Cuento corto
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Deseo

Era medianoche, todo para nosotros era secreto. Nadie más que ella y yo podía saber esto.

Su cuerpo era una maravilla, era una diosa para mí. Sus curvas eran únicas, no tenía tanta cintura pero esas caderas anchas y como se movían al danzar me derretían completamente... Sus senos eran blanquecinos y sus pezones tenían un cierto tono rosado el cual me encendía por completo al verla. Lo más apetecible para mí era su trasero, redondo y gordito, cielo santo. Mis instintos más "bajos" caían con la noche, sus piernas eran suaves y rellenas, pero sus brazos eran delgados y sus dedos eran finos. Sus labios eran rosas rojas, no necesitaba maquillaje para tener un color rosado o rojo. Su rostro era bastante suave y con expresiones llenas de ternura y sus gemidos me encendían por completo. Su voz, aguda y rogando por mi ser era música para mis oídos.

Esta noche la tomaría nuevamente. Nos encontrábamos en el mismo lugar, los únicos testigos de tanto pecado era el firmamento oscurecidos y la luna junto con las estrellas. Encendía las luces casi con desesperación y ahí la vi, se quitaba la gran capa que llevaba para mostrarme su cuerpo... No me cansaba de observarlo... única entre cada mujer de este pueblo.

Para mí, siendo extranjero, me era prohibido coger como mujer a la hija del líder del pueblo, pero no nos importaba a los dos. Yo era un rango inferior, pero en nuestro lecho me hacía sentir que valíamos lo mismo.

Beso sus labios desesperadamente y mis manos van acariciándola, mostrándole que solo juntos éramos más poderosos que los demás.

Con suavidad la dejo en la cama y ella me observa con unos ojos plagados de ternura, de amor. A veces no sé si lloran de alegría o de tristeza cuando vamos llegando a lo más alto del placer. No podía diferenciarlo hasta que conectaba sus ojos con los míos y me reflejaban todo.

Mis labios besaron su blanquecina piel desde debajo de su mentón hasta su monte de venus. Viajo por sus colinas de vez en cuando y cuando menos se lo espera mi lengua recorre sus piernas y entre ellas, haciendo que sus manos jalen mi cabello como respuesta. Presiono su botón del placer y empiezo un ritmo lento y agradable para ella, su espalda se arquea y me gime, me necesita y me ruega que no la haga esperar más. Le hago caso a su petición, sus piernas se abren recibiéndome en todo esplendor.

El ritmo parecía como si fuéramos las olas, ella reventaba en mi abdomen llenándome de placer. Encajamos como piezas en el rompecabezas, y sus gemidos empiezan a salir. Trata de callarlos y yo solo hago que se contenga, porque en un instante más va a darme el concierto.

 Sus uñas van marcándome al igual que sus dientes, nuestro sudor empieza a mezclarse con frenesí al igual que nuestros fluidos. Me pide estar encima y le concedo su favor, tendría una mejor imagen. Es en ese instante donde mi control va desapareciendo, estábamos unidos como Pangea y no quería despegarme de tal maravilla. Era como tener a la diosa más envidiable y tenía que ser mía.

La vista de su envidiable cuerpo era maravillosa, podía ver su sus senos, su rostro rojizo y como su boca se formaba para sacar los gemidos. Y el tacto era lo mejor, podía palpar su trasero perfecto. El miocardio se aceleró de golpe al ver aquella expresión única que me había mostrado. Solo con su cuerpo me inspiraba más que nunca, me encontraba dentro de ella, sintiéndome el hombre más afortunado.

Gime mi nombre avisándome que no podía más y yo solamente para provocarla suspiro y jadeo en su oído para luego gemir su nombre, eso la calienta más de lo que llega a estar. Me ruega más, que la posea por completo y así lo hago. Mi mente se encontraba en blanco solo viéndola, excitándome en todos los sentidos. Sus caderas anchas se movían como si tuviesen vida propia.

Empiezo a llegar al clímax y ella toma una de mis manos para que acaricie sus senos, los cuales son tan suaves que estoy agradecido de tener a tal mujer en mi vida.

El orgasmo llega y antes de eyacular salgo de su intimidad, me derramo sobre su piel y ella termina. Su frente lucía aperlada por el sudor y ella me besa con frenesí. Sonrío mientras acaricio su muslo. Nos quedamos así por un par de minutos, amándonos en secreto...

3 de Diciembre de 2018 a las 18:53 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Deborah Núñez Me inspiro en el dolor para escribir.

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