El cliente triste Seguir historia

benponce Ben Ponce

Rubí, vive del sórdido oficio de regalar placer a cambio de dinero, ¿qué sucederá el día en que un cliente acuda a ella buscando algo más que caricias?


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#tristeza #sexo #engaño #prostituta #consuelo
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El cliente triste

Asomé la cabeza por la puerta entreabierta del cuartucho que usamos para cambiarnos de ropa y lo vi, era justo del tipo de hombre que jamás esperaría ver en una casa de citas. De aspecto serio, refinado, ordenado, aseado y elegante, no puedo decir que fuera apuesto, pero, en definitiva, destacaba de entre los perdedores que suelen visitarnos. Llamó nuestra atención pues era aún demasiado temprano.

Según entiendo, preguntó por una de mis compañeras, Ágata quien tenía su día de descanso, por no encontrarse ella nos llamaron para presentarnos ante él. Salimos a medio arreglar, nos paramos en fila frente a él, como el viejo juego de mi niñez en el cual se le decía: “...regrese, mi caballero, y escoja las que usted quiera...” Me gustaba pensar que era así, tan sólo un juego, para no estresarme a la expectativa de ser o no elegida como la carne para el plato del cliente. No lo negaré, tuve el leve deseo de ser yo quien saciara su hambre, aunque lo dudé, Jade es un par de años más joven y mucho más bonita, su cuerpo es esbelto, creí que sería la elegida. No fue que él me atrajera, es sólo que en este oficio es una suerte toparse con alguien tan limpio.

Me sentí victoriosa y extrañamente alegre cuando se acercó a mí, me tomó de la mano y dijo—: Tú... Te escojo a ti.

Lo examiné un poco más, sus ojos eran oscuros, fijos y llenos de tristeza, contrastaba con su sonrisa infantil; su piel clara resaltaba por la negrura de su cabello y el vello de su rostro. Vestía una camisa blanca de botones, perfectamente planchada, un pantalón caqui y zapatos café. Todo parecía armonizar en él, excepto su mirada melancólica y su presencia en este lugar.

—¿Cuánto tiempo quieres? —pregunté, llegando a la habitación.

Me observó con cuidado, sonrió, luego pareció perderse en su mente por un instante después del cual respondió finalmente—: Dame una hora.

Recibí el dinero, me retiré, dejándolo solo para que se pudiera acomodar mientras yo indicaba el tiempo a ocupar la habitación, entregaba el pago y tomaba mi estuche. Cuando estuve de regreso lo encontré con la camisa abierta, descalzo, sentado a la orilla de la cama.

—¿Entonces? —dije con malicia, sonriendo.

—Entonces… —respondió, poniéndose de pie, sonriendo y mirando mi figura con descaro, con deseo, lujuria tal vez.

Acercó sus manos para tocar mis muslos a la vez que levantaba mi vestido, deslizó ese cálido toque por todo el contorno de mi cuerpo, dejándome en ropa interior. Sentí un poco de vergüenza, desearía que mi carne estuviera más firme para evitar esa sensación. Él se despojó de su camisa, dejando expuesto un torso aceptable, no era un modelo ni atleta, pero no se sentía mal tocarlo.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

—Rubí, ¿y tú?

—Juan —supuse que no era su nombre real, así como Rubí no es el mío—, ¿Cuántos años tienes, Rubí? —desabrochó su cinturón y yo me quité las pantaletas.

—Veinticuatro, ¿me veo vieja? —pregunté rogando compasión con mi mirada.

—No, para nada. —Sonrió con satisfacción.

—¿Y tú, cuantos años tienes? —Asumí que la diferencia de edad le despertaba morbo.

—Treinta y uno, tengo siete años más encima —Su sonrisa se pronunció un poco más, dejándome entrever mi acierto.

—¿Con qué quieres comenzar? —Volvió a perderse, enmudeciendo—. ¿Te gusta oral?

—Me encanta así —respondió, volviendo a sonreír.

—¿Te acuestas?

—Me gusta más de pie, siéntate a la orilla de la cama.

