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Algunos personajes y parte del argumento están basados en el anime Ranma 1/2. Créditos a sus autores: Rumiko Takahashi y las personas que colaboraron para hacer el anime. La imagen de portada está sacada del devianart de Jugx. Ranma tiene 19 años al comienzo de la historia.


Fanfiction Anime/Manga Todo público.

#Ryoga #Ranma
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Ranma daba vueltas al guiso mientras se felicitaba: "¡Este guiso me está saliendo de rechupete! Casi no puedo esperar a probarlo".

 

Sonrió anticipando en su mente el momento en que se llevara la primera cucharada a la boca.

 

Tampoco es que antes cocinara mal, pero sentía que con la práctica cada vez se le estaba dando mejor y se ponía de tan buen humor al pensarlo... ¿Quién iba a decir que algún día podría enorgullecerse de sus platos?

 

Recogió un poco con el cucharón para ver qué tal estaba quedando y se lo llevó a la boca... ¡Aaaaaah! ¡Quemabaaa!

 

Claro, con las ganas que tenía de probarlo se le había olvidado soplar primero y recién salido de la olla... ¡Cómo ardía!

 

Por suerte, sólo había probado una pizca y ya empezaba a pasársele el efecto en la lengua del líquido ardiente. Sin embargo... su vestido y el mandil no habían tenido tanta suerte. Aunque se había recogido su larga melena roja en una coleta y se había puesto su mandil favorito, la ropa no había escapado del todo al gesto brusco que había hecho con el cucharón en la mano al quemarse.

 

Se quedó mirando por un momento la mancha en su, hasta el momento, impecable vestido y suspiró... qué se le iba a hacer.

 

Sin proponérselo le vino a la cabeza Akane. De haber estado allí le habría regañado por su torpeza o se habría burlado y reído, seguramente en parte celosa porque eso no quitaba que cocinaba mejor que ella... Ah, la echaba un poco de menos. Y al resto también, un poco...

 

No pudo impedir que un ramalazo de recuerdos le vinieran a la mente. Se puso a rememorar cómo había llegado hasta allí...

 


 

- Ranma, lo siento, pero no volverás a ser hombre. Creo que el mejor consejo que te puedo dar, dadas las circunstancias, es que lo afrontes con valentía y entereza y no dejes que arruine tu vida. Porque tienes una vida por delante de ti, Ranma, y puede ser tan buena como tú quieras que sea.

 

Ranma sintió el impacto de aquellas palabras que lo sentenciaban todo como un golpe contundente en el pecho y por un momento sintió como si le faltara el aire.

 

Luego, se levantó y se puso a andar, simplemente, sin rumbo fijo, con un aire como ido y aturdido. Quizá la palabra correcta sería noqueado, noqueado por completo. K.O. Fin de partida.

 

Estuvo vagando y deambulando durante días por la llana estepa en la que se encontraba, meditando más que nunca quizá que en toda su vida.

 

Su primera reacción había sido derrumbarse y querer que se acabara todo allí mismo... su peor pesadilla se había hecho realidad.

 

Estuvo lamentándose de su mala suerte durante días y días, a veces incapaz de creérselo aún, rogando en su mente que aún hubiera una salida. Pero, en el fondo, sabía que no la había. Sabía que la sabia anciana no le habría dicho aquello si hubiera habido alguna forma, por complicada que fuera, de revertirlo.

 

Ranma había caído en aquel manantial con propiedades especiales de una forma estúpida, como siempre... y su destino se había sellado. Otra loca carrera sin sentido, otro absurdo día en su vida y al final... eso. En realidad, debería haberlo sabido. Su vida hasta el momento no parecía conducir a otro final sino a aquel o alguno parecido.

 

Se pasó las horas y los días reflexionando, bastante tiempo... y, con el pasar de los días, se fue calmando y poco a poco fue pensando con más claridad.

 

 

 

Estaba claro que no había vuelta de hoja. Podía aceptarlo o no, pero no había vuelta de hoja. Pero... ¿eso significaba que tenía que ser el final?

 

Empezó a pensar en el resto de las palabras de la venerable anciana por primera vez, después de haber estado obsesionado tanto tiempo con las primeras... Y, por más que lo pensaba, se dio cuenta de que... quería vivir. Aún con todo, quería vivir.

