Intruso Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Montserrat vive sola en un apartamento del centro desde hace dos años. Debido a una operación en ambas retinas, quedá a ciegas durante una semana... Es ahí cuando empiezan a ocurrir cosas extrañas, con el sentimiento de que alguien la mira en todo momento. Sospecha de un intruso...


Suspenso/Misterio Todo público.

#muerte #suspenso #asesino #acoso
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Una silueta amenazante


Una enfermera retiraba con cuidado la venda que cubría los ojos de Montserrat. Por indicación médica, tenía que mantenerse alejada de todo rayo de luz durante cuarenta y ocho horas posteriores a la cirugía. Dos días en completa oscuridad. Antes de que Montserrat intentase abrir los ojos, se le colocó un par de gafas oscuras, aún no podía ver la luz directamente, sus corneas no lo soportarían.


—Ya con esto puedo darte la alta. Pareces haber cicatrizado bien y no hay daño alguno al ojo.

—¿En serio puedo irme? Apenas si veo sombras —preguntó la joven incrédula. 

—¿Tienes a alguien que cuide de ti?

—Una amiga se estará quedando a dormir conmigo. 

—¿Trabaja?

—Si...

—Estarás unas ocho horas sola. Puedes quedarte aquí si gustas, el seguro debe cubrir una estadía como la que necesitarías.

—Descuide doctor, tengo problemas de visión desde hace mucho y recuerde que estuve parcialmente ciega casi dos mes. Aprendí a cuidarme sola, estaré bien. 

«Además desteto los hospitales», pensó para si.

—Si estás segura, firmaré el alta, pero a cambio firmaras el acta de consentimiento informado donde te explico los riesgos de no tener a nadie cuidándote.

—Mientras más rápido mejor... 


Aún con la ayuda de la enfermera, Montserrat se puso de pie por primera vez en casi tres días. Se sentía mareada, «supongo que debo acostumbrarme», se decía. Luego volvió a recostarse y durmió un poco.


—Ya te quitaron la venda, ¿estás mejor?

—Fátima... El doctor dijo que me dará el alta, así que estoy muy bien. ¿Trajiste mis cosas?

—Ropa, maquillaje, zapatos cómodos...

—¡Gracias!

—Así que nos vamos yendo, en casa está listo. Lo dejé en condiciones. 

—Gracias. el doctor García estaba preocupado por eso. 

—Bien, iré a hablar con él para que agilice tu salida. 

—Te espero...


Fátima salió de la habitación, cosa que Montserrat notó de inmediato, no solo por el sonido de la joven al cerrar la puerta, sino que por primera vez se animó a abrir los ojos un poco y reconoció, aunque de forma tenue, la silueta de su amiga. El suceso le causó alegría ya que podía ver, aunque solo fueran sombras. 


—Ya está listo todo. En doctor te indico medicina para el dolor, en caso que sientas mucho y antiinflamatorios. Iré por una silla de ruedas y llamaré al taxi.

—Gracias...

—Sé que odias los hospitales, así que andando.



DÍA I



A penas había terminado el sol de dar sus primeros rayos de luz, cuando Montserrat, ahora sin la ayuda de nadie, se levantó de la cama. Parada frente a esta, sabía que cinco pasos al frente estaba su armario y camino hasta el mueble sin dificultad. Se cambió de ropa y salió de si habitación. Se detuvo un instante al salir al pasillo, procuraba hacer memoria de lo que debía hacer para bajar las escaleras sin caer en el intento. Eran quince pasos hacia la izquierda y luego debía buscar al pasamanos. Uno a uno caminó lo suficiente, deteniéndose unos cuantos centímetros de la grada. 


—De acuerdo, esto está funcionando. 


Con paciencia llegó hasta la cocina donde Fátima preparaba el desayuno. La muchacha se quedó inmóvil, esperando las acciones que Montserrat estaba a punto de realizar. Esta llegó hasta el comedor y se sentó donde lo hacía de forma habitual. Fátima ya había terminado lo que desayunarían y colocó un plato frente a Montserrat. 


—¿No fue difícil llegar hasta aquí? 

—No, aunque no veo nada y abrir los ojos aun me molesta, puedo andar por la casa sin chocar con todo. Descuida...

—Entendido. Saldré a la oficina, sin embargo regresaré temprano. No quemes la casa mientras estoy fuera.

—¡No exageres! 


Fátima cogió sus cosas y abandonó el que sería su hogar por las próximas dos semanas. Montserrat, al terminar su desayuno. Caminó once pasos desde donde estaba hacia la derecha y luego otros once más, llegando a la sala de estar. Llevaba puestos los lentes oscuros que el médico le había prescrito y, debido al dolor que sentía, no era capaz de abrir los ojos por completo. Las pocas veces que intentaba hacerlo, no veía casi nada. Se acostó en el sofá más grande de la sala, que era uno de sus lugares favoritos en toda la casa y durmió.


