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E
Emilio Medina


Una breve historia sobre como se ha sobrepuesto a las adversidades un pueblo turístico.


Cuento Todo público.

#cuento #Patagonia
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I

La lluvia no había dejado de caer durante cosa de dos meses, los pobladores comenzaban a preocuparse por el suelo barroso que espantaría a cualquier turista que no viniera a practicar “mudboard”. Sin una pizca de blanco en los cerros, se dirigirían todos a Bariloche que, aunque también estaba siendo agobiado por las lluvias, disponía de una máquina para nieve para paliar este tipo de imprevistos.

La situación era difícil para el secretario de Turismo Alfonso II. Recibía altísimas presiones, directa o indirectamente, por parte de hoteles, el municipio local, restaurantes, en otras palabras el pueblo entero, quienes se verían en dificultades económicas sin el gran atractivo que la nieve representaba para los turistas.

Resolvió entonces el director de turismo engañar a los turistas de algún modo similar a como lo hacían en Bariloche. No disponía ni de la mitad del dinero necesario para una máquina de nieve. En su escueta y presionada imaginación le pareció una idea excelente colorear los cerros, nada lo detenía. Alquilo 26 camiones cisterna llenos de pintura blanca y los hizo derramar desde la cima del centro de esquí. La lluvia que no cesaba hizo las veces de diluyente y así gran parte de las pistas quedaron blancas, pero aún quedaba algo por resolver, ni un agua viva aceitada podría deslizarse a través de aquella superficie áspera y pegajosa. Entonces mandó a tirar desde la cima 250kg de manteca diluida en 150l de vaselina liquida. El resto de su gabinete lo avaló con un “no es malo el plan”,  “pero quien sabe el resultado que tendrá la farsa”.

Los pobladores locales probaron las pistas. Por no llevarle la contraria al Director de Turismo y por temor a ver empobrecida su economía le dieron el ok, ideando a su vez otro plan para revestir aquella mal disfrazada fábula. Una vez que los turistas hubieran hecho el recorrido por las pistas, llegados a la base del centro esquí, preguntarían de qué material estaba hecho aquel material artificioso que suplantaba a la nieve. Se los conduciría hacia la respuesta, pero nunca lo sabrían.

 Dos semanas después los primeros turistas llegaron a la base, hicieron su primer recorrido por la pista y como se esperaba fueron a interrogar por la naturaleza de aquella “nieve”. La secretaria de Turismo los hizo esperar, luego fueron conducidos a la sala de máquinas de la aerosilla por el mecánico. Allí aguardaron la respuesta a sus interrogantes, medio indignados, medio deshechos por el frío que comenzaba a calar. Más turistas siguieron entrando a la sala. Hacia el mediodía, asegurado el personal de que no llegaría ningún turista más, mandó al mecánico a cerrar con llave la puerta y cortar el gas que calefaccionaba a los turistas comprimidos alrededor del motor de la aerosilla.

Al día siguiente el mecánico fue a constatar el curso del plan, que hasta ahora venía funcionando de maravillas … En la sala de la aerosilla estaban todos reunidos en grupos de cuatro o cinco, petrificados hasta las pestañas por el frío, blancos como papel de calcar, muertos todos de hipotermia y bien conservados para el destino que les aguardaba. El mecánico avisó de inmediato a la camioneta que se llevaría los cuerpos.

La camioneta llegó y cargó los cuerpos, estos fueron llevados hasta el gran comedor restaurante municipal. Dentro de dos días se celebraría la Fiesta del esquí. El centro de esquí se cerró de inmediato aquel día explicando que la evidente falta de nieve y el mal clima no dejaban muchas otras alternativas.
La fiesta del esquí, como nunca antes creció en popularidad entre los turistas, el menú había cambiado de locro o truchas ahumadas a bifes de ternera con guarnición o shawarma patagónico. Sin otro atractivo a la vista la fiesta vendió todas las plazas disponibles, el shawarma una vez degustado se hizo de fama en cuestión de horas a través de las redes sociales. El turismo posterior a la Fiesta del esquí creció un 200%, y debido a la inusual demanda debió reprogramar dos fechas más para su celebración. El personal del centro de esquí por su parte, repitió su rutina para aprovisionarse del ingrediente secreto del shawarma.

Las dos fechas adicionadas fueron un éxito al igual que el menú. La temporada sin nieve fue salvada por el personal del centro de esquí y la creatividad de la cocina municipal. Claro está que con los meses los turistas desaparecidos aquella temporada hicieron ruido. Se llevaron a cabo todo tipo de investigaciones que no llegaron a ningún puerto. A raíz de las desapariciones toda naturaleza de leyendas se creó a partir de aquel invierno en el pueblo. Difícil es decir a partir de aquí, si esto incremento o hizo decrecer el turismo, se podría decir que ambas cosas, se perdieron los clásicos esquiadores de la alta sociedad, pero se ganó una porción de la clase de turistas que persiguen Yetis, extraterrestres, intersecciones dimensionales, espiritistas, curiosos e inclasificables.

6 de Diciembre de 2018 a las 20:13 0 Reporte Insertar 0
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