Seguí su instrucción, él se acercó despojándose del resto de su ropa, dejando frente a mi rostro su virilidad. Su higiene era impecable, le coloqué el preservativo precisamente para su seguridad e inicié mi labor. Pasó una de sus piernas por encima de mi hombro, quizá para sentirme más cerca, comenzó a acariciar mi cabello, cabeza y mejillas. No pude evitar elevar la mirada y entonces me di cuenta de que tenía los ojos cerrados.

Continué así, masajeando su miembro con mis labios y mi lengua hasta el punto en que me pidió detenerme, entendí que quería entrar, a señas me indicó que le diera la espalda. Me apoyé sobre mis codos y rodillas, elevando las caderas para recibirlo. Me liberó del sostén para luego acariciar mis senos, lo sentí deslizarse en mi interior. Me tocaba y se movía, tal como si estuviera con su amante, con pasión, con deseo, como si yo fuese la mujer que él más deseaba en el mundo. Cerré los ojos, me sentí complacida, entonces comenzaron sus gemidos, entró en un frenesí y paró de golpe, esforzándose para contener sus gritos, ahogándolos, convirtiéndolos en una fuerte respiración y una oleada de suspiros.

Veinte minutos, solamente había transcurrido ese tiempo, lo cual implicaba un descanso y una segunda ronda, sino es que una tercera al final. Nos aseamos, boté el condón en el basurero, nos acostamos frente a frente y comenzamos a conversar. Noté que no despegaba sus ojos de los míos.

—¿En qué piensas tanto? —indagué.

—En nada... nada en especial —contestó con su sonrisa opacada por la tristeza en sus ojos.

—¡Ah...! Ya veo... —Decidí no insistir, pregunté algo más concreto—. ¿Tienes novia?

Bajó la mirada sin cambiar su expresión, luego tensó los labios, los relajó en una expresión de vergüenza y respondió—: Algo así... es... es complicado.

—¿Complicado? Bueno, quizá no quieras hablar de ella porque estás conmigo.

—No es eso, aunque es extraño.

—Tienes cara de ser un buen hombre. ¿Qué pasa con ella?

—Digamos... es que... ella no está aquí —La tristeza humedeció y enrojeció sus ojos, a pesar de la mueca incansable que emulaba su boca.

Nos quedamos en silencio por largo rato, casi podía sentir como su mirada dibujaba el contorno de mis ojos, los contemplaba cuidadosamente hasta que no pude más con aquello—: ¿Por qué me miras así?

—Por nada —Se mostró apenado.

—No, dime, ¿por qué me miras tanto? Por algo debe ser.

—Es inapropiado que te lo diga —Insistí con mi expresión inquisidora—. ¡Está bien! Lo que pasa es que... tus ojos se parecen a los de ella.

—¿Cómo? —Me pareció absurdo y de mal gusto.

—Son así, grandes, claros, almendrados... 

—¿Y cómo es ella? —Fui curiosa.

—Ella es un poco alta.

—¿Como tú?

—Un poco menos, como a la altura de mi boca. Tiene el cabello corto, hasta los hombros, castaño, liso. Es bastante blanca... —Parecía estar describiéndome.

—¿Y tiene lunares? —indagué con morbo, dejando a la vista el que tengo en la mejilla.

—Sí, los tiene. De hecho, tiene un par en el pecho, pero en la cara no.

—¿En la cara son feos? —pregunté sintiéndome rechazada.

—No, no lo son. Es sólo que ella no tiene lunares en la cara —volvimos a enmudecer, él se perdió en sus pensamientos, sus recuerdos quizá. No estaba segura si debía o no creer su historia, parecía estar coqueteándome, jugando conmigo, fingiendo atracción real por mí.

—¿La extrañas?

—Mucho... —respondió sin reparos, en medio de un suspiro. Calló por un momento, luego agregó—: Ya quiero seguir.

—De acuerdo —acepté.

