Un mundo sin magia Seguir historia

alejandro-cheuquepan Alejandro Cheuquepan

Durante su labor, Shae, la sacerdotisa de un pequeño pueblo se da cuenta de que todo está en decadencia ¿Podrá Shae averiguar que es lo que sucede en su reino?


Fantasía Medieval No para niños menores de 13.
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La sacerdotisa

El silencio reinaba en la pequeña y escasamente iluminada habitación, donde una mujer de un largo cabello rubio y vestida con túnicas blancas aguardaba sentada en un pequeño banquillo. Sus ojos verdes contemplaron inmóviles al niño que yacía en la cama frente a ella, el cual perdía lentamente el color de su piel quedando casi tan caucásico como ella. Con la mano temblorosa recorrió desde la muñeca pasando por el frió brazo del muchacho, hasta detenerse en sus morados labios. 

<<¿Porque ha tenido que suceder esto?>> Pensó la mujer intentando no derramar lágrimas <<Era solo un niño>> con temor de bajar la mirada.

–¿Señorita Shae?– preguntó la madre del niño sacando a la mujer de sus lamentos.

Pero Shae solo respondió con una sombría y desganada mirada.

–¿Ahora está mejor Mildred?– preguntó la madre derramando lágrimas y forzando una sonrisa.

–Si– respondió Shae fingiendo una sonrisa también –Me da pena ver partir a un jovencito de su edad, pero la diosa me ha confirmado que ahora está a su cuidado.

–No sabe cuánto le agradezco que haya venido a acompañar a mi pequeño– dijo la señora con una voz temblorosa –Se marcho tranquilo y ahora sé que esta mejor, que afortunados somos en este pueblo de tener a una mensajera de la diosa entre nosotros– dijo mientras su cuerpo empezaba a temblar.

–Es más de lo que merezco– dijo Shae intentando no bajar su sonrisa –Solo trato de cumplir con mis deberes y los designios de la diosa, creo que es hora de que me marche, tengo obligaciones y aunque sepamos que estaremos mejor una vez nos marchemos, de igual manera las despedidas son doloras. Espero verle en la ceremonia de mañana– dijo poniéndose de pie.

Abandono la habitación después de haber dado ese discurso una vez más. Con un nudo en la garganta y sin mirar atrás salió de la pequeña casa de la señora Zovic, al hacerlo noto que empezaba a caer la noche, las calles vacías dejaban ver las casas en su totalidad, todas gastadas y en terribles condiciones, cada edificio del modesto pueblo de Lovka se encontraba igual, ya sea que estuviera hecho de madera como el humilde hogar en el que acababa de estar o de piedra como el templo en el que debía ofrecer una ceremonia al día siguiente, era como si todo se estuviera cayendo a pedazos, incluyendo a las personas.

Camino unos minutos por las desoladas calles mientras el despejado cielo fue transitando de un tono carmesí a uno violeta oscuro, cuando la primera estrella se mostró en cielo, llego frente a un delgado sendero de piedras, que atravesaba un gran patio hasta llegar a una vieja y gran casona. Dio un profundo suspiro y soltó una leve risa casi olvidando lo que acababa de suceder –¡Leyna!– grito, y una niña pequeña de no más de cinco años, con un abultado cabello marrón se asomó tímidamente desde atrás de un manzano, miro por un segundo a Shae y corrió hasta ella para abrazar sus piernas. Entonces se abrió la puerta de la casona y una joven de pelo marrón salió a toda prisa, dejando la puerta abierta.

–¡Leyna!– dijo la joven mientras corría hasta llegar al frente de Shae –¡La estaba buscando!

–Está bien– dijo Shae tratando de no reír mientras la niña se escondía tras sus piernas –Yo la llevare adentro y la regañare.

–La consiente demasiado señorita Shae– dice la joven suspirando –Algún día podría ocurrirle una desgracia por escaparse así.

–Tranquila Rinna, lo sé bien– dice Shae bajando la mirada –Adentro hablaremos pequeña–dice mirando a Leyna.

La sacerdotisa tomo la mano de la pequeña y la llevo adentro de la casona, una vez cerró la puerta intento explicarle que sus juegos no eran para nada divertidos. Eso no era más que el sermón que debes darle a los niños para que no se metan en problemas, pero para sus adentros, le era imposible negar que ese pequeño gesto le alegraba los días.

La niña sin embargo no parecía hacer mucho caso de lo que decía Shae, el esperarla afuera y esconderse en los arbustos del patio cuando Shae se tardaba mucho era algo habitual, quizá por ello la niña hacía ya varias semanas que ignoraba totalmente los regaños de Shae, la cual en vez de enojarse, se limitaba a darle un abraza y pedirle por favor que no lo hiciera nunca más, sabiendo que si volvía a atrasarse en algo aquello volvería a ocurrir.

