Lo bonito y lo real Seguir historia

juan-criollo1525153912 Juan Criollo

Una historia en la que se relata la valiosa habilidad de reconocer algo bonito, de lo real.


Cuento Todo público.

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Lo bonito y lo real

“Llegué a pensar que si pudiera decir a cada ser humano de este planeta una palabra bonita, el mundo sería un lugar mejor. Después comprendí, que el mundo seguiría exactamente igual.”

Sara y Maileé, madre e hija respectivamente, se acomodaban en el piso de la sala de su hogar, en aquellas tarde en donde el sol tentaba en ocultarse para dar paso a una tranquila noche. Sara había enviudado hace un par de meses, pero había podido subsistir junto a su hija gracias a la pensión que recibía por parte del seguro, cubriendo los gastos monetarios que Carlos, su esposo, cubría en tiempos pasados. Ojalá y también hubiesen cubierto el vacío sentimental que ambas tenían por la pérdida de aquel hombre.

Maileé tenía doce años cuando sufrió la pérdida de su padre, y aún no se descartaba la posibilidad de que siguiera sufriendo, al menos así lo creía su madre. Diariamente le mostraba el amor y apoyo que toda persona, dolida y afectada por una pérdida de tal magnitud, necesita en su vida, y ayudaba mucho más que fuera ella quien la ayudaba, pues el vínculo y confianza entre madre e hija crecería.

Aquellas tardes en que ambas se sentaban en el suelo de la sala, pese a tener sillones para sentarse cómodamente, fortalecería un vínculo con el que Maileé nació desde el momento en que Sara la cargó por primera vez, en aquella sala de partos. Lo que motivaba a Sara cada tarde para hablar con su hija, era un temor, uno tan grande que la invadía a tal punto de imaginarse cosas en las noches sin poder conciliar el sueño durante grandes ratos. El temor de “perder a su hija”. Sara ya había perdido a su marido, y eso le había dolido lo suficiente como para soportar otra pérdida, pero, ¿En que ayudarían unas charlas por las tardes a que su hija se mantenga con vida?, Sara entendía que no era ella quien decidía quien tendría que vivir o morir en este mundo, pero si sabía que podría ser de guía para que Maileé encontrará siempre un cariño y atención necesarios en su hogar, y no en otro lugar. De ahí su temor, uno en que Maileé necesite un amor que su padre muerto ya no le puede dar, e intente buscarlo o saciarlo en perversas personas , camufladas por algo bonito, que solo le harían más daño de lo que ella ya ha sufrido.

“La orientación y guía de Sara provocarían que su hija encuentre un amor de padre y madre en su hogar, Maileé continuaría con su vida, pasaría por la adolescencia hasta llegar a la adultez, siempre recordando aquel compromiso que su madre tuvo con ella”, al menos así lo imaginaba Sara, y le tranquilizaba pensar eso. Pero para que aquel ideal se vuelva una realidad, necesitaría tiempo, amor y tener la habilidad necesaria para enseñar a Maileé las cosas precisas que le ayudarían a madurar y desarrollarse como una persona a la que todo padre, o toda madre, aspiran. El punto más complejo de cumplir era ese de “enseñar”, pues no bastaba comprender y entender la vida, es esencial saber interpretar correctamente dichos pensamientos y experiencias hacia los menores, aquellos que heredarán esta tierra y serán nuestro legado.

Las palabras de madre hacia hija, estaban llenas de un realismo en el que Maileé apenas y podía comprender que la ilusión y fantasía no eran más que un simple invento que los niños tienen a diario con la intención de llenar esos vacíos que les deja la vida, pero Maileé ahora entendía esos vacíos, sabía de qué se trataba la muerte, de donde venían los bebés y como se los concebía, las etapas de un romance y los halagos más comunes que los hombres usarían con ella en años posteriores. Su madre le había contado cosas que ni siquiera en su imaginación de niña hubiese podido crearlas, fue ahí donde descubrió ese lado realista que la cautivaría, en donde es bueno tener tus fantasías, pero sin duda alguna, la realidad superará aquella ficción.

