Aënis Lunderwend y el Caballero de la Armadura Azul [Saga de Eonwyrd] Seguir historia

daniezzed Danie Mendoza

Aënis pertenece a una familia ligada a un extraño misterio, el cual deberá resolver antes de enfrentarse a un temible demonio llamado La Reina Maldita. Junto a un misterioso caballero de armadura azul, la joven se enfrentará a su destino y liberará unos de los secretos mejor guardados del primer reino de la humanidad.


Fantasía Épico Todo público.

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Prólogo


La leyenda de Eonwyrd, la gran espiral cósmica


Narran los cuentos más antiguos que Eonwyrd era una espiral que flota en la inmensidad, en algún lugar recóndito del vasto cosmos, y que tres entidades magnánimas, de gran poder y sabiduría, emergieron de la nada para crearla: Anêllon, Kryalam y Hähnya. Juntos, conformaron el Pilar Primordial que da origen a toda creación dentro y fuera de la espiral. Dicho Pilar era el hogar de estas tres entidades y sus miles de espíritus, quienes unieron sus energías para organizar las tres principales dimensiones: el Aethera, el Mithera y el Nithera. Kryalam y Hähnya, uniendo su energía astral, crearon los parajes para que por fin la existencia pudiera llevarse a cabo. Fue así como las primeras formas de vida simples aparecieron para poblar la tierra, los aires y los mares. El Gran Anêllon creó las estrellas, el sol y la luna, y ofreció el cimiento y la energía para crear la existencia, mientras que Kryalam y el Hähnya usaron su poder cósmico para crear a las primeras deidades que conformaron el segundo pilar: Birio, Nairio y Ansbark. Estas tres deidades conformaron el Pilar Arcano, el cual reunía todas los conocimientos esotéricos y místicos dentro de Eonwyrd. Las deidades, comandadas por la fuerza cósmica que todo lo mueve, crearon seres inteligentes y pensantes que cobraron vida para que poblaran las tres dimensiones: Ansbark creó la raza de las gárgolas para que poblaran el Aethera, Nairio creó a la raza de los elfos para que habitasen el Mithera, y Birio, quien era la deidad hermana de Nairio, creó a los sianfara, una raza parecida a los elfos, para que habitasen la dimensión del Nithera.

Consecuentemente, la espiral comenzó a perder equilibrio, ya que se estaba inclinando hacia un solo lado, lo cual creó una serie de cataclismos que acabó con casi toda la vida en Eonwyrd, sepultando a algunos continentes en niebla y energía, haciéndolos impenetrables para quienes osasen adentrarse en ellos. Para compensar dicha asimetría y la destrucción generada, Anêllon usó su poder para crear a un tercer pilar: el Pilar Arcaico. Este pilar reunía en sí las fuerzas primitivas de la creación y la sabiduría de Anêllon, dando origen a tres nuevas deidades: Ballâs-Krüna, Ederok y Aêtiendra. La primera forjó a la diligente raza de los enanos, el segundo dio origen a la beligerante raza de los orcos, y la última creó a la vigorosa raza de los gigantes. Estas tres razas poseían un periodo de vida más corto que el de las razas arcanas, y también se encontraban en gran desventaja en cuanto a conocimientos, pero lograron forjar su camino y prosperar como civilizaciones independientes en el Mithera a base de destreza física.

Había también una energía baja y desconocida, referida simplemente como La Oscuridad, que siempre rondó a los Pilares desde el principio, y se hacía presente en cada oportunidad que podía. Aquella extraña energía corrompió a los espíritus que habitaban los tres Pilares, dando origen a demonios, espectros y monstruosidades interdimensionales de todo tipo, quienes hicieron su principal propósito corromper a todos los seres existentes. Pilares cayendo en conflicto buscando culpables, dioses enfrentándose a otros dioses, razas destruyendo a otras razas. El caos era imperante, y la oscuridad comenzó a hacerse notar en todos los planos de la existencia. Las razas arcanas comenzaron a menguar en número e influencia, y las razas arcaicas decidieron retraerse y aislarse para no enfrentarse al mismo destino.

