La princesa delgada Seguir historia

voiceofkoto Pedro Levy

Charlie es su amigo de internet, quien comparte las mismas aficiones oscuras que ella, aunque no esta realmente segura si el siquiera es humano.


Horror Sólo para mayores de 18.

#chat #internet #336 #psicologico #cuento #horror
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Charlie

Aun no había mensajes de Charlie cuando llegué a casa.

Ya había cruzado la puerta principal pero, por más que mis ojos estaban puestos en el interior, no venía nada realmente. Me encontraba muy ensimismada, como era usual, pensando en films de terror independientes que aún tenía que ver, mis bandas de metal predilectas, o los artistas macabros que tanto me agradaban (muchos de ellos reconocidos solo en los recovecos más extraños de Internet). Aunque intentaba aferrarme a la ideal del individualismo para decirme a mí misma que no había nada malo con disfrutar esas cosas en la soledad, desde hacía tiempo me encontraba en la búsqueda de compañía virtual para intercambiar las mencionadas aficiones, y otras también.

Mis ojos, ya abiertos, comenzaron a ver.

Permanecían las cajas de pizza barata, los paquetitos de tintura usada, la limpieza desanimada, y algunas luces prendidas que me hicieron retorcerme la consciencia, sabiendo el dinero extra que eso significaría a fin de mes, cuando llegaran las cuentas. Apagarlas fue lo primero que hice.

La laptop aún seguía prendida, con la web del foro abierta. Refresqué algunas veces la página, pero Charlie aun no aparecía. Era la primera vez que no tenía al menos cuatro o cinco mensajes suyos esperando a ser respondidos.

En ese momento, me percaté de que mi estado figuraba “ausente”. Tras una serie de clicks, la lucecita pasó a verde:


“Princesita delgada” se encuentra ahora En Linea.


Ese nombre de usuario era reciente, y lo había colocado luego de que Charlie me apodara “skinny princess”.  No recuerdo si llegue a explicarle que yo simplemente lo traduje al español. Mi inglés siempre fue excepcional.

Esperando los “blips” que anuncian mensajes nuevos, me acerqué al baño para lavarme la cara. Me encontré, una vez más, con el maquillaje negro esparcido abajo de mis ojos y mejillas, mi tintura roja fusionándose con el morocho natural por el desgaste, y mi apretada musculosa negra bañándose por el sudor.

Era evidente que había perdido más kilos por no comer, distanciándome todavía más del peso ideal para mí corta edad y larga estatura.

Si a esto le sumamos que no había tenido las agallas suficientes para renunciar al trabajo, cosa que necesitaba hacer desde hacia tiempo, realmente necesitaba la compañía virtual de Charlie.

Aun tenía anotadas mis conjeturas acerca del porqué de su peculiar escenario y vestimenta, las cuales surgieron luego de que lo viera por la cámara web. El portaba un manto negro y una máscara o careta que lo hacía ver como si su boca estuviera exageradamente más abierta de lo normal. Los ojos de la misma se veían blancos… o grises, o no tenía ojos realmente, no estoy segura. El escenario aun permanecía sujeto a teorías; después un tiempo, comencé a creer que se trataba de un cine o teatro abandonado.

Charlie definitivamente no era una persona del montón, teniendo en cuenta que fue el quien me recomendó páginas web de necrofilia y snuff, luego de que yo preguntara en el foro al respecto. Y no… no tenía ninguna afinidad sexual por ello, simplemente curiosidad morbosa.

Luego de nuestras primeras conversaciones, dichas paginas oscuras o incluso los vídeos finiharios que estaba buscando (en ese entones intentaba rastrear productos audiovisuales con estética similar a “Closer” de la banda Nine Inch Nails), pasaron a segundo plano, ya que él había resultado una experiencia mucho más cautivadora.

Escuché un “blip” familiar desde la computadora.


Tienes un mensaje nuevo de “Charlie_cHARLIE_eilrahC”.


Parafraseare los mensajes de aquella conversación, traduciéndolos al español para entendimiento de usted, querido lector, sea quien sea.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: La carne aun no puede ser cortada. Debe seguir creciendo, como si fuera una flor de primavera.


Para ese entonces, tenía guardadas tantas frases suyas similares a esa como para crear un libro de poesía mórbida.


Princesita Delgada: ¿Sabes que me haría feliz hoy? Ver alguno de tus nuevos trabajos.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: Solo uno nuevo está listo.


