El Tesoro del Diablo Seguir historia

cristinacdiaz Cristina Céspedes

"Cuando Lady Catherine Wilson pone rumbo hacia el Nuevo Mundo junto con su desconocido prometido, su vida se ve envuelta en un torbellino de emociones. Su barco es capturado por el navío del temible pirata apodado "el Diablo". Un ser despiadado y sin corazón, lleno de venganza y dispuesto a robar todo aquello que se interponga en su camino. Lady Catherine parece ser el tesoro más apreciado del barco y para el Diablo, cualquier tesoro de valor deberá ser suyo. "


Romance Erótico Sólo para mayores de 18.

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Aquella guerra sería inevitable y Charles Wilson lo sabía. El Nuevo Mundo era la oportunidad de expandir su fortuna y ahora que había conseguido el favor del rey se dispondría a echar raíces y a gobernar la implantación en Jamestown, Virginia, a cambio de ejercer como gobernador y consejero del rey de Inglaterra. Si bien lo sabía, Charles Wilson había conseguido más de lo esperado y aquello supondría el buen estatus y posición para sus preciadas hijas. A pesar de las tensiones políticas y los conflictos interinos, la situación de Inglaterra había empeorado y las revueltas eran inevitables, sin embargo, para Charles, lo primordial era proteger a su familia de la catástrofe que se avecinaba.

Tenía casi toco preparado y el barco zarparía dentro de tres días. Desmontó del caballo con bastante torpeza. Unos de los criados tomaron las riendas del corcel mientras le ayudaba a colocarse los ropajes. Aquellos movimientos fueron tan automatizados que le irritó terriblemente. Le propinó un empujón apartándolo bruscamente de tal manera que el criado cayó de bruces contra el suelo.

Catherine observó toda la escena desde la ventana. Sabía que algo iba mal, no tenía más que echar un vistazo a sus ojos grises. Su padre la miró y rápidamente desvió la mirada puesto que quería evitar aquél cúmulo de preguntas y sugerencias que su curiosa hija le haría sin reproche alguno. Catherine lo dejó marchar, sabía que no tendría escapatoria puesto que tarde le sacaría toda la información. En ese momento, se acercó con cautela Nell y la abrazó en silencio.

El abrazo más que tranquilizarla provocó el efecto contrario. Su incertidumbre e inquietud se acrecentó. Algo iba mal, y Catherine se cercioraba por momentos.

- Nana, prepara una taza de té con pastas y llévalas al comedor, enseguida me reuniré con padre.

La anciana de cabellos canos asintió y se marchó por el largo pasillo de la entrada. Catherine suspiró con pesadez. La situación actual de la familia había cambiado bruscamente de la noche a la mañana. No cesaba de transcurrir acontecimientos y aquello la agobiaba hasta tal extremo de pensar en huir y desaparecer por completo de aquella casa que una vez la consideró su refugio. Ahora aquellos pensamientos habían cambiado y más que un refugio se había convertido en una cárcel desde la llegada de su tía Ophelia. Desde entonces, las cosas no habían vuelto a ser las de antes.

No odiaba a su tía, pero detestaba como manipulaba la situación de la casa. Catherine se había acostumbrado desde temprana edad a resolver la situación casamentera, una labor que ejerció después de la muerte de su madre, cuando ella aún era pequeña. Ahora nada era como recordaba en aquél entonces y tenía que confesar que lo añoraba.

Desde el anuncio de su compromiso con el comandante Randall Brion, un caballero bien respetado e hijo del oficial de ejército, todo se volvió de al revés. Su tía apareció por arte de magia y la corrió de sus labores argumentando que una futura novia, debía de preparase con tiempo ya que su ascenso en la sociedad iba a ser de gran importancia y para una mujer como ella, de carácter indomable –así era como la llamaba- iba a resultar algo difícil.