 

Pero estaba cansado de todo. Estaba cansado de luchar, de esa vida que le traía tantos sinsabores, tantos dolores de cabeza...

 

Cansado de los embrollos en que constantemente le metía su padre, o de las delirantes historias en que le metían el viejo, Shampoo y los demás. Cansado de las riñas con Akane... ¿Y todo para qué? Parecía que seguían más o menos igual que al principio. Es decir, no habían avanzado. O lo habían hecho poco.

 

Sentía aún algo por ella, pero una parte de él también deseaba, en el fondo, que toda aquello acabara.

 

Dejar de intentar infructuosamente llevarse mejor con Akane, dejar de intentar resolver los problemas en los que le metía su padre, dejar... dejar todos aquellos líos y toda esa vida de una vez por todas.

 

Llevar una vida tranquila, para variar... ¿era tanto pedir?

 

Y entonces... entonces una idea empezó a cruzar su mente...

 

Y si... y si... casi no se atrevía a pensarlo pero... ¿Y si... y si se tomaba lo que le había pasado como una segunda oportunidad?

 

En vez de un futuro acabado... un futuro distinto. Delante de él. ¿Por qué... no?

 

Siguió dando vueltas, pensando en ello. Y, al final, se paró. Con una mirada decidida.

 

Cambió el rumbo de sus pasos y se encaminó a un lugar sin vacilar.

 

Tenía claro con quién quería hablar.

 


 

- ¿Estás seguro... bueno, segura?

 

- Sí, madre, eso he decidido.

 

- Te das cuenta de que será muy difícil dar marcha atrás después, ¿cierto?

 

- Sí, lo sé, madre.

 

- En ese caso, hijo mío... hija mía... tienes mi bendición. Quiero que seas feliz ante todo y me alegra ver que afrontas con confianza este desafío y no te achantas. Yo... me siento orgullosa de ti, hijo mío. Bueno, a partir de ahora, hija mía. No podía haber tenido mejor descendencia. -concluyó sonriéndole con afecto.

 

- Gracias, madre.

 

 

 

El encuentro no había podido salir más distinto de lo que cabía imaginar. No sabía qué ocurriría, pero se había temido lo peor. No obstante, quería empezar su vida, su nueva vida, con buen pie, aunque eso significara que esa nueva vida le durara poco. Pero, había considerado que valía la pena.

 

Le había contado a su madre todo, desde el principio. No quería volver a mentirle en lo que le quedara de vida. También, le contó lo que había pensado hacer.

 

Naturalmente, había sido un choque emocional para ella enterarse de todo pero, como le tenía acostumbrado, le había sorprendido rehaciéndose con una prontitud increíble. Ranma sonrió. A pesar de todo, la seguridad y firmeza de ánimo y carácter de su madre le hacían sentirse orgulloso de ser su hijo. No podría tener una madre mejor y, si tenía que morir, sería un honor que fuera en sus manos.

 

Sin embargo, volvió a sorprenderle con lo que le había contestado respecto a su posible futura muerte a manos (o espada) de ella:

 

- Hijo... hija, si fueras hombre tendría que matarte puesto que se habría incumplido lo pactado. Pero, puesto que eres mujer y vas a seguir siéndolo a partir de ahora... Bueno, no le puedo exigir a una mujer que sea el mejor de los hombres. Una mujer es una mujer y tiene su propia valía como mujer y debe sentirse orgullosa de serlo.

 

Ranma había asentido mudo de asombro ante aquella inesperada respuesta.

 

- Sin embargo, hijo mío... mejor dicho, hija mía... tengo que acostumbrarme a ello... ejem... bueno, puesto que has decidido aceptar y asimilar tu condición de mujer y todas las consecuencias que deriven de ello en esta nueva vida tuya... Hazme sentir de nuevo orgullosa como madre: Sé la mejor mujer que puedas ser y no menos.

 

Después, su madre había querido confirmar que estaba seguro, como había hecho... y, cuando Ranma le estaba dando las gracias, le estrechó fuertemente en un abrazo inmenso lleno de amor y deseos de transmitirle fortaleza para el futuro.