Maileé había escuchado cosas buenas y cosas malas de lo que es el mundo y las personas que habitan en él, pero aún conservaba aquella inocencia de una niña, aquella con la que siempre le decía a Sara: ¿Todo eso es cierto Mami?, mientras su madre, hechizada por la dulzura y ternura en la pregunta de su hija, solo se le ocurría asentar la cabeza en un gesto de afirmación mientras mantenía un rostro que expresaba calma y serenidad. En ocasiones, Sara se daba cuenta lo tristes y duras que podían llegar a ser sus palabras como para una niña de doce años, pero sabía que si no advertía o avisaba a Maileé sobre los debidos peligros o consecuencias, que los actos de las personas generan a diario, su hija aprendería “por las malas”, y Sara no quería que ella aprendiera por las malas, no se imaginaba que aquella niñita de piel blanca, que había heredado los ojos claros, color café de su padre, y un cabello rizado, color negro de su madre, derramara lágrimas de dolor por algo que su madre pudo haberle prevenido o enseñado.

Las charlas continuarían por varios años, Maileé había cumplido quince y estaba en una etapa en donde necesitaba respuestas a preguntas que ella se hacía a diario, en donde ya no necesitaba comprender cómo funcionaban las cosas, si no entender por qué era así y por qué no de otra manera, así que después de que Maileé llegara del colegio, almorzara y terminara sus tareas, se sentaba en aquel piso junto a su madre, a lo que esta le decía: “es hora de filosofar” terminando con una sonrisa dirigida hacia su hija.

En una ocasión, Maileé le preguntó a Sara sobre el romance inicial que tuvieron sus padres, específicamente le había dicho:

-Cuando conociste a Papá, ¿él te decía palabras bonitas para que le quisieras?-

Sara no pudo evitar soltar una risa repentina a lo que su hija le había dicho, pero fue breve con aquella expresión, pues no quería perder la seriedad del asunto y que su hija le perdiera la confianza en este tipo de temas. Ni siquiera le pregunto a Maileé el por qué había hecho esta pregunta, simplemente suspiró, fijó su mirada al cielo, como si estuviera Carlos mirándola desde ahí arriba sonriendo como ella lo hizo al inicio. Finalmente le respondió.

-Conocí a tu padre en la Universidad, teníamos una clase juntos, recuerdo que era un chico muy callado a excepción de cuando le tocaba exponer. Sus palabras eran tan precisas que dejaban satisfechos a quién lo escuchara, tanto los profesores, así como los estudiantes se quedaban admirados con la manera en la que tu padre podía resumir y explicar las cosas, fue ahí donde me interesé por él. Tu padre no tuvo que decirme ni un solo halago para enamorarme, yo solamente tuve que conocerlo.-

Maileé sonreía ante la respuesta que le había dado su madre, se había imaginado que el romance entre sus padres era muy bonito, pero cuando escuchaba a mamá hablar sobre aquellos recuerdos, sonreía aún más y se daba cuenta que fue mucho mejor de lo que se imaginaba. Nuevamente se fascinó con el realismo, aquella forma de ver las cosas tal y como son. Sin que el gusto por lo que su madre le había dicho se le fuera, nuevamente preguntó:

-Cuando papá ya era tu novio, ¿Él te decía cosas bonitas y románticas? Como esas que se ven en las telenovelas o películas-

