Desde que te cruzaste en mi vida. Seguir historia

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Gema Villena Inza


- ¿Desde cuando llevas comiendo con la mirada? - Desde que te cruzaste en mi vida.


Erótico Sólo para mayores de 18.

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Desde que te cruzaste en mi vida

Podría pasarme toda la tarde mirándote a hurtadillas mientras haces todo eso que te hacer ser quien eres. Adoro la forma que tienes de concentrarte con el ceño fruncido y esa respiración acompasada pero acelerada que avecina frustración si no sale a la perfección. Tan perfecto como esa risa que aleja todo el miedo cuando ni siquiera le he visto entrar. Podría quedarme absorta en los movimientos que hacen tus manos…tan frenéticos, tan precisos, tan tuyos. Me encanta la facilidad que tienen tus manos para hacer que cualquier cosa vuele, entre ellas : mi pelo y esa odiosa (pero adorable) manía que tienes de despeinarme. Podría y puedo.

Llevo toda la tarde enganchada a una historia cualquiera con una de mis tazas preferidas en las manos mirándote de reojo y a hurtadillas. No tienes ni idea. Estás a tus cosas y yo a las mías, que a veces, como hoy, también tienen que ver contigo. Eso nos hace ser nosotros. Tan dependientes e independientes a la vez, qué paradoja. Adoras que esté pero que no diga nada. Me encanta que me sientas cerca pero que me dejes a mi bola.  No puedo quitar la vista de ese movimiento tan natural y tan relajado que hacen tus hombros cuando acabas algo como a ti te gusta. Es uno de ese tics que nunca dirías que tienes pero que yo me sé de memoria. No puedo evitar reírme sordamente al verte la cara, esa que pones cuando estás enajenado del mundo y crees que nadie se da cuenta. Tan lejos del mundo, tan indefenso, tan frágil. Tan humano.

He conseguido escribir un capítulo en lo que llevamos de tarde haciendo nuestras cosas pero, juntos.  Un mísero capítulo. Pero es que no consigo concentrarme en una historia que no sea la nuestra. Ahí, en tu silla, ajeno de todo, no sabes que llevo admirándote toda la tarde. Admirando la forma en la que haces del mundo más fácil. Admirando tu forma de trabajar sin descanso. Admirando la sombra que tienes debajo de esos grandes ojos cielo. Admirando la sonrisa que siempre llevas dibujada en la comisura de tus labios. Y aquí me tienes, admirándote un poquito más.

Sin darme cuenta he dejado de mover las manos por el teclado absorta en estos pensamientos, ensimismada en otra realidad.  La que vivimos entre estas 4 paredes cuando estamos juntos, reina el silencio y no puedo dejar de quererte. Sonrío. Estás guapísimo. Tienes un brillo diferente en la cara. Me muerdo el labio, sé que probablemente me mates después por lo que estoy a punto de hacer pero no puedo quedarme aquí escribiendo una historia que es la que me apetece vivir ahora. Me levanto con sigilo, muy despacito. No quiero que me escuches llegar aunque por como canturreas sé que estas lejos de lo que estoy a punto de hacer. Me quedo detrás de ti y miro por encima de tu cabeza. Me quedo embobada por unos segundos. Estoy orgullosa de ti y de tu trabajo. Me encanta lo que haces y ojalá que siempre lo compartas conmigo. Eres increíble y creo que no te lo digo tanto como me gustaría. Suspiro.

Tardas más de cinco segundos en reproducir ese suspiro en tu cabeza. Finalmente dejas lo que tienes entre las manos y alzas la cabeza. Me sonríes con timidez, me acababas de pillar espiándote y a pesar de los años todavía te pone como un tomate. Te devuelvo la sonrisa cómplice, odio molestarte cuando estás creando. Es una de esas estúpidas normas que nos pusimos cuando dijimos de empezar una vida juntos. Pero sabes que si lo hago es porque no lo he podido evitar. Porque me supera la idea de que tus manos no estén perdiéndose en mi piel. Porque me supera la necesidad de ti y de sentirte. Solo puse esa condición el día que pusimos la norma y aceptaste. Qué iluso. Las ganas de ti me superan todos los puñeteros días.  Me río, me sale sola, natural. Fluye como estábamos a punto de fluir nosotros.