 

Ranma no pudo evitar que le rodaran un par de lágrimas por las mejillas. La calidez del amor y la aprobación de su madre, que tanto había ansiado, le embargaba en ese momento.

 

Luego, había partido por fin, sin rumbo fijo, pero con una meta clara.

 

Haría distancia, cuanta más mejor, de la casa y la población donde llevaba viviendo tanto tiempo, con los Tendo, y empezaría de cero en una nueva ciudad.

 

 

 

Después de un tiempo andando, no sabía con exactitud si habían sido semanas o meses, pues iba pensando en los nuevos desafíos que le esperaban y no se fijaba mucho en el transcurrir del tiempo... cierto día, se había encontrado en las afueras de una ciudad. No sabía cuál era, pero no tenía predilección por ninguna y aquella le pareció tan buena como cualquier otra.

 

Los inicios fueron difíciles, aunque no tanto como podrían haberlo sido... Y Ranma no podía más que sentir gratitud por ello.

 

Una señora de cierta edad con un buen humor envidiable y un gran corazón, que parecía ver las cosas siempre desde un punto de vista positivo, se había apiadado de ella (Ranma se estaba acostumbrando a pensar en sí misma en femenino, poco a poco) y, cuando llegó a la puerta de la casa de la mujer, tras haberse ofrecido a llevarle la compra, insistió en agradecérselo ofreciéndole un techo donde estar.

 

- No te preocupes, no es molestia alguna, al contrario. Regento un par de edificios de viviendas y tengo un apartamento vacío y solitario sin usar desde hace un año por lo menos. En realidad, me harás un favor de nuevo, porque pienso que no hay cosa peor que un lugar sin alguien que lo cuide. Me pondría muy contenta que fuera tu hogar. No me niegues esa ayuda que te quiere dar esta débil ancianita que ya no puede hacer gran cosa por otros... ¿No me lo negarás, verdad?

 

Ranma se quedó sin palabras.

 

- Así me gusta, buena chica. Vete mañana mismo y no te preocupes que, cuando encuentres trabajo, ya me lo devolverás y me pagarás el alquiler, ¿de acuerdo?

 

- Eh... Bueno... si no es una molestia...

 

- Muy bien, buena chica, buena chica, así se habla.

 

La buena mujer la invitó a cenar con ella en su casa y pasar allí la noche y, al día siguiente, se trasladó a su nuevo apartamento, aún perpleja de la suerte que había tenido.

 

 

 

El tiempo pasó... Consiguió empleo en una panadería-pastelería, y trabajaba tanto haciendo sus pinitos en la repostería y el arte de hacer pan en el horno, como en el mostrador atendiendo a la gente. No paraba apenas en su trabajo, pero no podía ser más feliz. Se estaba labrando su propia vida.

 

Con el dinero que ganaba no solo pudo empezar a pagarle el alquiler a la amable señora, sino que pudo ir haciendo poco a poco cada vez más acogedor su piso, con alguna que otra cosa por aquí y por allá.

 

También pudo renovar su vestuario, o prácticamente empezarlo, puesto que sólo se había traído lo puesto y poco más cuando se fue de su antiguo hogar.

 

De hecho, ni siquiera había pasado para despedirse y había partido desde la casa de su madre directo a la ciudad donde se quedaría, fuera cual fuera.

 

Temía que, de quedarse para aclarar las cosas y despedirse, su resolución de afrontar esa nueva vida hubiera flojeado o su padre o alguien habría intentado y conseguido embarcarle en otra de tantas aventuras y odiseas para lograr algo, de las que ya empezaba a hartarse.

 

Necesitaba un cambio drástico y es lo que había resuelto. Además, no les había dejado en la inopia, pues su madre se ofreció a contarles a todos lo que había pasado y su decisión y así, dijo, de paso tener una severa charla con su padre.

 

La verdad, le dio hasta un poco de pena su padre al imaginar el momento en que su madre llegara a casa de los Tendo.

 

Por otra parte, sí que sentía haberse ido sin despedirse de Akane y sus hermanas. Ellas, en general, le habían tratado bien y sentía que tenía que haberles dicho algo, personalmente.

 

Pensó varias veces en escribirle una carta a Akane, pero no se decidía, y tampoco quería correr el riesgo de que su padre se enterara de dónde estaba...

