Icaro Seguir historia

Javo Valderrama Javier Valderrama

El último sobreviviente de la astronave Icaro intenta reunir el coraje necesario para hacer lo que es correcto.


Ciencia ficción No para niños menores de 13.

#gusanos #planetas #estrellas #cosmo #espacio #cienciaficcion
Cuento corto
1
4667 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

Icaro

La puerta se cierra detrás de mí, los ecos metálicos de los gruesos seguros resuenan por toda la habitación aumentando la sensación de encierro. Nunca había estado en este cuarto, pero según los planos es el lugar más seguro que hay, el más lejano a la cubierta exterior, con las paredes más espesas y espero que debido a su pequeño tamaño las criaturas no lo encuentren.

El Ícaro no es una nave muy grande en comparación a las monstruosas interestelares que hoy en día surcan la galaxia; oh no, en comparación a uno de esos titanes esta vieja pero servicial astronave sería una chihuahua, pequeña, tiritona y ridícula, a pesar de eso, nos ha sacado más de una vez de aprietos en todas nuestras misiones de exploración, por eso mismo confiamos en ella y nos hemos negado rotundamente a cambiarla, aún así creo que hoy será nuestro último día juntos. Como dicen por ahí; nada es para siempre.

Una de los motivos por lo que la compramos en primera instancia no era solo por su precio – era muy económica- si no que por dos características principales; el ahorro de energía que nos brindaba un motor de generación X-4 y una bodega con revestimiento de plomo para evitar las fugas radioactivas de residuos espaciales; Donde asumo que me encuentro ahora. Las naves no suelen tener una instalada, pero se puede hacer siempre y cuando se tenga el dinero, por suerte nosotros nos ahorramos eso pensando en lo conveniente que sería si encontramos algo radioactivo que pudiésemos vender después. Como era de esperarse, jamás la usamos hasta ahora.

Hace unas semanas llevábamos una racha de buena suerte, cada misión salió sin contratiempos y ya teníamos el dinero suficiente para comprar el equipamiento para colonizar un planeta para nosotros, por eso cuando descubrimos este planeta fue un golpe de suerte, o eso creíamos. Es el más pequeño de los cinco planetas orbitando un sol relativamente joven, sus características nos impresionaron; mayoría de agua dulce, atmósfera compatible a la humana y un reporte meteorológico que proyecta un clima global similar a una primavera agradable durante todo el año, era perfecto para colocar una colonia y asentarnos al fin, luego de años de búsqueda. Nos abrazamos cuando nos dimos cuenta que habíamos encontrado una aguja en un pajar galáctico y sin dudar nos lanzamos a colonizarlo y prepararlo para nuestras familias.

Ni siquiera logramos acercarnos a la corteza terrestre, a penas entramos a la atmósfera se nos comenzaron a pegar esos bichos voladores. Richards, nuestro biólogo; comenzó a revisar las cámaras exteriores y los identificó como gusanos con apéndices similares a las alas, en resumen, gusanos voladores. Activamos las descargas eléctricas defensivas, las que en otras ocasiones similares habían funcionado perfectamente, pero no les hizo ni cosquillas. Leroux, nuestro encargado de seguridad y Richards idearon otra estrategia, directa pero sencilla que consistía en bajar en picada aumentando el rose del aire y así librarnos de esas alimañas, pero no pudimos hacerlo, los malditos comenzaron a roer el casco y a hacer mierda el cableado y los otros componentes electrónicos. No me di cuenta cuando ya estaba perdiendo a mis amigos en las fauces de esos monstruos. Verdier; nuestro compañero más joven, tenía la cámara prendida cuando uno de los gusanos se lo tragó; por los monitores pudimos ver todo, como lo digerían con rapidez, como se deshacían sus piernas. No pude mirar más, pero oí lo que decían mis compañeros. No pude evitar formar una imagen en mi cabeza del pobre Mauritz Verdier deshaciéndose en pedazos mientras su piel, músculos y huesos se derretían por los jugos gástricos de esos bichos.

Han pasado solo dos horas y soy el último que queda. Tengo miedo, no a la muerte, entiendo que es parte de la vida y siempre he vivido en paz con su existencia, pero no quiero morir así. Me imaginaba una muerte más poética, de preferencia esas que ocurren cuando uno duerme y no te das cuenta. Prefiero incluso la muerte en un accidente violento pero rápido, no digerido por un gusano volador. Por otro lado, no es que sea un pequeño gusano volador similar a una sanguijuela, es del tamaño de un cocodrilo africano. Si estas son las cosas que están en la atmósfera más lejana a la corteza solo imaginen lo que está allá abajo; debe ser el infierno.

Debería activar el sistema de alarma, enviar un mensaje claro para que nadie más se acerque y adjuntar la bitácora para que nuestras familias sepan lo que nos ocurrió, que sepan que no vamos a volver esta vez. Algunos pensarán que nosotros nos buscamos este destino, pero mi esposa me espera en una estación espacial súper poblada, donde la pobreza es alta, el trabajo escaso e injusto; se merece algo mejor, y eso es lo que salíamos a buscar, algo mejor para ella, para nuestras familias. ¿Qué sería un hombre sin su familia?

