Me atreví a quererte Seguir historia

ferkferk Fernanda de Brazao

Una historia de amor ambientada en una ciudad muy lejana, Viena. Veremos cómo la vida de Rachel, cirujana de 28 años con una rutina de trabajo y una vida sin ninguna emoción, da un completo giro inesperado. La rutina de Rachel cambiará totalmente, dejando atrás su pasado, y se verá envuelta en un laberinto de emociones. Por miedo a dejar su vida atrás y creyendo que estaba por el camino correcto, evita el amor, pero Robert no se rendirá hasta conquistarla. Ella viajó con un propósito, un plan, pero el destino le tenía una sorpresa que trató de evadir, pero no lo pudo lograr y el amor de un hombre muy especial inundó su corazón.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.

#romance #amor #pareja
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Rachel: ‘Así era mi vida’

Recuerdo todo como si fuera ayer, cuando mi vida dejó de ser la misma tras vivir algunos episodios que poco a poco se fueron entrelazando, dándome un nuevo destino. Esa historia ocurrió hace 8 años, pero recuerdo todo como si ahora lo viviera.

Para no confundirlos, iniciaré desde el principio contando un poco mi historia, de dónde vengo y detalles que quizás les gustará saber.


Mi nombre es Rachel Trells, nací en España, mis primeros años fueron ahí, poco los recuerdo porque era una niña de solo 6 años cuando mi padre logró su trabajo soñado en Argentina, de gerente de una de las tiendas más grandes del país, y fue así como nos mudamos a Buenos Aires.


Mi madre también trabajaba, era asistente de una reconocida diseñadora de moda de Argentina, un trabajo que encontró a los pocos meses de establecernos, así que éramos una familia feliz, solos los tres.


Mí día a día era siempre igual, mis padres me llevaban a la escuela y ahí pasaba todo el día, debido a que, al terminar los estudios tenía clases de baile y pintura, ambas siempre me gustaron, pero el arte me gustaba más, así que mientras pasaban los años eso era lo que hacía, estudiar y pintar.


En un parpadeo dejé de ser niña y me convertí en mujer, esos cambios me hicieron ver la vida de otra manera y me incliné por la medicina, me di cuenta lo mucho que me gustaba y le dije a mis padres que eso quería estudiar y así fue.


La universidad que quería no quedaba en la misma ciudad, pero mis padres hicieron el sacrificio y aceptaron mi mudanza; fue así como llegué a Córdoba, otra ciudad de Argentina.


Mis estudios iniciaron siendo joven, pero amaba la medicina y quería estar todo el día leyendo y aprendiendo, era un gran placer devorar todos esos libros.


Como a los 7 meses de iniciar mis estudios conocí a un chico, se llamaba Rodrigo que, antes de continuar con la historia, debo decirles que él NO es el protagonista de esta, mi historia, pero aun así lo nombraré un par de veces, porque gracias a su acción o actitud, provocó parte de mi comportamiento con el verdadero protagonista, Robert  a quien conocerán un poco más adelante. ¡Tengan paciencia!


Para ser honesta, Rodrigo, me parecía un joven interesante, pero él era el típico líder de un grupo y en realidad no era mi tipo, sin embargo, accedí a sus “encantos” por explicar todo de alguna manera.


Rodrigo era de piel blanca, cabello castaño liso, sus ojos no me inspiraban, pero si eran hermosos, de color verde profundo.


Salimos como cuatro veces, eran agradables momentos o eso pensaba, pero no había ninguna química especial para ser honesta, pero un día todo cambió, él me marcó y no precisamente por cosas buenas, pero eso es otro tema que trataré más adelante.


Dadas las circunstancias que viví con Rodrigo, tomé la decisión de cambiarme de universidad, en la misma ciudad, pero pedí un cambio, el cual afortunadamente me aceptaron por mis buenas calificaciones e inicié de nuevo una vida.


Pasaron los años y solo me dediqué a estudiar, no socializaba con nadie, solo soñaba con ser la mejor cirujana, después ya tendría una vida. Al graduarme recibí una oferta laboral en Córdoba, es decir, que volvía a casa, ¡había logrado mis sueños! ¡Estaba tan feliz!