Charlie era un artista audiovisual. Al principio no le creía, hasta que comenzó a pasarme sus producciones. Esto le dio mas fuerza a mi teoría del cine o teatro abandonado, aunque no tenía la más mínima idea de que hacia ahi.


“Charlie_cHARLIE_eilrahC” quiere enviarte un archivo de vídeo: “red_death_ants.avi”


“Hormigas rojas de la muerte”. Definitivamente sonaba como algo que haría él. Lo acepté sin vacilar.


Princesita Delgada: Esperame mientras lo veo. Por favor, no te vayas.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: No tengo a donde ir.


Ignorando ese último mensaje, abrí el vídeo. Me encontré con la característica estética rojiza de sus trabajos, y las canciones clásicas de Dean Martin y Al Bowli reproducidas al revés. (Yo sabía que estaban a la inversa porque me tomaba el trabajo de darlas vuelta para escucharlas normalmente. Eran piezas como “¿Who is your little who-zis?” o “Midnight, the stars and you”).

Charlie estaba sentado de piernas cruzadas. Se veía solo del cuello para abajo, incluyendo sus manos; estas portaban alguno de los mejores prostéticos que había visto en mi vida. Era como si realmente hubieran despellejado la piel de ellas.

Jugueteaba con unas hormigas grandes, haciéndolas pasear por su cuerpo, aunque asesinando algunas intempestivamente. Por momentos, la imagen se cortaba a un primer plano del rostro de los insectos, con sus peculiares ojos. No sabía cómo había logrado filmar eso.

Luego de unos cuantos minutos redundantes, la imagen cambió a los ojos de una mujer (estos estaban completamente rojos, como la estética del vídeo) que, a mi juicio, se estaba muriendo. No puedo explicarlo bien, pero la mirada que portaba delataba que era así. El vídeo finalizo con eso.

La envidia que me causaba el talento de sus trabajos por momentos era mayor que mis deseos de mantener nuestra amistad. Yo tenía la misma búsqueda artística que él.

Reabrí el chat del foro. Afortunadamente, Charlie seguía ahí, esperándome.


Princesita Delgada: Sos increíble.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: Pero me estoy muriendo, y no quiero que mi arte se muera conmigo.


Decidí arriesgarme para obtener respuestas.


Princesita Delgada: Charlie, ¿Dónde estás?


Charlie_cHARLIE_eilrahC: No.


Era exactamente lo que esperaba. Las mismas respuestas de siempre.


Princesita Delgada: ¿No te gustaría que fuera a visitarte?


Charlie_cHARLIE_eilrahC: Imposible.


Princesita Delgada: ¿No te gustaría verme en persona? Imaginate, podrías usarme para tus trabajos. Charlie, quiero que lo imagines así como yo lo imagino; estoy despojada de ayuda, acostada sin ropa en tu mesa. Vos te acercas a mí con el cuchillo en la mano y lo paseas por mis muslos. A pesar de mi sudor, y mis suplicas, sabes que la forma en que me chupo los labios delata que, muy en el fondo, yo lo deseo, y por sobre todas las cosas, deseo que seas vos el que lo haga. Sacas tu cámara, sucia de semen y sangre, y comenzas a filmar, en el preciso momento en que me clavas la hoja en el cuerpo y el cuarto rojo se inunda con mis gritos.


No contestó. Lo había provocado tantas veces con mensajes así que quizás, luego de un tiempo, perdieron su efecto. A esas alturas de la charla, no hacía más que pensar en el verdadero deseo de mi corazón, y como me moría porque se cumpla de una vez. Si aquello había sucedido, podía hacerlo nuevamente. La diferencia es que, esta vez, quería que fuera para siempre.

Blip.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: www.fortheskinnyprincess.com


Princesita Delgada: ¿Y eso?


Charlie_cHARLIE_eilrahC: Mi regalo, para vos.


Fui bienvenida por un pantallazo negro, antes de que una secuencia de imágenes en loop comenzara a repetirse una y otra vez; con la característica música al revés y, nuevamente, estética rojiza, una cámara recorría un largo pasillo con afiches adornando sus paredes, enmarcados y con pequeñas lucecitas en sus costados.

¿Acaso era el cine o teatro donde él estaba?

