kayloon Kay Loon

«1930, Mánchester, Gran Bretaña. ¿Qué dirías si tus malos recuerdos pudieran ser cambiados por unos más agradables? ¿Te atreverías a suplantarlos por otros más felices y dichosos o simplemente eliminarlos? Si tu respuesta es sí, piénsalo dos veces; aún no has corrido con la mala suerte de toparte con un distorsionador» Samuel Tozer, un aclamado experiodista británico vuelve a su ámbito de trabajo para finalmente entrevistar a Russell Carpenter, un distorsionista que llegó a la ciudad. Lo que este hombre realmente desea es que aquel joven remueva dos recuerdos que le hicieron hundirse en un abismo, no obstante, no sabe los problemas que esto le traerá; por querer deshacerse de su tormento entrará en un verdadero infierno.


Suspenso/Misterio Todo público.

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—Lo siento mucho. —Soltó una risotada llena de nerviosismo y después suspiró—. ­No estaba realmente preparado para seguir haciendo este trabajo. Sí, fui uno de los mejores periodistas hace un tiempo, pero me dieron un descanso debido a problemas personales. —Samuel no se adentró a este tema—. Así que he perdido mucho tacto; no he hecho mi profesión en años. Mi intención no era ofenderle, es más; me siento muy feliz por llevar este reportaje, siempre quise conocer a un distorsionista y ahora que lo tengo justo en mis narices, no sé realmente qué decir o preguntar. Si se sintió ofendido por mis comentarios bochornosos, le pido una disculpa; no era mi intención —al decir esto, se sintió más relajado e incluso con mayor confianza; había dicho lo que tenía en mente en ese momento sin vacilar. Se quitó su sombrero que llevaba en la cabeza y lo puso a un lado suyo.


El otro sonrió, como si estuviera complacido de escuchar esas palabras. Asintió su cabeza y dejó a un lado aquella mirada filosa que le caracterizaba.


—Comprendo —el pelinegro habló con más paciencia—. Lo único que necesito es a un periodista que sea serio y que sepa contar correctamente lo que hago en mi trabajo. Déjeme comentarle que usted parece alguien prudente, pero como lo dijo, posiblemente perdió el tacto. —Soltó una risotada—. Pero no se inquiete, creo que ambos ya dejamos las cosas bien claras.


El otro asintió su cabeza más relajado; se sentía ahora más sosegado después de haber aclarado todo este gran malentendido. Se quedó en silencio, ya no dijo más, como si se perdiera en la neblina que había en su cabeza, incluso su mirada parecía estar extraviada.


El de ojos rojizos se levantó de donde estaba ignorando el estado catatónico de aquel hombre y caminó nuevamente hacia la ventana, esta vez apartó las cortinas con cuidado y observó lo que había afuera.


Los rayos del sol entraron a aquel lugar iluminando en un santiamén hasta la última esquina. Esta luz centelleante molestó a aquel periodista de tal manera que tuvo que cubrir sus ojos con una de sus manos. Aquel molesto resplandor le hizo volver a la realidad y sus ojos se cegaron por un instante.


—La mayoría de la gente quiere borrar recuerdos que les desgarra por dentro, memorias que les causan pesadillas por las noches y no los deja respirar sosegadamente —el pelinegro dijo con voz serena, tanto así que causaba quietud—. Dichosos aquellos que pueden olvidar; logran ver la luz sin obscuridad presente. —Se giró hacia el hombre que le vino a entrevistar—. ¿Qué opina de eso?

­—Creo que usted tiene razón; ellos son realmente privilegiados, dejan atrás su pesar para poder volver a vivir —comentó con desánimo, como si alguien le estuviera apretujando el corazón con demasiada fuerza. En su rostro había una cara larga y en sus ojos tristeza.


El distorsionista que parecía ser ahora más amigable, caminó con paso seguro hacia este sujeto que era mucho más alto que él y lo observó detalladamente.


