La amante de la maestra Seguir historia

leonore-usher1540131713 Leonore Usher

Kristen es una saludable chica que no se decide a salir del clóset. Tiene un novio, es la mejor alumna de matemáticas y un orgullo para sus papás. Todos los profesores hablan bien de ella y la respetan. Sin embargo, hay una maestra que va más allá de su deber como educadora. Se trata de Angeline. Una sensual mujer adulta que ve en el sexo la forma mas poderosa de unirse con otro ser humano. Es coqueta con sus estudiantes, muy inteligente y sumamente encantadora. No hay chico que se le resista. Pero los ojos de Angeline están puestas en Kristen. Cuando las clases se terminan, es hora de comenzar con las lecciones extra. Lecciones que no necesariamente involucran estar vestidas.


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Después de clases


Era viernes por la tarde y las clases en el colegio Libertad ya estaban finalizando. En el ambiente se podía sentir ya la alegría que todos sentían al saber que se acercaba el fin de semana, lejos de la tarea, del edificio y de los molestosos maestros. Para mí, Kristen, las cosas no eran diferentes.


Había tenido una mala semana: me perdí un importante examen, mi asistencia perfecta se vio afectaba por un choque automovilístico en la mañana de ayer, haciendo que llegara tarde a mis clases. Mi mamá casi se había enterado de mi lesbianismo después de teclear la letra x en el buscador web de mi teléfono... y mi vibrador se había quedado sin baterías.

La idea de que alguien estaba embrujándome cruzo por mi mente a una velocidad fugaz. Cuando el timbre que marcaba el final de la jornada escolar se dejó escuchar por todo el campus, el corazón se me acelero pero no era precisamente por la grandiosa sensación de que pronto saldría de este lugar.

Cerré mis libros y metí todo de nuevo a mi mochila. Los demás esperaban a que la maestra en turno acabara de marcar los deberes de la casa. Esa mujer se encontraba de espaldas escribiendo en la pizarra las últimas notas del día. Su culo perfecto tensaba la tela de su falda, algo corta para el reglamento de vestimenta de profesores.

Angeline Rogers se dio la media vuelta, provocando que su negro y lacio cabello le tapara la cara y después se apartara majestuosamente. Tenía un brillo singular en sus ojos azules. Sus labios carmín noonrieron con una seducción tal que todos los chicos del salón reventaron en una erección colectiva.

—Bueno mis amados educandos, es fin de semana, ¡diviértanse! –El grito de los chicos se escuchó hasta en los salones de al lado, seguramente. —Recuerden muchachos, usen condones si planean hacer eso—. Todos rieron ante ese comentario, todos menos yo.

Angeline aventó el gis al piso y continúo hablando, caminando de un lado a otro del salón con las manos en la cintura. Sus movimientos se robaban la mirada de los chicos...y la mía también

—Niñas, no dejen que la calentura de sus novios les hagan cargar con un parásito en el vientre y también estén conscientes de que si no le echan ganas al estudio, van a repetir el semestre. Créanme. Yo no soy como la maestra Cámeron. Cálculo diferencial no se toma a la ligera. ¡Largo!

Aproveché todo el ruido y la confusión para lanzarme directo a la salida. No deseaba ponerme en la mira de Angeline. Ya tenía muchos retardos en casa y volver a faltar con mi mamá no era una buena idea. Además, mi racha de mala suerte no me dejaba en paz.

Casi lo conseguí. El mar de mis compañeros me tapó la puerta y luego, sentí que alguien me sujetaba del cuello de mi camisa.

—Alto, Kristen, tengo que hablar seriamente contigo.

— ¿Qué ocurre, Angeline?

Para ese entonces, todo el salón ya estaba vacío. Angeline terminó de guardar sus cosas en su maletín y sonrió con sutileza al mismo tiempo que las mejillas se le sonrojaban.

—Tenía que decirte que...

— ¡Kristen!

Escuchar la voz de Scott era lo que me había salvado por el momento. Scott era mi novio, un chico apuesto que había conocido meses atrás, y que hasta ahora gozábamos de cuatro semanas de relación perfecta. Se acercó a mí, con esa mirada dulce que portaba siempre y me tomó de la cintura.

—Te quiero, Scott.

—Yo a ti, ¿lista para irnos?

—Sí. Ahora mismo.

—Lo lamento, Scott —dijo la maestra—. Tengo que decirle algo a tu novia. Serías buen chico si nos dejaras a solas por un momento.

—Bien. Entonces supongo que me adelantare, nos vemos el sábado, primor.

—Sí, te veré después, llámame.

—Claro que lo haré, con permiso, maestra.

Scott salió del salón y tras eso, Angeline cerró la puerta

—Perdedor—masculló e hizo una imitación divertida de la voz de mi novio—. ¡Te veré luego, primor!

—¿Qué quieres de mí ahora? —retrocedí cuando ella se fue inclinando contra mi cuerpo. Sus pechos voluminosos tensaban su blusa y sus botones parecían a punto de saltar hacia mis ojos—. No otra vez.

—Creo que estamos mejor así.

—Déjame en paz.

—¿Te he dicho lo hermosa que te vez los viernes por la tarde?

—Todos los días. Comienzo a creer que sólo es un cliché para hacer lo que siempre me haces. Esto es acoso. Podría demandarte.

—Podrías, pero sé que mi alumna estrella jamás se atrevería a eso.

Tragué saliva cuando vi el canalito que dividía sus pechos y la curva de su piel. Parpadeé rápidamente. Angeline se dio cuenta de lo vulnerable que me encontraba, y acto seguido, me tomó de la cintura y me clavó un beso en el cuello. Mis piernas flaquearon y ella me tuvo que pegar contra la pared para no perder el equilibrio.

—¿Es en serio? ¿Aquí?

—Es viernes por la tarde. ¿No quieres ganarte unos puntos extra?

Sus dedos se entrelazaron más fuerte con los míos. Traté de desviar el rostro, pero no pude hacerlo y correspondí a la lengua que exploraba dentro de mi boca. Terminé enredando mis brazos alrededor de su torso y arañando su espalda con mis dedos. La presión hizo que el escritorio rechinara por todo el salón. Sus labios besaron mis mejillas y yo sonreí ante ese cosquilleo placentero.

—Me encanta cuando mis tetas chocan contra las tuyas. Eres como una lolita.

—Cállate —espeté con cierta indignación. Angeline me sobó las piernas por debajo de la falda.

—Esto se siente rico.

La tome de los hombros y la aparte suavemente de mí.

—Nos vemos más tarde

—Sí, hasta el lunes —me contestó. Recogió su maletín. Dejó sobre mi boca un último beso y se marchó rápidamente del aula.

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¿Alguien quiere asesorías de matemáticas? 7u7. 


29 de Enero de 2019 a las 05:10 0 Reporte Insertar 1
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