Lésbico: Vacaciones con mamá Seguir historia

leonore-usher1540131713 Leonore Usher

Daniela es consciente de que necesita liberarse un poco del estrés de la escuela. Sus pasiones deben ser desatadas para evolucionar en el terreno de la sexualidad. Así pues, se embarca en un viaje con Carla, su madrastra, a quien no ha visto desde el divorcio de sus padres. Sin embargo, por circunstancias de la naturaleza, ambas terminan en una isla donde habita un pueblo cuya cultura se basa mucho en la sexualidad, el amor libre y donde la homosexualidad no existe, porque es algo tan natural que se toma como parte de la vida cotidiana. El ambiente termina por sumergirlas en la búsqueda de la pasión, de los placeres carnales y del disfrute que puede otorgar el mejor regalo de la naturaleza: sus cuerpos.


Erótico Sólo para mayores de 18.

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Daniela

+¡Hola! les comparto una de mis obras de temática lésbica. Disfrútenla. 


No recuerdo cuándo fue la última vez que saqué siete en un examen de cálculo. La verdad era que me molestaba mucho saber que era una más del montón de mis compañeros de clase, cuyos mejores promedios oscilaban entre el siete y el ocho. Pero yo… oh, yo era un caso diferente. Yo era un genio, una matadita si se puede decir, una chica que se la pasaba horas y horas estudiando en el dormitorio sólo para tener la mejor de las notas, y hoy, de la nada, todo gracias a mi estúpida compañera de cuarto y a sus fiestecitas con sus amigos, había sacado una pésima nota en mi prueba final. ¡Había arruinado todo mi historial académico! Y eso me tenía furiosa.

—¡Joan! —Grité al entrar al dormitorio — ¡Cabrona, por tu culpa!

Pero Joan no me hizo caso. Estaba en la litera de abajo, desnuda, con su flamante trasero perfecto ahogando el miembro de su amante. Ni siquiera se molestó en detenerse. Se giró, todavía penetrada, y me miró con aburrimiento.

—¿Puedes tocar antes de entrar?

—Yo… —me sonrojé. Joan solía hacer el amor cuando yo no estaba, porque sabía que me molestaba que compartiera mi departamento—. ¿Quieres calmarte? ¿Quién está allí debajo?

—Soy yo —dijo Carlos, saludándome como un patán con su sonrisa de felicidad.

—Bu-bueno, pues este también es mi cuarto. Váyanse.

—Ah… vamos, Daniela. Al menos déjame depositar algo dentro de tu amiga.

—¡A!  Me dan asco.

Me escabullí antes de que esos tarados también me violaran.

No tuve que esperar mucho. Diez minutos después, salió Carlos con una feliz risa y me dio un beso en la mejilla. Abrochándose la camisa, se fue y yo regresé al cuarto. Mi amiga Joan estaba poniéndose un camisón para cubrirse el desnudo cuerpo. Yo dejé mi mochila sobre mi escritorio y vi que el suyo estaba hecho un desastre mientras que el mío era una alabanza al orden. Éramos tan diferentes la una a la otra, y sin embargo nuestra amistad era fuerte.

—Ay, Daniela. ¡Fue riquísimo! Cada vez está mejorando —sacó de su cajón una libretita y tachó el nombre de Carlos de una larga lista de hombres. Luego le colocó una puntuación de ocho.

—¿Un ocho? —arqueé la ceja.

—Sí… pero se sacó un ocho porque a él sólo le gustan dos posiciones. No hay variedad.

—Bueno, y ¿qué esperabas?

Puso los ojos en blanco y miró mi bote de basura. Gritó, ofendida.

—¡Daniela! ¿Por qué tiraste el libro de kamasutra que te di?

—Por qué no lo necesito —le dije, sacando mis libros para guardarlos—. Además lo mismo hice con las bolitas chinas que me regalaste. No las he sacado el empaque y están bien guardaditas.

—Era para que te las metieras por el…

—Sí, pero no tengo interés en profanarme yo misma.

