Rumbo a lo desconocido Seguir historia

vicsyerix Vic Syerix

La guerra ha estallado. Las sensaciones están a flor de piel. ¿Lograrán juntarse aquellos que desean salvar la vida de esos dos pequeños?


Fantasía Épico No para niños menores de 13.

#guerra #desconocido #mundo #huida
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El comienzo del miedo

No se podía escuchar otra cosa que no fueran los gritos de los guerreros colocándose en formación, o correteando por los pasillos del castillo de cristal. Incluso los magos y sacerdotes, que eran los que más se tomaban el tiempo para preparar los hechizos y los conjuros, se apresuraban y lanzaban por las ventanas ataques a la desesperada.

Sólo había una persona que se encontraba serena en ese mar de locura y desconcierto. Una mujer de cabellos finos y de color castaño, y de una piel tan fina que parecía translúcida. Sus ojos, violáceos, relampagueaban de rabia, puesto que sabía que ese ataque había sido generado por el bando de sus enemigos, la zona de Foirex.

En el mundo de Kräthar, donde vivía, había dos reinos claramente diferenciados: la Zona Foirex, regentada por el rey humano Bronne y los dragones, y la Zona Gelux, gobernada por el rey humano Kreto, junto a su esposa y a los Neiks, unas criaturas de elemento hielo, bellas y poderosas, con la misma majestuosidad que la de los dragones.

Los motivos de la guerra eran diversos. Siempre tenían un motivo para estar luchando hasta la saciedad: Dinero, políticas diferentes, encuentros no muy agradables...

Pero hubo un tiempo en el que la calma había abrazado aquel mundo mágico. Un tratado de paz que habían aceptado todos con júbilo. Fueron tiempos felices para todos, en los cuales incluso se pensaba que el comercio podía fluir mejor, sin vandalismos de ninguna índole, ni locuras.

Todo por lo que habían luchado ambos reyes, tras darse cuenta de lo absurdo que era la guerra por culpa de la innecesaria muerte de sus padres, los cuales siempre estaban sedientos de sangre y poder, se fue al desastre por culpa de algo tan simple como las emociones humanas.

Amor. Celos. Envidia. Locura.

La esposa actual del rey de Gelux, conocida como Dama (la cual se desconoce su verdadero nombre), fue anteriormente esposa de Bronne. Era una joven viajera, que decía que no iba sola por el mundo, aunque nunca se la vio acompañada. Se corrió el rumor de que estaba loca, pero nunca llegó esa palabrería a oídos de Kreto, el cual la creía ciegamente.

Esa muchacha iba siempre de una Zona a otra, enamorada de en ese momento príncipe de Gelux, intentando ayudar en el tratado de paz. Mas la frialdad de aquel joven tras la muerte de sus padres por la guerra, le dio a entender de que tal vez no la quisiera a su lado, puesto que siempre que se acercaba, un muro metafórico de hielo lo rodeaba, dando a entender de que no quería verla. Por eso se decantó en alejarse de allí, a un lugar donde al menos no hubiera riesgo de encontrarse.

Y allí encontró al joven Bronne.

La pobre ingenua en ese momento no supo lo que iba a generar por su culpa.

Un suceso hizo que cambiara radicalmente de opinión con respecto al rey de Foirex, que fue coronado el mismo día de su boda. Ocurrió un año después del nacimiento de su hijo, Neoret. Los dragones habían amenazado con arrasar Gelux si no accedían a dejar vía libre para conquistar la Zona Uszy, también llamada Zona Central, conocida por sus grandes bosques y el Gran Árbol. Un lugar donde siempre se respiró la paz y la magia por los cuatro costados.

Un lugar divertido para destruir.

Dama defendió que era una estupidez intentar conquistar algo que era de todos, y que arrasar la zona de Gelux era aún más estúpido. La discusión llegó a límites insospechados para ella, hasta tal punto que admitió que, si se provocara una guerra, jamás apoyaría a su esposo.

Fue entonces cuando sucedió.