El video en bucle culminaba en la puerta abierta de una… ¿sala, supongo?, cuyos interiores estaban bañados por la negrura. Afuera de la misma, en el suelo, había una flor, gigante y hermosa.

Una flor de carne.

Arriba del loop, tres apartados diferentes: “the previous”, “the current”, “the next”.

“El anterior”, “el actual”, “el próximo”.

Blip.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: La carne creció, y ahora sera cortada para renacer. El vehiculo esta listo.


Ignorando el mensaje, regresé al sitio web, con el cuerpo tiritando, pero lamiéndome los labios.

“the previous” contenía una fotografía mía. Supe que era bastante antigua porque mi pelo aún era amarillo, y más largo. “the current” abría la camara web, por lo que podía verme a mí misma. Pinchando “the next” no pasaba nada, como si ese apartado estuviera bloqueado.

Regresé al chat, ahora algo nerviosa.


Princesita Delgada: Charlie…


Charlie_cHARLIE_eilrahC: iS_


Princesita Delgada: Charlie… ¿Qué fue lo que hiciste?


Charlie_cHARLIE_eilrahC: murien DO


Princesita Delgada: No podes exponerme al mundo de esa forma, ni lo que nosotros tenemos.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: Es un cofre cerrado. No tenes nada de qué preocuparte.


Supuse que se refería a que aquella página web estaba oculta, o algo por el estilo. Me tomé un momento para pasársela a una amiga, buscando tranquilidad. Al rato, me contestó diciendo que le figuraba como inexistente.

El deseo más grande de mi corazón se encontraba más punzante que nunca.

Llevé el mouse hasta la opción para compartir la cámara web, clickeandola. Los segundos se extendían, y Charlie no aceptaba.


Princesita Delgada: Si no me llevas devuelta no pienso hablarte nunca más.


Charlie_cHARLIE_eilrahC: De todas formas me estoy muriendo.


Luego de ese mensaje, aceptó la invitación.

Dos cuadrados aparecieron en el chat; uno en la esquina inferior, y el otro en la superior. Mientras que en uno me veía a mí misma, en el restante me encontré con la gigantesca quijada de Charlie abierta de forma inhumana. Sus alrededores estaban completamente oscuros.

Mirándolo a donde se suponía que estaban sus ojos, llevé la punta de mi dedo índice enfrente de la cámara.

-Charlie- Exclamé. Sabía que me podía escuchar gracias al micrófono de la laptop.

Siguió mirándome en silencio.

-Una última vez, por favor- Supliqué.

Ahí, llevó su pulgar despellejado enfrente de su cámara.

Fue de un momento a otro. Ver la negrura en mis alrededores, en vez de mi habitación, y las pequeñas lucecitas puestas en fila en los dos extremos del suelo, me dejó saber que estaba lejos de mi casa. Muy, muy lejos.

La ultima y única vez que había estado ahí, no logre ir más allá de ese oscuro pasillo. Esta vez quería ver el resto del lugar, y ver a Charlie.

Un alarido podrido se hizo audible desde otro punto de la locación, invitando a acercarme a él.

Abandoné el pasillo y salí por la puerta de una sala. Mi teoría se confirmó; él vivía en un cine. En funcionamiento, pero completamente vacío, exceptuándome. Los posters enmarcados que pude ver estaban destrozados, o eran tan bizarros y abstractos que no podrían considerarse afiches en si (salvo que fueran de alguna de esas películas experimentales que recomendaban en el foro). Tomé coraje para entrar a algunas de las salas que me quedaban de camino. En la mayoría de ellas se estaban reproduciendo los cortometrajes de Charlie, exceptuando las que tenían la pantalla apagada aunque, en ellas, juraría haber escuchado algunos murmullos, provenientes de las butacas vacías.

El silencio en el que me encontraba era ruidoso y pesado, salvo cuando los alaridos reaparecían.

La sala número uno. De alguna forma sabia que tenía que ir a la sala número uno, como si mis propias entrañas lo supieran y me gritaran para que me enterase.

Descendí dos escaleras y me encontré con la planta baja, lo que me dejo saber que estaba en el segundo piso, el cual también tenía una escalera ascendente. Era realmente un cine con muchos pisos. Al estar abajo, me acerqué a las puertas cristalinas que daban al exterior; nada, no había absolutamente nada. Tras ellas, reinaba la negrura absoluta, carente de fisionomía alguna. No me atreví a abrirlas, creyendo que caería a un vacío infinito por toda la eternidad.

