin que pudiera verme por unos segundos, pude contemplar a aquello a lo que me enfrentaba. No era un oso, ni un loco. Era más bien un ciervo, delgado y semi descompuesto que andaba en dos patas. Completamente negro y con un par de cuernos enormes sobre su cabeza. Su hocico erá desproporcional a su cuerpo y de este salía una miasma pestilente. Sus ojos rojos trataban de encontrarme de forma incesante, hasta que un grito de Richard desvió su atención. Fue cuando recordé lo que hacía en ese lugar, debía ayudarlo. En un arranque de valía, salí de mi escondite y disparé. El tiro dio directo a la base del cuello de la bestia, logrando que esta cayera de forma pesada sobre el suelo nevado. Sangre oscura empezó a salir a borbotones.


—Richard, te ves fatal.

—Sarah, ¿como está?

—Mal, pero le hice un torniquete, era lo único que podía hacer por ella. Nos está esperando en el campamento. ¿Puedes pararte?


Al bajar la mirada contemplé que la pierna de Richard estaba hecha jirones. Herida de forma atroz. Era tanto el daño que apoyarse en ella resultaba imposible.


—Lamento que hubieras venido, era mejor dejarme a mi suerte y escapar junto a Sarah.

—No digas eso, si no hubiera venido yo, ella lo hubiera hecho sola. Voy a cargarte como pueda y saldremos de esta.

—¡Cuidado!


El golpe fue tremendo. Un silbido enmudeció a todos los demás sonidos a mi alrededor. La bestia a la que había dado por muerta, me había dado un puñetazo con sus enormes extremidades. Arrojándome varios metros de donde me encontraba con Richard, sus garrar habían alcanzado mi piel, siendo capaz de sentir la calidez de mi sangre en la espalda. Las raíces de un viejo pino amortiguaron mi caída, de no haber sido así, hubiera caído muchos metros más lejos.


—Mierda, ¿acaso no le había dado? —dije intentando incorporarme de nuevo.


Los gritos de Richard lograron filtrarse entre el silbido que me provocó el golpe de la bestia. Había sido atacado de nuevo. El cuerpo del hombre era zangoloteado de un lado a otro con suma violencia. Hasta que dejó de moverse y dejar de quejarse al mismo tiempo. La vida de Richard se escapaba de él frente a mis ojos. El monstruo aquel, al percatarse de que su "juguete" había perdido la vida, lo arrojó a un lado con desprecio.


«Ya te cansaste de él, ¿verdad, bastardo?», pensé y volví a apuntar mi arma hacia él. No obstante, algo atrajo su atención de nuevo. Era la luz de la bengala que había entregado a Sarah. La bestia corrió en esa dirección de inmediato. Por alguna razón sentí que aquello estaba ensañado con los esposos y que yo solo estaba en medio de todo.

Tropezando con el terreno, y sufriendo el gélido ambiente de la montaña, apenas si tenía tiempo para pensar en mis heridas. El demonio corría frenético frente a mí hasta perderlo de vista. Sarah debía que vérselas a solas con aquel abominable ser. En cierto punto, pude reconocer en la nieve la sangre oscura que había salido de la herida que le causé a la bestia, comprendí que pude lastimarla, pero no lo suficiente. En un último intento, corrí como nunca ese día cuando vi el campamento improvisado que habíamos creado hace apenas unas horas. Temí lo peor. No obstante, nada me preparó para lo que estaba por atestiguar.

Aquella bestia estaba a los pies de Sarah, pareciendo incluso que la adoraba. La mano de la muchacha, la que había sido arrancada hasta hace unos cuantos minutos, poco a poco volvía a formarse, quedando completa y sin daño alguno en un instante. El demonio besaba los de Sarah y hablaba en un idioma incomprensible para un ser humano.


—Tu no eres Sarah, ¿verdad?

—Vaya, un hombre intuitivo. Eso es raro de ver... No soy ella.

—¿Quién eres?

—Nadie. Soy el vacío, la oscuridad, una bruja... Esa parejita pensó que podían engañarme, pero no pudieron librarse de mi ira.

—Ibas tras ellos, ¿por qué?

—¿Te interesa saber?

—Eres quien controla a esa bestia y dudo poder salir vivo de aquí, al menos quiero saber...

—Ellos querían un hijo y no les era posible... vinieron a mí buscando un milagro, pero no tenían intención de pagar el precio. Así que intentaron matarme. Lo demás, bueno, ya puedes hacerte a idea.

—Esos idiotas...

—Bueno, ahora que sabes, debes morir.

—Si, supongo que es hora —levante mi arma apuntando hacia la bruja y a la bestia.

—¿Aún tienes fuerzas para continuar? Dispara, no lograrás nada.

—No pretendía disparate, al menos no a ti.


Al decir eso disparé hacia la cima de la ladera, descargando mi revólver. El estruendo, sumado a la nieve acumulada después de dos fuertes tormentas, provocó una avalancha pequeña, pero que dio paso a una más grande. Al advertirlo, el demonio cubrió con su cuerpo a la bruja, fue lo último que vi antes de ser sepultado por la nieve.

Fui rescatado dos horas más tarde.


El cuerpo de Richard fue recuperado al día siguiente, su muerte se consideró como un ataque de varios osos, debido a mi declaración y a las abundantes heridas. El cuerpo de Sarah nunca fue encontrado. Hace unas horas empezó una nueva tormenta y he escuchado a lo lejos un terrible alarido. Estoy esperando a que el demonio llegue y terminemos este asunto de una vez por todas.




24 de Febrero de 2019 a las 16:06 4 Reporte Insertar 10
Fin

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Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Neus Luna Neus Luna
Me ha encantado la "villana" de la historia, creo que la dinámica entre ella y la bestia ha hecho que empatizara con los dos. Eso sí, pobre Richard, la parte en la que sus gritos hacen ecos en la montaña me ha dado escalofríos.
28 de Marzo de 2019 a las 23:27

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Eres la primera persona que empatiza con Kaleia y con Arabarh, es interesante jajaja gracias! 28 de Marzo de 2019 a las 23:35
Tenebrae Tenebrae
¡Qué gran historia!
6 de Marzo de 2019 a las 18:12
Flor Aquileia Flor Aquileia
ES PEC TA CU LAR!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
24 de Febrero de 2019 a las 12:20
~