—¿Fátima?  —Montserrat despertó de golpe de la siesta que estaba teniendo en la sala de estar—, ¿eres tú?


Antes de percatarse, su corazón empezó a latir de una forma cada vez más intensa y empeoraba a cada segundo de silencio.

—¡Si estás ahí habla! Me estoy asustado...


La sensación de ser observada la agobiaba de sobre manera. Sentía que alguien estaba a escasos metros frente a ella, y que si estirara la mano iba a ser capaz de tocar a quien observaba. No obstante, no tuvo valor de comprobarlo. Se puso de pie y camino siete pasos hacia la derecha hasta alcanzar el teléfono de la estancia. Mientras marcaba, una puerta se cerró en alguna parte de la casa. La policía llegó quince minutos después.


—Estaba ahí, pude sentirlo.

—¿Ha tenido antes algún tipo de intrusión en este domicilio?

—No, este barrio es seguro. Nunca ha pasado algo así, ni siquiera a mis vecinos que yo sepa —respondió al oficial.

—No encontramos nada que sugiera que las puertas fueron forzadas, aunque, la puerta trasera, la ventana del sótano y una ventana del segundo piso estaban abiertas. Ya verificamos toda la casa y no encontramos a nadie. Yo me comprometo a pasar unas cuantas veces con la patrulla a cerciorarme que todo este bien, ¿entendido? No podemos hacer mucho más en estos casos —agrego el oficial Méndez.

—Montserrat, ¿estás bien?

—Amiga... 


Entre sollozos, la joven empezó a narrar su experiencia. El temor era latente en en su voz. Los agentes se marcharon con el compromiso de volver y las muchachas se quedaron solas.  


—Ya volví a verificar y todo está cerrado. Llamaré a Garzón para que venga a instalar cámaras. 

—¿Cámaras?

—Si, un par de ellas. Podré controlarlas desde el móvil.

—Entiendo a que te refieres, pero vamos, esto bien pudo ser un ataque de paranoia. No paso nada concreto. 

—Es mejor prevenir. No podré estar tranquila sin las cámaras. Solo un par, ¿que dices?

—De acuerdo, llama a Garzón.



DÍA II 



La pantalla del móvil de Fátima estaba dividida en cuatro partes. Cada una de estas era la imagen en tiempo real de la entrada delantera de la casa, la trasera, la cocina y la sala de estar. Al tocar alguna de las imágenes, era posible escuchar el audio de esta.


—Me voy yendo,  podría pedir permiso y quedarme.

—Ya perdiste un día por lo de ayer, ve, estaré bien.

—De acuerdo... 


Una vez más, Montserrat quedó sola. A petición de Fátima, llevaría su móvil a todas partes. Ahora, caminar por la casa era más fácil, casi natural. Subió a su habitación y luego tomar su medicamento, se metió a la ducha, colocando su móvil en y las gafas oscuras en un estante. A media luz, deseaba intentar abrir los ojos un poco, frente al espejo, abrió poco a poco sus ojos y lo consiguió después de un rato, sin embargo, aún con los ojos abiertos, no era capaz de ver más que siluetas oscuras. Terminó de ducharse y al salir, no fue capaz de encontrar su móvil, ni las gafas.


—Estoy segura de que los dejé aquí...


La joven, cubriendo sus ojos con una toalla, llegó hasta la cama y se vistió. Justo al terminar, escuchó el sonido de llamada en su celular, abajo. La sangre en su cuerpo se heló de inmediato. El sonido siguió unos segundos, luego cesó. Montserrat cerró la puerta de su habitación y con todas sus fuerzas, colocó la cama a modo de bloquearla. El sonido de su celular sonó de nuevo, esta vez más cerca. El sonido continuó hasta sonar justo detrás de la puerta. Luego, el silencio de nuevo. Pasaron unos veinte minutos sin señales del intruso, hasta que se escuchara la voz de Garzón desde abajo. 


—¿Montserrat? Vine por unas herramientas y la puerta estaba abierta. 

—¡Él está aquí! ¡Ten cuidado!

—¿Él? ¿Adónde estás?

—En mi habitación, estaba duchándome cuando entró y tomó mi celular. 

—Voy de inmediato, saldremos de aquí enseguida.


Garzón era alto y con un poco de sobre peso, era amigo de Fátima desde la secundaria. Al subir, encontró el celular de Montserrat frente a la puerta. La joven retiró la cama y salió junto a Garzón, debían huir del lugar.


—¿Estás bien?

