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Don Olegario y los Números

Me llaman Don Olegario, será la edad, las cosas de la vida, el destino, el esoterismonuméricoabstractamentefigurativoypersonificado, pero creé y perfeccioné un sistema (la mayoría de las veces) infalible. Me sirvo de cómo se me presentan los números a través de la gente para juzgar sobre ellos y saber cómo actuar, que decir, o si es mejor tomar distancia de las personas. Por ejemplo, si el fastidio fuese numérico, sería sin dudas un número cinco. Cinco. Tiene la misma cantidad de letras que el número que representa. Muy propio de él, fatigoso, incompleto, desagradable, y de una forma francamente irritante, nunca utilizo el cinco si puedo evitarlo, preferiría infinitamente cuatro más uno, o seis menos uno, o diez dividido dos, cualquier cosa menos un cinco, lo denomino yo mi contrincante en mi serenidad espiritual. Pudiese aprender del nueve, un número aplomado, sólido, en un nueve mis pensamientos viajan en fantasías de aguaceros, cruzan en bote hasta donde hay piedras ancestrales con mucho musgo y sabiduría. O del ocho, implacable en horas de incertidumbre, virtud infinita de organismos imperfectos como somos. El tres debería eliminarse de los sistemas numéricos, incómodo, solo busca desencajar un par. Traicionero y envidioso, guardar precaución. El número uno, el dos, cuatro, seis, siete, ocho, y nueve te podrán ser provechosos si buscas desarrollarte como persona, desconfiar del seis, está demasiado cerca del cinco. Los demás son seres casi perfectos de los que deberíamos aprender y tomar como ejemplo sus características para ataviar también el aura de lo que representamos. Por ahí cada quien le atribuye a un ser/número una característica distinta a la aquí expuesta, o por ahí se aparentan como espejo y no como ventana, o como sombra y no reflejo. Juzgar, además de sano en pequeñas dosis, también es provechoso. Ayer nomás el Diarero tenía una cara de siete impresionante, pero cuando me acerqué al puesto era un tres, “Ya me pareciste muy cerca del seis” le dije, sumamente decepcionado. Un par de nubes, un café, cuatro menos una medialuna, o dos más uno, que es más o menos lo mismo, y sabía que mi día sería fructífero y ameno. Otro día llegaba, y la vecina salía exasperada de su hogar. Cuando la saludé cordial, no alcanzó a oír mi saludo porque en ese instante una criatura rompió a llorar hasta sus brazos. Me planté y le cuestioné “¿Cuánto tiempo tiene, señorita?” Mirando a la niña me contestó “Cuatro años”. “¡Imposible!” me reí, “La niña tiene tres más uno, ése es su problema, y le advierto que si no considera ir viéndola de otra manera, va de mal en peor”. En fin, cada quien con lo suyo. 

19 de Agosto de 2018 a las 02:40 1 Reporte Insertar 2
Fin

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Victorino Ferrére Intento escribir y mejorar.

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Marcela Valderrama Marcela Valderrama
¡Hola! Soy Marcela, embajadora de Inkspired. He estado revisando tu historia para su verificación, pero antes de hacerlo creo necesario que corrijas ciertos errores en los diálogos; en estos se utiliza la raya y no las comillas. Una vez que lo hagas, por favor responde este comentario y así volveré para verificarla; por el momento la dejaré en estado de revisión. ¡Sigue escribiendo!
17 de Abril de 2019 a las 15:14
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