Neto y Lalo, Entre el Amor y el Bullyng Seguir historia

ManuelGL Manuel Gonzalez

El amor puede ser una de las tantas causas del acoso escolar, pero ¿Un amor mal demostrado puede ser correspondido?


Historias de vida No para niños menores de 13.

#obsesión #amor
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Entre el Amor y el Bullyng

  

— ¡¿Quién fue el gracioso?! —preguntó el profesor a la clase mientras sostenía la mochila de Ernesto con excremento de perro en su interior.

El salón de clases se convirtió en un cementerio luego del cuestionamiento del maestro, aunque todos sabían perfectamente el nombre del autor de tan cruel broma, incluso Ernesto lo supo en el instante en el que abrió la mochila al regresar del recreo. Supo que era otra de las jugarretas de Eduardo, el muchacho que lo había estado molestando por los últimos tres años; pero como era costumbre ni Ernesto ni sus compañeros se atrevieron a delatar al culpable, pues las consecuencias de tal tontería resultarían extremadamente dolorosas y pegajosas en el caso de las chicas, ya que, al tener la ventaja de ser mujeres lo único que Lalo podía hacer era pegarles chicles en el cabello; una táctica sencilla pero efectiva. 

De modo que el profesor pregunto dos veces más, sin recibir respuesta, lanzó una especie de regaño grupal, y envió a Ernesto a tirar la caca, que para su fortuna ya se encontraba seca pues Eduardo no tuvo la suerte de encontrar una fresca.

La clase continuo sin contratiempos. Era normal que al profesor no le interesara investigar hasta dar con el responsable, pues a pocos días de terminar el ciclo escolar, cosas como esa ya no tenían mucha importancia, aunado a que la cabeza del pobre hombre se encontraba llena de sospechas de una posible infidelidad por parte de su mujer y en esa etapa de su vida simplemente los pleitos entre adolescentes no le importaban.

Al salir de clases, Lalo comenzó a acechar a Ernesto hasta asegurarse de estar lo suficientemente lejos de la escuela para tomarlo por el cuello y derribarlo, para luego retirarse riendo y brincando al lado de sus más fieles lambiscones. Por su parte, Ernesto solo se puso se píe, sacudió su ropa y continuo el camino a casa.

Las familias de los muchachos eran completamente distintas entre sí, Ernesto vivía solo con su madre, una bella mujer que en su adolescencia cometió el error de tener una gran cantidad de parejas sexuales al mismo tiempo, y posteriormente al no estar segura de quien era el padre del niño, decido criarlo sola. Lalo por otra parte contaba con sus dos padres y un hermano; su madre una mujer impulsiva y de apariencia descuidada y su padre un tipo asiduo a la marihuana y dicho sea de paso uno de los tantos hombres que compartieron cama con la madre de Ernesto. El hecho de tener a sus dos padres no hacia la vida más fácil para Lalo, al contrario, ellos representaban la peor y más dolorosa parte de su joven existencia.

Luego de despedirse de sus amigos, Lalo permaneció por unos instantes fuera de su casa, contemplando fijamente sus pies mientras se convencía de no salir corriendo a cualquier parte, pero finalmente levantó la cara, resopló profundamente y entró a su hogar. Con mucha precaución atravesó la sala para no provocar ningún ruido pues su padre se encontraba durmiendo en el sofá, cosa que resultó exagerada ya que con la cantidad de alcohol que el hombre había ingerido esa misma mañana combinado con los dos churros de mota que se fumó ni una banda de guerra lo hubiera despertado.

Su madre y hermano menor no se encontraban en casa, por lo que para Lalo eso representaba una tarde tranquila, por lo menos hasta que despertara el tipo del sofá. Al llegar al cuarto, arrojo la mochila a la cama, se quitó los zapatos y se dirigió al baño; el muchacho se desnudó para observar en el espejo que en su cuerpo aún estaban las marcas de la paliza que le propino su padre la noche anterior, aunque físicamente ya no le dolían tanto, el solo observarlas revivía en él las imágenes de la golpiza y los terribles insultos que le decía.

—Mejor voy a clonar a mi jefe —dijo Lalo antes de sentarse en la tasa del baño.