Una bofetada. Una única bofetada que resonó en las paredes el castillo, fue lo que hizo falta para que el miedo inundara el ser de su mujer. Bronne, confuso por su acto, intentó disculparse con palabras, pero enmudeció al ver a la sombra de una mujer que sostenía a su primogénito, con el rostro serio.

Los que cuentan la historia, dicen que esa mujer es la que vela por la seguridad de Dama, y que dijo algo así como:

-No dos veces, bufón.

Así que, sin más, Dama regresó a los brazos de Kreto, el cual se arrepintió de haber dejado marchar a la mujer de su vida por sentimientos que la mayoría desconocen.

Ese amor ocasionó que Neoret tuviera una hermana al poco tiempo, Linith. Una bella niña de ojos azules como el hielo.

Allí, todo parecía feliz.

Feliz...

Pero ahora, en estos momentos, ese amor, dos años después, está ocasionando que la ira de Bronne resuene por toda la zona de hielo.

Los dragones eran más fuertes que nunca. Al parecer, alguno de ellos, o todos a la vez, habrán tenido una visión en la que les decía que este día iban a conseguir la victoria.

La mujer de piel casi traslúcida se mordió el labio inferior. Odiaba que la nobleza y los dragones tuvieran el don de la visión.

A pesar de ello, no daban nada por perdido. Los espíritus de sus antepasados le habían dicho hace un par de días que habían visto movimiento en la zona enemiga, y que debían prepararse para una dura batalla.

Una batalla que los hijos de Dama no debían presenciar por nada del mundo.

La mujer corrió todo lo que pudo, deseando que sus reyes le perdonaran por la osadía que estaba a punto de cometer. Intentó serenarse, puesto que no iba a hacerle nada malo. Sólo iba a llevárselos lejos, a unas tierras donde ni la magia, ni los dragones, ni los neiks ni ninguna raza pudiera hacerles daño.

El conocido Mundo Azul.

Tras mucho correr, por fin llegó a la habitación de los niños. No podían dormir separados, puesto que un vínculo los mantenía. Separarlos era el peor de los castigos para ambas criaturas, y eso era algo que toda la corte tenía muy en cuenta, lo cual hacía que juzgaran menos al "hijo bastardo".

Cuando abrió la puerta, contuvo un grito, que se quedó en su garganta.

Una mujer con un vestido oscuro ceñido, sombrero de pico y cabellos canosos recogidos en una coleta abierta perfecta la miraba con una sonrisa amplia. Sus ojos brillaban con cierta malicia, y el color de éstos era poco común: rosa chillón. Sostenía a la niña de tan sólo dos años de edad con delicadeza, mientras que un niño de cuatro años estaba agarrando su vestido con una mano, mientras que con la otra intentaba llegar a su hermana.

-¿Qué... vas a hacer? -Murmuró la mujer de ojos violáceos.

-Voy a dártelos, mi preciosa Klana. Yo no puedo irme de aquí y dejarles tirados a esos reyes bufones y a mi protegida -Se encogió de hombros, y dio un par de pasos al frente-. Sé que si estos dos se quedan aquí, correrán peligro. Por un lado, a Neoret lo querrán matar por llevar sangre de dragón en las venas, y a Linith la matarán los dragones en cuando la olisqueen... Como comprenderás, no es un buen sitio para ellos.

El rostro del niño se contrajo en una mueca de terror. Era lo suficientemente mayor como para saber que lo que decía no era bueno, aunque en su mente no existía todavía el concepto de "morir" y "matar".

-Mi hermanita... -Susurró, asustado- Linith...

La mujer de ojos rosados acarició el cabello del pequeño con la mano libre que le quedaba.

-Tranquilo Neo, los dos os iréis a un mundo muy bonito. Aquí lo llamamos Mundo Azul. ¿A que suena divertido?

El cuerpo de Klana se estremeció.

-¿Quién eres? -Formuló la pregunta con un hilo de voz.

La mirada dura de la receptora hizo que el terror la paralizara durante varios segundos.