Para una mujer como Catherine, aquél matrimonio no le resultó sorprendente. Sabía que el general la cortejaba o por lo menos, eso intentaba en las pocas ocasiones que había coincidido con él, aunque últimamente frecuentaba más por la casa. Catherine lo conocía demasiado poco, aunque sabía que se trataba de un hombre muy ocupado y demasiado ensimismado desempeñando sus labores guerrilleras. Su padre en cierto modo se asemejaba de esa manera ya que pasaba la mayor parte del tiempo fuera, con sus asuntos comerciales y sus "reuniones". Muchas jóvenes casamenteras envidaban la situación de Catherine y sin duda intentaban sonsacarle algún tipo de defecto con el fin de arrebatarle al futuro prometido, ya que Randall Brion era un hombre muy cotizado en la sociedad debido a la gran influencia social y económica que él mismo poseía. También era un hombre apuesto y aquello contribuía a que sus rivales intentaran arrebatárselo.

En esos momentos entró su tía y se acercó con paso altivo hacia ella. Observó sus ojos oscuros y fríos y la curva de su media sonrisa se amplió.

- Querida, vuestro futuro esposo está aquí para veros. -la mirada de su tía la analizó de pies a cabeza y mostró una mueca de desagrado- Subid a vuestra alcoba y cambiaros de vestido, poneros el azul celeste, aquél que compramos en el mercado del puerto y combinarlo con la toquilla de encaje blanca, y esos zapatos sucios tirarlos.

- Pero si está en buen estado. -reprochó la joven.

- Están llenos de mugre y barro, a lo que intuyo que has estado de nuevo rondando por el pueblo ayudando a esos mugrientos enfermos. Sabes que eso está terminantemente prohibido. Una señorita como tú nunca debe...

- Nunca debe de olvidar su sitio. -finalizó cansada Catherine, a la vez que ponía los ojos en blanco.

A Ophelia le molestó el comportamiento de su sobrina.

- No deberías de hablarme en ese tono jovencita, sabes de sobra que todo esto lo hago por ti y mi querido hermano. Como hija, deberías de saber qué es lo que más le conviene a tu propio padre y complacerlo en todo lo que él respecta. Eres muy poco femenina, y no te culpo de ello querida, bien sé que, desde la muerte de tu madre, has estado un poco... descuidada – Ophelia hizo una pausa midiendo sus palabras y prosiguió- Tú padre por más que se empeñe en no creerlo, no eres un varón, eres una mujer que debe de encontrar al mejor hombre para casarte, fundar una próspera familia y cuidar de los hijos venideros que espero que sea muy pronto y así sellar el linaje de nuestra familia.

- No deseo tal cosa, estoy muy a gusto siendo como soy y mi padre lo aprueba. No tengo ningún motivo para cambiar tía...

- Catherine, te recuerdo que tu obligación es servir a tu marido, cuidarlo, respetarlo y darle hijos para que vuestra generación perdure hasta el fin de los tiempos. Como madre y futura esposa que serás, esas son tus obligaciones y deberías de aprendértelo de memoria. Llevamos meses practicando esto y veo que no has aprendido nada. ¡No sé cómo tu padre afirma que aprendes demasiado rápido cuando no veo progreso alguno!

- No quiero que mi futura esposa cambie, me gusta tal y como es. -una voz grave resonó por las paredes del habitáculo.

Ophelia dio un respingo y Catherine levanto rápidamente la mirada para clavarla después en el rostro de su futuro prometido. Observó detalladamente sus rasgos; ojos grandes y penetrantes de un tono azul grisáceo. Mentón ancho y fuerte, nariz larga. Su cabello marrón, largo, recogido en una cola, dejaba ver las facciones de su rostro.

Randall se aproximó con grandes zancadas hacia las dos mujeres. A medida que el comandante se acerca ambas mujeres parecían encogerse. Vestido con aquella casaca roja y sosteniendo una espada que parecía pesar más que él mismo, desprendía un aspecto de lo más pulcro y elegante. Sus fuertes músculos y su ancha espalda reflejaban los duros entrenamientos de un soldado.

Tomó con suavidad la mano de Catherine y la besó. Ophelia se sintió algo incómoda y se disculpó alejándose de ellos. Randall le sonrió con picardía y Catherine respiró hondamente. Le ofreció su brazo y Catherine la aceptó mientras caminaban hacia el salón.

- Gracias por salvarme...-susurró Catherine con cierto nerviosismo.

La presencia de Randall le provocaba que estuviera en continua alerta, su inquietud era inevitable y el hombre observó el nerviosismo de la joven.

- Relájate...estás demasiado tensa. - las manos de Randall se posó sobre sus finos hombros.

