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baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Los demonios son reales, aparecen en forma de depresión, soledad, pensamientos suicidas, violencia injustificada... Ellos están ahí, en nosotros, a veces, somos esos demonios...


Horror Todo público.

#terror #halloween #asesinato #thriller-psicológico
Cuento corto
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El demonio sonriente

    Siempre he creído que los demonios distan mucho de la imagen que viene a nuestras cabezas cuando pensamos en ellos. Se presentan de muchas maneras, ansiedad, soledad, depresión, pensamientos suicidas, violencia injustificada, relaciones tóxicas... Ellos están ahí, esperando devorarnos. Al menos eso creía. 


Jueves 25 de octubre.

La mancha de sangre se extendía desde el borde cama hasta el corredor y de ahí hacia la estancia. Sangre roja y fresca que salía a borbotones de mi cuello cercenado. Aun con ambas manos no era capaz de detener la hemorragia. Delante de mí un sonriente hombre desconocido observaba con atención. Desperté a eso de las dos de la madrugada.


—Camila, no te ves nada bien... 

—Gracias por el cumplido, es justo lo que nos gusta escuchar  las chicas por las mañanas...

—Lo siento, pero es verdad, ¿no dormiste como se debe?

—No, me quedé hasta tarde revisando unos textos y después tuve una pesadilla...

—¡Oh! ¿Qué soñaste? Me encantan los sueños, ¿sabes?

—Si... Ya me lo habías dicho... Pero no tengo deseos de recordarlo mientras como un emparedado de mermelada de fresa, así que te lo contaré luego, ¿ok?

—Vale. Bueno, debo irme, iremos a pescar al río Cierra, ¿por qué no vienes con nosotros? 

—¿Pescar? Nop, pero gracias por la invitación.

—¡Tú te lo pierdes! Aunque debo decirlo, no has salido del hostal desde que llegaste, ve a tomar aire.

—Lo haré, lo haré... Ve, diviértete.

Fernando, era unos cuatro años menor que mí y bastante apuesto, aunque era casi un niño. Había venido a pasar una semana junto a su padre y madrastra. No es que deteste la pesca, pero realmente no deseaba salir. No estaba de buen humor después de aquella pesadilla. 

El hostal era viejo, muy viejo. Todo en él crujía de manera extraña y estaba adornado de manera anticuada. Había sido construido por los abuelos de los abuelos del actual propietario, no era un lujo, pero era lo que mi salario como editora podía costear. Mi habitación estaba en el segundo piso, al fondo. Desde las espaciosas ventanas podía contemplar buena parte del río y las montañas nevadas. Mi plan era sencillo: Darme una ducha, beber una píldora de citalopram con un vaso de whisky y dormir lo que quedaba del día. 

El agua fría empezó a caer sobre mi cuerpo desnudo. En cierto punto me detuve a observar mis cicatrices. Tenía muchas, la más grande estaba en mi costado derecho, de casi veinte centímetro. No me gustaba verme de esa manera, sin embargo ese era mi cuerpo. Tomé la toalla para secar mi cabello y decidí sacar mi medicamento del mueble que estaba justo a mi cama. Al levantar la cabeza, frente a un gran espejo, ahí estaba, como en el sueño: un enorme corte justo en mi garganta y una larga mancha de sangre desde mi cuello hasta el suelo bajo mis pies. Antes de poder gritar, entre un parpadeo y otro, el corte, la sangre, todo había desaparecido. Caí al suelo de inmediato. El citalopram en esa ocasión se fue con dos vasos de whisky.


—¿Señorita Camila, está ahí? —dijo alguien tocando la puerta.

—Si, ¿qué sucede?

—Le informo que la cena está lista si desea bajar a comer con el resto, si gusta comer sola puedo traerla aquí.

—De acuerdo, ya bajo... Creo que dormí todo el día, ¿qué hora es ya? 

—Son las siete de la noche, señorita.

—Hilda, gracias. Bajo en seguida.

En el comedor estaban todos los huéspedes este lugar. Eran siete personas incluyendo, junto al personal, hacíamos un total de doce personas. Doce personas alejadas por muchos kilómetros de pueblo más cercano. Todos conversaban de manera alegre y amena, yo también participaba, pero de forma mecánica, autómata. Nunca fui buena para relacionarme, desde antes del accidente. Un momento el sueño se apoderó de mí, justo cuando Fernando comenzaba a contarlos sobre lo que pescaron en el río. Mis ojos se cerraron, me pesaban mucho. Al abrirlos, no pude gritar siquiera. Todos en la mesa estaban muertos.

Unos tenían disparos en el cuerpo, otros tenían marcas de cortes profundos con arma blanca. Fernando estaba prácticamente decapitado. No pude ver mi estado, no sabía si yo también estaba herida. Antes de eso, Hilda me tocó el hombro y desperté.