«Ya basta, no me juzgue», pensó; se sentía en parte vigilado y criticado por aquel joven que decía ser alguien especial.


—Entonces, ¿qué me preguntará? Soy todo oídos. —Desvió sus ojos rojizos a otra parte y respiró hondo. Se dirigió hacia su sillón y volvió a tomar asiento.


«¿Cuánto me cobra por borrar mis terribles remembranzas repletas de aflicción?», caviló en sus adentros, pero esto fue fugaz. Velozmente, sacó una pequeña libreta y una pluma de su bonito traje azulado y lo abrió en una página al azar. No había nada escrito o algo previamente preparado, improvisaría este día; comenzaría con lo más fácil.


­—¿Desde qué edad comenzó a dedicarse a este trabajo tan fenomenal? —preguntó lo primero que se le vino a la cabeza.

—Desde que tengo memoria, señor Tozer. Mis padres descubrieron que yo había nacido para ser especial y ayudar a otros, así que modifiqué mi primer recuerdo cuando apenas tenía 6 años. —Sonrió un poco, como si recordar esto le causara una buena reminiscencia—. Todo lo que yo llevo a cabo es porque trato de socorrer a la gente que lo necesita, sé lo mucho que duele la muerte de un ser querido, puedo imaginarme el malestar de una relación disfuncional, sospecho la incomodidad de un engaño, entre otras cosas. Entonces lo que quiero es que las personas cambien esos recuerdos por unos distorsionados —comentó con mucha facilidad.

»—La mayoría desea destruir incluso el rostro de las personas que tanto daño o penuria causaron; yo solo sigo peticiones, así que deshago lo que el cliente pida; al final del día ellos toman la decisión, cosa que yo no puedo cambiar. A veces me gustaría no borrar todo, pero es lo que más me solicitan.


El otro anotó con rapidez toda aquella información relevante que salió de la boca de aquel joven, ¡menos mal! Aún era bueno para ingeniárselas.


El pelinegro dirigió su mirada filosa hacia la pluma de aquel hombre; esta no dejaba de moverse de un lado a otro. Anotaba sin parar aquellas palabras.


—¿Y usted, señor Tozer?

—¿Yo qué?

—¿Desde cuándo comenzó con el periodismo? ¿Por qué escogió ese agradable e interesante empleo? —Levantó su tez y sonrió con simpatía tratando de conocer más a ese sujeto.


El periodista se sorprendió al escuchar aquella pregunta, no pensó que a ese chico le interesara su vida personal. En sus labios se dibujó una pequeña mueca de inquietud; como si no quisiera hablar del tema.


—Lo siento; de vez en cuando husmeo en asuntos que no deben de importarme. Si no quiere hablar de ello, entiendo; no debería de estar indagando en su vida personal; yo soy el entrevistado y usted el cronista, debo adaptarme. —Russell se encogió de brazos.

—Se lo agradecería; mi vida no es tan interesante como la suya —contestó tratando de recobrar su concentración.


El de cuerpo delgado tomó un gran respiro. Esperó que aquel hombre terminara de hacer sus anotaciones. «No es tan simpático como imaginaba», pensó y cruzó sus brazos.


—Usted se ve muy joven, mucho más que yo ¿Cuántos años tiene?

—Tengo 22 años —sus respuestas eran claras y concisas; no daba vueltas al asunto o bromeaba.

—Ciertamente, usted es demasiado joven.

—Sí, pero la edad no es un impedimento para llevar a cabo mi trabajo ¿Sabe? —Sonrió.


Indubitablemente, aquel joven parecía ser más un adolescente que un adulto, seguramente era por su complexión delgada y estatura baja, pero independientemente de esto, su forma de actuar y hablar eran idóneas.


La pluma plateada y reluciente de aquel periodista iba de un lado a otro apuntando con claridad las palabras que salían de la boca de aquel chico; las pondría en el famoso periódico de Mánchester y no podía descuidar u omitir información.