Aquella íntima caricia provocó que diera un leve respingo que lo disimuló con bastante eficacia. La distancia entre ambos se había acortado quedando tan sólo a unos diez centímetros de separación. Catherine podría tocarlo sin problemas.

- Mi tía está obsesionada con que sea una esposa ejemplar... Se lo está tomando demasiado a pecho...-Catherine se alejó unos pasos atrás y aprovechó para mantener cierta distancia de seguridad.

- ¿Y qué hay de ti? ¿También te lo estás tomando en serio? -preguntó, arqueando una ceja. Randall se apoyó en unas de las columnas.

- Confieso que los preparativos de la boda me están dejando exhausta... Hay tantas cosas por hacer que ni tan siquiera sé por dónde debo comenzar. Mi tía dice que soy un complemento desastre, y no para de reprenderme... Creo que me quedaré con las ganas de que me diga que hago algo bien.

- ¿Quieres que hable con ella? No quiero que los preparativos de nuestra boda te agobien de ésta manera. Además, no me agradaría la idea de que mi futura esposa me dejara plantado en mitad de la ceremonia.

Randall frunció el ceño, su expresión reflejaba preocupación y Catherine se apresuró a contestar de inmediato.

- No... no es eso. Solo que no me adapto a las reglas de mi tía. Es algo que no me termino de acostumbrar. Si tan solo fuera algo comprensiva y paciente, sería diferente. Pero para ella las cosas deben de ser... "perfectas".

Randall soltó una carcajada y la tomó de la mano. Se acercó hacia ella y con suavidad le acarició la mejilla.

- No quiero que te agobies Catherine, no quiero que nuestro matrimonio sea un mal recuerdo. Además, quiero que mi futura esposa sea feliz en ese día tan especial. Sé que la idea de un matrimonio de conveniencia no ha sido la solución correcta y que primero tendría que haberte cortejado. Pero no me hago la idea de perder a una mujer tan valiosa como lo eres tú, Catherine. Debo confesarte que he conocido a muchas mujeres en la corte, y puedo asegurarte que la mayoría solo busca un buen marido con fortuna que les proporcione una vida de plenitud y riqueza y ese tipo de mujer artificial no me gusta. Lo que más admiro de ti es que eres natural, inocente e inteligente como nadie. Admiro tu capacidad de llevar a cabo situaciones que muchas mujeres detestaría manejar puesto que no son labores que desempeñaría una mujer. Quiero que seas tú con tus defectos y virtudes, aunque confieso que no he podido encontrar defecto alguno. Sé que serás una buena esposa y serás admirada y envidiada por muchas mujeres de la sociedad e incluso deseada por hombres. Aunque me encargaré personalmente de ponerles en su sitio puesto que no se atreverán a tocar ni un cabello de mi preciosa esposa...

Catherine tragó saliva cuando noto su mano bajando por su cuello.

- No te asustes, no voy a tocarte. No deseo atemorizarte querida, sé que eres inocente y eso me gusta Catherine. No obligaré a hacer algo que no desees y esperaré el tiempo que haga falta hasta que estés preparada y decidas dar el paso y te entregues a mí. Prometo hacerte la mujer más feliz.

Sus labios se aproximaron hacia los suyos. Catherine pudo sentir su aliento, su corazón se aceleró y comenzó a sudar... era la primera vez que iba a ser besada por un hombre. Cerró los ojos, preparada para recibirlo. Notó el leve roce de su boca. Los movimientos fueron lentos al principio. La lengua de Randall se adentró por la cueva de su boca danzando en movimientos circulares, suaves.

Las manos del comandante bajaron por su cuerpo y la arrimó hacia su amplio pecho. Catherine quedó rodeada por su abrazo mientras lo acariciaba suavemente. Randall interrumpió el beso de forma brusca.

- Si continúo así me temo que no sé si podré controlarme... De esta forma tendré que adelantar nuestra boda y eso precipitaría los acontecimientos y a tú tía le daría un infarto.

Catherine se sonrojó y agachó la mirada.

- Haré de ti una buena esposa y serás una madre ejemplar para nuestros hijos... Estoy seguro que no tardarás hacerme el padre más feliz...- Randall sonrió con picardía y Catherine agachó la mirada.