Comencé a estimular su miembro con mi mano derecha para que lograra la dureza necesaria, lo revestí con un nuevo preservativo para después usar mi boca y así encenderlo lo suficiente. Él gemía mucho, no obstante, intentaba contenerse, una vez que se sintió listo, me indicó que me acostara, se colocó frente a mí, elevó mis piernas, separándolas mucho, para después penetrarme. Nuestras miradas estaban conectadas, permanecieron así, no pude evitar dejarme llevar, su movimiento era muy fuerte y apasionado, el toque de sus manos tan cálido, gentil, mi mente fue invadida por el pensamiento de ser yo la mujer que él tanto deseaba. Sacudía todo mi cuerpo, las sensaciones en mi carne y en mi corazón me hicieron emitir en serio los sonidos que solía fingir con otros clientes, llevándome a tener un orgasmo.

Jadeante y sudoroso, él paró, se acostó a mi lado y me pidió que lo montara. Acaté, lo recibí en mi interior, sintiendo sus manos sujetar mis pechos. Me mecí lento al principio, fui acelerando poco a poco. Quería que lo disfrutara, quería borrar esa tristeza en sus ojos, deseé ser yo esa mujer de la que él hablaba con tanta ternura y nostalgia. Me tendí en su pecho, nuestros rostros estaban tan cerca, nuestro aliento se mezclaba, no pude más y besé su cuello. Él se aferraba a mi espalda con una mano y con la otra apretaba uno de mis glúteos y movía mis caderas a su antojo. Continúe besando su cuello hasta el momento en el que sus gemidos y espasmos me anunciaron la culminación del encuentro. 

Reposé un rato manteniendo nuestra unión, abrazándonos, no como una prostituta y su cliente sino como una pareja de amantes, hasta que la alarma de mi reloj de pulsera me avisó que nos quedaban solamente diez minutos. Antes no odié esa alarma y no he vuelto a odiarla, nunca como en ese momento.

—¿Se acabó el tiempo? —Preguntó él.

—Así es —repliqué separándome—, sólo nos queda lo suficiente para vestirnos, a menos que pagues por más tiempo.

—Me encantaría, pero no traigo más dinero y tampoco tengo más tiempo. Será en otra ocasión.

Nos sentamos lado a lado, quería quedarme cerca de él, sentirlo y que me sintiera lo más posible, le retiré el condón y lo limpié con una toalla de papel. Entré al baño para asearme, después de todo me había excitado muchísimo, lavé mi cara y, entonces, por el espejo pude apreciar como aquel hombre contemplaba mi cuerpo con deseo aún mientras se vestía. Luego entró él y me vestí yo, se acercaba el momento de despedirnos.

—¿Nos visitarás de nuevo? —indagué.

—Quizá —contestó, con la misma expresión que traía—, fue maravilloso.

Lo abracé una última vez y sin poder contenerme se lo pregunté—: ¿A dónde se ha ido tu novia? ¿Volverás a verla?

—No, Rubí, la verdad es que sé que jamás volveré a estar con ella —me dijo, bajando la cabeza, oscureciendo su rostro—. Ella... ella falleció hace tres meses, perdón, es sólo que todavía no lo supero, no me acostumbro, y hablo de ella como si todavía... —Enmudeció, dedicándome una última sonrisa triste, se dio la vuelta y salió sin decir más.

Me sentí tonta por haber creído que un hombre como él vendría acá para estar conmigo, que había inventado todo aquello para seducirme, que podía ser yo la dueña de su corazón y su deseo. Al final solamente pude verlo marcharse en silencio, cruzándose en la puerta con el siguiente cliente.

15 de Septiembre de 2018 a las 17:55 28 Reporte Insertar 28
Fin

Conoce al autor

Ben Ponce En un salón de clases suele haber un chico que se sienta adelante, cumple con sus deberes y se preocupa por obtener buenas calificaciones; por otro lado, también está en que se ubica al fondo, se la pasa haciendo dibujos, soñando despierto e imaginando historias con la chica que le gusta... bueno, pues yo crecí siendo los dos.

