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astartheahiggs Astarthea Higgs

Wicca Bones es una joven asesina que pertenece a una de las organizaciones criminales más fuertes de la ciudad de Rainder. Vive por y para la venganza. Sin embargo, es la misma venganza la que tuerce todos sus planes. Un asesinato frustrado, la punta del iceberg, el principio de toda la historia de una venganza.


Acción Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos de autor

#gore #gangster
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Los corazones rotos duelen.


Y quien dijese lo contrario, no lo tenía roto.


La botella de vodka descansaba sobre su mano a punto de caerse, la ceniza del cigarrillo a medio consumir amenazaba con estrepitarse sobre el suelo de madera. O lo poco que se veía de él. Latas de cerveza vacías, ropa tirada de cualquier forma, bolsas de comida a domicilio... una manta de basura que tapaba el parqué envejecido. Su melena oscura caía sobre el respaldo de la mecedora bailando al mismo son que esta.


Elevó el pie y detuvo el balanceo al mismo tiempo que sonaba el teléfono.

Wicca cogió el móvil y miró la pantalla con un ojo abierto. El nombre de Maika apareció otra vez parpadeando mientras el teléfono vibraba.


— Hoy no, Maika. Hoy no...


"Hoy sólo quiero morir" pensó para sí lanzando el teléfono a la cama. Los golpes del vecino resonaron por todo el apartamento, acompañados de insultos como "Puta loca" o "Hija de puta". La morena sonrió de medio lado, echaría de menos esas cosas. O no. ¿Había algo en el más allá?


Se levantó de la mecedora. Los últimos días se habían marcado en su cuerpo: ojos hinchados, ojeras, pérdida alarmante de peso... Sin duda el amor era devastador. Dichosos aquellos días en que no sufría ese tipo de cosas, en los que no temía perder a un amigo o a su novio porque no lo tenía. Todo era más fácil cuando su día día se basaba en matar a la gente que su jefe le pedía, cuando los llantos y gritos de dolor eran de otros y no suyos. Cuando era otro corazón el que dejaba de latir.


Tomó la chaqueta de cuero y se la puso metiendo después el paquete de tabaco y su cartera en los bolsillos. Más bien como costumbre, porque en pocas horas no quedaría nada más de ella. Ya había comprado la gasolina, esa era la parte que más le dolería de todo. Salió del apartamento, se montó en su Ford Mustang del 69 negro y se metió en el tráfico nocturno de la zona. El reloj marcaba las cuatro de la mañana, una buena hora para acabar con todo.


— Hijo de puta.


Murmuró con una pequeña risa delirante. Estaba cansada, agotada. Tantos golpes emocionales habían hecho de ella una mujer débil y sentimental. Lo había perdido todo, a su mejor amigo, a su prometido... su corazón. Aah, sin duda todo era mejor antes. Tamborileó los dedos sobre el volante, odiaba el tráfico. Incluso a esas horas había gente en la calle y aquello ponía de los nervios a Wicca. Odiaba las multitudes, odiaba los idiotas a los que parecían regalarles el carnet de conducir, odiaba a los...


— GILIPOLLAS — gritó desde la ventana a un tipo que iba hablando por el teléfono y se había saltado el semáforo en rojo —. ME HE QUEDADO CON TU PUTA CARA.


Sí, a esos también los odiaba. A todo el mundo, en realidad. Al menos en ese momento, aunque antes tampoco es que fuese una chica super sociable.

Cruzó la ciudad, hasta la zona de altos edificios abandonados por la caída de la burbuja inmobiliaria. Allí no la molestarían. Ni llamaría la atención. Aparcó el coche en una calle vacía, apagó el motor tras un largo suspiro y salió. El aire azotó su cabello con olor a ceniza y a albaricoques. Sus pasos la llevaron al maletero; sacó la garrafa de gasolina y miró su hermoso coche mientras abría la tapadera de la garrafa.


— Aw, cariño. Lo siento. Te juro que esto es lo mejor para ambos... — Lanzó la gasolina sobre el capó, en el interior del coche, en el maletero —. Sayonara, bebé.


Encendió el mechero zipo que la había acompañado desde que empezó a fumar y lo lanzó al coche provocando que el fuego se extendiera como la pólvora. Varias explosiones después, Wicca observaba el fuego y el humo elevarse sentada en la azotea del edificio más alto. La luna estaba por desaparecer bajo la luz del sol, pronto el brillo de las estrellas se apagaría... como ella. Miró hacia el suelo una vez estuvo de pie. Quince pisos la separaban del suelo. Cogió aire, se despidió de todo y...




