Entre Resacas y Amnesias Seguir historia

frank-boz1536880595 Frank Boz

Luego de una terrible noche de bebidas, baile y cigarrillos, Damián despierta con el típico malestar de las resacas. Su sorpresa es enorme al ver que quizás la noche de excesos se le fue de las manos al encontrarse en un lugar que no conoce y decide comenzar su travesía para llegar a su hogar. Suspenso y misterio condimentan esta historia en donde la necesidad de respuestas es la protagonista principal.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

#EntreResacasyAmnesias
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Capítulo 1

Aquella hermosa mañana de sábado cuando el repicar de las campanas de la iglesia, el constante sonido de las bocinas y motores de los vehículos, el trinar de los pájaros y el estruendo de la maquinaria cruzando las vías del tren, vaciaban su melodía urbana en la ciudad de Puerto Ajenjo y acompañando el transcurso matutino, Damián daba los primeros indicios de despertar con una tremenda pesadez en todo su cuerpo.

Le dolía la cabeza, una sensación fría anidaba con autoridad en todo su vientre y sus ojos estaban completamente rojos por culpa de una mal sufrida resaca.

Tronando los huesos de su cuello, acompañando la acción con un gesto de dolor y leves quejidos, se dispuso a levantar pero el mareo se lo impidió. Desistió.

–¿Dónde mierda estoy? –se dijo relamiéndose sus resecados labios. Ese rancio sabor a resaca de la juerga de la noche anterior aún estaba presente en su paladar y lengua.

Apenas si sabía que su nombre era Damián. Los rayos del sol de las diez y cuarto, reflejados en un pequeño espejo roto, agujeraron sus párpados y volteó su mirada desde su lado izquierdo hacia su lado derecho. Y se sintió agradecido por lo que vio.

Su automóvil con apenas 2000 km estaba intacto. Tal cual lo había sacado del garage la noche anterior.

Con sobrehumano esfuerzo fue irguiéndose hasta quedar sentado. Un sacudón en su vientre llegó, duró y se fue. Unos impertinentes momentos de nauseas siguieron luego, sin embargo, desaparecieron cuando el mareo en su cabeza se encontró opacado por la panorámica visión que sus ojos le mostraron.

Era un descampado, un chatarrero “¿cómo terminé aquí?” pensó.

Miró su reloj Omega de cuarzo. Eran las 10:20.

Miró a su alrededor, quizás para encontrar algún indicio de algo pero no había más que chatarra por todas partes. Palpó sus bolsillos y ¡vaya sorpresa! Su billetera no estaba. “No seas tonto, tal vez esté en el auto” se dijo.

Poniéndose en cuatro patas y trastabillando hasta que sus piernas parecieron responder de manera decente, pudo erguirse por completo. Masajeó su nuca, se sacudió la tierra de sus cabellos y caminó hasta su auto. En su torpe andar, sus zapatos Ben Sherman pisaron los restos de una botella rota que le pareció era de vodka.

No tenía las trabas puestas, las llaves estaban colocadas en el tambor y había un hedor a cigarrillos baratos en el habitáculo. Nuevamente bajó del vehículo, echó una mirada más de reconocimiento al lugar pero le era imposible, dadas las circunstancias en las que se encontraba, reconocer donde estaba. Los sonidos de la matinal vida de la ciudad llegaban a sus oídos invitándolo a escuchar la sinfonía del mundo en movimiento. Volvió a meterse en el auto y cerró la puerta. El sonido enmudeció.

Aún en un profundo estado de sospecha así como de alarma, permaneció unos minutos dubitativo, intentando drenar la sangre a su cerebro que parecía rehusarse a responderle, y así traer el primero atisbo de recuerdos y quitar de plano el amnésico estado que lo había envuelto quién sabe desde cuando. Refregó sus ojos, el dolor de cabeza era inaguantable, le dolía en el alma.

Las escenas de algunas películas de la mafia de los años 60 y 70 aparecieron como visitas inesperadas golpeando las puertas de sus recuerdos. Veía todo con claridad, veía, como los buenos estallaban por los aires al encender el motor del auto y justo ahora, sospechosamente, tenía las llaves del suyo colocadas ahí quizás a propósito. Dudó una, dos y hasta tres veces por encender el motor de su Audi A5. Su soberbia actitud y su trabajo como jefe del departamento de publicidad le habían dejado una larga fila de “enemigos” en su siempre ascendente camino profesional, un puesto que desempeñaba desde hacía diez largos años en una de las firmas más exitosas así como también más cuestionadas por tener métodos extraoficiales y quizás hasta ilegales de sostenido crecimiento.

Unas imprevistas ganas de mirarse en el espejo retrovisor lo llevaron a hacerlo. Su rostro, aunque crudo, pálido y con enormes ojeras, no dejaba de verse varonil y apuesto para sus 48 años. Era un 6 sobre 10. Abrió sus labios y una sonrisa de tremendo alivio se plantó en su cara al ver que aún tenía todos sus blancos dientes en su lugar.

Eso le dio el valor suficiente para decidirse a encender el motor.


Manejando lentamente por el camino de tierra adornado a sus costados por interminables pilas de chatarra metálica donde viejas carrocerías de autos, lavarropas de tambor redondo, cocinas vetustas, juegos de jardín herrumbrados, entre más porquería; hacían de alguna especie de triste y porquerizo vecindario metálico donde las peores alimañas encontraban un sentido a su vida.