- Randall... quiero pedirte algo... -Catherine lo miró suplicante.

- Todo lo que deseas, querida.

- Me gustaría llevarme a Nell conmigo, es mi nodriza y... seguro que será una buena cuidadora para cuando... tengamos nuestros propios hijos.

Randall meditó unos segundos y finalmente asintió. Catherine le sonrió y le abrazó enérgicamente. Aquél gesto le pilló desprevenido y la joven se alejó de inmediato, avergonzada. Randall rio enérgicamente.

- ¿Veis? Es por este motivo por el cual me encanta como sois; hacéis las cosas de forma tan natural que vuestra inocencia me abruma...

El carraspeo de Charles les interrumpió. Catherine se separó aguardando una distancia prudencial y se acercó a su padre. Randall le saludó cortésmente.

- Veo que el matrimonio va en buen camino... Aguardad, Randall, el matrimonio se tendrá que posponer hasta que lleguemos a Virginia.

- ¿Posponer? - Randall miró a Charles consternado.

- El rey requiere que partamos de inmediato y he adelantado el viaje por lo que nos iremos dentro de tres días. Ya no tenemos nada que nos detenga, he vendido la hacienda al señor Collins a un buen precio por lo que nada nos detendrá.

- ¿Lo has vendido?

Catherine se sorprendió tanto que no puedo evitar pensarlo en voz alta. Randall la tomó de la mano y miró a su padre.

- ¿Aún no le has dado la noticia? Pensaba que...- Charles negó con la cabeza y alzó la mano.

- De eso quería hablarle. Tú, trae el mejor vino y prepara la mesa. Comandante, ¿cena con nosotros y ultimamos los detalles?

- Sí, por supuesto

- Alguien me quiere explicar qué ocurre. - La preocupación de Catherine inundó su rostro.

El padre observó a su dulce hija y con afecto le dio suaves palmadas en el hombro.

- Como bien sabrás desde hace unos años atrás he conseguido que nuestras tierras en el Nuevo Mundo prosperen y el rey ha solicitado mi presencia de inmediato, es una buena oportunidad para iniciar una nueva vida lejos de aquí.

- Pero yo no quiero irme de aquí además está la boda, Randall...

- Bueno, todos sabemos que el comandante aún tiene que lidiar con ciertas incursiones, pero la boda se celebrará en Jamestown y cuando finalice, podrá pedir traslado y asentarse con nosotros.

Randall tomó la mano de Catherine y la acarició.

- Quería que fuese una sorpresa, pero nuestro rey me ha comendado la misión de proteger sus colonias por lo que no me supondrá ningún problema realizar el traslado. Mi familia posee tierras en Virginia y podremos construir nuestro hogar allí y empezar desde cero. Sé que es una locura, pero el Nuevo Mundo es el tesoro de la corona y créeme, con el tiempo lograremos hacer una pequeña fortuna.

- Creí que podríamos venir a Inglaterra, aunque fuese una vez al año. –Catherine suspiró, sabiendo que aquella idea se había desvanecido de su mente.

- No te preocupes, siempre que podamos, regresaremos. Éste siempre será nuestro hogar...- le tranquilizó su padre.

Catherine sonrió, con el corazón encogido y se sentó en el sofá sabiendo que su vida cambiaría en aquél viaje hacia el Nuevo Mundo.

- He elegido el mejor barco equipado con el mejor armamento. Hoy en día los piratas están asaltando los barcos mercantiles y no deseo que nos llevemos una sorpresa.

Catherine observó a Randall, y después a su padre. Había dicho... ¿piratas? La expresión de horror se vio reflejada en el rostro de Catherine y fue incapaz de esconder su espanto ante la idea de ser atacados por esos bárbaros.

- No hay el por qué asustarse, querida. –intentó tranquilizarla Randall, su rostro era un libro abierto. – He organizado todo expresamente para que eso no ocurra, estaremos sanos y salvo. El barco es un lugar muy seguro, cuento con una de las tropas mejor armadas del reino y hemos doblado la seguridad para evitar que los piratas nos ataque.

Catherine lo miró con cierta incertidumbre y estiró los pliegues de su vestido con cierto nerviosismo.

- ¿Y si ocurriera una desgracia? No podría imaginarme la idea de perderos.