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AM Anyelina Millan
Extrañamente "enviciante" ya quiero leer el siguiente capítulo ❤️
18 de Febrero de 2019 a las 16:42

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra que te haya gustado y me motiva mucho que la consideres "enviciante", sin embargo, me duele tener que decirte que por el momento no tengo una idea clara para hacer una segunda parte o convertirla en una novela. Pero si te gusta este género, tengo iniciada una novela: La perversión de Valentina ( https://getinkspired.com/es/story/63254/la-perversion-de-valentina/ ), en la que seguramente me esmere más pues tengo motivaciones muy personales al escribirla. Gracias por comentar, eso es lo que más ayuda a un escritor. 18 de Febrero de 2019 a las 17:07
Yesi D Ab Yesi D Ab
guau no me esperaba esto me encanto, te re felicito escribís re lindo
7 de Febrero de 2019 a las 07:50

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias por comentar, realmente lo aprecio mucho y me motiva saber que te ha gustado y que logré sorprenderte. Saludos. 9 de Febrero de 2019 a las 18:54
Victoria Luna Victoria Luna
Casi lloro. me encanta.
17 de Diciembre de 2018 a las 23:20

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Qué gusto saber que te transmitió el sentimiento, gracias por comentar, saludos. 7 de Febrero de 2019 a las 20:33
Gus Guilmore Gus Guilmore
Buen relato, lo disfruté.
24 de Noviembre de 2018 a las 22:39

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra que lo hayas disfrutado. 7 de Febrero de 2019 a las 20:31
Gus Guilmore Gus Guilmore
Buen relato, lo disfruté.
24 de Noviembre de 2018 a las 22:38
Sandra Ramires Sandra Ramires
Me gusta quiero seguir leyey😏
1 de Noviembre de 2018 a las 21:49

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra mucho que te gustara, tengo otros cuentos y novelas en proceso, por si quieres seguir leyendo. Saludos. 2 de Noviembre de 2018 a las 15:36
Sandra Ramires Sandra Ramires
Me gusta quiero seguir leyey😏
1 de Noviembre de 2018 a las 21:48
Italolix33 Lix Italolix33 Lix
Excelente te felicito , una obra maestra!
24 de Octubre de 2018 a las 21:03

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias, es un honor que pienses así. Saludos. 2 de Noviembre de 2018 a las 15:32
ID Irina De Frutos
Está genial se mantiene con intriga de principio a fin y no te deja con el mal sabor de boca del machismo entre el hombre y la mujer. Esta genial me ha encantado
21 de Octubre de 2018 a las 12:07

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias por comentar. Me alegra mucho que te haya parecido bueno y le haya gustado el mensaje que pretendí transmitir. Me llena de satisfacción saber que logré darle algún toque de sensibilidad a una situación como la que planteo. Saludos. 21 de Octubre de 2018 a las 17:24
Laura David Laura David
mmmm q pasión!
24 de Septiembre de 2018 a las 17:07

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra que te haya gustado, gracias por leer. 24 de Septiembre de 2018 a las 20:06
ps pedro salazar
Buen día... Muy buena historia!
23 de Septiembre de 2018 a las 11:04

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias, me alegra que te gustara. 23 de Septiembre de 2018 a las 20:29
Sonder Esc Sonder Esc
Excelente!
16 de Septiembre de 2018 a las 23:08

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra que te haya gustado, gracias por leer. 23 de Septiembre de 2018 a las 20:29
Rose Days Rose Days
Me encantó, Ben. Me gustó que tu relato en ningún momento cayó en lo vulgar. Por sobre todo, me gustó que me mantuvo expectante hasta el final...
16 de Septiembre de 2018 a las 14:56

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias por tu comentario. Sí, es una de las cosas que me gusta hacer, dar un final inesperado. 23 de Septiembre de 2018 a las 20:32
Gin Les Gin Les
Has manejado excelente la trama y el punto central. Me encanta1
15 de Septiembre de 2018 a las 21:48

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Gracias por tu comentario, me alegra mucho que te gustara. Ha sido curioso escribir desde esa perspectiva. 23 de Septiembre de 2018 a las 20:35
Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Como debes saber, no soy mucho para la erótica, pero este relato me encanta... ¡Un excelente trabajo!
15 de Septiembre de 2018 a las 13:39

  • Ben Ponce Ben Ponce
    Me alegra mucho que te gustara, más considerando que no es tu género de preferencia. 23 de Septiembre de 2018 a las 20:32
~