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En unas horas todo Buenos Aires sufrió de un brote masivo de un virus desconocido, como respuesta el gobierno creó los bloques unos días después; una forma de darles un lugar a las personas para que se puedan cuidar entre sí, aunque este plan fue tan funcional. Sobrevivir es el objetivo, cueste lo que cueste. Una novela interactiva en la cual, vos vas a poder decidir sobre algunas decisiones de Sant, el protagonista de la historia. Para poder hacerlo seguime en Instagram como @nsd.bm


Post-apocalíptico No para niños menores de 13. © Black Memories

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Cómo el mundo se fue la mierda...

En este cuarto solo me acompaña el frío suelo y unas voces desesperadas junto con sus gemidos pidiendo que alguien los salve. A mi lado se haya una luz, un banco, una silla y un libro con pluma. Luz, irónicamente en el presente es un lujo tenerla... Me levanté de ese rincón y camine hacia este libro, siento que al sentarme algo me lleva a querer escribir mientras redacto mi maldita vida en este nuevo mundo, donde la mayoría habla el idioma de las balas; Disparan y luego preguntan. Un mundo donde evitamos pensar en aquellos que murieron y se convirtieron en muertos vivientes, en el que evitamos pensar en cómo podríamos llegar a morir. Empiezo a escribir y mi mente empieza a revivir momento por momento, como si de una película antigua se tratase.

Era una mañana como todas, pero todo iba a cambiar.
—¡Amor! ¡¡Me voy!! —avisé con un grito—. Que raro... No hay nadie. Ya se debió ir de seguro —me dije.

No parecía un día diferente. Me subí al subte para ir a trabajar y antes de darme cuenta, el timbre sonó y bajé del tren. Me dirigí hacia mi trabajo. Una vez llegué fui a preguntarle a mi jefe, Pablo, donde se encontraba mi compañero de trabajo, pues no lo había visto y necesitaba de él para cierta nota en base a grandes pandemias de la antigüedad.

—¡Eu, Pablo! —exclamé mientras entraba al edificio.

—Primero se dice ''Hola'', pero... ¿Qué pasa? —me respondió entre risas.

—Si. Hmm, lo siento. ¿Tenes idea de donde está Germán? —pregunté mientras miraba hacia mis alrededores.

—Nah, ni idea... Yo voy a estar en mi oficina. Vos llámalo y si es necesario, anda hasta su casa —me aconsejó un tanto despreocupado.

—Sí, eso voy a hacer —dije.

Una vez llegué al subte...

—Debería de ir a la casa de Germán a preguntar, pero, un día que me tome no está mal... —pensé.

Cuando me subí al subte mi primera imagen fue una multitud ansiosa por bajar e irse a sus casas. De repente un sonido penetró mi oído... Un sonido que indicó que comenzaría el descontrol, un sonido anárquico. Unos gendarmes entraron de manera fugaz y empezaron a evacuar a todos los civiles. En ese momento mi cabeza se quedó en blanco. ''¿Qué está pasando? ¿Qué hago?'', mi cabeza se llenó de preguntas que fueron detenidas por una voz.

—Le ruego que se vaya de acá. Salga ya o vamos a tener que sacarlo nosotros —solicitó un milico.

—Emm.. ¿Que? —pregunté sin comprender la situación, fuera de tener una pistola no parecía tener mucha pinta de gendarme, policía o militar, por lo que dude y pensé en preguntar, una estupidez mía del momento por faltarme viveza a veces.

—Sígame y no diga nada. Apresúrese a subir —cedió ante el momento mientras revisaba la escalera.

—¿¡Que mierda esta pasando!?

—No es un simulacro, eso es seguro, pero tampoco me dejaron decir nada —dijo agitado—. ¡Cuidado! ¡Apártese! —voceó.

Se escuchó un golpe, un fuerte y contundente golpe en seco hacia un hombre con piel de aspecto putrefacta.

—¡¿Qué es eso?! ¿¡Por qué le pegaste a ese hombre!? ¡Responde! —exigí con desesperación.

—Hágame caso, y váyase a su casa lo antes posible. Aléjese de las personas que estén tosiendo o estornudando —dijo con rapidez mientras se desvanecía entre la multitud de personas que corrían asustadas.

Mientras me dirigía al departamento mi mente deliraba. «¡Que carajos hago! ¿Qué está pasando? ¿Luciana estará bien?» —pensé.

