El misterio bajo tierra Seguir historia

raxbi Rodrigo Hidalgo

Nicolás es un investigador de casos paranormales, tiene sus motivos para hacerlo. La gente que lo contacta tan solo son individuos que creen ver cosas paranormales, pero no son mas que paranoicos. Un día recibe una extraña llamada, que le interesó.


Cuento Todo público.

#paranormal #misterio #suspenso #343 #347
Cuento corto
0
4683 VISITAS
Completado
tiempo de lectura
AA Compartir

El misterio bajo tierra

02/04/2017, 09: 26

En una oscura y cerrada habitación en donde un minúsculo rayo de luz mañanero atravesaba la entreabierta cortina, se encontraba sentado un joven, quien reflejaba unos 21 años de edad. Frente al ordenador pasaba páginas, leía algunas cartas que las personas le enviaban pues él era investigador aficionado de espectros paranormales. Para su suerte o desdicha él nunca había tenido contacto con alguno, ni directo o indirecto, cosa que le desmotivaba. ¿Nunca has sentido la necesidad de saber si aquello existe? El sí, su desesperación por descubrirlo era muy fuerte, sentía miedo de saber que quizás lo llamado espíritu no existía y que en algún momento la persona solo deja de existir, así como el, tu o yo dejaríamos de existir. Esta era pues, su motivación.

La bandeja de entrada muestra un nuevo mensaje.

“Otro más” susurró el, “la gente cree que por que una manzana se cae de la mesa ya están poseídos o sus casas malditas”. Ya no creía en estas cosas, había conversado con varias personas e incluso había llegado a visitarlas para investigar pero siempre era lo mismo, un esquizofrénico (No me burlo de los esquizofrénicos, pero era verdad), alguna persona loca o alguien que creía que las almas estaban tan ociosas que iban a molestarle.

Una vez visito a una señora de unos 60 años que al parecer se pasaba las noches viendo películas de horror o leyendo archivos secretos sacados del vaticano que encontraba en internet. “El demonio me sigue, no me deja dormir; ayer azoto mi puerta tres veces” decía, a lo que él le respondió “Señora, con todo respeto le digo que ya me han contado la misma historia mil veces, los oídos ya me sangran y le diré algo, no sé si satanás existirá pero si existiera no estaría molestándola todas las noches, estoy seguro que él tiene cosas más importantes que hacer”

Abrió el mensaje que le acababa de llegar.

“Hola Nicolás” yacía escrito en el texto. Él se estremeció por que el no solía mostrar su verdadero nombre en los lares de internet, ¿Lo conocía esa persona? Ya te lo contare.

“llámame” continuaba el mensaje en el cual había escrito un numero celular del mismo país en el cual residía Nicolás, este rápidamente lo copio con la esperanza de que le apareciera el contacto de algún conocido, pero nada, no estaba registrado. El ignoro todo y trato de olvidarse de eso, tomo la cerveza a su izquierda y bebió así como los piratas bebían ron.

Día tras día le llegaba el mismo mensaje, “Hola Nicolás, llámame”.

07/04/2017, 15:37

Al quinto día perdió la paciencia, muy poca por cierto. Marcó a aquella persona y tras varios segundos alguien contestó.

“¿Aló?” dijo la persona, con una voz joven, parecida a la de Nicolás pero algo más grave, como si estuviera enfermo. “Aló” contestó el investigador “¿Quién eres?”, “No lo sé, deberías saberlo, tú me has llamado” dijo el joven al otro lado del celular, “Me has mandado mil mensajes” contestó Nicolás, “¡oh!, debí suponerlo” respondió aquella persona. “¿Cómo sabes mi nombre?, ¿Te conozco?” dijo Nicolás “No es solo tuyo, hay millones de personas con el mismo nombre” dijo la otra persona, luego de esto le pidió que fuera a verlo, no solo vivían en el mismo país, vivían en la misma ciudad. Nunca quiso decirle como sabía cuál era su nombre real, siempre respondía que si se llegaban se lo contaría en persona. Después de innumerables intentos de parte del joven, Nicolás acepto encontrarse con él. Este estaba extrañado, por algún motivo había accedido a ir, el joven ni siquiera le contó de qué se trataba el caso, ¿Por qué será?

Quedaron en encontrarse al día siguiente en un restaurante muy conocido de la ciudad.

