¿Mejor como amigos? Seguir historia

benponce Ben Ponce

Hay ocasiones en las que dar un paso más allá de los límites de la amistad daña una hermosa relación. Tener una experiencia inolvidable que se convierta en un recuerdo de lo que un día fue o conservar cerca a esa persona especial, aunque para esto debamos quedarnos sólo como amigos, ¿qué será mejor?


Romance Contemporáneo No para niños menores de 13.

#engaño #desamor #consuelo #decepción #amor #amistad
Cuento corto
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¿Mejor como amigos?

Habíamos sido amigos desde que aprendimos a hablar, antes quizá puesto que nuestros padres ya lo eran. Griselda, o Gris como yo la llamaba, ella siempre ha sido hermosa, positiva, alegre y decidida, es solamente que en aquel entonces nos mirábamos como hermanos. No era extraño vernos juntos, todo el mundo conocía el lazo que nos unía, esa amistad más fuerte que la misma consanguinidad. Esa era la razón por la que, en la adolescencia, ninguno de sus novios me consideró una amenaza, no despertaba celo alguno en ellos, aunque hubo un par que se atrevió a burlarse de mí, creyendo que yo estaba enamorado de ella en secreto o que simplemente no me gustaban las mujeres. No, no era ni lo uno ni lo otro… no en ese entonces.

Yo tenía veinte años y ella diecinueve cuando Cristian apareció. Mucho más alto y fornido que yo, con aquellos ojos claros, cabello y barba perfectos, su voz grave le daba un aspecto paternal; sin olvidar su trato fino, su posición económica y su aparente capacidad para manejar cualquier situación, el hombre perfecto para mi amiga, la estudiante de derecho que se enamoró perdidamente del abogado y docente Cristian Ramos. Fue una etapa que comenzó siendo muy dulce, pero todo cambió un par de meses después, Cristian cambió de la ternura a la indiferencia, la frialdad y luego el maltrato en menos de un año.

Un día Gris llegó desconsolada a mi casa pues el patán la había dejado con el corazón roto, ella se enteró de que para Cristian todo aquello era un deporte, cazar estudiantes jóvenes y bonitas para pasar el rato, las dejaba después de algunas noches, peor aún, jamás estaba con una sola a la vez. Discutieron llegando a la disolución de su relación. Busqué la manera de motivarla, de hacerle ver el lado positivo de lo acontecido, le juré que estaría a su lado siempre y poco a poco mis palabras de aliento fueron impregnándose de un sentimiento oculto incluso para mí.

No debí dejarla entrar a mi casa estando solo, mucho menos llevarla a mi cuarto, aunque fuera lo habitual. No me percaté del momento en que mi boca buscó la suya, ni de cuándo sus manos comenzaron a pasearse por mi espalda. En algún instante dejé de verla como una hermana y la percibí como una mujer, pero no fue mientras nos tendíamos sobre el lecho, embriagados por la tristeza y la sal de sus lágrimas, debió ser antes. Quizá para ella lo ocurrido esa tarde terminó cuando salió de mi dormitorio, a pesar de que para mí no.

No sabía cómo tratarla porque aquellas caricias no fueron de amigos, sin embargo, ninguno de los dos hablaba de amor, de un futuro, o siquiera de cambios en nuestra relación. ¿Qué éramos? ¿Qué nombre habíamos de darle a lo nuestro? ¿Había un nosotros o era más bien yo quien se había enamorado solo? Nunca lo supe, no me importó, continué a su lado todo el tiempo necesario para que sanara. Le di todo de mí, mi apoyo, mi tiempo, mis abrazos, mis besos, todo el cariño guardado durante años.

Estuve con Gris durante poco más de tres meses, siendo su sostén, su auxilio, colocando cada pieza de su destruido corazón en su lugar. Las ocasiones en que ella iniciaba las conversaciones o proponía alguna salida menguaron de pronto, una mañana comenzó a ignorar mis mensajes.

Cuando no pude más le pregunté y ella, entre lágrimas lo confesó—: Tú has sido muy bueno conmigo, has sido siempre mi mejor amigo, como mi hermano... nunca quise verte como algo diferente a eso, y no puedo hacerlo.

—¿Qué estás diciendo? —cuestioné, en negación.

—Que te quiero mucho... pero no puedo amarte. Que todo esto fue un error, lo acepté porque necesitaba a alguien para llenar el vacío que Cristian me dejó.

—¿Gris? ¿Qué dices?

—Yo no te amo y es mejor que no nos volvamos a ver.

Recuerdo bien esa última frase, fue la última vez que hablé con ella. No me lo dijo, pero tenía planeado irse del país, partió pocos días después sin dejarme un número de teléfono o una dirección, bloqueándome de sus redes sociales, suprimiéndome de su vida, a mí, al hombre que más la ha amado, el que la conoció desde niña y la puso en lo más alto de su corazón.

Desearía que nada de esto hubiera pasado. Daría lo que fuera por echar atrás el tiempo porque pienso que si nos hubiéramos quedado como amigos todavía estaríamos juntos. Si siguiéramos como amigos podría saber de ella, en cambio, ahora no tengo manera de contactarla, ni nadie que me dé razón de su existencia. Sin embargo, sé muy bien que de haberme quedado como su amigo jamás hubiera conocido el sabor de sus labios, la textura de su piel, y mucho menos tendría el recuerdo de esa tarde en la que con su voz agitada llamaba mi nombre una y otra vez. 

15 de Septiembre de 2018 a las 17:08 3 Reporte Insertar 17
Fin

Conoce al autor

Ben Ponce En un salón de clases suele haber un chico que se sienta adelante, cumple con sus deberes y se preocupa por obtener buenas calificaciones; por otro lado, también está en que se ubica al fondo, se la pasa haciendo dibujos, soñando despierto e imaginando historias con la chica que le gusta... bueno, pues yo crecí siendo los dos.

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Denise Noguera Denise Noguera
Me llegó. Gracias.
8 de Julio de 2019 a las 17:02
F. Ciamar F. Ciamar
Lindo relato.
28 de Mayo de 2019 a las 12:50
Katerina Az. Katerina Az.
Qué hermoso relato. Corto, pero no necesité más para sentirme en la piel del protagonista.
19 de Septiembre de 2018 a las 10:51
~