—Señorita, se quedó dormida.

—Perdón... perdón... Creo que Fernando no es bueno contando historias —dije para ocultar mi sobresalto, todos rieron a mismo tiempo, todos estaban bien.

—¡Que cruel eres!

—Lo siento, solo estoy agotada. 

—Descuida, solo les contaba que sacamos muchas truchas y que mañana pensaba prepararlas en el campo, ¿vendrás?

—Comer lo que se pesca si me gusta, ahí estaré.

—Dijiste que trabajabas como editora, ¿no es así? —intervino Antonio, un huésped.  

—Si, a eso me dedico.

—¿Trabajas para alguien conocido?

—Edito novelas de escritores jóvenes, no todas se publican al final...

—Entiendo... Bueno, ¿me alcanzan el puré de papas?

La cena siguió como si nada. No dormí casi nada esa noche, empecé a tener pánico de quedar dormida.


Viernes 26 de octubre.


El amanecer vino acompañada de una densa neblina. Según Hilda era normal en esa época del año. Era difícil ver más allá de unos metros por delante. Mi cabeza dolía por la falta de sueño. El ambiente era abrumador. Tenía la sensación de estar atrapada en mi propia mente, en la cual no confiaba mucho en los últimos días. 

Había pensado en que los medicamentos y el alcohol me estaba haciendo mal. Ya llevaba varias horas sin beber y planeaba continuar así hasta regresar a casa. Todos estaban desayunando cuando llegué al comedor, pero esta vez había un invitado extra.


—Camila, te estábamos esperando, este caballero se hospedara con nosotros desde hoy hasta el lunes, se llama Marcos Santana.
   —Mucho gusto, soy Marcos...

Era el hombre sonriente con el que había soñado la vez pasada quien ahora me ofrecía su mano.


—Mucho gusto, soy Camila, un placer...
   —Comamos y conversemos —interrumpió Fernando.
   —Claro, comamos, muero de hambre —dije con la voz un poco entre cortada.
   —Yo comí de camino, así que iré a dormir un poco —explicó Marcos, quien partió hacia su habitación, se le había asignado la que estaba al lado opuesto de la mía.

El dolor de cabeza no hizo más que empeorar, llevaba ya unas once horas sin dormir. Después de desayunar subí a darme un baño. No podía dejar de pesar en el hombre que había llegado esa mañana, era él, el extraño sonriente con el que había soñado antes, sin duda. Me metí de lleno a la tina, deseaba descansar y planeaba estar más activa ese día. La oferta de Fernando de ir a comer afuera me parecía interesante. Al salir del baño decidí recostarme en la cama, antes de darme cuenta quedé dormida.


—¡Aghhh! ¡Aghhh! ¿Qué pasó? ¡Joaquín! ¡Joaquín! 


Estaba colgando de cabeza, el coche donde viajaba con mi novio se había volcado. Yo tenía múltiples heridas y contusiones, las más graves en mi costado derecho. Después de recuperar un poco la conciencia, observé a Joaquín a mi lado, sin vida. Estaba reviviendo el accidente de nuevo, en carne viva. Hilda me despertó al cabo de unos segundos. 


—Señorita Camila, por favor despierte.

—¡Hilda! Lo siento, estaba soñando algo horrible —dije exaltada. 

—Escúcheme, ha pasado algo, necesitamos que baje de inmediato.

—¿Qué sucedió? —Me dolía la cabeza demasiado, estaba desorientada— ¿Qué hora es?

—Son casi las cinco de la tarde.

—¿Las cinco? Carajo, dormí todo el día... 

—La acompañaré, vamos.


La neblina había sido reemplazada por una copiosa tormenta. Los arboles se sacudían de un lado a otro. Al bajar estaban todos reunidos en la sala. El padre de Fernando lloraba.


—¿Qué fue lo que sucedió?

—Camila, toma asiento —dijo Antonio—, verás... Durante los preparativos del almuerzo de hoy, Fernando se separó para conseguir leña y pues...

—Fernando... ¿Donde está? ¿Le ocurrió algo?


El padre de Fernando se levantó y regresó a su habitación.


—No sabemos lo que sucedió, pero fue atacado por algún animal. Suponemos que fue un animal, lo encontramos apenas hace unas horas, estaba en muy mal estado y murió antes de llegar al hostal. 


No supe que decir. Entre en estado de pánico. Recordé de nuevo el accidente con Joaquín, tardaron casi tres días en encontrarnos. Justo como acababa de soñar.


—¿Donde está? Quiero verlo...

—No creo que sea buen idea...

—Necesito verlo...