08/04/2017, 16:00

Nuestro protagonista se encontraba ahí, sentado bebiendo una cerveza como siempre; puntual, como siempre. Pasaron 8 minutos más y vio entrar a alguien por la puerta, “unos 23 años, camisa a cuadros color chocolate, pantalón jean oscuro bien pegado, un gorro a lo… Enrique Iglesias, unos zapatos ¿Timberland?, pulseras de cuero y de plata con una barba de tres días aproximadamente. Un joven promedio” Dijo Nicolás para sus adentros.

Aquel joven se acercó a la mesa y viendo a Nicolás le dijo “Soy Francisco”, el investigador lo quedo mirando y pensó “Otro más”, “Bueno, cuéntame tu caso” le respondió. El joven se sentó frente a él, levanto la mano llamando al mozo y cuando este llego le pidió una soda helada. “vivo en una casa algo extraña…” dijo Francisco y en ese preciso momento Nicolás dejo de prestarle atención, “Si, otro más” pensó, “otra persona que viene con la misma típica historia de una casa embrujada, ruidos extraños y cosas así”. Nicolás, interrumpiéndolo sin ningún tipo de empatía le preguntó algo que era mucho más importante para el que el mismo caso, “¿Cómo sabias mi nombre?”, le espetó. El chico se mostró algo incómodo por la pregunta “Bueno, yo sé mucho sobre computadoras, desde niño siempre lo fui y no fue muy difícil buscar tu dirección i.p y averiguar tu nombre, solo quería saber en qué ciudad vivías para no perder tiempo en tratar de contactarte” respondió Francisco, “¿Y por qué no averiguar mi número de teléfono?” dijo Nicolás a lo que el otro joven le respondió que “No quería ser yo el que te llamara primero, quería hacer que te intereses y realmente esto es muy importante”. Nicolás decidió olvidar todo esto y pidió que prosiga con la explicación del caso.

“Me mudé aquí hace poco, soy de una ciudad cercana pero vine por temas académicos; la cuestión es que encontré un arrendamiento a un buen precio por una casa en buenos condiciones pero algo antigua. La cosa es que la dueña me comentó que el dueño anterior estaba loco y había asesinado a algunas personas ahí, pero nadie sabe mucho sobre ese tema, a él lo encarcelaron y posiblemente ya esté muerto pero hace unas semanas encontré una puerta escondida tras una de las paredes, he tratado de entrar pero cuando piso el primer escalón para bajar mi cuerpo comienza a enfriarse, no he llegado hasta abajo y tampoco quiero intentarlo otra vez, por eso te contacté, vi tu blog en internet y me interesó mucho. Ayúdame en esto” le contó Francisco “y si te preguntas el hecho de que si ya he llamado a la policía, pues si, ya lo hice pero no me prestaron atención. Incluso he tratado de llamar a un cura, no se para que podía hacer el pero tampoco se interesó”.

“Comprendo” respondió Nicolás, “¿Quieres que entre ahí?”. Tras unos segundos de tensión “Exacto” confesó Francisco. Siguieron conversando durante un buen rato, se llevaban bien y Nicolás terminó aceptando la petición del otro chico, iría a investigar y bajaría por esas chirriantes y oxidadas escaleras viejas por las cuales nadie habría bajado en un largo tiempo y siendo el la primera persona en ver dentro de aquella habitación. Ya se había dado cuenta de que Francisco no podía hacerlo, al menos no solo.

09/04/2017, 16:46

La tarde de aquel día era húmeda y algo opaca, se escuchaba la moderada ventisca que hacia chocar las hojas y ramas entre sí, hojas que ibas secándose cada vez más; una tarde digna del otoño. Nicolás se acercaba caminando por el asfalto; vistiendo su casaca verde oscura, su morral de cuero y el pantalón de siempre. Doblaba esquina tras esquina, buscando la dirección que Francisco le había escrito sobre un papel desgastado hasta que a lo lejos logró distinguir tal y como se la había imaginado, la casa que el joven le había descrito.

Allí estaba sentado Francisco, sobre los escalones que llevaban a la puerta principal. Se saludaron y tras algunas palabras Nicolás dijo “Hay algunas cosas que me tienen extrañado; si realmente esta casa te causa problemas ¿Por qué no simplemente mudarte a otra?, además es una casa muy grande y no sé qué harías con todo esto solo para ti.” Francisco le respondió que ya tenía un contrato por medio año y conservaba sus principios de mantenerlo hasta el final, a no ser que sea estrictamente necesario y que con respecto al tamaño de la casa; bueno, él decía que no era tan grande como lo parecía. Nicolás esperaba mejores respuestas pero no se haría más líos, el caso le intrigaba.