Una vez en el departamento, Luciana me besó la frente aliviada y me preguntó: ''¿Qué pasa?''. Le conté mi día, parándome a cada detalle para intentar sacar conclusiones, y continuando volvía a verla. Ella prendió la tele y me notificó: ''Estuvo pasando en todo el mundo por lo que se ve en las noticias, aconsejan no salir afuera''. Vi la televisión y seguí pensando; gente tosiendo, noticias alarmadas, gente corriendo y fuerzas de defensa en acción, ¿una enfermedad o algo así?.

—Eso debe ser...

—''Debe ser...'', ¿qué? —me preguntó.

—Cuando venía, un hombre raro nos atacó a un hombre y a mí, creo que el tipo que estaba conmigo era un gendarme o algo por ahí.

Alguien interrumpió el momento golpeando fuertemente la puerta. Luciana se fijó en la mirilla de la puerta y vio a un vecino, creo que se llamaba Jorge o algo así. Como precaución por la situación, y para que Luciana no estuviera en riesgo, fui y le abrí apartando un poco a mi novia. Él se abalanzó sobre mí y entré en shock, ¿por qué pasaba todo eso? Nunca me considere un cinéfilo, pero me encantaban ver películas, y conocía suficiente de estas como para que se me cruce la ridícula y fantasiosa idea de mencionar zombis, pero esa idea era aplacada por mi sentido común, oponiéndose a mi mente soñadora y dejándolo simplemente como una posible pandemia o enfermedad a la que el estado en verdad le tenía miedo a su propagación. Mientras veía su mandíbula castañeando y pensaba: ''Que me va a pasar?'', Luciana se metió en medio, empujándome a un lado y recibiendo una mordida de aquel vecino de actuación tan irregular y violenta, expulsando sangre por montones... Sangre humana, sangre de mi amada, sangre de mi Luciana, de mi Luci. Al principio se me hizo un nudo en la garganta, después liberé un grito que pensé, era solo una sobreactuación de las películas, esto acompañado de un golpe hacia el moribundo que hizo cesar mi agrietado grito convirtiéndose en un llanto que derramaría sobre la cara de Luciana, cayéndome al suelo como si fuerzas me faltase en las piernas, tal como había empujado al tal Jorge o como se llamase.
—¿Te acordas de 'El amanecer de lo muertos', el juego que vos jugas en la computadora, o de las otras pelis de zombis que hemos visto? —dijo con esfuerzo, tosiendo y continuando su habla—. Me parece que estamos en algo así... —sonrió con pena frunciendo el ceño.
—No, por favor no digas eso —sollocé casi susurrando sin tener ánimos como para seguirle el diálogo, ella intentaba hacerme sentir un poco mejor minimizando la situación, pero llegué hasta a enojarme por su actitud en el momento.
Estábamos en un triste momento privado, interrumpido solo por la presencia de nuestro vecino que se estaba levantando de nuevo. Cuando lo vi se me cruzaron los cables, me levanté y rápidamente busqué un cuchillo de cocina para luego empujar a nuestro vecino nuevamente y, una vez dejado en el suelo, comencé a apuñalarlo repetidas veces, tiré el cuchillo a un lado y comencé a patearlo repetidas veces y después, como en el sueño de un traumado por violencia familiar o de otras personas, me subí sobre el tipo y comencé a pisarle la cabeza y a patearlo hasta que dejó de moverse y emitir sonidos. Volví en mi y regrese mi mirada hacia Luciana, notando que sus ojos se habían cerrado, que su piel perdía color y su herida se había puesto muy oscura, las lagrimas volvieron a llenar mis ojos y a caer sin cesar. Cerré la puerta de un golpazo y me acerqué a ella corriendo y colocándome sobre ella.
—Lu, por favor, Lu. Responde, Lu, por favor despertá. Luciana —repetí hasta atragantarme con mi saliva y luego de recomponerme seguí llorando, posando mi frente contra la suya hasta escuchar que comenzó a gemir, por lo que me aparte, y con una cara de inmenso dolor, agarré nuevamente el cuchillo como precaución. Me quedé paralizado mientras ella se levantaba, se giró hacia mi y mi llanto se intensificó mientras me levanté con un vago e impreciso movimiento. Le hablé por lo bajo, la retuve lo máximo que tuve mientras ella lanzaba mordidas al aire y yo comencé a lamentarme entre lagrimas. Cedí, puesto que su fuerza era superior a la mía, por lo que la empuje y la miré apenado, con el ceño semi fruncido y con un temblor en mis labios; me acerqué y maldito sea quien considere que mi accionar fue inhumano, porque sí, debía serlo, debía acabar con mi novia y fue lo que hice: clavé el cuchillo en su cabeza. Cayó desplomada, y yo hice lo mismo, quedando a un lado y entre el grave llanto terminé por dormirme al cabo de inmensos minutos.