Antonio me guió hasta una de las habitaciones que servían de bodega, habían arreglado una mesa donde colocar el cuerpo. Estaba cubierto por una sabana blanca. Antonio descubrió el cuerpo del joven al quien le tenía cierto cariño y me dejó sola con él. Estaba lleno se cortes en todo su cuerpo. En su rostro y en su cuello. Parecía que había sido atacado por una bestia. Deseaba decir unas palabras, decirle por ejemplo que si era apática con él era porque me parecía lindo y temo a las relaciones amorosas, pero no pude. Cuando intente cubrirlo nuevamente, la mano de Fernando me detuvo. Sus ojos, ahora amarillos, se clavaron en los míos.  


—Los demonios son reales... —susurró.


Caí de espaldas, el cuerpo estaba cubierto por la sabana. Antonio me encontró llorando en el suelo. 


—No podemos hacer nada en estas condiciones, la tormenta es demasiado fuerte y peligroso salir así. Nos quedaremos aquí y al amanecer, si ha dejado de llover, iremos al pueblo —explicaba Martín, el encargado del hostal.

—¿Llamaron a la policía o a emergencias? —pregunté.

—Si, pero cuando partían hacía aquí ya había comenzado la tormenta y es imposible cruzar ese puente con el río desbordado.

—Estamos atrapados aquí...

—Por desgracias... Oh, señor Marcos...

—Hilda me acaba de contar lo ocurrido, es una lástima... 

—Marcos... —solo decir su nombre me causaba escalofríos. 

—Estuve dormido casi todo el día... es lamentable lo que sucedió.

—Creo que lo mejor es que cada quien vaya a su habitación a descansar, si desean comer Hilda les subirá la cena a cada uno.


Sábado 27 de octubre.


Al despertar, mi cuerpo estaba paralizado. No podía mover un solo musculo, acostada de lado veía hacia la pared sin poder hacer nada. No era la primera vez que sufría de parálisis de sueño, pero esta vez era diferente. Mientras intentaba levantarme, un rostro apareció al borde de mi cama. Deseaba gritar con todas mis fuerzas pero era imposible. El rostro era negro y tenía la piel lacerada, sus ojos eran amarillos y su boca estaba llena de unos filosos dientes podridos. No dijo nada, solo me miró sonriente. Cerré los ojos con todas mis fuerzas y al abrilos ya era de día.


Antonio me contó que no dejó de llover en toda la noche, de hecho, al amanecer llovía con más intensidad y continuo así todo el día. Según Martín el puente, de la única carretera que llegaba hasta aquí había caído durante la noche. Estábamos oficialmente incomunicados, al menos por tierra. Desde mi ventana el río Cierra parecía furioso. Otra vez tuve una mala noche. Las pesadillas, las alucinaciones diurnas. Todo me estaba sacando de mis cabales. Ahora que en cuerpo que Fernando yacía inerte abajo, mis deseos de salir de mi habitación eran cada vez menos.

Mi cabeza no dejaba de darle vueltas al asunto, dudaba de mi cordura. Al bajar a desayunar era notable el deterioro en el ánimo de todos, Pedro, el padre de Fernando ni su esposa bajaron, no habían salido de su habitación desde la noche anterior. La lluvia seguía incansable. Hasta a eso de las cuatro de la tarde, cuando la lluvia volvió a ser solo neblina, una espesa neblina. No era posible ver más allá de unos metros hacia adelante. 


—Parece que ya no lloverá... Pero el frío es horrible... 

—Antonio... Así parece...

—Fernando te gustaba, ¿no?

—¡¿De qué estás hablando?!

—¿Acaso me equivoco?

—Vaya que eres molesto... Me parecía lindo... Quizás de haberlo conocido mejor... Debí de darle una oportunidad, parecía esforzarse por agradarme. 

—Descuida, él pensaba en ti como algo inalcanzable. Pero me alegra que al menos tuvieras una imagen positiva de él, a pesar de haberlo conocido hace tres días, lo llegué a considerar un amigo...


Al regresar a mi habitación temía quedar dormida y volver a soñar. Pero el cuerpo ya no resistiría mucho de esa manera, a pesar de mi cansancio no pude llegar a la cama. Las luces se apagaron el todo el hostal. Salí a ver lo que ocurría, sin embargo la neblina había invadido todo el interior, el corredor y las habitaciones. Todo. Un grito me alertó, era en la habitación de los padres de Fernando. Al llegar, fui recibida con una imagen espantosa: Ambos huéspedes estaban en un charco de sangre. Otro grito, esta vez abajo, «esa es Hilda», pensé.