La planta baja contenía también una pequeña puerta con un “uno” en rojo encima de ella. De resto no había nada más.

Al abrir la puerta me encontré con el mismo pasillo adornado con lucecitas que había visto al llegar. Los alaridos regresaron, dejándome saber  que la fuente de los mismos se encontraba al fondo.

Cada paso fue una eternidad. Minutos y segundos que duraban para siempre. No parecía avanzar realmente, como si el lugar perdiera su forma y se volviera imposible de transitar. Sentí un sudor paseando por mi cuerpo que era igual de ardiente que agradable, como una caricia maliciosa. Mis pies avanzaban seguros, pero llenos de duda simultáneamente.

Me esperaba una sala vacía con una pequeña silla en el medio. Charlie me observó llegar desde el interior de la pantalla.

Me senté, temblando como nunca antes en mi vida. Estaba preparándome para decir algo, pero entonces me percaté que, a pesar de la calidad baja y granulada de la imagen, Charlie se estaba desintegrando lentamente en cenizas. Su cuerpo y rostro ocupaban toda la pantalla, haciéndolo ver colosal.

-Quiero que te saques la máscara- Ordené, intentando parecer firme, aunque parte de mí se sentía como una liebre dándole la espalda a un león sigiloso.

Con los granitos de la imagen aumentando, mi amigo utilizó los dedos para estirarse sus mejillas y moverse la quijada, hasta el punto que parecía que se la iba a quebrar.

La pesadilla, y la vez sueño húmedo, se cumplió. No era ninguna mascara.

-¿Por qué me dejas, Charlie?

Se tapó los ojos con las manos despellejadas. Se estaba desintegrando cada vez más, a medida que en los bordes de la pantalla emergía una promesa lumínica coloreada de azul y amarillo. La sala estaba comenzando a incendiarse.

-Deci algo- Grite, sin moverme un centímetro de mi silla.

Las palabras llegaron a mi mente. No hubo una voz que las pronunciase, ni nada que se les parezca. Fue como leer oraciones en un libro.

“Recordame”. No, no fue eso… fue “acordate”.

Charlie se movió para revelar que tenía un cuchillo y que, detrás de él, había una chica acostada en una mesa, desnuda.

Yo.

La yo del video me sonrió llorando, antes de que Charlie le enterrara el cuchillo y se desintegraran juntos.

Las cajas de pizza barata, los paquetitos de tintura usada y la limpieza desanimada volvieron a mí alrededor, esta vez sin luces prendidas.


Charlie_cHARLIE_eilrahC ha abandonado la conversación.


Saqué foto-capturas de nuestras conversaciones, eliminé mi cuenta en el foro, apagué la computadora y me fui a dormir.

La muerte de Charlie dolió muchísimo, pero no tanto como regresar a la casa de Mamá para hurgar en las antiguas cajas de mi infancia. Los primeros dibujos que había hecho de él todavía estaban ahí, así como todas las transcripciones de las conversaciones que teníamos cuando ambos éramos niños, como cuando le conté acerca de mis deseos de ser una artista de video experimental, idea que el claramente término robándome. Eran cosas que quería enterrar, y así olvidarme para siempre.

Cuando le conté a Mamá, no emitió ni una sola palabra. Tampoco Papá, o mi hermano. Ni siquiera los abuelos. Ellos tenían sus propias historias sobre Charlie, y habían decido ocultarlas en sus corazones.

Una vez devuelta en casa, me vi a mi misma una vez más frente a la página en blanco, en el monitor. Esperaba que la historia estuviera condenada a repetirse infinitamente, pero ese no fue el caso.

Yo odio las páginas en blanco. Ojala pudiera llenar todas las páginas en blanco que existen en el mundo.

Escribí dos frases, una abajo de la otra, dejando tras ellas un mar de posibilidades.

“Te amo, Charlie”. “Te amare por siempre”.

18 de Enero de 2019 a las 00:02 2 Reporte Insertar 0
Fin

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Pedro Levy Busco la belleza dentro de lo oscuro.

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TR Pepperzita TR Pepperzita
Increíble, otra historia que me dejó impactada
18 de Enero de 2019 a las 00:22

  • Pedro Levy Pedro Levy
    Nuevamente, gracias. El aprecio por el trabajo me motiva a seguir adelante. 19 de Enero de 2019 a las 07:31
~