A Samuel se le facilitaba demasiado la escritura, incluso le hubiera gustado ser un escritor, pero se inclinó más hacia el reportaje e informar a la sociedad británica lo que sucedía en la ciudad; era mejor relatar historias verídicas que fantasiosas.


Había olvidado lo que se sentía estar a cargo de una crónica, hablar con la persona indicada e ir desglosando poco a poco su vida y pensamientos, ¡al menos no sería una noticia llena de tragedia!. Su bolígrafo se movía por sí solo y en su boca había una pequeña sonrisa de gusto; una vez más estaba haciendo lo que amaba, no obstante, acabando este reportaje regresaría a la comodidad de su vivienda. Las cosas para él, seguirían completamente iguales.


Tiempo después de haber concluido la entrevista, aquel hombre se encontraba sentado en la mesa de su casa; al fin y al cabo había terminado la primera ronda de preguntas. Encima de este mueble había hojas sueltas con anotaciones, algunos bolígrafos de punta fina y una cámara fotográfica que ocupaba casi la mitad de esa mesa rústica. Al parecer Samuel estaba acomodando sus ideas y preparándose para la siguiente ocasión que vería al aclamado distorsionista que a él le parecía antipático e inexpresivo, pero seguramente era por el mismo trabajo que este joven realizaba.


Aún no podía olvidar esos ojos rojizos opacos y penetrantes que lo miraron de arriba abajo, estudiándolo y juzgándolo, es como si la mirada de Russell pudiera ver a través de su alma siendo así capaz de enterarse de cualquier secreto.


Sacudió su cabeza, después llevó su mano a su frente y la sobó, como si tratara de borrar aquella imagen que le distrajo de su trabajo.


«¿Cuánto cobrará Russell?, realmente tengo esa duda carcomiendo mi ser; ojalá no sea tan caro», pensó con una mueca de desgane. Abrió sus ojos de par en par y con premura tomó uno de los bolígrafos. Con velocidad agarró un pedazo de papel y comenzó a escribir varias preguntas: ¿Cuál es el costo de las sesiones? ¿Cuántas citas son en total? ¿Hay reacciones secundarias por borrar o cambiar recuerdos? ¿A qué parte del cerebro va dirigido el trabajo? ¿Se puede eliminar cualquier remembranza?... ¿Se pueden quitar o suplantar los rostros de aquellas personas indeseadas?


Al parecer, con estas preguntas estaba tratando de despejar sus propias dudas. Tenía que aprovechar esta enorme oportunidad, ¡no cualquiera tenía la suerte de contar con un distorsionador tan cerca! Realmente quería deshacerse de dos reminiscencias las cuales lo hundieron en un abismo lentamente sin ningún aviso desmoronando su bienestar, quitándole el sueño cada noche y usurpándole las ganas de proseguir.


Todo esto se le vino a la cabeza como un balde de agua helada que le congeló hasta los huesos. Sintió morir en ese momento. Su respiración se volvió tan irregular y agitada que su pecho subía y bajaba. Aventó la pluma haciendo que esta cayera al suelo produciendo un sonido molesto.


Se levantó de su lugar y comenzó a caminar de un lado a otro mientras cubría su boca con una de sus manos; tenía ganas de volver el estómago. Sintió como sus extremidades comenzaron a temblar por la misma ansiedad que le generaba todo esto, no podía seguir así; no quería volver a caer, ¡no otra vez! Estaba harto de sentirse mal, pero no lo podía evitar.


Se encaminó trastabillante a su baño que no estaba tan lejos de ahí, abrió la puerta y fue hacia su botiquín de primeros auxilios. Con rapidez abrió aquella pequeña caja metálica y con prisa tomó un frasco lleno de pastillas. Sus ojos se posaron en este; estaba dispuesto a tomar un medicamento para tranquilizarse.