Luego de defecar comenzó a fantasear con Ernesto, si el pobre chico al que le había hecho la vida imposible durante toda la secundaria, él era el protagonista de sus fantasías eróticas. Historias que iban desde simples besos de piquito hasta penetraciones salvajes llevadas a cabo en un sinfín de escenarios. Pero dado que solo faltaban unos cuantos días para graduarse de la secundaria y sabiendo que después de eso tal vez nunca volvería a ver a Ernesto. Eduardo comenzó a hilar una historia en la que se encontraba solo con Neto en el baño de la escuela el día de la graduación y sin rodeos él le confesaría el amor que le tuvo desde el primer día, además de disculparse por los malos tratos. 

Luego de tal revelación Ernesto simplemente quedaría en silencio asimilando la situación para luego corresponder a los sentimientos de Lalo, sin palabras únicamente con un tierno beso, lo que los llevaría a tener relaciones. “El primer sexo de muchos” pensó Lalo. Aquella fantasía simplemente resultó ser perfecta, la más realista que Lalo pudo haber imaginado, tan buena que se la jalo cuatro veces seguidas en unos cuantos minutos, agregando en cada ocasión más excitantes detalles a la historia.

Llego el ultimo día formal de clases y para todos en la secundaria en especial para los de tercero fue un día de despedidas, con sus maestros y compañeros, dado que muchos irían a diferentes preparatorias. Lalo era consiente que aquel se trataba del ultimo día para intentar hablar con Ernesto, pues después se verían hasta el festival donde sería más complicado poder hablar a solas. Así que luego darle varias vueltas al asunto, Lalo decidió seguir a su corazón. Junto con sus secuaces siguieron a Neto hasta que este entro al baño, Lalo le indico a sus compañeros que vigilaran de lejos e impidieran el paso a cualquiera.

Al entrar al baño encontró a Ernesto en el orinal subiéndose el cierre y quien al percatarse de su presencia no pudo ocultar la sorpresa. Para evitar alargar demasiado la situación Lalo lo confeso rápido y sin rodeos.

—Neto yo, bueno tu…tú me gustas.

Luego de la declaración vino el silencio que Lalo esperaba, pero este se extendió demasiado, más de lo que pensó, así que continuó.

—De verdad estoy enamorado de ti desde aquel día en que entraste al salón por primera vez, desde ese momento no dejo de pensar en ti, en nosotros, en lo que podemos llegar a ser…

—Pe…pero ¿porque me tratas tan mal? —fue lo primero que pudo decir Ernesto luego de recuperar el habla.

—Perdóname pero no sabia que hacer, esto me confundió mucho, yo me negaba a ser un maldito joto, por eso al principio intente odiarte y comencé a hacerte esas cosas, pero ese sentimiento no desaparecía, al contrario se hizo más fuerte y para cuando me di cuenta ya te había hecho todo tipo de pendejadas, simplemente ya no supe como cambiar, pero ahora ya te puedo confesar que me la jalo todos los días pensando en ti —lagrimas de arrepentimiento y de alivio recorrieron el rostro de Lalo pues al fin había podido liberar los sentimientos que mantenía escondidos en lo más profundo de su corazón.

Las palabras fueron dichas casi exactamente como se imaginaron, pero la respuesta no fue la esperada.

—Lalo, discúlpame, pero tú no me gustas no siento nada por ti; nunca podríamos llegar a ser algo, ni siquiera amigos... perdóname.

Una lanza atravesó el pecho de Eduardo, destruyendo en cuestión de segundos el mundo que había construido en casi tres años. Las lágrimas de arrepentimiento y alivio se convirtieron rápidamente en lágrimas de dolor y frustración.

—Perdóname Lalo ya…ya me tengo que ir —dijo Ernesto al darse cuenta del inmenso dolor que le había ocasionado.

Al pasar al lado de Lalo, este lo sujeto fuertemente de la camisa con su mano izquierda. 

— ¡No, no, no! Se supone que yo también te gusto; se supone que aquí y ahora nos daríamos nuestro primer beso.

Y sin más, Eduardo derribo de un puñetazo a Ernesto. Lo observó por un breve instante para después sentarse encima de él, específicamente en la región pélvica. Ambos quedaron viéndose a la cara, Lalo con el rostro bañado en llanto y Neto con un pequeño brote de sangre en la boca a causa de puñetazo.

—Perdóname no quería lastimarte Neto, pero es que yo te amo y sé que tú también a mí. Tal vez al igual que yo debes estar confundido pe…pero yo te voy a ayudar para que lo veas claro.

Lalo se inclinó hacia adelante y dulcemente le dio a Neto un beso de piquito en la boca.