—Pff, no te volveré a dar nada. Ay, mujer, si no tienes vida sexual, al menos puedes jugar contigo. O es que ¿eres lesbiana?

—Claro que no.

—Oh, vamos… —sonriéndome se acercó por detrás y me acarició el trasero por encima de la falda. Yo me estremecí y dejé que siguiera con un obsceno toque, frotándome las nalgas. Tenía que admitir que se sentía bien—. Tan suavecita… no te hagas que te he visto en la ducha.

—Acabas de follar, Joan —le repliqué —Y sigues estando insaciable.

—Ah, por favor… —me levantó la falda, y hurgó entre mis cacheteros.

Yo apoyé las manos en el escritorio, porque joder… mi trasero era una de las partes más sensible de mi cuerpo. Adoraba sentir cómo me acariciaban las pompas. Imaginaba cómo se debería de ver mi trasero desde esa perspectiva. Joan me dio un besito en el cuello y fue allí cuando me separé fingiendo que tenía que recoger un libro de su mesa.

—No me toques así.

—Llevamos un año como compañeras de cuarto, mujer, y no me has dejado más que chuparte una tetita y sólo porque jugábamos botella con unos amigos. Algún día vas a caer a mis encantos, Daniela.

—Eso lo veremos —miré el cuarto y vi un condón lleno de semen. Torcí los labios y lo pateé dentro del recogedor.

—¿Sabes? Deberías de escuchar mi consejo y conseguirte un buen chico con quién hacer el amor.

—No jodas, Joan…

Se sentó en la mesa y cruzó las piernas. Como no traía nada debajo, sus muslos torneados que antes estaban bien abiertos lucieron sumamente sensuales, y la parte bisexual que había en mí se estremeció un poco. Joan y yo nos habíamos bañado juntas sólo para ganar tiempo y llegar temprano a clases.

Dejé esos pensamientos y me fui a duchar. Encendí el aire acondicionado y me puse a hacer los deberes del día.

Fue más tarde, cuando ella ya estaba exhausta por todas las tareas, que tocaron a la puerta. Yo abrí. Quien estaba allí era Nicolás, un chico de intercambio que venía desde Rusia. Era un muchacho alto y con una cara de ángel lujurioso. Al verlo, me temblaron las piernas y se me escapó el aire.

—Ah… Nico. Justo a tiempo —dijo mi amiga, levantándose para darle un besito en la punta de la boca.

—¿Van a…?

—Te nos unes ¿verdad? —me preguntó Joan, dejándose abrazar por su nuevo amante.

Avergonzada, tomé mis cosas, me puse unos pantalones y salí del cuarto antes de que me tiraran a la cama y me arrancaran toda la ropa. No me interesaba formar parte de un trío con Joan. La muy cabrona me devoraría sin escrúpulos y yo todavía no estaba lista mezclarme con una chica.

¡Carajo! ¿Nadie podía darme privacidad?

Necesitaba vacaciones, y por suerte las clases ya estaban por terminar y pronto podría volver a casa en el verano. Ya había hecho planes de pasar una buena temporada con mis novelas preferidas, leyéndolas una y otra vez mientras dejaba volar mi imaginación y me relajaba con un rico té.

Regresé al cuarto. Entré despacio. Joan y Nicolás estaban dormidos, tapados con las sábanas. No quise despertarlos, así que lentamente me subí a mi litera y me dispuse a cerrar los ojos durante un segundo.

No paso mucho tiempo hasta que ciertos ruidos me despertaron.

—¡Eres el mejor, querido! ¡No dejes de moverte!

Era Joan. ¡Esa pervertida…!

Tanteé en la posibilidad de decirle que se callara, pero sus gemidos me hicieron callar. De repente se apoderó de mí un extraño morbo inherente a la curiosidad sexual. Me relajé todo lo que pude, quietecita y escuchando. Desde abajo me llegaban los sonidos de la succión que hacían sus cuerpos en contacto. La litera se movía suavemente marcando las embestidas de los dos. Tragué saliva y me asomé un poco.