«Quiero vivir; lo sé, sé que quiero seguir adelante a pesar de todo lo ocurrido», pensó mientras veía aquel medicamento que probablemente eran tranquilizantes.


Para su buena suerte, el teléfono timbró haciendo que este sonido llamativo lo regresara a la realidad haciendo a un lado toda idea dolorosa. Con celeridad dejó aquel frasco en su lugar y salió del baño respirando hondo llenando así sus pulmones de oxígeno. Necesitaba relajarse y recobrar la paz.


Llegó finalmente a su destino, descolgó la bocina y la puso en su oído. No le importaba quien fuera, ¡incluso si llamaban del banco, no le interesaba! Quería sacarse de la cabeza aquellos pensamientos llenos de penuria que le hacían perder la calma.


—Samuel, cuéntame, ¿qué tal te fue con aquel chico? Espero que bien —la voz de Frederick resonó por aquella bocina con algo de entusiasmo; quería saber cómo le fue a su colega.

—Fred, amigo, eres tú —dijo con emoción, nunca se había sentido tan feliz de escuchar la voz de ese hombre; lo había sacado de una fuerte crisis—. Me fue bien, al menos eso creo, sin embargo comencé mal la entrevista; creo que lo ofendí —añadió y soltó una pequeña risotada.

­—¿Por qué lo dices?

—Pensé por un momento que había adivinado mi nombre y en qué trabajaba; cuando iba a presentarme me interrumpió, dijo mi nombre con mucha seguridad y mencionó en seguida mi profesión, así que le dije «¿Acaso usted también es adivinador?» Yo no tenía ni la menor idea de que mi jefe había hablado previamente con él.


El otro rio sin poder contenerse, ciertamente su colega había cometido un pequeño error.


—Lo sé, tuve que pedir disculpas. Estoy oxidado, pero sé que podré completar este trabajo.

—No te inquietes; ese distorsionista no me pareció muy flexible; la impresión que me dio es que él es intolerante y muy serio, así que no te tomes todo a pecho. Te soy sincero, a mí no me agradó nada ese sujeto, además de que es muy joven, espero no sea un estafador. Solo pregúntale cosas concisas y eso es todo, te aseguro que así no tendrás ningún problema.


Samuel asintió la cabeza, su amigo tenía razón, tampoco no debía de preocuparse demasiado; era muy cierto, aquel joven era muy rígido en su forma de actuar y hablar, así que trataría de relajarse, pero estaba seguro de que no era un usurpador.


—¿Y cuándo lo volverás a ver?

—Mañana por la mañana. Cuando finalizó la entrevista me comentó que haría un espacio para mí, ¿no es eso genial? —comentó emocionado.

—Eso es bueno. Esperemos que las cosas vayan bien para ti.

—Yo espero lo mismo. —Suspiró y sonrió un poco—. Es una lástima que no me puedas acompañar; a veces me siento algo incómodo, sabes que mi ansiedad no me deja pensar claro, pero trataré de dar lo mejor de mí en este reportaje que posiblemente sea el último. No quiero regresar a ser cronista, te he de confesar que me es más cómodo estar en mi cama o en mi sillón haciendo nada —le confesó con un tono de voz desalentado.


El otro no dijo nada, hubo un silencio abrumador, era como si las palabras de Samuel hubieran detenido aquella comunicación amena.


—Debes de seguir adelante aunque sea difícil para ti. Soy tu mejor amigo, nos conocemos de años, incluso sabes bien que somos como familia. Sé por lo que has pasado, pero necesitas avanzar; no puedes quedarte estancado, ¿sabes? Sé que no quieres escuchar esto; ya te lo he dicho mil veces, pero deberías de conseguirte una esposa y formar una familia o bien seguir trabajando; eso traerá luz a tu vida y disipará cualquier pensamiento indeseado que se forme en tu cabeza —comentó, rompiendo el silencio.