Sin que yo lo sepa o lo pudiese escuchar, en todos los al rededores la situación era la misma: gritos de familias, niños que no aguantaron el virus, mascotas muertas por mismos motivos, y un caos que se había generado de forma inexplicablemente rápida. Lo que en ciertas partes del mundo se había divulgado como una simple gripe, no era más que un virus que había pasado a epidemia o pandemia y que al paso de los días mutaría y mutaría hasta hacerse con miles de millones de vidas.

Unos gritos y unas sirenas junto a unos pasos en la escaleras me despertaron. Vi a mi mujer y una que otra lagrima cayó. Estaba increíblemente sediento, por lo que me levanté y busqué agua a un paso deprimido y un ambiente fúnebre, no tenía ganas de vivir y estaba desorientado, no sabía que hacer ni como actuar, que sentir ni que decir o pensar; me senté a un lado de Luciana durante horas, contemplándola, algunas veces abrazándola y otras veces tomándome largos momentos para llorar en silencio hasta que un grito cubrió mis oídos y unos ladridos me despertaron un poco buscando ayuda que no hicieron otra cosa que abrirme mis tímpanos. En la habitación treinta y tres hallé un perro desangrándose y una niña. Mi reacción fue rápida, agarré al perro y a la niña, le pregunté su nombre y el del perro, que había pasado y donde estaban sus padres. Anteriormente salí de mi departamento completamente ensimismado y con ansías de poder ver a otra persona. Ella solo respondió con su nombre y el del pequeño animal, eran Julieta y Arnold. Los llevé al lobby del edificio. Mientras bajábamos las escaleras podía escuchar los gemidos de los muertos ambulantes afuera y unos disparos que indicaban que las cosas no andaban bien. Cuando llegamos, les dije que no hagan ruido y que esperen en el cuarto de servicio. Cuando los deje fui a buscar al cadáver de Luciana para enterrarla en el patio del edificio.

Antes de subir a buscarla, me percate de que probablemente algunas bestias debía de haber, pero mi corazón hablo más fuerte y subí a buscarla. El camino fue rápido pero con la sensación de que cada paso era un paso más a mi perdición. Llegue intacto y ahí estaba todavía, unas lágrimas cayeron por mi cara y agarre a la dama que yo conocía como Luciana. Bajé las escaleras con el cadáver entre brazos, entre la penumbra y con la cara en hacia arriba, con gloria. Sabía que ella murió por mí y lloraba por eso mismo, pero tenía que respetar su decisión y darle un entierro digno a la situación. Llegue y con una pala que había ahí, cave un hueco y deje yacer a mi novia allí, en ese hueco tan triste y solitario, en frente de un cerezo. Lo tapé y me dirigí hacia el lobby, ahora me tenia que preocupar por Julieta y Arnold. Tras mi llegada recuerdo que el perro ya había fallecido pero aún así, lo llevamos en la mochila de la niña. Los gemidos de los zombies continuaba y los golpes hacia la ventana del lobby que exclamaban las palabras: ''Voy a entrar'' causaban miedo en la niña, y un poco en mí. Los últimos sonidos fueron un disparo; un disparo y un auto. El hombre dentro del auto dijo: ''¡Vengan! ¡Vamos!''.

Agarré a Julieta pero cuando salimos uno de los muertos la mordió en el pie, mi única opción era dejarla. Si bien no tuve ningún lazo con ella ni con el perro, debo admitir que recuerdo haberme deprimido por su muerte, pero solo sería una de tantas.

Trece minutos de agonía, trece minutos de llanto y tristeza en los cuales apenas pude comunicar con el hombre que tras subirme, me dijo su nombre... ''John''.

1 de Septiembre de 2018 a las 20:18 3 Reporte Insertar Seguir historia
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Pedro Jiménez Pedro Jiménez
No entiendo que el protagonista mate a su querida novia, a su amor, clavándole un cuchillo en la cabeza, y se vaya tan tranquilos. O se trata de un sociópata o de alguien carente de cualquier tipo de empatía. O simplemente es un personaje mal trazado. Revísalo, por favor
Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Esta super buena tu historia pero debiste ser mas lento en la forma de relatar el inicio de la historia . Seguire leyendo 👍
June 03, 2021, 01:45

  • NSD / BM NSD / BM
    Recién empezaba, no consideraba ciertas cosas en su momento June 03, 2021, 01:46
~

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