Corrí hacia la cocina y encontré a Hilda con un cuchillo clavado en el pecho. Estaba muerta. Lo primero que pensé fue en Marcos. No confiaba en él. Sospechaba que era una especie de asesino y que mis sueños me alertaban sobre esto. Solo me quedaba escapar, busqué a Antonio pero no estaba en su habitación. Una sombra alertó mis sentidos, se dirigía al ala este, donde estaban los demás huéspedes. Al llegar era demasiado tarde. Todos estaban muertos. No podía creer lo que estaba frente a mí. Intentaba encontrar signos de vida en alguno de los cuerpos amontonados pero lo único que encontré fue el cadáver de Marcos entre las victimas... 


—¿Marcos? No entiendo, si no es él...


Regresé a la estancia principal, donde estaba Antonio, arrastrándose, lleno de sangre. Tenía un corte espantoso en la espalda, pero antes de poder atenderlo dejó de moverse. En el hostal había un total de doce personas muertas. «Alguien ingresó a la casa sin que nos diéramos cuenta», sospeché. Sin embargo, en ese momento la niebla desapareció. En la estancia donde estaba había un espejo, el cual no había visto debido al clima. Era un espejo grande, amplio y en él me reflejaba a la perfección. Estaba ahí parada con un cuchillo ensangrentado en mi mano. Al verme de frente, aquel rostro negro que vi en sueños apareció atrás de mí. Susurro palabras que no entendía, más al final dijo algo que entendí claramente...


—Los demonios existen, tú eres uno de ellos... 


Fue entonces cuando recordé. Yo provoqué el accidente de hace dos años, donde murió Joaquin. Yo convencí a mi jefa para que me dejara venir a este hostal. Fui yo también quien atrajo a Fernando hacia un área aparada del bosque para asesinarlo. Y yo había matado a los demás huéspedes. El demonio frente al espejo y el rostro negro a mi espalda sonrieron al unísono. 

25 de Octubre de 2018 a las 21:30 14 Reporte Insertar 15
Fin

Conoce al autor

Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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Marcela Valderrama Marcela Valderrama
¡Diooos! Que buen final, me encanta la forma que tienes de narrar, de sorprendernos de esa manera. ¡Te felicito!
29 de Enero de 2019 a las 16:59
J. Montilla J. Montilla
Es un gusto descubrir que mis sospechas no eran infundadas, que entre las pastillas y el whisky ingerido se ocultaba el demonio que tanto atormentada a la protagonista; que los demonios, los peores, siempre están dentro de cada uno. A partir de ahora me mantendré alejado de los hostales xD ¡Excelente relato!
20 de Enero de 2019 a las 18:45
Pati Gutierrez Pati Gutierrez
Muy buena historia. Me gustaría aprovechar para invitarlos a visitar un nuevo proyecto donde los usuarios podrán consultar la correcta escritura de las palabras, así como las dudas más frecuentes en español: www.describelo.com. Poco a poco iremos agregando más contenidos. Saludos.
16 de Enero de 2019 a las 11:20
Aracelis M Pulido A Aracelis M Pulido A
Jejeje excelente final. Me encantan esas historias. Por un momento pensé que el acecino era Marcos. Felicitaciones.
26 de Noviembre de 2018 a las 11:23

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Muchas gracias por leer mi historia 26 de Noviembre de 2018 a las 19:58
Yasnaia Poliana Yasnaia Poliana
wow esto es lo que llamo un excelente final
28 de Octubre de 2018 a las 18:49
Kay Loon Kay Loon
¡Un muy buen plotwist! Y el final ni se diga, ¡son justo como los finales que me encantan, de esos que no me espero! Así que felicidades, como siempre un muy buen cuento. Por cierto, lo del inicio... "Los demonios son reales, aparecen en forma de depresión, soledad, pensamientos suicidas, violencia injustificada... Ellos están ahí, en nosotros, a veces, somos esos demonios" Es muuuuuuuy cierto; a veces tenemos tantos pensamientos que nosotros mismos nos convertimos en nuestro propio y peor enemigo, triste, pero cierto. ¡Sigue así! nos estamos leyendo, cuídate y hasta la próxima!
27 de Octubre de 2018 a las 00:44

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Pues yo siento que esos demonios, internos y personales, son los peores... A esos no hay oración que los espante, estan con nosotros 27 de Octubre de 2018 a las 01:00
Fausto Contero Fausto Contero
Otro relato alucinante, lo he disfrutado mucho, y me ha dado escalofríos el hecho de que se desarrolla entre las fechas de ayer, hoy y mañana... Simplemente, malévolo, jeje. Me impresiona la capacidad creativa que tienes. Gracias por compartir tu talento.
26 de Octubre de 2018 a las 11:50

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Malévolo es mi segundo nombre XD 27 de Octubre de 2018 a las 00:57
Katerina Az. Katerina Az.
Impactada quedé, muy bueno el cuento!!
26 de Octubre de 2018 a las 11:08

Charlize Clarke Charlize Clarke
Genial, me encantó.
25 de Octubre de 2018 a las 16:50

~