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alien Alien Carraz

La inconsciencia, es buena para la salud. Nos ayuda a descubrir que siempre hay gente más idiota que uno.


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Trastornos Motorizados

La ventaja de haber sido un idiota durante una buena parte de mi vida es que, hoy, ya con muchos años de evolución y experiencia al interior de mi mente y en la piel de mis emociones -y también sobre mis hombros- me doy cuenta que he madurado y me siento muchísimo más equilibrado. Y es lógico, porque ahora tengo una buena opinión de mi mismo. Antes, tenía una opinión fabulosa.


La inconsciencia, es buena para la salud. Nos ayuda a descubrir que siempre hay gente más idiota que uno. Y eso, redunda en un tremendo alivio. Especialmente, cuando al volante de mi camioneta turbo (que entre paréntesis, es un balazo) me topo con un descerebrado maniático en un coche rojo descapotable (¡era que no!) que insiste en querer adelantarme en una zona donde la línea continua indica con toda claridad que no es posible hacerlo.

Evidentemente, y cumpliendo con la norma extranjera, y por lo tanto, internacional: “primero muerto que rebasado”, de forma automática (y casi sin que yo alcance a intervenir) mi pie derecho oprime el acelerador a fondo y la turbo se lanza a una velocidad... yo diría que...imprudente. Está demás decir que no es mi intención arriesgar la integridad física de mi señora ni tampoco la de mi suegra, a pesar de los gestos de la dama y sus miradas de desaprobación cuando ya a 130 kph en zona de curvas y una máxima de 80, la vieja como que presiente que el animal del auto rojo me puede sobrepasar.


¡Tranquila suegra! -le digo, clavándole una mirada asesina que casi me cuesta la carrera por pajarón (nunca se debe pestañear ni tirar lamparazos para otra parte cuando un psicópata te quiere adelantar en curva). Con un suave golpe de timón salvo la situación y enfrento la recta dejando sin posibilidad alguna al psicópata del convertible.


Pasada la tormenta, mi querida suegra se recuesta en el respaldo satisfecha y me lanza una mirada acariciadora, como un cheque de la devolución de impuestos. Mi mujer, ya levemente más relajada, desentierra sus uñas del cuero ilegítimo del asiento del copiloto. Al frente mío, una larga fila de autos en contra mantiene a raya al desquiciado. Mis manos se encrespan aferrándose al volante mientras todo el resto de mi persona y el pulgar levantado de mi suegra en el espejo retrovisor me preparan para la segunda patita...

21 de Marzo de 2019 a las 17:13 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Alien Carraz Escribir, es un llamado del corazón, una protesta del alma, el relato que nace del amor o la rabia o del íntimo deseo de enseñar lo que me conmueve y me hace temblar. Es fabuloso poder rebuscar en la mente hasta encontrar las palabras que mejor describen lo que siento.

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