El orfanato era atendido por tres personas además de la sacerdotisa que estaba a cargo del lugar, Rinna su aprendiz y las cuidadoras Milka y Wanda. Aquellas muchachas decían que la sacerdotisa no debería molestarse en las labores básicas como cocinas, pero lo cierto era que Shae le entretenía hacerlo. Cuando acabo de caer la noche la noche la cena se sirvió en el orfanato, entonces alrededor de una gran mesa rectangular en cuya cabeza estaba la sacerdotisa se reunieron quince niños, incluida Leyna para disfrutar de la comida.

Cuando acabo de acostar al último niño la sacerdotisa dio un gran y profundo suspiro de cansancio <<Por fin acabo el día>> pensó mientras recorría un oscuro pasillo hasta llegar a una puerta, tras la cual se encontraba su habitación. Le parecía demasiado trabajo prender la lampara, por lo que se adentró en la oscura habitación con pasos cortos y temerosos, primero choco suavemente con su escritorio golpeándose en la cadera, pero gracias a ese golpe se pudo orientar, giro cuarenta y cinco grados a su izquierda y dio unos pocos pasos, choco con otra cosa golpeándose en las rodillas, suspiro nuevamente y se dejó caer sobre su pequeña cama.

Se envolvió bajo las sabanas y apoyo su cabeza en la almohada, entonces estallo en un silencioso llanto que fue incapaz de contener. En la oscuridad el recuerdo del chico que había fallecido durante la tarde le volvió de golpe, no fue solo una imagen, sino que el aroma y el tacto de la piel del muchacho hicieron que volviera a vivir el momento. Lo que más dolor le causaba era que no era el primero en sufrir ese destino durante ese año y sabía perfectamente que tampoco sería el ultimo.

Fuertes golpes en la puerta hicieron que recobrara la conciencia poco a poco.

–Señorita Shae– grito Rinna mientras golpeaba la puerta desde fuera de la habitación –Es tarde debe realizar la ceremonia– Al escucharla Shae se levantó de golpe y se puso sus túnicas, cogió sus libros y abrió la puerta, todo eso en apenas un minuto, durante el cual Rinna aun golpeaba y gritaba.

–¿Se me ha hecho muy tarde?– preguntó Shae preocupada y aturdida, luego de abrirle la puerta a Rinna.

–Creo que si nos vamos ahora podremos llegar– dijo Rinna –Aún faltan diez minutos.

–Está bien, vayámonos– dijo Shae dando un largo suspiro –Supongo que hoy tendré que comer cuando vuelva, espero nadie salga con algo extraño hoy.

–¿Extraño como qué?– preguntó Rinna.

–Como más enfermos– dijo Shae mirando tristemente al piso –Ahora incluso aceptaría felizmente casar a una pareja, hace ya un año que solo celebramos los ritos de adoración semanal y funerales.

>>A veces siento temor de irme a dormir… Pensando que otra persona pueda sufrir esa terrible agonía al día siguiente ¿Estás segura de que quieres convertirte en Sacerdotisa?

–Si señorita– dijo Rinna al instante –Nada me haría más feliz que continuar con su trabajo y cuidar del orfanato y los niños.

–Es más que eso Rinna– dijo Shae mirándola tristemente– Tendrás que ver muchas desgracias Rinna… ¿Estarás preparada? Puedo pedir que venga una sacerdotisa de la capital, como lo hizo la sacerdotisa Kluv, así llegue aquí yo ¿Lo recuerdas?

–Y agradezco mucho que lo haya hecho– dijo Rinna –No creo que hayamos tenido una clériga más abnegada que usted. Pero quiero hacerlo, si puedo dar solo un poco de alivio y felicidad como lo han hecho usted y la señora Kluv estaría más que satisfecha.

–Eres muy buena– dijo Shae sonriendo levemente –Bueno vayamos, creo que me atrasé con este asunto, de igual manera deberás pasar un año en Lovatra, ya envié con una carta solicitando que te reciban el próximo año.

Rinna salto y abrazo su maestra olvidando que iban tarde, Shae sin embargo se lo recordó enseguida y ambas corrieron hasta la puerta, siguiendo su carrera hasta llegar al templo. Era uno pequeño, de forma rectangular cuyo techo era sostenido por ocho pilares externos a los muros, todo construido de una piedra grisácea que revelaba a simple vista que llevaba allí demasiado tiempo. Subió los escalones que conducían a la entrada y paso corriendo por la alfombra pasando junto a las personas que esperaban sentadas en las bancas de madera, subió hasta el altar y volteo, probablemente había tardado unos minutos más de lo que esperaba, pues había treinta personas aguardándola que era lo normal para la alabanza semanal.

