¿Juegas a amarme? Seguir historia

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Tras un largo viaje, Valentina llega por fin a California. El cambio le fue duro, le costó dejar atrás a sus pocos amigos y su viejo barrio donde creció. En su nuevo instituto, tras enfrentarse a uno de los populares, empieza a sufrir acoso por culpa de este, hasta que un día deben pasar tiempo juntos.


Ficción adolescente Sólo para mayores de 18.

#traición #amor #bullying #acoso #playboy
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Capítulo 1.

Me encontraba tranquilamente hablando por un grupo de WhatsApp con mis mejores amigos: Cazu, Matias, Carlos y Eli. 

Sonreía satisfecha. La verdad es que no me puedo quejar mucho de mi vida, mis padres trabajaban lo suficiente para ganar bastante dinero y para pasar tiempo conmigo, mis amigos son maravillosos, y mis notas pues... Tengo salud.

Estaba escuchando Butterfly del grupo coreano BTS cuando una presencia hizo que desviara mi mirada de mi móvil. Mi madre se encontraba delante de mi cama esbozando una gran y estupenda sonrisa. Me quité los cascos para hablar con ella.

—Dime mamá —sonreí.

—Valentina, tú sabes que nuestra empresa es importante.Y sabes que siempre nos esforzamos para que nos asciendan.

—Mamá, por favor, al grano.

—Nos ascendieron —dijo orgullosa.

Lanzó un grito de felicidad junto un baile raro. Yo me uní a ella. Mis padres siempre trabajaron demasiado para poder tener mejor puesto, y así tener mejores condiciones de vida.

—¡Muy bien mamá! —la felicité—.¡Eso es fantástico!

—Pero... —habló ella alargando la «e».

—Siempre hay un pero.

—Debemos irnos a California.

—¿¡Qué!? —grité después de procesar aquel comentario—. ¿No os voy ha ver?

—No, no, no, cariño, has entendido mal —intentó calmarme—. Nos vamos. Todos. Los tres.

—Espera... ¿¡Qué!? —volví a gritar—. Mamá, no pienso irme de Chile —dije seria.

—Cariño, no te podemos dejar sola—aclaró—. Además, ya están los billetes comprados para esta noche. Salimos de aquí a las seis de la mañana.

¡Fantástico! Ya no solo debía irme de este querido lugar, y no poder estar con mis amigos. No, si no que encima debo madrugar.

Resentida, volví a coger mi móvil. Tenía trescientos cincuenta y dos mensajes del grupo Dame Pan, grupo dónde estábamos mis amigos y yo. Rápidamente escribí un mensaje.

«Miaucos, ¿pueden ir al parque que queda cerca de casa? Es urgente. Los quiero a TODOS en veinte minutos, ¿si? Los quiero.»

Me dirigí a mi armario y empecé a sacar ropa. Cogí algo sencillo y me bañé. Al cabo de unas cuantas canciones, estaba bañada, vestida y peinada. Bajé rápidamente, me despedí de mis padres y fui al parque.

—Llegas cinco minutos tardes —me reprochó Cazu.

—No pasa nada —reí.

—¿Qué era eso tan importante que nos querías decir? —preguntó Eli.

—Yo...

—¡Miauca! —gritó Carlos abrazándome por el cuello.

«Miauca» es un apodo que usaba Carlos cuando era pequeño para llamar a una persona querida. Con el paso del tiempo, todos en el grupo usábamos esa expresión.

¡Miauco!

—Val, habla ya —habló Matias de mal humor.

—Me voy a California —confesé sin rodeos.

El silencio se hizo presente. Ninguno sabía que decir. Eli de inmediato se giró, seguramente para llorar. Cazu se abrazó y se tapó la cara con la mano, mientras que Carlos escondía la cara en mi cuello y Matias abrazaba a Eli intentando calmarla.

—Val, esa broma no hace gracia... —dijo Matias con cierta esperanza de que fuese eso, una pesada broma.

—Pero por desgracia no es una broma —dije secante—. Me voy hoy a las seis de la mañana.

—Val, te extrañaremos.

Todos me abrazaron. Ninguno podíamos contener las lágrimas, y al cabo de unos segundos ya éramos un mar de lágrimas. No quería separarme de ellos. Éramos una especie de club de incomprendidos, de marginados que querían ser feliz. Ese grupo creció, se hizo fuerte, pero un solo viaje lo iba a destruir. Y no es que sea la mejor chica del universo, ni la mejor amiga, pero sabía todos los problemas de ellos, y ellos los míos.