Joan estaba a gatas. Nicolás, hasta donde alcanzaba a ver, le tenía abiertas las nalgas y la penetraba por el agujero más estrecho de su cuerpo. Todo el miembro del muchacho se adentraba en mi amiga, cuya espalda arqueada estaba brillosa por el sudor. Su cabello negro y ondulado se agitaba rítmicamente.

—¡Sí! ¡Más hondo! ¡Más hondo!

Volví a acomodarme como estaba. Los quejidos de Joan resonaban entre mis orejas, y me hicieron sentir cosquillas en la parte baja de mi vientre. Sin poder contenerme, esas deliciosas sensaciones corporales comenzaron a humedecer mis labios.

Tuve que comprobarlo. Lentamente metí la mano por debajo de mis shortcitos. Sí… estaba mojada. ¡Mi vulva chorreaba! La palpé un segundo, extrañada ante las nuevas sensaciones. No me masturbaba seguido, sino rara vez y sólo en ocasiones muy especiales… pero ahora, al notar cómo mis dedos se resbalaban por la natural fluidez de mis jugos… no pude evitar introducir uno a través de mi hendidura.

Mi interior estaba caliente y resbaloso. Mi propio cuerpo exigía ser liberado del castigo y Dios… me encantaba sentir esa presión en las paredes de mi vagina.

—¡Ah! ¡Córrete dentro de mí!

—Cómo tú digas, cariño mío.

Presioné mi clítoris. Oí el gemido de Nicolás mientras lanzaba chorros dentro del cuerpo de Joan. Ella jadeaba, complacida. Imaginé qué se sentiría tener semen corriendo por las entrañas. Esa deliciosa mezcla caliente. Me provoqué todavía más y me masturbé con fuerza, mordiéndome los labios para no llamar su atención. Saqué mis dedos y chupé mis propias mieles.

— Es una lástima que esa monja de Daniela no se haya quedado. A mí no me molestaría compartirte con ella.

—Tú amiga es muy santa ¿verdad?

—Es muy mojigata… pero la quiero así.

—Pues dile que cuando quiera, tengo para las dos.

— ¡Jajaja! Sí, lo tendré en cuenta.

—Me tengo que ir, mi amor. Tengo que salir de inmediato a una cita.

—Claro, claro.

Me quedé inmovil mientras el ruso se vestía y se iba. Cuando cerró la puerta, mi amiga Joan suspiró y se relajó en la cama. Al poco rato, me asomé y la vi durmiendo desnuda sin taparse con las sábanas. Sus pechos voluminosos se movían lentamente al ritmo de su respiración. Sus piernas estaban levemente abiertas y tenía la mano cerca de su vagina depilada como la de una cría.

No iba a ceder a esos impulsos.

Por la noche, después de cenar, las dos estábamos ya listas para dormir. Se había puesto su babydoll, con tanga incluida. Decía que estaba más cómoda así. Yo sólo me quité el brasier y me quedé en cacheteros. Ella me sonrió con vanidad al verme con las tetas al aire.

—Nada de manosearme mientras duermo, Joan.

—Tranquila, mujer. Sólo espera un poco más y caerás ante mis encantos.

—Sí, claro —dije con ironía.

 

Al día siguiente me desperté con dolor de cuello. Había dormido en una mala postura. Bajé la litera y vi que Joan ya estaba despierta y salía de la ducha envuelta por una toalla.

—Amiga ¿vamos a salir hoy? Es sábado.

—No —le respondí—. Anoche mi papá me mandó un mensaje y quiere que le vea cuanto antes en su trabajo, así que iré para allá.

—¿Te llevo?

—Abordaré un taxi. Gracias.

—Ah… entonces puedo invitar a unos amigos.

—Pero nada de condones en el piso ¿vale? Y nada de sexo en mi litera. La otra vez encontré mis sábanas manchadas.

— Sí, sí. Descuida, Daniela. Nadie se meterá con tus sábanas.