- No tienes que pensar en eso querida. Es muy improbable que ocurra, los piratas nunca suelen actuar en grupo y jamás osarían atacar sabiendo que les superamos en grupo y en armas. Tenemos más de un barco de guerra a nuestra disposición dispuesto a defendernos en el caso de ser atacados.

- Aun así, no puedo evitar pensar en lo peor. Creo que las cosas no se hacen con tanta rapidez. – ésta vez la mirada de Catherine se posó en el rostro de su padre y éste agachó la cabeza. – No puedo hacerme la idea que nos iremos de Inglaterra y viajar hacia el otro mundo donde quien sabe Dios lo que encontraremos. Éste asunto repentino por zarpar y trasladarnos me desconcierta porque nunca antes me habías ocultado tus propósitos y eso me inquieta. Desde que la tía Ophelia ha pisado ésta casa te has convertido en un ser huraño y has dejado tus responsabilidades de lado. Nunca antes te lo he recriminado, pero añoro pasar más tiempo con mi padre. Te echo de menos y aunque no lo creas sufro cada día que dejas ésta casa sin ni siquiera enviarme una mísera nota para avisarme de que estás bien. Pienso en lo peor, padre, porque no me das más explicaciones. Lo respeto y te entiendo, pero no me pidas que sea compresiva con el hecho de que nos vayamos de aquí como si se tratara de un simple viaje porque en el fondo de todo esto, nunca jamás regresaremos - Catherine cogió sus manos con afecto y lo miró-. Padre, solo te pido que confíes en mí y me cuentes todo para poder entenderte. Entiéndeme que tenga miedo...sabes que te adoro y te quiero más que a nada en este mundo y sé que el día que faltes... no sé qué será de mí, de la tía Ophelia, de Nell y de toda la gente a nuestro cargo.

Charles observó con congoja a su hija y la abrazó. Se sintió culpable consigo mismo por no prever lo que a su hija le ocurría y se maldijo cien veces.

- Siento todo esto, pequeña mía. Siento no ser un buen padre, pero la muerte de tu madre fue tan... inesperada que apenas he podido recuperarme del todo.

- Fue hace mucho tiempo y aunque fue un duro golpe, el tiempo consigue poner las cosas a su lugar. La vida transcurre, y aunque nos duela, debemos de seguir adelante.

Su padre se estremeció al oír sus propias palabras de la boca de su hija. Recordó que tiempo atrás le había dicho exactamente los mismo cuando murió la madre de Catherine, su esposa Anna.

- Sé que no te haré cambiar de opinión, que eres demasiado testarudo. Pero al menos me gustaría que confiaras más en mí. - susurró Catherine apunto de soltar las primeras lágrimas de sus ojos, casi cristalinos.

- Entiendo tu preocupación, hija mía, pero esto es algo que debemos de afrontar más tarde o temprano. Tiempos atrás las cosas iban mejor y aunque conseguíamos sobrevivir Inglaterra ha dejado de ser un país seguro y debemos de afrontar nuestros miedos y buscar nuestro propio provenir por el bien de nuestra familia. Debo de hacerlo, mi propósito no es más que proteger a mi familia.

Catherine meditó unos segundos. Su padre había llevado una vida difícil. Había trabajo duramente para conseguir aquellas dichosas tierras en el Nuevo Mundo. Pero su esfuerzo lo había recompensado y no le resultó difícil acrecentar sus dominios ejerciendo su influencia en la corte. El rey lo había compensado muy gratamente por sus hazañas. Desde aquél preciso momento, la vida de Charles Wilson, cambió por completo.