Sé que sin mi ella se las puede arreglar sin problemas, es fuerte e independiente, la estación la forjó así. Sus padres –Mis suegros – fueron terrícolas, unos de los últimos que habitaron esa triste roca antes de la sobrepoblación y las megalópolis, era gente amable pero débil, en cambio ella no, siempre ha tenido una mirada fuerte, energía y espíritu de lucha. No podía pedir una mejor compañera de vida. Si la situación fuese inversa y ella estuviese aquí, yo no sabría qué hacer, pero ella sí, siempre sabe qué hacer.

La voy a extrañar.

Por suerte invertí muchos créditos en un plan de seguro en caso de eventos como este, por lo que el dinero no le hará falta y podrá buscar un lugar mejor para vivir. Al final, valgo más muerto que vivo. Quizás esto no sea tan malo, no todos tenemos que tener un destino elevado y pasar a la historia cambiando el sistema o aportando a la ciencia. No quiero mentir diciendo que jamás busqué eso, es una de las razones por las que me lancé a explorar el espacio en búsqueda de nuevos planetas. Quería ser como los antiguos expedicionarios y ponerle mi nombre a un mar, mi apellido a un volcán o al planeta entero; pero debo enfrentar ahora que ese no era mi capítulo final es este, una situación de mierda.

Escucho el silencio, es como el ruido blanco de la televisión antigua, cuando no había señal solo que a más bajo nivel y entre medio, uno que otro golpe metálico de esos bichos -¿Los gusanos son bichos?- gigantes rondando por los pasillos de la nave. No me quiero quedar sentado y morir de hambre, no quiero conocer lo que es la locura de este encierro. Es mi última llamada para hacer algo útil antes de enfrentarme al umbral final, pero para eso debo abandonar esta habitación perfectamente aislada y arriesgarme en los pasillos de servicio hasta la cabina de mando. Corriendo a mi mayor velocidad no debería de tener problemas, pero esos gusanos son rápidos y van a ser un problema.

Mierda. Tengo miedo. En mi mente me sonríe mi esposa y en susurros me dice que haga lo que es correcto, que sea valiente.

Respiro con profundidad como si estuviese haciendo yoga, exhalo y vuelvo a inspirar. Acerco la mano a la palanca de apertura manual y luego de una corta exhalación la empujo. La puerta se abre lenta y pesadamente. No hay sonidos que delaten a los gusanos. Saco lentamente la mitad de mi cuerpo y me detengo a escuchar. No hay nada. Salgo completamente y cerrando los ojos por una fracción de segundo me lanzo a correr por los pasillos. El ruido de sus grasosos cuerpos arrastrándose con velocidad no tarda en llegar a mis oídos. Ya están tras de mí.

El pasillo de servicio no es largo, pero su angostura dificulta que me mueva con más facilidad. Algunos tubos y salientes metálicos estorban mis pasos. Estoy solamente a unos metros de la puerta, pero escucho detrás de mí la presencia de las alimañas. No me quiero voltear a ver por lo que la adrenalina me empuja a correr más veloz. La Icaro es una nave laberíntica, con muchos pasillo que terminan en paneles sin salida o incluso en habitaciones de servicio que te hacen cambiar de nivel hacia los conductos de servicio, mantenimiento o bodegas; y gracias al cielo está funcionando a mi favor en estos momentos. Sé que están cerca, pero aun puedo perderlos y evitar que sepan que estoy en la cabina de mando.

La puerta se cierra detrás de mí con un suave quejido. Ya estoy en la cabina y frente a mí se despliega un paisaje de frondoso y basto verde que cruza de horizonte a horizonte, bajo la vista panorámica me esperan los cientos de controles, corta corrientes y pantallas informativas que utilizamos para navegar por el espacio. Se lo que tengo que hacer pero mis manos tiemblan, mis piernas no son tan firmes y mis oídos me traicionan prestando completa atención al siseo de los gusanos que buscan su última presa. No van a tardar en llegar y tengo mucho que hacer.

Me acerco a la consola del copiloto donde trabajaba Leroux, en la pantalla hay una foto de su hijo de tres años sonriendo como si toda la felicidad del mundo estuviese condensada en él. No soy de esos a los que le gustan los niños pero dada la situación se me llenan de agua los ojos. Pobre niño, tan joven y tendrá que lidiar con la muerte de su padre. Quizás la felicidad abandone ese rostro para siempre, no porque entienda la perdida – No al principio al menos – si no que verá y sentirá la angustia que habitará en su madre. Gusanos hijos de puta, no solo nos matan, destruyen vidas ajenas sin siquiera tocarlas, pero es nuestra culpa, la necesidad de querer buscar algo más, algo mejor para nuestras familias. El hambre de tener algo diferente y mejor al resto. Somos unos idiotas.

Sacudo mi cabeza en búsqueda de concentración.