-Sin duda alguna, tu padre era muy romántico, y con satisfacción te digo que ambos nos demostramos nuestro amor tanto en palabras como en acciones. Lo destacable de él, respondiendo a tu pregunta, era que siempre me decía la verdad, y eso incluía a los halagos. Constantemente, pero a tal punto que no se volviera monótono ni rutina, tu padre me decía lo bonita, inteligente y carismática que suelo ser. Las primeras veces en las que me lo decía, yo no los aceptaba, pues una persona debe ser muy modesta y sencilla, pero tu padre siempre me convencía y persuadía. Me decía que no las aceptara como un cumplido, que tomara esas palabras como la verdad, y su justificativo para ello fue que el amor que sentía por mí, venía acompañado de sinceridad, y por tal razón, no estaría dispuesto a que yo negara la inevitable verdad sobre mi misma, esto me hacía reír y también me hacía muy feliz. Eso era lo que yo necesitaba escuchar.-

Y tras este último relato, madre e hija se quedaron sonriéndose, recordando tan bella anécdota. Sara se quedó en silencio esperando a que su hija respondiera, con la firme esperanza de que finalmente le dijera la razón por la que empezó esta charla. Efectivamente, Maileé se acercó un poco más hacia su madre con la intención de que ella entendiera lo que su hija había experimentado aquella mañana en clase.

Resulta que aquella mañana de martes, durante el trayecto en que Maileé se dirigía hacia el colegio, vio como dos jóvenes, hombre y mujer, cuyas edades rodeaban los veinte años se encontraban junto a ella esperando el autobús, hasta ese momento no ocurría nada novedoso como para que fuera destacable en aquel día, pero en unos segundos se fijó como aquel chico le comenzó a decir palabras bonitas a la chica, halagos, elogios, sin siquiera saber el nombre de la misma, pero aun así podía notar como ella sonreía ante tales palabras. Aquel diálogo “tan romántico” duró apenas cinco minutos, tiempo en que el autobús finalmente hizo su llegada, los tres se subieron, ellos dos conversando y sonriendo entre sí, mientras Maileé se encontraba de observadora. Apenas y el bus había arrancado y el chico le robó un beso a aquella mujer, entonces Maileé, expectante ante una cachetada por parte de la señorita hacia aquel joven abusivo, se llevó una segunda sorpresa cuando esta le devolvió el beso, esta vez, sería uno mucho más largo, y claro, no pudieron faltar unas cuantas caricias, él pasaba sus manos por alrededor de su torso, como si estuviera moldeando algo, mientras que ella cubría sus dedos con el cabello de aquel chico, sus yemas se deslizaba de un lado a otro por la cabeza de aquel sujeto. Maileé había tenido que ser observadora de dicho acontecimiento por veinte minutos, tiempo estimado en el que el autobús finalmente arribó a su colegio. Entonces, cuando ella bajaba, miró por encima del hombre solo para ver como aquella nueva pareja permanecía agarrada de las manos, y con un sentido auditivo excelente, alcanzó a escuchar un “mi amor” por parte de la chica. Aquel suceso la había dejado pensativa durante toda la mañana, contempló como dos personas, desconocidas, con un par de palabras bonitas alcanzaron la felicidad que la que tanto se habla, y el amor que muchos buscan.

Cuando Sara terminó de escuchar lo que su hija le había comentado, supo en su interior que este era aquel momento preciso en donde debía actuar y brindar una correcta lección para que su hija entendiera y actuará de la mejor manera a futuro. Su respuesta debía orientar a Maileé, pero por encima de todo, debía de ser la verdad, tal y como hubiese querido Carlos.

-Maileé, no todas las historias de amor son como las de tu papá y yo, algunas son un poco más extrañas y otra un tanto más apasionadas. Lo que has visto hoy, sin duda alguna, no fue amor. Simplemente, fuiste conocedora de aquellos romances repentinos que tienen la mayoría de jóvenes hoy en día, esos que nacen de la pasión y la curiosidad, más no de lo que es el amor. Te he hablado mucho del amor, y sabrás que tiene muchas formas de representarse, pero ciertamente, esta no es una de ellas. Imagino tu confusión al presenciar lo que esos chicos hicieron en frente de ti, debiste pensar que estabas en una novela o película romántica de esas que pasan por la tele, pero recuerda que eso mismo que ves es solo una actuación, y así mismo, lo que viste hoy día en el autobús fue simplemente eso, una actuación, algo que parecería ser tan bonito como lo es el amor, pero créeme, la realidad te impactará mucho más, porque el amor es mucho más bonito.-