Al atravesar la puerta principal, ya se sentía un ambiente extraño; como cuando tienes un mal presentimiento sobre algo que harás pero de todos modos lo haces. Francisco tenía razón, la casa no era tan grande como su inmensa fachada la hacía lucir, el salón principal era acogedor; muebles de tela, cuadros pintados por artistas nativos de la región, sobre la mesa de centro yacían velas de varios colores, estatuillas de distintos animales y de distintos materiales, desde plata hasta madera. La mesa del comedor era redonda, adornada cuidadosamente con porcelana fina para dos personas, la ambientación de la casa era algo antigua para ese año. “Olvidé mencionar que el arrendamiento incluía gran parte de lo que puedes ver” mencionó Francisco al percatarse de la extrañeza en el rostro de Nicolás, “Sé que no va con mi perfil pero me ahorré mucho dinero, la dueña fue muy amable” continuó Francisco mientras entraba a la cocina y traía una jarra de té caliente ofreciéndole a su invitado una taza, quien la acepto por consideración.

Francisco invitó a Nicolás a tomar asiento.

“Me gustaría ver primero la puerta sobre la que me hablaste” le dijo Nicolás seriamente a lo que Francisco le pidió que le siguiera mientras se giraba y comenzaba a caminar por un pasillo el cual al final, donde supuestamente terminaba el terreno sobre el cual la casa estaba construida, Francisco coloco la mano sobre la pared y como si esta fuese una puerta, se abrió; dando a observar las escaleras que el joven había descrito anteriormente, escalones de madera antigua que le daban un aspecto aún más tenebroso a la oscuridad que abajo se presenciaba. Nicolás saco de su morral una linterna negra y prendiéndola apuntó hacia la oscuridad llevándose una extraña sorpresa, la luz de la linterna era potente, pero no lograba iluminar la oscuridad más allá de unos metros de lo que ya se veía, “Bajare” dijo Nicolás; y comenzó a bajar los escalones, sintió las sensación del fuerte frio que Francisco le había contado, pero aparte de eso también sentía una fuerza contra su pecho; tomo valor y sin importarle el leve dolor continuó bajando, cada escalón era un logro y cada centímetro iluminado con la linterna también era un alivio. Manoseaba la húmeda pared en busca de algún interruptor pero era inútil y de pronto ya no sentía más escalones. “¿Podrías bajar?, No hay nada aquí” le grito a Francisco desde abajo. Francisco también sentía el dolor en el pecho pero lograba soportarlo a pesar de dificultarle la respiración, una vez abajo ya no sentía nada.

Estaban en la penumbra, no podían ver más allá de lo poco que iluminaba la luz de la linterna pero poco a poco sus ojos comenzaron a adaptarse a la oscuridad y a distinguir algunos objetos como mesas, libros apilados, cera derretida de velas y algunas cosas más. Sin darse cuenta una antorcha se encendió, iluminando la habitación parcialmente facilitando la visibilidad. Se encontraban en una habitación muy amplia donde las paredes eran de piedras húmedas y mohosas; sobre la mesa se encontraban los manuscritos apilados, los cuales eran sobre ciencia y algunos cuentos de misterio; había un viejo piano con las teclas desgastadas y amarillentas, la madera era vieja y quebrada, de un color marrón apagado; y justo encima de este se podía distinguir un hermoso cuadro pintado al óleo, al parecer era una copia casi idéntica de “La creación de adán” por Miguel Ángel.

“¡Demonios!” dijo Francisco en son de asombro, “Si lo sé, esto es de locos” respondió Nicolás, “¡Me refiero a demonios de verdad!” Exclamó el otro, “Hay un libro sobre demonios” prosiguió Francisco, Nicolás se paralizó, nunca antes había visto un libro sobre demonios y mucho menos un manuscrito, lo tomó con ambas manos y mirándolo fijamente dijo, “Esto no me da buena espina”, “Ábrelo” le dijo Francisco “No es que vaya a salir algo de ahí” agregó; El investigador lo observó minuciosamente, su corazón latía cada vez más fuerte y luego de esto pensó “Solo es otra farsa” y lo abrió.

“Hechizos, demonios; Hay información sobre Belcebú, Lucifer, Belfegor y varios más, hay símbolos extraños y también hojas rotas, todo en distintas lenguas; menudo libro” Dijo Nicolás, y en ese preciso momento el libro comenzó a quemarle y se prendió en llamas hasta desaparecer casi al instante sin dejar una sola partícula de polvo sobre el empedrado suelo. Los chicos no tuvieron tiempo para reaccionar cuando de pronto por pareces comenzó a deslizarse un espeso liquido rojo oscuro que emitía un hediondo aroma, las pocas velas se encendieron; convirtiéndose de velas rojas a velas negras y el fuego que emitían resplandecía cada vez más, haciéndole entrecerrar los ojos. “¡¿Qué sucede?!” Bramó Francisco mientras se cubría los ojos con el brazo de aquella cegante luz “Sera mejor que nos vayamos” Agregó, retrocedió hacia las escaleras pero ya no estaban, habían desaparecido y en lugar de ella solo había otra pared; otra húmeda, mohosa y pedregosa pared.

