Aún más ilegal e inmoral Seguir historia

soniammad Sonia MMad

Libro 1: La vida de estos cuatro chicos es todo un caos. Llena de problemas, pero ellos lo sobrellevan como pueden, volcándose en las drogas, el sexo y en sus mejores amigos. Todos sus problemas se ven multiplicados cuando en una Nochevieja de borrachera deciden hacer una absurda apuesta. El último en tener novia ganará una cuantiosa suma de dinero. Jamás se imaginaron lo mucho que una apuesta así cambiaría sus vidas.



Historias de vida Sólo para mayores de 18. © Todos los derechos reservados

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PRÓLOGO

 Volcaron los cuatro vasos de chupito casi a la vez sobre la barra. Charly levantó los brazos en clara señal de victoria, pero tuvo que bajarlos de nuevo cuando empezó a toser. Estaba seguro de que aquella mierda estaba más fuerte de lo normal.


Carlos le palmeó en la espalda para que pudiese respirar y se le pasó poco a poco el ataque de tos. Abram se giró hacia la barra y pidió un cubata poco cargado, había llegado a su máximo de chupitos para las próximas dos horas al menos.


Estaban en el bar de Eric, un amigo y excompañero de clase. Aquel sitio era una mezcla de discoteca y pub y todas sus fiestas solían empezar o acabar allí.


Carlos se dio la vuelta y buscó al resto de sus amigos en la pista de baile. Raúl se giró también, para ver la televisión de pantalla plana que mostraba la Puerta del Sol, y el gran reloj que indicaba que eran las doce menos cuarto.


—Deberíamos dejar esta mierda, tíos —les dijo Carlos a sus amigos.


—¿El qué? —preguntó Raúl con el ceño fruncido.


—El alcohol, las fiestas. Tendríamos que sentar la cabeza, buscarnos novias… —explicó Carlos, en voz lo suficientemente alta para que lo oyesen sus tres amigos—. ¿Me escuchas, Charly?


Carlos se giró hacia su amigo, pero éste estaba ocupado llenando los vasos de chupitos con un porro apagado en los labios. Llevaba un rato dándole vueltas, sin encenderlo. No comían uvas nunca, tenían su propio ritual de inicio de año.


—Sí, claro que te escucho marica: que quieres otro chupito. —Le guiñó un ojo y le pasó un vaso a cada uno de sus amigos—. Diez pavos a que os gano otra vez.


Pese a sus palabras, Carlos se preparó para beber. Podía competir con Charly en cualquier cosa, menos en beber, nunca bebería más rápido que él, y aunque pareciese mentira su amigo estaba orgulloso de ello. Charly se colocó el porro tras la oreja, y cogió el vaso.


Raúl y Carlos volcaron de nuevo los vasos un par de segundos después que su amigo, que rió orgulloso de sí mismo, y rellenó los vasos de nuevo.


—¿Pretendes matarnos? —preguntó Raúl riendo, pero aceptó el vaso.


—No, éste es para cuando den las doce —explicó.


—¿Me escuchas ya? —pidió Carlos.


—Sí, nena —bromeó Charly y volvieron a girarse hacia la pista de baile.


—Decía que deberíamos dejar un poco las fiestas y el alcohol y sentar la cabeza...


—¿Por qué íbamos a querer hacer eso? —dudó Charly, con el ceño ligeramente fruncido.


Abram volvió a ponerse a su lado, recogiendo su propio vaso de chupito.


—Por sentar la cabeza… —trató de defenderse Carlos.


—Sí, amigo. —Charly le pasó un brazo por encima de los hombros a Carlos y señaló a dos chicas que bailaban juntas—. Si quieres casarte con Andrea no te lo vamos a impedir, pero no nos quites la fiesta a los demás.


—No es eso —aseguró Carlos haciendo una mueca de disgusto—. No siento nada por Andrea... Da igual, creo que voy muy pedo.


—Te apuesto lo que quieras a que acabas con Andrea antes de que nosotros nos echemos novia —se rió Charly.


—O novio, en el caso de Raúl —bromeó Abram.


—¡Eh! —protestó el aludido, pero iba demasiado borracho como para darle una respuesta coherente—. Faltan cinco minutos.


—Cien pavos —aceptó Carlos, sus amigos le miraron sorprendidos.


Charly siempre estaba «apostando algo», pero nunca se lo apostaban de verdad, era solo una frase hecha.


—Acepto. —Se encogió de hombros Charly.


—Está bien, esto hay que hacerlo bien. —Abram se mostró encantado con la idea—. La apuesta es que Carlos sale con Andrea antes de que nosotros tengamos novia, así que si alguno se echa novia antes de que tú salgas con Andrea pierde la apuesta y los demás siguen. Y si Carlos y Andrea salen antes que nosotros lo hagamos, nos repartimos las ganancias, ¿no? —cuestionó Abram.


Hubo tres asentimientos de cabeza simultáneos.


—¿Pero que se considera novia? —dudó Charly.


—Veamos, tu relación más larga ha sido de dos meses. Digamos que, ¿tres? —preguntó Carlos.


—¡Eh! —se quejó Charly, luego se encogió de hombros. Su relación más larga había sido cuando tenía dieciséis años, y había durado cinco meses, pero pensaba no tenerla en cuenta. Fue un desastre en cada sentido posible, así que no lo mencionó, siguió hablando de la apuesta—. Estoy de acuerdo, y tengo una idea mejor: ponemos cien euros para empezar y cincuenta más cada mes, hasta que la apuesta acabe. Y hay que enrollarse al menos con dos tías al mes, porque si no conocéis pivas es imposible que os echéis novias, perras —rió.


Acabaron de sellar el trato, dándose las manos, de forma descoordinada, cuando empezaron a sonar los cuartos. Andrea y su mejor amiga, Saray, corrieron hasta ellos para su ritual de inicio de año.


Abram repartió los vasos de chupito entre los seis, y los chocaron entre ellos como en un brindis. Bebieron a la vez cuando sonó la primera campanada, pensando en sus propios deseos para el nuevo año.


Se felicitaron entre risas, abrazos y besos, sin saber que la apuesta que acababan de hacer cambiaría sus vidas para siempre...


31 de Agosto de 2018 a las 11:24 0 Reporte Insertar 5
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