-Pero mamá, ¡ellos se veían tan felices!, mi sorpresa es como unas palabras bonitas pudieron causar tal impacto. Me puse a pensar la posibilidad de acabar con el mal que existe en este mundo solo a través de las palabras bonitas. Tal vez, si pudiera decirle una palabra bonita a cada persona en este planeta, el mundo sería un lugar mejor. ¿Qué piensas?-

-Las palabras bonitas solo sirven para embellecer, si tú quieres mejorar este mundo, no necesitas embellecerlo, necesitas que este mundo esté bien, al estar bien, por sí solo embellecerá, pero para que este bien, el mundo no necesita que tú digas palabras bonitas, necesita que digas y actúes con la verdad, que tus acciones representen algo significativo para el mismo. Si mis palabras han llegado a ser un poco confusas para ti, te pondré un ejemplo. Desde que tu padre murió, solo me quedaste tú, pude haber tenido esta casa y una mensualidad del seguro, pero lo que realmente tenía eras tú, Maileé, tú eres mi mundo, lo eres todo para mí. Cuando ambas sufrimos la pérdida de tu padre, yo cuidé de ti, te dije la verdad y siempre me preocupé porque crecieras con el apoyo y amor necesario. Durante este tiempo no te dije palabras bonitas, te dije la verdad de cómo funciona el mundo y cómo son las personas, todo eso lo traté con sinceridad, con lo bueno y lo malo, y aun así en cada conversación que tuvimos en esta sala la pasamos muy bien, sonreímos y fuimos muy felices. Mis palabras bonitas no te hicieron feliz, lo que vivimos y experimentamos cada día en esta sala lo fue, y cuando yo muera estoy muy segura que mis palabras seguirán en ti, para hacerte feliz en cada uno de tus días, sin necesidad de que esperes una palabra bonita mía o de alguien más, tu felicidad no depende de eso… Comprendes Maileé, la vida no se trata de ver lo bonito, se trata de ver lo real y lo que hay en ella, pues ahí descubrirás algo mucho más bonito de lo que tú te imaginas.-

Su hija entendió aquellas palabras, nuevamente, el realismo había sido mencionado, y eso le había bastado a Maileé, o al menos, le había dejado más tranquila.

A la mañana siguiente cuando Maileé se encontraba en la parada del autobús, nuevamente se encontró con los dos jóvenes, pero esta vez ninguno de los dos se tocaba ni hablaba con el mismo afecto que ayer en la mañana. “Al parecer estaban enojados o disgustados por algo, preferían ignorarse el uno al otro, o al menos, hasta que uno de los dos dijera una palabra bonita” pensaba Maileé.

El futuro con el que Sara se había imaginado una vez, se convertiría en realidad, aunque ya no existan tardes en que madre e hija puedan conversar en aquella sala, Maileé ya comprendería cada una de sus acciones, y meditaría lo suficiente para no equivocarse en cada una de las mismas, para no sufrir las consecuencias o peligros de los que su madre ya le había advertido, y principalmente a reconocer lo bonito de lo real.

Diariamente puedes encontrarte con cosas y personas que crees que son bonitas, pero a medida que las conoces y les prestas suficiente atención te darás cuenta que en realidad no lo son, por eso mismo, porque en realidad existen personas y cosas mucho más bonitas que te sorprenderán y cautivarán cuando las conozcas, pero hay que ser paciente y tener suerte, porque no en cualquier lado se encuentra algo verdaderamente bonito, a veces puede hallarse en lugares simples, como en el piso de una sala. 

22 de Septiembre de 2018 a las 01:59 0 Reporte Insertar 1
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