Despacio y de repente, recordó que tal vez su billetera se encontraba dentro de la guantera junto con su Iphone. La guantera del Audi tenía un sistema de seguridad único de trabas que solo podían ser abiertas mientras el coche estuviera en contacto y al accionar un botón ubicado en el volante al alcance del pulgar derecho. Presionó el botón y un click se escuchó sonar desde la guantera. Mientras manejaba con su mano izquierda, con su derecha se dispuso a hurgar el compartimento pero solo estaba su teléfono celular.

–Debí haber sacado la billetera ¿pero dónde la puse? Tal vez me robaron mientras estaba inconsciente. No me extrañaría en este lugar... –dijo mirando a sus alrededores.

La entrada del lugar estaba apenas a unos 80 metros de distancia. Un enorme portón de metal de pecaminosos tonos verdes, azules y marrón herrumbre se alzaba imponente adelante y se encontraba abierto de par en par, más allá de él, lograba divisar una carretera y algunos autos pasar a gran velocidad. Lo que le dijo que quizás estaba lejos del centro de la ciudad.

Aceleró, salió e instintivamente giró a la izquierda, en el sentido contrario al que avanzaron los autos antes vistos.

Efectivamente, estaba a un par de kilómetros de distancia de Puerto Ajenjo. La tundra que rodeaba a la carretera en las horas de la mañana, era de un color arena, árido por donde se mirara, con algunas pequeñas ondas por el viento y pequeñas piedras de ripio que se escapaban de la banquina. Volvió a preguntarse.

–¿Cómo mierda llegué aquí?

Por más que intentaba recordar, mientras los edificios de la ciudad se hacían más grandes al ir acercándose, no podía hilar ningún pensamiento. Se detuvo a un lado de la carretera y tomó su celular ¡Tienes 14 llamadas perdidas de Amor! (su esposa) “mierda”. Apretó el botón de Menú con la intención de buscar entre la galería de fotos y videos alguna imagen que trajera algún recuerdo. Pero nada, ni siquiera eso. Tampoco su whatsapp parecía funcionar. Intentó llamar a su esposa, pero no tenía señal y su teléfono se quedó sin baterías antes de siquiera poder observar la fecha. Optó por la única decisión que parecía tener más sentido, seguir manejando hasta llegar a su casa.


Al entrar a la ciudad por la avenida principal que desembocaba en la ruta que lo había llevado de regreso, vio sobre la vereda un puesto de revistas. Se detuvo y se bajó del coche. Preguntó al kiosquero:

–Oiga ¿qué fecha es hoy? –el kiosquero, masticando un chicle con una seria expresión por las pésimas ventas que vaticinaba el sábado, echó una mirada pero hizo como si no lo hubiera visto. Quizás para que se acercara a comprar algo. Molesto, Damián se inclinó sobre una pila de diarios, y corroboró la fecha de un periódico, quería estar seguro del tiempo que había permanecido inconsciente. Afortunadamente la fecha era la correcta, solo habría permanecido privado de su consciencia algunas horas pero ¿donde y cuando habría ocurrido la pérdida de la memoria exactamente?.

Se subió de nuevo y avanzo al paso de la marcha que proponía avanzar el tráfico, deteniéndose unas cuadras más adelante en un semáforo. Y las luces rojas del mismo parecieron tener un efecto de recuperación de “datos” en él.

En su mente, vagaron rápida y de manera desorganizada, una procesión de primeros recuerdos de una noche bastante movida. Una fiesta, gente que sonreía, gente que bebía y se saludaba. Otros recuerdos, permitían vislumbrar gente que lloraba y que se lamentaba. Estos últimos vistazos quedaron resonando transversalmente por la circunferencia de su cabeza. Su cerebro, parecía no poder procesar nada más allá de ellos, algo lo bloqueaba. El semáforo dio verde y continuó avanzando, ésta vez, más confundido y desorientado que antes y con el agravante del malestar de la resaca estomacal acentuándose cada vez más en todo su vientre.


10 de Noviembre de 2018 a las 01:21 3 Reporte Insertar 4
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Lihuen Lihuen
Una maestría del suspenso como siempre. No hay como la perdida de la memoria para crear todo tipo de conjeturas; y esos últimos detalles de risas primero, y lagrimas después, anticipan una tragedia, ¿sera que adivine?
19 de Agosto de 2019 a las 18:51
Jacky Vargas Jacky Vargas
¡Hola! Tu historia ha sido revisada por el equipo editorial de Inkspired. ¡Enhorabuena! La hemos dejado en estado En Revisión, ya que aún creemos que puedes corregir ciertos errores ortográficos, especialmente en nombres y en las preguntas. Una vez que lo hagas, procederemos a revisarla de nuevo y ponerla en Verificada. Esto te dará más alcance entre los lectores. :) Ánimo y feliz escritura.
5 de Diciembre de 2018 a las 08:49
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
A excepción de que te faltaron algunos tildes, incluido aquel que va en el nombre "Damián" del primer párrafo, todo me pareció excelente, las descripciones, la narración y la duda que plantaste en mí, necesito leer el siguiente capítulo.
9 de Noviembre de 2018 a las 23:00
~

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