—Si, no me hizo nada, solo tomó mi celular. 

—Debemos salir de aquí de inmediato.


Un golpe los hizo caer al suelo a ambos, aunque Garzón se llevaría la peor parte. 


—¿Garzón? ¿Estás bien?


No hubo respuesta alguna. Los ojos de Montserrat dolían, pese a ello los abrió para intentar saber la condición del joven, al hacerlo, a penas reconoció su figura en el suelo, acercándose se percató que estaba cubierto de lo que parecía sangre. El sonido de unos pasos la alertó. Una silueta amenazante se erguía frente a ella. Montserrat estaba paralizada, sin embargo, la sensación de la sangre de Garzón en su mano la hizo comprender que si no se movía, asesinaría a ambos. Enfocó todo su peso hacia la silueta que tenía al frente y la derribó. El cuerpo del extraño cayó de forma pesada, dándole la oportunidad a la joven de levantarse. Conocía su casa de memoria y corrió directamente a la cocina y tomó un cuchillo. El intruso no tardó en aparecer, en sus manos Montserrat logró distinguir lo que parecía un objeto metálico gracias a los destellos de luz que emanaban de lo que parecía ser su filo. La joven estaba resuelta.


—No sé quien seas, pero no me harás daño sin que clave este cuchillo hasta lo más profundo de su cuello... ¡Vete!

—¿Qué me vaya?

«Esa voz, la reconozco»

—Eres muy mala anfitriona, ¿olvidas todos los momentos que hemos pasado juntos?

—¿De qué hablas? Estas enfermo...

—Cuando me enteré que estabas quedando ciega me mudé al ático, ¿sabes?

—¿Entras y sales de mi casa así por así?

—¿Entrar? Si, una vez... ¿Quién te dice que salgo?

—¿Desde cuando estás aquí?

—Desde que quedaste ciega, dos meses casi...


Esas palabras calaron muy adentro de Montserrat. Había compartido casa con un desquiciado durante dos meses sin saberlo.


—Eres un demente.

—Solo quería cuidar de ti, te amo... Desde que te mudaste a esta casa.

—Eres Norman, el vecino al fondo de la calle...

—Correcto. Sabía que te acuerdas de mí.

—Claro que me acuerdo, todos me hablaban de tener cuidado contigo... 

—Ellos no saben lo que siento por ti, fue amor a primera vista. Todo estaba bien hasta que decidiste operarte y traer a esa puta a vivir contigo. Por eso hice más notoria mis expediciones por la casa. Ahora solo debo desaparecer al idiota de las cámaras y esperar a que tu amiguita regrese para degollarla. Y vivir solos para siempre...


El intruso arremetió contra Montserrat, quien se aferró al cuchillo que tenía en sus manos con todas sus fuerzas. Pero antes de recibir el ataque, una ráfaga de disparos impactaron el cuerpo de Norman, muriendo al instante.


—¿Señorita, esta bien? Soy en oficial Méndez.

—Oficial... Si, estoy bien, ahora estoy bien. ¡Garzón!


Montserrat volvió hasta donde estaba Garzón, quien era atendido.


—¿Estás bien?

—Si, dicen que solo es una contusión. ¿Como estas?

—Bien, gracias...

—Descuida, Fátima te aprecia mucho y es mi única amiga.

—¡Chicos! —grito Fátima desde la puerta.


La joven abrazó a ambos y empezó a llorar. 


—Ingresé al sistema de cámaras solo a ver si estaba en orden y vi a un sujeto dentro de la casa con tu celular en la mano. Llamé a la policía de inmediato.

—Ese demente estuvo viviendo dos meses en el ático sin que me enterara... 

—Yo estuve cuidándote todo ese tiempo y tampoco me percaté de nada.


El cuerpo de Norman fue retirado de casa la en una bolsa negra. Era la primera vez en dos meses que salía al exterior. Montserrat vendió la casa y se mudó al centro, lo primero que vieron sus ojos ya recuperados, fue la vista de su nuevo apartamento y a sus amigos, Fátima y Garzón sonriendo.

17 de Febrero de 2019 a las 12:22 4 Reporte Insertar 6
Fin

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Paola Stessens Paola Stessens
Atrapante hasta el final
15 de Julio de 2019 a las 09:36

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Gracias por leer y comentar! 15 de Julio de 2019 a las 10:58
Ana Paula Ana Paula
¡Que buena historia! Típica de usted. Ambientación, descripción de escenas y narración asombrosas. No dudo de su éxito en un futuro muy cercano.
23 de Febrero de 2019 a las 22:55
Artza Bastard Artza Bastard
Muy buena historia, con un ambiente aterrador y lúgubre. Me ha encantado
19 de Febrero de 2019 a las 09:19
~