La luz de las velas disminuyeron y luego de eso el piano comenzó a sonar, la melodía era tan suave que podría hacer dormir a cualquier persona pero en ese momento, lo único que causaba era pavor. Nicolás no podía pensar en casi nada, estaba muy confundido y extasiado que casi no podía moverse, mientras que Francisco temblaba horrorizado, aquella melodía lo ponía aún más nervioso. El piano sonaba cada vez más fuerte y más grave, tanto que hacia resonar la vieja madera que lo sostenía.

Pasaron unos pocos segundos hasta que los chicos pudieron ver quién o que estaba sentado frente al piano, ellos vieron primero la silueta de una espalda y luego pudieron ver a un hombre con un traje color granate quien tocaba el piano como si fuera el mismísimo Beethoven, ¿Quién era aquella persona?; terminando la bella melodía, se puso de pie y quedó observando a ambos chicos.

Nicolás aún seguía petrificado y Francisco temblaba como un gato recién bañado, ninguno pensaba en algo, solo observaban.

Aquel hombre tenía figura esbelta, piel pálida, cabello blanco, traje perfecto, y unos ojos del mismo color que su ropa. Mantenía una ligera sonrisa algo perturbadora, tomo lentamente una copa de vino que yacía sobre el piano y se lo bebió, copa que yacía intacta a pesar de los estruendos causados por el piano.

“Que hermosa y mágica puede ser la melodía de un piano, tan armoniosa, 88 teclas con las que puedes hacer lo que te plazca, en especial cuando son tocadas por unas majestuosas manos. Ya extrañaba yo la fantástica sensación que da” comenté y luego de unos segundos “¿Nunca les han dicho que está mal husmear en las cosas de otros sin su consentimiento?” Dije mientras hacía pequeños círculos moviendo la copa, ellos al parecer no querían hablar así que proseguí “¿Tampoco les han enseñado que está mal entrar en los lugares de otros sin su permiso?”.

“¿Quién eres?” Me preguntó Nicolás, ya había superado la sorpresa de todo esto. “Me interesaba mucho aquel libro que tomaste, me gustaba leer lo que la gente de este mundo cree sobre nosotros, creen que soy una bestia con cuernos y un tridente con el cual aniquilo las almas que yo quiera, ¡vaya imaginación que tienen!” respondí mientras bebía otro trago de vino “Ustedes lo tomaron y a causa de eso desapareció, cualquier cosa que está en mi poder y es tomada por algún humano, simplemente desaparece, ¿ahora donde conseguiré otra copia?”

Francisco estaba escandalizado, tomo un jarrón de la mesa con la intensión de arrojármelo pero el jarrón también se prendió en llamas, desapareciendo. El chico no podía controlarse así lo ate a la pared con unas sogas que hice salir de entre las piedras. “¿Eres un demonio?” preguntó Nicolás, sintiéndose tonto por aquella pregunta, el casi no sentía miedo y eso era extraño, cualquier humano promedio hubiese caído muerto; “Si, soy un demonio” le respondí. “Quiero hacerte una pregunta” dijo mirándome fijamente a los ojos, con una mirada fría y honesta así que asentí, invitándolo a que preguntara. “¿Existe tal cosa como el cielo y el infierno?”, yo me reí y le dije que sí, que así como existían esos dos también existía el purgatorio. Pude sentir como el corazón de Nicolás se tranquilizaba totalmente, había aclarado la duda de toda su vida, aquella duda que lo había atormentado toda su vida y que también atormentaría la vida de las otras personas hasta el fin de sus días. “¿Qué quieres de nosotros?” Preguntó, esperándose lo peor, “Todo” respondí, y alzando lentamente mi mano derecha hacia ellos les dije con una suave voz “El infierno no es como lo pintan ustedes”.

15 de Agosto de 2018 a las 01:24 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Rodrigo Hidalgo Me gusta mucho escribir e intento compartir mis historias lo mas que se pueda. Escribo gran variedad, comencé con el misterio y suspenso en mi etapa escolar, pero con el tiempo fui inclinándome mas por la aventura con una ligera pizca de comedia y por que no, romance también.

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~

Historias relacionadas