— ¿De verdad pensabas que saltar era la única solución?


El chico la miraba con ojos acusadores. Hacía unos minutos había detenido el suicidio que Wicca había planeado y ahora, tras una pequeña pelea en la que ambos acabaron heridos, permanecían sentados el uno frente al otro. Si se lo agradecía o no, desde luego que no pensaba decírselo. En su lugar, carraspeó cogiendo un cigarrillo y lo encendió con un mechero barato de gasolinera.


— ¿Pretendes que viva sin Jake? — preguntó tras soltar la primera calada.


— Puedes comprarte otro coche, eso ya era una chatar-


— ¡Eso era un Mustang del 69 que me costó sudor y lágrimas pagar! — gritó apuntándole con el dedo —. Años. Años me costó ahorrar para pagármelo, no te atrevas a llamarlo chatarra, Yui.


El chico se rió suavemente.


— Como quieras.


La morena gruñó en respuesta, aspirando otra calada más. Estaba irritada por una parte, si ella había decidido poner fin a su vida nadie tenía el derecho de chafarle los planes. Pero, por otro lado, quizás estaba tan nublada por sus sentimientos que ni si quiera había tomado una buena decisión. Al menos no al quemar su coche.


— Él no querría esto.


Wicca sonrió de lado con sarcasmo.


— Él ni si quiera me quería a mi — miró hacia arriba conteniendo las lágrimas —. Su perro; a ese le quería mucho más. Hasta yo le quería... dichosa bola de pelo...


— ¿Por qué acabar con tu vida? Tú no eres así.


— ¿Por qué no?


Tenía razón, ella no era así. No había sido así antaño. Pero desde que aquellos dos tipos habían aparecido en su vida, todo había cambiado. Sus sentimientos se hicieron visibles y empezó a valorarlos más. Ahora se arrepentía de todo aquello, quería volver atrás en el tiempo y recuperar su vida. Pero, por desgracia, aquello no estaba permitido.


— Wicca, eres una mujer fuerte. Puedes con esto y más. Pero — se levantó limpiando sus vaqueros con las manos —, si es lo que quieres, adelante. Ya te he parado una vez, no lo haré dos.


Alzó la vista hacia el surcoreano. Su cabello oscuro y sus ojos del mismo color podían ser realmente penetrantes a la vez que fríos. ¿Qué hacía allí? Yui y ella apenas habían tratado en lo personal, eran sólo compañeros de trabajo. Era cierto que había una especie de hermandad entre ellos, no precisamente por el intercambio de palabras que hubiesen tenido, pero el sentimiento era ese.


— Llévame a casa.


Yui asintió, sacó las llaves de su coche y empezó a bajar las escaleras de la azotea. Wicca tardó algo más en alcanzarle, las vistas desde allí eran bonitas a pesar de su coche quemado hasta los cimientos. Quizás no era el momento de morir. No físicamente, porque ella se sentía muerta por dentro, vacía. Suspiró largo, unos días más matando gente no hacían ningún mal. Giró sobre sus talones y alcanzó al muchacho cuando estaba encendiendo el motor. Se adentró en el automóvil tomando asiento y apoyó los pies en el salpicadero.


— Espero que no hayas quemado tu casa.


— No — respondió bajando un poco la ventanilla -, pero olvidé las llaves.


— Si lo llego a saber te dejo que saltes.


— No refunfuñes tanto, sólo necesito el sofá.


— No fumes en mi casa.


— Vale — alzó las manos de forma inocente.


— Y ni se te ocurra entrar a mi cuarto — salió del aparcamiento y empezó a conducir hacia el centro de la ciudad —. ¿Entendido?


— ¿Guardas un cadáver? ¿Le has robado droga a Charles?


El chico tan sólo respondió enseñándole su alargado dedo corazón de la mano derecha. Wicca asintió y se puso las gafas de sol. Sí, sin duda estaba muerta por dentro, pero al menos tenía con qué entretenerse hasta que o bien reviviese o bien terminase lo que hoy había empezado.

2 de Noviembre de 2018 a las 20:14 2 Reporte Insertar 3
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Gin Les Gin Les
Hola¡ excelente capítulo, tienes muy buena ortografía. solo te aconsejo que cambies los guiones cortos por la raya de diálogo y quedaría perfecto. Saludos.
5 de Noviembre de 2018 a las 20:34

~

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