Repitió una vez más los mismos versos, los mismos cantos que entusiasmaban a todos, menos a ella, se sentía una mentirosa, pero aquello le resultaba poco incomodo, incluso se podría decir que le era gratificante en días como ese, al ver a la señora Zovic, que de otro modo no encontraría consuelo por la pérdida de su único hijo.

“Alabad a la diosa Morah, ella traerá dicha y felicidad a aquellos que clamen por ella y superen las duras pruebas, solo quienes mantengan la fe y la frente en alto en su nombre, podrán encontrar un segundo camino en sus brazos”

Leyendo aquel pasaje del libro de Morah, Shae cerro la ceremonia y bendijo a la gente. Una vez empezaron a salir las personas, la sacerdotisa pudo divisar a quienes se quedarían por “asuntos varios” Ya podía ver a la señora Zovic aun sentada en su asiento. Shae suspiro y se reprendió a sí misma en su mente <<Como puedo querer irme solo por un poco de hambre habiendo gente que me necesita>> pensó.

Eran tres personas además de la señora Zovic, para el alivio de Shae dos de ellas eran en realidad una pareja, como si Morah la hubiera escuchado, ambos eran jóvenes enamorados que planeaban casarse en un par de meses, querían organizar la ceremonia y contar por supuesto con la sacerdotisa del pueblo, que a pesar de que no se negaría, debía si, agendar un día completo, con mucha anticipación para dicho evento, además de asistir a la pareja en las formas de la tradición nupcial de Lovatra. Por otro lado, no tan feliz y mucho más extenso, Shae debió permanecer en la iglesia por una hora dando consuelo y aliento a la señora Zovic y al joven Berit que sufrió el fallecimiento de su madre hace apenas un mes y desde entonces, no había semana que no se quedara al acabar una ceremonia.

Cuando por fin acabo, caminó exhausta hasta el orfanato, al cual llego famélica. Al abrir la puerta se encontró con Rinna.

–Señorita Shae– dijo Rinna con una sonrisa –Por fin ha llegado, no sé cómo decirle esto…

–¿Qué sucede Rinna? – dijo Shae temiendo lo peor.

–Hace dos días ha llegado una carta de la capital– dijo Rinna.

–¡Qué! – Exclamo Shae –¿Por qué no me has avisado?

–Lo-lo siento– dijo Rinna –De verdad lo siento señorita Shae, pero es que con todo lo que ha ocurrido… no he querido molestarla.

–Tranquila– dijo manteniendo la calma unos momentos –¿Dónde está la carta?

–La deje en su escritorio– dijo Rinna.

Shae caminó con preocupación hasta su dormitorio, preguntándose quien se habría acordado de ella y temió que pudieran ser malas noticias. Al entrar en su cuarto Shae esbozó una gran sonrisa, pero no por la carta, sino por un plato de estofado que Rinna le había preparado para cuando volviera. La culpa la inundo al pensar que no almorzaría con Leyna y los demás niños, pero el hambre fue más fuerte, mientras devoraba el plato de comida examino la carta. Esta tenía el sello de la Orden de Morah, la organización religiosa más importante del reino y a la que ella pertenecía, un escalofrió acompaño la angustia que sintió antes de romper el sello, era la primera vez que recibía una carta de la orden en los seis años que había estado a cargo del orfanato y pensaba que era por el asunto de Rinna. Temía que la rapidez de la respuesta fuera por una negativa, pues Rinna había crecido en ese orfanato, mientras Shae sabía que tuvo la oportunidad de ser una clériga solo por ser hija de un noble.

“Hermana Shae Licht:

Junto con saludarle y esperar que siga viviendo su vida de la mano de Morah, le extiendo una invitación a la ceremonia que celebraremos por la asunción del hermano Luthier Bunge como Gran Sacerdote de la Orden de Morah. La ceremonia se realizará el día cuatro del mes de las cabras del presente año. Para el hermano Bunge será de mucho agrado y mucha utilidad sentir el apoyo y unidad de la orden en los caóticos tiempos que vivimos.

Sin otro asunto más que desear que la diosa bendiga su labor, se despide:

Hermana Viselka Vatro.”

–En tres semanas – dijo dando un profundo suspiro –En tres semanas tendré más trabajo.

Al menos sabía que su hermano la recibiría en la capital, pero tenía que buscar cómo llegar. Para su suerte, Lovka era un pueblecito próximo a la capital, por lo que podría enviar una carta y recibir después en menos de dos semanas.

28 de Enero de 2019 a las 06:12 0 Reporte Insertar 0
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