Esto provocó en Eduardo una explosión en todo su ser, pues al fin ocurrió en tan anhelado primer beso, aquel con el que soñó miles de veces, pero el momento mágico se empaño luego de ver la reacción de Neto, ya que este no mostro ninguna señal de felicidad al contrario comenzó a llorar.

—Por favor déjame ir Lalo —dijo el pobre muchacho con una expresión que reflejaba un enorme miedo.

Esto termino por fastidiar al enamorado, por lo que sólo contestó.

—Tú me amas tanto como yo a ti, y por ese amor te voy a hacer mio. 

Luego de eso Eduardo se quito la camiseta, se recostó sobre Ernesto y fiel a su fantasía comenzó a besarlo en el cuello mientras que Neto se encontraba en una especie de shock pues no hacía nada por detener el ataque, en tanto que Lalo continuaba haciéndole chupetones en el cuello acompañados por manoseos. Todo marchaba bien, al fin llegaría el momento que Lalo soñó por tanto tiempo, al fin penetraría a Neto, era casi como lo imagino, con excepción de que Ernesto no lo disfrutaba ya que sus lamentos comenzaban a hacerse más ruidosos, lo que termino enfadando a Eduardo, quien molesto detuvo sus besos y caricias.

— ¡Cállate pendeja! —este grito vendría acompañado de una bofetada pero Lalo detuvo súbitamente la mano en el aire.

Esas palabras dichas sin pensar provocaron en él un intenso escalofrió pues era uno de los tantos insultos que solía usar su padre para silenciarlo luego de propinarle una golpiza.

Eduardo se puso de pie lentamente, y al verse en el espejo por un breve instante le pareció ver el reflejo de su padre. Se alejo a paso corto de Ernesto quien, al verlo, hizo lo propio, de modo que los dos terminaron refugiándose en esquinas opuestas del baño; lo siguiente fue un largo silencio interrumpido ocasionalmente por los sollozos de Neto, hasta que este decidido ponerse de pie, seco sus lágrimas y se dispuso a salir sin decir palabra. 

—Neto espera —dijo Lalo desde el rincón donde se encontraba.

A pesar de lo que pasó, Ernesto detuvo su andar sin voltear a ver a verlo.

—Neto perdóname —prosiguió Lalo— yo pienso en ti cada día desde que te conocí y me hacía feliz creer que a ti te pasaba lo mismo, pero ya se que si llegaste a pensar en mi fue con odio y miedo por las pendejadas que te hice en estos tres años, y lo que intenté hacerte hoy es la mayor de todas. Escucha si quieres desquitarte; patearme hasta que te canses o cualquier cosa que te haga sentir mejor, hazlo por favor.

Un fuerte impulso recorrió el cuerpo de Ernesto, pero este lo controló antes de que se apoderara por completo de él.

─Lo único que quiero ahora es ya salir de la secundaria, a pesar de lo que me hiciste no me interesa buscar venganza. Mi madre hace muchos sacrificios para darme estudios como para perder el tiempo en riñas y darle más problemas. Además, sé cómo te tratan tus padres, no tiene caso fastidiar más nuestras vidas.

El ambiente en el baño de la escuela se tornó aún más denso luego de las primeras palabras de Neto, que resultaron ser mucho más efectivas que cualquier golpe pues hicieron sentir a Lalo aún más miserable de lo que ya se sentía, pero faltaba la estocada final. 

Sabes —prosiguió Ernesto— nosotros pudimos ser amigos, si desde un principio te hubieras portado amable tal vez hubiéramos sido los mejores amigos y quien sabe tal vez hasta hubiéramos cumplido alguna de tus fantasías, con tal de no dejar a mi amigo con ganas.

Cuando los vigilantes vieron salir a Neto del baño con los ojos llorosos, sangrando y totalmente desalineado rápidamente se llenaron de alegría se burlaron en su cara y fueron a felicitar a su poderoso líder, pero en lugar de eso encontraron a un escuálido chico semidesnudo llorando como magdalena al lado del orinar.

Lo dicho por Ernesto pudo haber sido una venganza cruel hacia Eduardo o una posibilidad real de algo que habría sucedido si las cosas se hubieran dado de otra forma, pero para Lalo eso nunca quedaría claro pues aquella fue la última vez que hablo con su medio hermano.

                                                         FIN


24 de Febrero de 2019 a las 19:00 0 Reporte Insertar 0
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