 

Papá trabajaba como jefe de un departamento de investigación biológica en una farmacéutica. Siempre estaba vestido con una bata blanca y anteojos. Era el tipo más inteligente que había visto en toda mi vida y lo quería un montón.

Cuando entré al laboratorio, se me congelaron las piernas debido a la falda corta y al aire acondicionado, tan gélido que el Polo Norte se quedaría corto en comparación. 

—Papi. Ya vine.

Se giró en su silla

—Daniela, te estás congelando y tienes minifalda.

—¿Qué? Papá, trabajé mucho para verme así. Sufrí de muchas burlas en la secundaria porque me llamaban Piernas de Gallina.

—Bueno, no soy quien para decirte como vestir. Ya eres mayorcita. Y te cité porque tengo algo que decirte: no podrás pasar las vacaciones conmigo.

—¡¿Qué?! Por qué?

—Porque el idiota del juez familiar dice que debes de estar una temporada con tu mamá, así que para no meternos en más líos, acepté.

—¡Ay! Papá ¡Ya sabes qué pienso de ella! ¡Es una hippie!

—Sí, sí, pero ¿qué quieres se haga? Eres su hija también.

—Bu-bueno… al menos pudieron haberme avisado de esto. Yo no quiero ir con ella. ¿En dónde está, por cierto?

—De vacaciones en la costa con una… amiga diagonal amante. Una playa.

—¿Mamá tiene una amante? ¿Una mujer?

—Ya sabes cuál es su posición sobre la sexualidad. Dejando de lado eso, ¿por qué no lo piensas bien? Pasarás un tiempo en la playa, como querías.

—Playa… —eso me llamó la atención. Entre mis planes estaba ir a la costa. Podría ir con Joan, claro… pero mi amiga insistía que fuéramos a una nudista.

—Viéndolo de esa manera, no está tan mal.

—Pues allí lo tienes. Lleva un bonito bikini y diviértete con ella. Pensándolo bien no es bueno para ti distanciarte de mamá, cariño.

—Sí… —suspiré. En eso tenía razón.

—¿Te va bien en la escuela?  ¿Algún novio del que quieras contarme?

—Todo está en orden.

—¿No serás lesbiana?

—¡Padre!

¿Por qué todos pensaban que yo era lesbiana? Ciertamente no había tenido pareja desde la secundaria… pero eso no significaba que mí me gustaran las chicas.

—Cariño, soy biólogo. No hay nada de malo en tus necesidades físicas. Es más. Tengo una amiga cuya hija es lesbiana. Es muy bonita. Podría concertar una cita si quisieras…

—¡No! Claro que no.

—Bueno… está bien.

—Además es raro que un hombre como tú me hable de sexo.

—Yo tengo una amante.

—¡Padre!

—Son urgencias de la naturaleza.

—¡Ya! —Volví a exclamar, levantando una mano.

—Bien, bien. Cierro la boca.

—Me iré. Te veo luego —le di un beso en su mejilla rasposa y me fui de allí cuanto antes.

 Faltaba sólo una semana para acabar las clases, y entonces al fin pasaría de vacaciones con mi madre en una deliciosa playa… ¡ya podía imaginarme con un bonito bikini tomando el Sol!

Serían unas vacaciones excitantes.

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Si les ha gustado, no olviden comentar. Me ayudaría mucho para seguir adelante :) 

28 de Enero de 2019 a las 20:49 4 Reporte Insertar 9
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lA luisa Arr�spide
Te sigo.... es una pena que te pongan difícil el publicar ....
5 de Febrero de 2019 a las 15:14
Leonore Usher Leonore Usher
Hola
29 de Enero de 2019 a las 02:07
Jose Desmadre Jose Desmadre
creo que tengo que esperar que actualices para quedar por donde iba.
28 de Enero de 2019 a las 23:45

  • Leonore Usher Leonore Usher
    de hecho, ya está al día. ¿Desde dónde comentaste? desde la aplicación movil o desde windows? 29 de Enero de 2019 a las 01:24
~

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