»—Yo te apoyo, sabes que lo hago, pero en lo que no te aliento es en que sigas en ese estado catatónico, ¿acaso quieres que vuelva a suceder lo que pasó hace unos meses? Si yo no te hubiera ido a visitar aquel día, no estaríamos teniendo esta conversación.


El de ojos verdosos solo estaba escuchando mientras mordisqueaba su labio inferior con algo de fuerza, parecía estar ansioso, como si no le gustara escuchar aquellas palabras. Le revolvían el estómago y le hacían querer vomitar.


—Solo hay una vida Samuel, la cual no debemos desperdiciar. Cuando el aliento se nos esfuma no hay segundas oportunidades o un «inténtalo otra vez» ¡No!, todo se acaba y yo no quiero que eso suceda contigo. Hay días en donde parece que el mundo se nos está viniendo encima, pero no es así, siempre hay una luz al final de la obscuridad, piénsalo.

—¿Y si borro lo que me aflige? Por fin tengo contacto con un distorsionista. Si le pido que elimine mis malos recuerdos todo será olvidado y sepultado para siempre.

—Escúchame bien Samuel, creo que es el momento de decirte que las remembranzas forman parte de nuestro ser, nos definen como personas y nos hacen crecer como seres humanos. Si borras lo que sucedió, eliminarás una parte de ti y matarás un trozo de tu realidad —sus palabras eran crudas, pero era necesario decirlas.

»—¿De verdad quieres vivir en una fantasía creada por alguien que ni siquiera es un humano? Los distorsionistas que tanto admiras ni siquiera son personas, pueden que tengan el aspecto de un individuo, como tú o yo, pero sus poderes los hacen seres de otro mundo. Para mí son monstruos que se deshacen de una parte esencial de nuestras vidas.

—Lo siento —inesperadamente se disculpó.


Frederick no dijo más, solo se quedó callado esperando que sus palabras al menos hayan hecho reflexionar al que era como su hermano.


—Hasta pronto. —El periodista colgó la bocina y hecho esto se recargó en su pared. Sus ojos estaban cristalinos, como si unas lágrimas traviesas estuvieran a punto de salir, pero aguantó su llanto y se lo tragó con dificultad. A pesar de las palabras de su buen amigo, intentaría borrar lo que le hizo morir en vida.

14 de Septiembre de 2018 a las 00:00 9 Reporte Insertar Seguir historia
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Nelson De Almeida Nelson De Almeida
Mil veces se me ha pasado por la mente el querer borrar ciertos recuerdos de pesadilla, pero Frederick tiene razón, esos sucesos forman parte de nosotros y de ellos aprendemos... De esa forma no volvemos a cometer el error... Estoy amando tu historia <3
December 17, 2018, 14:08

  • Kay Loon Kay Loon
    Ay muchas gracias 🖤 espero que sigas amándola y que a cada capítulo te cause intriga y cierto y"gusanito" de saber más... Ohhhhhh, eso lo verás en los próximos capítulos, así que ya sabes... Cuando tengas un tiempito libre te pones a leer más para descubrir lo que sucede. Yo estoy contigo y con Frederick, yo pienso que los recuerdos son importantes ya sean buenos o malos, porque como dices aprendemos de nuestros errores o incluso en sí esos hechos nos definen, entonces ¡imagina borrar una parte de ti! Siento que sería perder parte de tu escencia e identidad 😱😰. Gracias por comentar, te mando muchos saludos y cuídate mucho. December 17, 2018, 16:49
Manuel Langlois Manuel Langlois
Hola, Aqui de nuevo, sigue estando interesante la trama, bueno hay varias cosas que pienso ahorita como: 1.yo pienso que el distorsionista, esta tramando algo, no se, yo lo veo sospechoso por alguna razón. 2. Puede que el distorsionista, también pueda convertir los malos recuerdos en algún tipo de ser, ya que al inicio de la historia, Samuel  escapaba de algo que le perseguía. 3.Otra cosa que me surgió, es que si el distorsionista, puede cambiar recuerdos, significa que puede manipular las memorias de las personas, un ejemplo sería, cambiar los recuerdos de alguien, para poder manipularlo o hacerle creer cosas. Bueno, ahora queda seguir leyendo para ver en que he podido acertar. Saludos.
October 12, 2018, 19:51