El mensaje de advertencia es fácil de programar, lo complejo es adjuntar la bitácora que gracias a sus múltiples traducciones pesa el triple de lo que debería. Enseguida viene el proceso de compresión que permite que las ondas lleguen más lejos. Gracias a la tecnología, todo esto es posible dentro de un marco de mediana comodidad, no como antes, cuando los viajes estelares estaban recién comenzando. Una vez listo el mensaje de advertencia me puse de pie y me senté en el asiento del piloto. Alternat, un tipo misterioso pero de sonrisa amable. No hablaba mucho, tampoco profundizaba sobre su familia pero no importaba, ya había demostrado ser un hombre bueno mucho antes de formar este equipo. Cuando nos conocimos en la colonia espacial me ayudó a mí y a mi mujer en momentos difíciles, y juntos creamos este sueño de buscar un lugar mejor, ser colonos. Pobre, recuerdo el miedo en sus ojos cuando uno de los gusanos lo agarró.

La secuencia de auto destrucción consta de dos pasos, el primero es el que ya estoy haciendo; ingresar los tres códigos de seis dígitos en la pantalla de comandos, cuando esto esté listo las cosas se pondrán más interesantes, ya que la computadora central se pondrá a hablar como loca mientras intenta convencerte de que la auto destrucción no es la mejor idea. Quizás suene idiota, pero la verdad es que la idea es usar esto como último recurso, y por supuesto, no llevar a toda una tripulación a una muerte segura sin que todos estén de acuerdo, para ello el conteo regresivo toma cinco minutos. Como no hay nadie más que yo, las alarmas, la voz de la computadora y los circuitos internos friéndose lentamente deberían atraer la atención de los invasores hacia mí, pero para cuando lleguen ya estaré listo.

El segundo y último paso es el más lento. La computadora central de Icaro deja los circuitos vitales funcionando, mientras que los demás son destruidos. Si la gravedad fuese más fuerte, la nave caería en picada hacia tierra firme, pero como aún estamos en una capa de la atmósfera demasiado alejada el descenso el lento. Tengo tiempo de sobra para poner las llaves a la bomba – Si, la bomba está en la mismísima cabina de mando, justo bajo mis pies- y lo que debo hacer es usar las llaves para abrir el compartimento y activarla colocando nuevamente los códigos que ya puse anteriormente. Durante esta fase la puerta de la cabina se mantendrá desbloqueada, lo que me dejará a merced de visitas no deseadas.

Nuevamente siento la piel de gallina. La sola idea de los gusanos cerca de mí me hace temblar.

Ya he insertado la segunda llave del panel asegurador cuando veo que la puerta se abre lentamente. Ya están acá y es demasiado pronto. Me apresuro a sacar el panel mientras veo que una de esas infames bestias ingresa lentamente. Según creo son ciegas o al menos no tienen los ojos donde los deberían tener, sus cuerpos son lustrosos y este en particular tiene un color pálido nauseabundo. Al ingresar no logra ubicarme y se arrastra alrededor con lentitud. Sabe que hay alguien, pero no sabe dónde por lo que su táctica es rastrear en sigilo. Sí, deben ser ciegas.

Presiono las teclas lentamente y gracias a las alarmas y voz de la computadora el ruido se amortiza en su mayoría. Lo he logrado, la cuenta regresiva se activa. Pienso en mi amada, en las familias de mis compañeros y en este momento en el que por fin logro hacer algo. No soy de piedra, mientras espero los últimos cinco segundos siento la orina recorrer mi entrepierna. Espero el último segundo para darme el gusto de sentirme como un héroe de acción.

-Nos vemos en el infierno, gusano de mierda- Abre su ventosa boca y embiste, pero el calor ya nos separa y ya no puedo ver nada más que una luz al final el túnel. Nos vemos en la otra vida mi amor.

Fin

3 de Octubre de 2018 a las 02:31 5 Reporte Insertar 3
Fin

Conoce al autor

Javier Valderrama Estudie cine en chile, me desempeñé como guionista donde reafirmé mi pasión por escribir.

Comenta algo

Publica!
Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Atrapante , muy buena 👍
3 de Mayo de 2019 a las 18:41
Karen Straight Karen Straight
Me sumergi en la historia, es muy atrapante. Saludos!!
2 de Enero de 2019 a las 13:54
cV conrado Valderrama
Excelente
11 de Noviembre de 2018 a las 12:22
Mauricio Orta Mauricio Orta
Muy buen relato. La narración te sumerge en la historia y su mundo desde el primer momento y te conecta con el protagonista, haciéndote sentir el suspenso, latente hasta el final. Hay algunos detalles menores que se pueden corregir fácilmente (como ciertos signos de puntuación y errores con algunas palabras), pero es un texto de calidad en general. Me pasaré a leer tus demás obras.
20 de Octubre de 2018 a las 18:06

  • Javier Valderrama Javier Valderrama
    Muchas gracias! Espero que los demás cuentos te gusten también. No dudes en dejarme tus comentarios, ya sean positivos o negativos, todo sirve para mejorar. Revisaré el texto a penas pueda. 22 de Octubre de 2018 a las 14:47
~