-Me llaman bruja, aunque puedes decirme Shelka -sonrió-. Creo que con eso ya tienes toda la información necesaria.

Le tendió a la niña, que estaba profundamente dormida, y le dijo a Neoret que debía de cogerle la mano a la señorita Klana. Cuando la bruja vio que estaban listos, suspiró.

-A ver, Klana. Tú, como sacerdotisa que eres, conoces bien el hechizo de teletransportación a otros mundos, ¿cierto? -la receptora asintió-. Bien... ¿Sabes pues que necesitas matar a alguien para que su espíritu y sangre sirvan para abrir el portal?

Al ver que la cara de la mujer no cambiaba, Shelka desvió la mirada. Era cierto que hacía falta un sacrificio, y lo tenía. Antes de que Neoret se despertara, un mago de Foirex se coló en la habitación, y ella pudo interceptarlo. Estaba en un rincón de la habitación, inconsciente, y listo para ser sacrificado.

-Bien querida, entonces sólo queda una cosa -Comenzó a susurrar palabras arcanas, que vagamente conocía su acompañante. Cuando la bruja dejó de pronunciarlas, tocó el pecho de Klana, el cual comenzó a dolerle, como si la hubiesen quemado-. Ahora tienes un hechizo de teletransportación a la zona de Uszy en tu cuerpo. Tienes que explicarles a estos dos pequeñines cuál es su futuro. Tienes que cuidarse en ese Mundo Azul enseñándoles todo lo necesario para vivir en Kräthar. ¿Entendido? -La mujer de piel casi translúcida asintió, un poco en estado de shock ante toda aquella información-. Ellos desde el minuto cero han de saber quiénes son: Neoret y Linith, hijos de reyes, y los futuros héores de Kräthar. Es su sino, y tienen que saberlo, ¿me oyes? ¡Si se lo ocultas, será su fin y el de todo el mundo! -El grito hizo que la pequeña abriera los ojos, y que su hermano tuviera impaciencia por abrazarla-. Las habilidades de ambos no tardarán en despertar, sobre todo las de Neo, que está en edad de experimentar sueños visionados. Pronto Linith verá cosas que los demás no podrán ver...

Ambas mujeres tragaron saliva casi a la vez. Era todo demasiado rápido. Realmente había muchas cosas que contar y mucho que profundizar, pero no había tiempo. No podían hacer otra cosa que desear que todo saliera bien, y que pudieran aguantar en aquel mundo desconocido hasta que todo estuviera listo para que ambos jóvenes terminaran con ésta guerra de locos.

Sin más, agarró el cuello del mago, que ya estaba despierto. Le hizo un gesto con la cabeza a Klana en señal de que cogiera Neoret para que cerrara los ojos o mirara a su hermana, ya que iba a hacer una cosa que no debían ver. El mago por su parte no tenía fuerzas, sólo para mantenerse de pie, así que le resultó fácil a Shelka degollarlo.

Una luz iluminó la sala durante milésimas de segundo. El cuerpo había desaparecido, y un círculo de luz se interponía entre la bruja y la sacerdotisa.

-¡¡Corre!! ¡Aléjalos de aquí!

Tras un momento de vacilación, Klana decidió avanzar al portal, abrazando con fuerza a dos niños que, próximamente, debía cuidar como si fueran hijos suyos.

Una vez el portal se cerró, se quedó sola la mujer de ojos rosados.

Cayó de rodillas al suelo, sin energía física, ya que su cabeza estaba navegando por un mar de dudas.

Sólo tenía una cosa clara: Ni a Kreto ni a su protegida, Dama, les iba a hacer gracia lo que había hecho sin su consentimiento.

Pero era el destino. El sino por el cual ambos pequeños estaban marcados desde que nacieron. Eran la señal de la paz, o eso quería creer ella.

Porque, si no lo eran, tal vez lo que esas dos criaturas representaban era el fin de Kräthar.

1 de Septiembre de 2018 a las 17:40 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Vic Syerix Escribo, roleo, creo y vivo.

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