El futuro de la Espiral era incierto.

Los huevos cósmicos y la llegada de los humanos a Eonwyrd


Según las primeras canciones, Hähnya, quien poseía un gran poder y una curiosidad infinita, huyendo de La Oscuridad se refugió en su lugar en el Pilar Primordial y lanzó varios huevos cósmicos al medio del Mithera. Al romperse éstos bajo la luz de la luna, emergieron varios seres pequeños, escuálidos y pusilánimes. Hähnya, compadecido por su frágil aspecto, decidió imbuirlos con parte de su propio espíritu para que pudieran sobrevivir, y los llamó “humanos”. Hähnya también era demasiado inocente para saberlo, pero sin darse cuenta, dio origen a unos de los seres más vulnerables, pero también a los más peligrosos.

Los humanos al principio se mostraron tímidos e inseguros, temerosos de salir de su lugar de origen e interactuar con el mundo exterior. Los elfos y los sianfara les brindaron la ayuda que necesitaban para poder salir de su primitivo estilo de vida, haciendo que con el tiempo lograsen surgir como civilización independiente. Las gárgolas, por su parte, quienes eran de naturaleza observadora y distante, decidieron no involucrarse con el desarrollo de los humanos a no ser que fuera estrictamente necesario.


La desaparición de las gárgolas y la influencia de los Lunderwend


Con el pasar de los milenios, los humanos se hicieron cada vez más poderosos. Formaron varios clanes y se fueron expandiendo por todo el territorio del Mithera, mientras desplazaban a otras razas y criaturas mágicas, como consecuencia de los constantes conflictos. En el Mithera, especialmente en el continente de Aênbar, los humanos se convirtieron en la raza dominante. Los únicos lugares que se vieron libres de la influencia humana fueron el Aethera y el Nithera, ya que sus entradas se sellaron de forma misteriosa y definitiva después de un devastador evento registrado en los anales de la historia como “La Luna de Sangre”. Antes de la última batalla que terminó por devastar a los Arcanos, los Lunderwend fueron la única familia en la que las gárgolas, sobre todo la familia real, confiaban plenamente, y les otorgaron conocimientos y poderes que resultaron envidiables para los otros clanes humanos, puesto que el acervo mágico que éstos poseían nunca se pudo comparar con el de los Lunderwend. Al desvanecerse las gárgolas de la faz del Aethera, los Lunderwend usaron su poder e influencia para unificar a los clanes y enfrentarse a la amenaza de los que se habían dejado dominar por la Oscuridad. Una vez acabado el conflicto, los Lunderwend fundaron el Reino de Maënspanes y dieron origen a la Era del Iris, la cual marcó la era de la Humanidad por sobre los Arcanos y Arcaicos. Para su desgracia, los Lunderwend fueron declarados enemigos de los otros reinos vecinos y tuvieron altercado de diversa índole con las otras familias reales, dando paso a un periodo de más guerras e invasiones dirigidas al control total de los continentes. La lucha también se había extendido hacia el territorio de los Arcaicos, pero éstos siempre superaron a los humanos en fuerza y destreza, y conseguían repelerlos sin misericordia cada vez que sus ejércitos aparecían en sus tierras. A pesar de las adversidades, los Lunderwend lograron mantenerse firmes en el reino que habían fundado.

A medida que el tiempo pasaba, la energía oscura y lo que ésta había hecho cayó en el olvido y sólo pasó a ser parte de las canciones épicas, las cuales se referían a dicha energía como un demonio de baja categoría que devoraba almas a cambio de deseos y favores. Los Pilares, sin embargo, se convirtieron en acervos para la creación de distintos cultos y adoraciones, creando así una sociedad politeísta y diversa, que caía en peleas de variada índole cada cierto tiempo. De lo que nunca se dieron cuenta fue el peligro que eso conllevaba, sólo unos pocos miembros de la familia Lunderwend sabía lo que eso realmente significaba.

Los viejos sabios siempre dijeron que la amenaza aún estaba latente.

4 de Septiembre de 2018 a las 03:00 0 Reporte Insertar 0
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