– Te quiero.  – Te susurro con calma. Con suavidad. Como si lo llevase pensando toda la vida y no hubiese sido capaz de soltarlo hasta ese momento. Lo hago casi en tus labios y acabo dejándote un suave beso. No hay saliva. No hay rapidez. Me dejas a mi ritmo. Abres tus labios y los juntas con los míos. Siento como alejas un poco la silla del escritorio a modo de invitación. Me encantaba cuando hacías eso. Cuando me dabas esa tregua. Cuando me invitabas en silencio a molestarte en tu momento.

Me siento sobre ti a horcajadas separándome de tus labios y dejo caer mis brazos sobre tus hombros. Te ríes y me río contigo. Sabes que se ha acabado el trabajo por hoy, que lo he decidido por ti y que no vengo en son de paz. Cuelo mis dedos entre tu pelo mientras me pierdo en la inmensidad del cielo y me susurras. – ¿Desde cuando llevas comiéndome con la mirada? – Me quedo callada unos segundos y acto seguido te sonrío para responderte después. – Desde que te cruzaste en mi vida.

Niegas con la cabeza, lo he vuelto a hacer. He vuelto a desbancarte. Has vuelto a perder en el asalto y ambos lo sabemos. Sonríes con esa sonrisa de un día de estos me vas a volver loco y me besas y esta vez lo haces a tu modo. A tu ritmo. A tu gusto. Me dejo hacer. Me acompaso a ti y empieza a caer la poca ropa que llevamos puesta. Me quedo en ropa interior  encima de ti. Siento tus manos perderse por mi espalda, tirar del cierre de mi sujetador y deshacerte de él en segundos. Tenías experiencia con ese sujetador. Es de tus favoritos. Acto seguido siento como acercas tu boca a los tirantes y tiras de ellos hasta ver como cae al suelo. Me muerdo el labio y me remuevo sobre ti y tu erección completamente preparada y bajo mis manos de tu pelo hasta tu bóxer, empiezo a tirar de ellos y  noto como aprovechas para meter mis manos dentro de mi culote y tirar de él también. Dos segundos más tarde siento como caen ambas cosas y me vuelvo a acomodar sobre ti. Te siento por completo. Noto tu calor. Estoy ardiendo. Pero no puedo dejar de mirarte. Me encanta tenerte desnudo para mí y que nada más importe. En esos momentos me olvido del mundo y hasta de que tengo que respirar.

Me miras y te muerdes el labio cuando me remuevo sobre ti. Subo despacio una de mis manos por tu pecho y acaricio todo a mi paso. Pellizco tu pezón y jadeas entre dientes. Subo más la mano y llego a tu pelo de nuevo. Mientras me muevo rápidamente sobre ti y sin más, me penetras por completo con mi ayuda. Arqueo la espalda y aprieto la parte interior de mis muslos contra ti en un jadeo hondo que se escapa de lo más profundo de tu boca. No te lo esperabas. Te lo he visto en la cara, pero hoy no me apetece andarme con rodeos. Te quiero desnudo. Dentro de mí. Jadeando  y corriéndote. En este orden.

Te abalanzas a mi boca de nuevo cuando me quedo sentada encima de ti y sin moverme. Vuelvo a perderme en tu pelo y una de mis manos a tu espalda donde empiezo a clavar mis uñas en el momento en el que empiezo a cabalgar sobre ti y empiezo a sacarte gruñidos de placer de entre los labios. Me deslizo por completo. Arriba y abajo. Dentro y fuera de ti. Me paras. Llevas mis manos a mis caderas y controlas esos movimientos. No dejas que salga más de lo que no puedes soportar. No quieres espacio entre ambos. Jadeo en tus labios cuando clavas tus dedos en mi culo. Vuelvo a moverme sobre ti con más fuerza. Empiezo a rozarme con tu pecho y mis tetas botan descontroladas. Siento como aprovechas mi superioridad y te llevas una de estas a la boca. Muerdes y desgarras mi pezón y se me escapa un gemido.