Siendo apenas un pobre mercantil, se inició en el mundo de la corte y antes de que se diera cuenta, consiguió reunir una pequeña fortuna logrando establecer un pequeño comercio bajo la influencia del mismo rey. Se enamoró poco tiempo después, de una joven dama llamada Anna y la desposó tres meses más tarde. Al poco tiempo, Anna tuvo a Catherine y cuando la felicidad reinaba en su hogar, la joven esposa enfermó y pese a sus esfuerzos por sobrevivir ante aquella epidemia llamada tifus, murió entre el sufrimiento y delirio. Catherine creció, sabiendo que se convertiría en una mujer fuerte y gracias a su nana Nell, consiguió desarrollarse sana. A pesar de las circunstancias, Charles le había consentido demasiado y dado más libertad de la que una mujer de aquella época podía disfrutar. El tiempo pasaba y Catherine se había convertido en una hermosa joven de cabellos dorados y piel clara. Sus ojos de un azul intenso, llamaban la atención de cualquier hombre y Charles se percató de inmediato de la situación cuando, un día paseando con su hija del brazo por la plaza, varios hombres se quedaron aturdidos mirando a su hija, convertida en una mujer de belleza exquisita. A pesar de todo, las propuestas de matrimonio no tardaron en aparecer y por mucho que se había esforzado en no involucrar a su hija en sociedad tuvo que hacerlo puesto que la corte comenzó a murmurar acerca de la joven misteriosa que paseaba bajo su brazo. Catherine fue bien recibida con sorpresa y Charles tuvo que intervenir en varias ocasiones para evitar que los carroñeros solterones asaltaran a su dulce hija. Fue entonces cuando el matrimonio fue su única alternativa, a pesar que Catherine se había convertido en una mujer, la educación que había recibido no era precisamente la de una dama. Pidió ayuda de su hermana Ophelia, recientemente viuda quien acudió de inmediato y se encargó de su disciplina. No tardo ni un mes en dar con el comandante Randall y entablar un arreglo matrimonial.

Así pues, Ophelia entró en su hogar como un torbellino arrasando con todo a su alrededor y se apoderó de la casona. Su tía disfrutaba de las comodidades de su nueva vida sin prejuicio alguno por lo que Catherine fue sustituida de sus labores y Ophelia se encargó de la organización de la casa. Su compromiso con el general Randall Brion había sido la cúspide del caos. Su tía no había podido esconder su entusiasmo al conocer la noticia de que estaría emparentada con el hijo del oficial del ejército. La idea de un matrimonio de arreglado a los diecinueve años no fue plato de buen gusto para Catherine, quien se opuso desde un primer momento. Pero la insistencia de su tía y la influencia de su padre hicieron que finalmente aceptara y el compromiso no se hizo público hasta el año siguiente que cumpliera los veinte.

Catherine recordó la primera vez que vio a Randall Brion. Todas las noches se imaginó a su futuro prometido: un hombre mucho mayor que ella, lleno de cicatrices, carácter huraño y hosco... Pero para sorpresa de Catherine, encontró a un hombre joven, fuerte y apuesto. Muchas mujeres la envidiaban y algunas de ellas habían contribuido a que imaginara un hombre de aspecto horripilante, un animal salvaje, un guerrero despiadado lleno de marcas de guerra. Todo aquello era imaginaciones suyas, y en cierto modo se alegró.

Randall Brion tuvo una impresión diferente. Él si había conocido a Catherine, la había visto año atrás cuando la encontró por primera vez en la corte que se celebraba cada mes de octubre. Randall regresaba de unas de sus expediciones militares y el rey había ordenador su presencia en la corte. Fue entonces cuando la vio, rodeada por un grupo de niños que danzaba alrededor de ella cerca del jardín. Unas de las niñas le colocaban una corona de flores sobre su cabello dorado como el oro. Llevaba el cabello suelto, esparcido por la espalda. Una fina trenza llena de diminutos diamantes decoraba su sencillo y elegante recogido. Vestía un elegante vestido verde de seda fina que cubría su cuerpo hasta los tobillos, junto con una fina capa de oro que ensalzaba la belleza de su cabello.

Randall quedó tan impresionado por su belleza que apenas pudo moverse. Su respiración se cortó en el momento en que sus ojos posaron sobre su rostro angelical. Nunca antes había visto unos ojos tan hermosos como aquellos, de un azul zafiro intenso. Todo de ella era tan hermoso; su rostro alargado y fino, su piel suave y brillante, sus labios carnosos, su cuerpo esbelto... Jamás había visto a una criatura tan encantadora. La belleza de Catherine lo hipnotizó y esa misma noche, decidió que aquella mujer debía de ser suya.

Catherine se disculpó, y se marchó de la estancia. Un mal presentimiento crecía en su interior... Necesitaba estar sola para pensar en el destino que le esperaba.


9 de Febrero de 2019 a las 16:36 0 Reporte Insertar 0
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