 

Entre tanto, habían pasado alrededor de diez meses desde su partida. Y habían pasado muchas cosas. Cosas pequeñas, cierto, pero cosas que al fin y al cabo le iban reafirmando más y más... Lo cierto es que cada vez se sentía más a gusto siendo mujer.

 

Había hecho amigas, entre otras cosas. Ella, que siendo hombre no había sentido que tuviera amigos o amigas prácticamente, como no contaran quizá algo la furiosa Akane y su rival-amigo Ryoga, o sus supuestas prometidas... No, no había sido el sentimiento de amistad que necesitaba, no con tantos embrollos y discusiones, segundas intenciones o rivalidades...

 

Pero en esa nueva vida tranquila suya, había hecho amigas. Formaban un grupo de chicas alegre y unido que se había juntado por azares de la vida. La primera amiga que tuvo fue su compañera de trabajo, Kanti, y luego fueron viniendo las demás...

 

Ellas la habían ayudado, entre otras cosas, a comprar ropa para su nuevo vestuario, y así de paso habían empezado una especie de tradición de ir cada semana por lo menos una o dos veces de compras todas juntas. Ranma no siempre se compraba algo, pero siempre se lo pasaba bien con sus amigas y sonreía al acordarse de la última vez que estuvieron juntas.

 

También, estaba empezando a pasar algo que Ranma no sabía bien aún cómo tomarse pero, en cualquier caso, no se lo tomaba mal. De alguna forma, entendía que era normal, aunque le costaba un poco hacerse a ello. Pero sabía que, como todo en su nueva vida como mujer, acabaría asimilándolo y acostumbrándose.

 

Lo que había ocurrido es que, desde hacía cierto tiempo, había empezado a llevarse bien con otro compañero suyo que trabajaba a menudo con ella, mano a mano, y habían ido cogiendo confianza y se podía decir que eran amigos... Pero, Ranma sospechaba que él empezaba a sentir algo más que amistad por ella y era algo que, al pensarlo, lo cierto es que no acababa de aclarar cómo le hacía sentir.

 

Recordaba una charla relacionada con ello que había tenido con su madre aquel día tan crucial en su vida. Esas horas que estuvo con su madre habló más con ella que lo que habían hablado el resto de su vida. Todavía se emocionaba al pensarlo.

 

Tras decirle que iba a dejar a Akane también atrás, ella dijo:

 

- Pero hijo mío... quiero decir, hija mía, si la razón es que ahora eres mujer... no lo puedo apoyar. Yo creo en el amor por encima de todo. (Era increíble escuchar esa afirmación de su boca sabiendo lo que había vivido)

 

- No es por eso, madre, puedes estar tranquila. Simplemente creo que... lo que sentía por ella ya no lo siento tanto y ya no quiero seguir con ese tipo de relación más. Madre, quiero algo más estable, o más sincero o... sea hombre o mujer, ante todo sólo sé... que quiero algo diferente. Sé que ninguna relación es perfecta pero... me gustaría saber lo que es tener una relación más... No sé, que me haga más feliz. Que nos haga más felices a esa persona y a mí. Que nos haga sentir bien más a menudo... ¿Crees que... me estoy pasando? Yo...

 

- No, hijo... hija... no. Si es así, si esos son tus sentimientos, lo entiendo. Espero sinceramente que encuentres esa dicha esquiva con alguien, de verdad, con todo mi corazón.

 

- Madre...

 

 

 

Y ahí estaba, varios meses después, con un chico que le caía simpático, le parecía buena persona, pero aún no tenía del todo claros sus sentimientos...

 

Miró la olla delante suya. El guiso ya casi estaba.

 

Había hecho una ración grande, más del doble de lo que necesitaba en realidad, pero había comprado alimento de más y tenía que usarlo o se echaría a perder. Aún le costaba con algunas comidas calcular lo indicado para una sola persona y no para varias, como antes. Y, además, para ella con ese físico, que tenía unas necesidades alimentarias distintas a su cuerpo anterior...

 

Estaba pensando que podría meter lo que sobrara al frigorífico y comérselo para la cena y entonces... oyó una voz a su espalda.

23 de Noviembre de 2018 a las 12:12 0 Reporte Insertar 0
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