ONE NIGHT IN LAS VEGAS | #1 © Seguir historia

alem_writter Vale Soto

«Ven, cariño. Siente. Toma lo que quieras. Y obtén lo que necesitas, que esta noche no es eterna». Gaspar es un chico que ha pasado su vida bajo los deseos y mandatos de su padre, obligado a contener sus más oscuros anhelos. Un día antes de su licenciatura, en un ataque de nervios, decide huir a la ciudad más cercana, sin prever que llegaría a la ciudad de la perdición y el pecado. Gaspar, envuelto en curiosidad, se deja llevar, encontrándose con quién podría ser su mayor condena, y quién lo haría enseñar sus bajos instintos. [Queda absolutamente prohibido copiar, transmitir, adaptar o manipular de alguna forma el contenido total como parcial de la obra]. Esta obra presenta escenas sexuales y lenguaje explícito. Lees bajo tu propia responsabilidad.


Romance Erótico No para niños menores de 13.

#pasión #BajosInstintos #Gaspar #ella #erotico #erotic #Noches #Nights #night #free #Her #romance
12
4784 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los domingos
tiempo de lectura
AA Compartir

Prólogo

Varias punzadas comenzaron a taladrar mi cabeza con fuerza, despertándome del posible mejor sueño de mi vida. No quise abrir los ojos, por lo que continué esforzándome por conciliar el sueño a pesar del molesto dolor, hasta que luego de unos minutos, tras seguir sufriendo el insistente golpeteo, decidí despertar completamente.

Gruñí por lo bajo al abrir un ojo y ser encandilado por la potente luz solar que traspasaba las ventanas. El dolor se hizo más potente al abrir el otro ojo. Todo a mi alrededor daba vueltas. Afirmé con mis manos mi cabeza intentando aplacar el suplicio.

Las arcadas comenzaron, y no pude hacer más que levantarme entre temblores y correr hacía el baño. Choqué con cada mueble que se interponía en mi camino hasta llegar al lavabo. Lágrimas caían al vaciar mi estómago por las náuseas.

Salí del cuarto casi a rastras, tomando una botella de agua del pequeño refrigerador y bebiendo de esta como si mi vida dependiera de ello. Refresqué mi rostro, para comenzar a ver todo con normalidad.

Miré con atención el cuarto en el que me encontraba. Extrañado vi sus paredes blancas y el balcón que desembocaba entregando una gran vista de la ciudad. Caminé en busca de mi ropa, encontrándola regada por el piso. Rápidamente me puse la ropa interior, intentando ocultar mi desnudez.

Algo llamó mi atención. Posé mi vista en la gran cama de sábanas blancas. Debajo de estas, algo sobresalía. Abrí los ojos como platos al ver como este se removía.

— ¿Qué demonios...?

—Shh... cariño, por favor, cierra la boca —masculló una voz suave entre las mantas.

Salté por la sorpresa al ver como una chica salía a la luz sobándose la frente y mirándome con agonía. Observé como su cabello largo y azabache caía por sus hombros, cubriendo parte de la desnudez de su torso. Sus ojos me miraron, enseñándome su color almizclado con toques dorados. Sus labios eran gruesos, ahora inflamados y rosados; y una pequeña nariz respingona se asomaba en su rostro perfecto.

La miré con nerviosismo al percatarme de su desnudez, y avergonzado, me di cuenta de la mía.

—D-Disculpa y-yo...

—Tranquilo, parece como si acabaras de ver un fantasma —Una sonrisa apareció en sus labios. La desconocida se deshizo de la pocas prendas que la cubrían para tomar mi camisa y taparse con ella. De reojo pude ver como una mariposa se extendía en su hombro. El tatuaje era colorido y llamativo. Recordé vagamente como aquel dibujo se había encontrado hace solo algunos minutos en mis sueños.

Comencé a buscar en mi cabeza parte de lo que había ocurrido ayer. Me preocupé al no recordar más que mi viaje por carretera a algún lugar desconocido que me aceptara por solo una noche. Miré con horror el reloj sobre uno de los muebles.

2:40 de la tarde.

Ahogué un grito al darme cuenta de la hora.

—Mierda, mierda, mierda, mierda —corrí por la habitación en busca de mis pantalones, sin darme cuenta de la atenta mirada que descansaba sobre mí.

—Cariño, deja de dar vueltas. Tus pantalones están en el pasillo —volteé mi cabeza hacía ella, preguntándome si hablaba en serio. Sus ojos lo dijeron todo... era verdad.

— ¿Qué o-ocurrió? —Nuevamente su sonrisa cubrió su rostro con diversión. Se relamió los labios y dirigió su vista hasta mis calzoncillos de Batman—. Tú y yo...

Jalé mi cabello casi al límite de arrancarlo. La miré nervioso, sin saber bien que había hecho el día de ayer.

— ¡Oh! No me digas que no recuerdas nada —comentó la chica entre risas.

No recordaba nada de nada, y eso me estaba matando. Pensé en mi padre, y en lo decepcionado que estaría al ver que no me encontraba en casa. Pensé en la entrega de mi título, a la cual no llagaría a tiempo. Pensé en los sucesos de ayer, encontrando una gran neblina que borraba casi 20 horas de mi vida.

Noté la presencia de la chica muy cerca de mí, rozando mi pecho desnudo con sus dedos, impartiendo leves caricias que hacían temblar mi piel. Se alejó, para comenzar a contonear sus caderas hasta el pequeño refrigerador, sacando una botella de agua. Hipnotizado por el movimiento de su trasero, y expectante por verla a ella con mi camisa, apenas noté como rebuscaba en su bolso para sacar una tableta con pastillas blancas.

—Ten, son para el dolor de cabeza —Me entregó una junto a la botella en la que ella había bebido anteriormente.

—Gracias—dije en un susurro, expectante al espectáculo que ella montaba con su sola aparición— ¿Qué ocurrió anoche?

Repetí con mayor tranquilidad luego de tragar la pastilla. Ella parece encontrar su ropa interior en conjunto con sus pantalones. Se los coloca rápidamente, tapando la perfecta vista que tenía de sus piernas.

—Creo que te has metido en varios problemas, grandulón —Se acercó a mí, posando sus brazos en mi cuello.

Su aroma me envolvió... melocotones.

— ¿Hice algo malo? —pregunté inseguro por la situación. Deseaba poner mis manos en sus caderas y acercarla a mí, para poder besar esos labios, enrollar sus piernas en mis caderas y restregarme contra ella. Pero solo me permití seguir seduciéndome por la vista y su olor.

—No hiciste nada mal, para nada. Creo que has hecho todo bien —Una de sus manos bajó, alcanzando el elástico de mi bóxer.

— ¿Qué sucedió entre nosotros? —amortigüé un gruñido al sentir sus dedos adentrarse bajo la molesta tela. Estos comenzaron a jugar estirando el elástico, tentándome.

—Todo.  

9 de Octubre de 2018 a las 23:27 0 Reporte Insertar 4
Leer el siguiente capítulo Capítulo Uno

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

¿Estás disfrutando la lectura?

¡Hey! Todavía hay 5 otros capítulos en esta historia.
Para seguir leyendo, por favor regístrate o inicia sesión. ¡Gratis!

Ingresa con Facebook Ingresa con Twitter

o usa la forma tradicional de iniciar sesión