Tras un rato llorando, nos pudimos calmar. Lentamente nos separamos del abrazo y nos miramos. Todo sería duro, pero lo podíamos afrontar.

—Oye... ¿Por qué no hacemos una fiesta de despedida? —sugirió Eli.

—No queda tiempo —replicó Cazu.

—Da igual, vayamos a algún sitio —dijo Matias.

Tras unos minutos de discusión decidieron solo caminar por la ciudad cómo siempre solíamos hacer cuando no habíamos planeado algo antes. Fueron unas horas de risas y diversión hasta que llegó la noche. Durante ese momento me sentía bien, cómo si todo el dolor desapareciese, cómo si no hubiera dicho eso. Todos me acompañaron a casa y nos dimos un último abrazo por el momento.

—Te extrañaremos —habló Eli.

—Hablaremos por WhatsApp —sonreí.

—Adiós Valentina —me abrazó Carlos—. Te amo —dijo en un susurro.

Estaba sorprendida. Me había quedado perpleja.

Cuando reaccioné, entré en casa. Ya no hay vuelta atrás. 

Un viaje, menos unos amigos entre un corazón roto es igual a llanto descontrolado.

Sacudí mi cabeza rápidamente. Intentaba quitarme el «te amo» de Carlos. Sabía que si le hablara le haría daño, pero si no lo hacía seguramente también.

Fui a la cocina para pedirle consejo a mamá.

—Mamá.

—Dime pequeña —contestó sin quitar su mirada de las verduras que estaba cortando.

—Tengo un problema.

—Cuéntame.

—Carlos me acaba de decir que me ama, y no sé que hacer. Si le respondo diciéndole que solo lo veo como un amigo le dolerá, pero si no le respondo pensará que paso de él. ¿Qué hago? No quiero que esté mal.

Mi madre alargó un suspiro. Dejó el cuchillo a un lado y se sentó en la encimera a mi lado. 

Mi madre tenía apenas treinta y cuatro años. Es una mujer fuerte. Me tuvo con dieciocho años. Estudió marketing, contabilidad e ingeniería de informática y ahora está en una empresa bastante mundial. Ha llegado bastante lejos luchando, y eso me hace seguir sus pasos.

—Lo mejor será que hables con él, ¿no? —me miró.

—No sé mamá... —hablé con tristeza—. Todo es tan... Confuso. No quiero dañar lo.

—Cariño, en el amor. Si los dos no se aman, siempre va ha salir uno de los dos dañados, recuerda eso —se bajó de la encimera—. Y ahora sube ha hacer tu maleta.

Bajé de la encimera y me dirigí a mi cuarto. Primero le enviaría un texto a Carlos, y después haría la maleta. Sí, eso haré.

«Carls, Miuaco. Solo quería decir que lamento tanto esto... Sabes que no podemos hacer nada, te quiero, te quiero mucho, pero solo te veo como un amigo, tal vez como un hermanito. Siento tanto mandarte a la brotherzone, lo siento. No te culpes, seguramente si me lo hubieras dicho antes la cosa sería tensa, ¿no crees? Lo siento, en serio, no quiero que llores, por favor. Hablaremos cuando venga en vacaciones, ¿si? Querría hablar cara a cara todo esto, sólo si tu quieres. Te chero. Tu Miauca, Val.♥».

Volví a leer el mensaje. Suspiré, y se lo envié.

Listo. Me mudaré a otro país y encima le arruinaré la vida a un amigo. Bien Valentina. Bien hecho.

29 de Julio de 2018 a las 22:32 4 Reporte Insertar 1
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Gin Les Gin Les
Hola, soy Gin, embajadora de Inskpired. He pasado a revisar tu historia como parte del programa de verificación con el propósito de ayudarles a presentar un trabajo de calidad a los lectores y que de esa manera logren alcanzar mayor cantidad de lecturas. Antes de verificarla es necesario que corrijas algunas faltas de ortografía y puntuación en tu obra, una vez hecho esto comenta este mensaje y pasaré de nuevo a revisar para ponerla en verificada. Espero poder ayudarte en caso de que tengas alguna duda. ¡Saludos!
13 de Diciembre de 2018 a las 21:19

  • XSweetBxbyX XSweetBxbyX
    Hola, Gin. Creo que ya está todo corregido. Un saludo. 3 de Enero de 2019 a las 10:50
  • Gin Les Gin Les
    Hola!, genial, solo checa el espacio entre el texto y los guiones :D Sería todo. Te deseo suerte con tu historia. 5 de Enero de 2019 a las 00:30
  • XSweetBxbyX XSweetBxbyX
    Todo listo. 30 de Enero de 2019 a las 10:06
~

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