– Joder. – Suelto sin previo aviso mientras me aprieto más contra ti. Como puedo. Quiero más.

Vuelven las uñas a clavarse en tu espalda y las tuyas en mi culo. Vuelvo a subir y bajar en ti todo lo que me dejas. Vuelvo a arremeter contra tu pecho y a sentirte por completo. Se escapan gemidos aquí y allí. Tu boca recorre mis tetas, de un pezón al otro y vuelta a empezar. Arqueo la espalda y echo la cabeza hacia atrás. Joder, como iba a ser capaz de escribir algo aquella tarde si él se estaba encargando de escribirlo todo pero en mi piel. Boto descontrolada sobre sus muslos y empiezo a notar como me contraigo sin poder evitarlo, bajo la mirada, me muerdo el labio. Me entiende. Sabe que quiero y me ayuda a encontrarlo. Mueve con rapidez una de las manos que tiene en mi culo y la cuela entre mis labios. No me preguntéis cómo. No lo sé. Pero es jodidamente placentero tener su polla hundiéndose en mi coño y sus dedos perdiéndose en mi clítoris. No podría pedir más. Me estaba desatando y llevándome a la locura. Estaba controlando mis movimientos de cadera y sus dedos a la perfección. Me azotaba por dentro y hacía que me retorciera por fuera. Llevé mis manos a sus hombros en una de las últimas embestidas queriendo impulsarme más y sin más, sentí que me corría sin poder evitarlo. Entre jadeos y gemidos. Espasmos. Frotándome contra sus dedos y botando sobre él, notando segundos después su primer lanzamiento y seguidamente el calor. Escuché su jadeo desde lo más hondo, sus dedos seguían frotándome aunque sus movimientos de cadera habían parado y estaba completamente sentada sobre él. Quería llenarme por completo en esa postura tan nuestra. Tan íntima. Tan sensual. Sentí sus últimos espasmos esparciéndose dentro de mí y entre mis muslos. Sus dedos fueron bajando la intensidad dándome tregua y me deje caer en su hombro con un suave beso. 

Me abrazo por completo, dejando sus brazos alrededor de mi espalda. Jugueteo con la yema de sus dedos. Empezó a hacer movimientos en círculos mientras subía la otra mano a mi pelo y la perdía entre mis rizos, volviendo a hacerlo. Volviendo a despeinarme. Suspiré relajada. Notaba su corazón acelerado y su pecho bombeando por completo contra el mío. Deje caer mis manos en su espalda y me cogí a él por completo. Me quede ensimismada en ese instante sin saber el tiempo que llevamos así. De repente le escuche decir.

– Eres increíble.  

Paladeé sus palabras. Me recreé en ellas. ¿Podría haber mejor momento que aquel?  El chico de tu vida diciéndote que eres increíble teniéndole dentro todavía. Mojada. Sucia. Oliendo a sexo. A él. A ambos corriéndonos entre jadeos. Jodiendo como nos habíamos enseñado el uno al otro. Queriéndonos a nuestra manera. Giré mi cabeza despacio y en una sonrisa le susurre casi en sus labios.

– Gracias por dejarme siempre ser partícipe de quien eres.

Me volvió a besar y en menos de lo que os imaginéis estábamos de nuevo follando sonoramente en aquella casa. Esta vez habíamos elegido el escritorio. Pese a lo que refunfuñaría al día siguiente. Ahora sí, ya no había sido yo la que había decidido que se había acabado el momento de crear, habíamos sido ambos. Ambos habíamos decidido que era momento de crear pero esta vez juntos.

4 de Febrero de 2019 a las 18:27 0 Reporte Insertar 0
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