Mi rutina comenzó y todo era perfecto, incluso a los pocos meses decidí vivir sola, independizarme y alquilé un apartamento cerca de mis padres.


Luego de ahí comienza la historia que verdaderamente le dio sentido a mi vida, una montaña rusa que jamás esperé vivir, pero sin lugar a ninguna duda, fue lo mejor que pudo pasarme.


Mi historia comienza así:

Era una mañana normal de un día lunes en Argentina, Córdoba, la semana apenas iniciaba, pero para mí, Rachel Trells, de 28 años, era como vivir el mismo día una y otra vez; sin ninguna emoción.


Ese lunes, me desperté muy temprano y aún era muy oscuro, vi mi reloj despertador que estaba junto a mi cama a escasos centímetros de mi mano y eran las cinco de la mañana. Tenía tanto frío

, que solo quería quedarme en medio de mi cobija caliente, pero debía ir a trabajar.


Como pude me levanté directo al espejo del baño, y por pocos segundos detallé mi rostro blanco y mis cabellos castaños, algo ondulados, mientras con un poco de agua fría sobre mi rostro intentaba despertarme para dejar a un lado el deseo de seguir en la cama. Luego, me peiné con rápidos movimientos, no quería salir tarde, pero ya era casi el momento de trabajar, así que, me peiné tan rápido como pude.

No tenía expectativas de vivir aventuras, sorpresas o simplemente enamorarme, esa no era yo; o eso creía.



Terminé de peinarme y salí rápidamente a escoger qué me pondría para el trabajo, soy cirujana, pero tenía una reunión importante al finalizar la jornada de ese lunes; el día que mi vida cambió.


En el desorden de mi habitación, había zapatos, cajas y ropa por todos lados que me impedían dar con facilidad los tres pasos para llegar a mi armario. Llevaba pocos días de haberme mudado a ese apartamento y no había tenido tiempo de organizar nada.


Mi mamá se había puesto a la orden para ayudarme a organizar y acepté su ayuda, pero sería el próximo sábado, por lo tanto, seguía con mi desorden unos días más.


Finalmente llegué dando brincos entre la ropa y busqué qué podía ponerme para la reunión; pensé en algo un poco formal, el pantalón de lino negro y la blusa blanca manga corta serían la perfecta combinación.


En medio de mi agitado inicio de semana, me maquillé un poco mientras encendía el televisor para no sentir tanto el silencio de la mañana. El frío afuera de mi habitación era más fuerte, y mientras escuchaba algunas noticias, me hice un poco de café para calentarme un poco.


Al terminar de arreglarme, tomé mi cartera, las llaves del auto y salí de mi apartamento directo al trabajo.


En el camino, encendí la radio como siempre y escuché algunas canciones. Normalmente me tomaba quince minutos llegar y como esa mañana no conseguí tráfico, el trayecto fue sin ningún inconveniente y solo disfruté del camino.


Al llegar, como aún era temprano, aproveché de tomarme un jugo de naranja y me comí un delicioso sándwich en la cafetería de la clínica antes de comenzar con mi jornada; con tanto apuro y desorden no me dio tiempo de desayunar nada en casa, solo el café.


Mientras desayunaba, mi mente no se detenía y pensaba:

“Amo mi trabajo, lo disfruto mucho, pero… siempre hay un pero, sé que algo más falta en mi vida. Estoy acostumbrada a estar sola, así que por la soledad me va bien…”.


Me distraje con mis pensamientos, pero al ver el reloj colgado en el fondo de la pared, me di cuenta que mi turno estaba por comenzar, se me estaba haciendo súper tarde.


Salí rápidamente de la cafetería, subí por las escaleras corriendo al segundo piso para llegar más rápido, y tenía a dos pacientes en espera para ser atendidos. Así, comenzó mi día de trabajo.

27 de Noviembre de 2018 a las 11:22 0 Reporte Insertar 0
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