  • Kay Loon Kay Loon
    ¡Hola! ¡Qué bueno que te sigue pareciendo interesante! y espero que así siga :). Ohhhh, pues déjame decirte que me encantó lo que piensas... pero eso sí, no puedo decirte si estás acertado o no; no quiero darte spoilers hahaha. Vale, yo esperaré a que leas lo demás y vayas descubriendo cada vez más de esta historia :D, ¡Gracias por comentar! Te mando también saludos y cuídate. October 14, 2018, 20:03
Katerina Az. Katerina Az.
Qué tentadora es la idea de borrar cosas duras del pasado. Pero tal como dice, eliminar esas cosas también es borrar una parte de nosotros. Por más que duela, son esas experiencias duras las que nos cambian y nos obligan a aprender. Interesante capítulo, la interacción entre el distorsionista y el periodista es genial.
September 24, 2018, 21:45

  • Kay Loon Kay Loon
    Lo sé, es muy, pero muuuuuy tentadora, créeme. ¡Estás en todo lo correcto! y también ten en cuenta esto: Si decides eliminar los recuerdos malos, tal vez tengas que sacrificar lo bueno; cuando se elimina lo que no nos gusta, tenemos que eliminar también lo bueno para eliminar a esa persona, ¿qué opinas? ¡Qué bueno que se te hizo interesante! Aw you, gracias; sí, trato que ambos hablen de forma muy natural, sin que nada sea pesado. ¡Gracias por comentar! :D September 25, 2018, 00:46
Marcela Valderrama Marcela Valderrama
Me va encantando este libro, de hecho hasta tengo mis propias teorías sobre lo que ocurre con el periodista... Por otro lado, a veces creo que yo también necesito un distorsionista.
September 18, 2018, 02:19

  • Kay Loon Kay Loon
    ¡Ay muchas graciaaaaas! De verdad que me animas a seguir escribiendo esta historia llena de misterio. ¿Apoco? Oye, no estaría nada mal que me digas qué piensas acerca de Samuel; me encanta leer lo que mis lectores y lectoras piensan y qué teorías tienen acerca de los personajes. Uffff, creo que todos necesitamos un distorsionista en alguna parte determinada de nuestras vidas, pero imagina, es como dijo Frederick, ¿te atreverías a borrar una parte de tus recuerdos sabiendo que posiblemente pierdas una parte de ti? o ¿distorsionarías tus memorias para suplantarlas con algo distinto creando así un nuevo recuerdo que nunca pasó? Omg, muchas preguntas existenciales, ¿cierto?, bueno cuídate mucho, una vez más gracias por comentar y mucha inspiración :D September 18, 2018, 04:03
  • Marcela Valderrama Marcela Valderrama
    Tienes razón en eso, amiga. Como dice Samuel, estamos hechos de esos recuerdos, sin embargo, lo he pesado a veces y la respuesta resulta ser la misma, creo que si me gustaría borrar cierta parte de mi vida... Hay algunos dolores que crees que nunca se superarán, aunque quizá en algún momento me retracte de este comentario... Respecto a las teorías, pensaba más en la situación que vive el chico, psicológicamente, me refiero: Más que crisis de ansiedad, me parecen crisis de pánico y esto puede ser por alguna situación muy aversiva, es decir, estrés post-traumático. Es sólo una teoría, creo que eso lo ha llevado también a la depresión. Yo y mis análisis jajaja, es un gusto leerte y seguiré aquí, como ves, soy una lectora muy exigente así que ¡ya comenzaré a decirte que subas capítulo! Jajajaja. September 18, 2018, 04:07
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