Gerald y el día de lluvia Seguir historia

benjamin-cornejo1528753224 Benjamin Cornejo

Historia escrita por mí el dia 14/7/18 a las 4 de la mañana de Gerald, un hombre que decidió dejar de hablar se enamora de una mujer misteriosa que lo hace ver el mundo de una manera especial (Si, se dice mucho Gerald en el cuento, esta con querer asi)


Cuento No para niños menores de 13.

#masacre #romance #amor #miedo #ficción #cuento-corto #cuento #muerte
Cuento corto
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Gerald y el día de lluvia

Gerald sabía que iba a morir, pero le gustaba pensar en ello.

Se despertó un día cualquiera mirando el techo, de este caían gotas sobre su frente, él se quedaba inmóvil ya que ahora tenía un motivo para levantarse. Tenía cosas que hacer, pero Gerald se había acostumbrado a ignorar las responsabilidades. Mientras las gotas seguían cayendo sobre la frente de Gerald sintió como un cuerpo al otro lado de la cama se levantaba y se dirigía hacia el baño. Era una chica de piel pálida y cabello oscuro, estaba desnuda, pero esto le importaba menos a Gerald que a ella. Después de unos minutos la mujer salió ahora con ropa interior del color de su cabello, se sentó junto a Gerald y lo miro fijamente

- ¿No te vas a vestir? -dijo en un tono maternal mientras ponía una mano sobre la de Gerald.

Gerald negó con la cabeza

- ¿estás seguro?
Gerald sin soltar ninguna palabra comenzó a acariciarle el dorso del mano con delicadeza, como si esta se fuera a romper. A la chica le faltaba la punta del dedo anular de la mano derecha, tenía una gran cicatriz en el vientre y un tatuaje de una orquídea en la costilla izquierda.
Gerald nuevamente negó con la cabeza
- Esta bien. -susurró la chica
El sonido de la lluvia sobre el techo de la habitación en la que estaban ambos se hacía cada vez más estruendoso. La mujer intento mirar por la ventana, pero esta tenía tablas de madera que impedían las miradas de afuera hacía adentro y viceversa.
- Debo irme, y a ti se te está haciendo tarde, debes vestirte y llegar a la estación antes de las 1. sobre las 12 es donde más hay gente ¿okey?
Gerald suspiró y asintió con la cabeza.
La chica se levantó, besó a Gerald en la frente despidiéndose, tomó su ropa del piso y un paraguas sobre una mesita de noche junto a la puerta y se marchó.
Gerald se dejó caer sobre la cama húmeda y se llevó ambas manos frente a su rostro, ambas tenían al centro de la palma una cicatriz pequeña. No pudo evitar dejarse llevar por su memoria a los escasos recuerdos de su niñez, recuerdos de unos padres ausentes y una abuela de origen turco la cual apagaba cigarros en el cuerpo de Gerald y si este se atrevía a darse la debilidad de llorar la abuela le gritaba ''¡Maricón!'' y lo abofeteaba. Aun así, Gerald, un hombre de ahora 25 años, de piel tostada y cabello corto siempre quiso a su abuela, nunca odio a nadie y se acostumbró a querer a todos sin conocer a nadie realmente.
Una gota cayó sobre la frente de Gerald, se levantó y se puso de píe, tomó la ropa del piso y comenzó a vestirse. Decidió que el día de hoy por tratarse de un día muy especial se pondría un gorro de lana que había comprado en una fiesta artesanal, una camiseta con un superhéroe de su infancia y una sudadera de color rojo, se puso unos pantalones nuevos y se abrocho unas zapatillas que no le convenían para el tiempo que hacía que afuera, pero poco le importaba, tomó un paraguas del piso y se miró al espejo de arriba hacia abajo, suspiró y tomo un estuche de guitarra pesado del piso y salió del cuarto. Al llegar a la calle lo sorprendió el viento, abrió el paraguas y comenzó a caminar con la calle a su derecha, caminaba rápido, pero estaba relajado. Se concentraba en el ruido de la lluvia sobre el paraguas arriba de su cabeza, odiaba la lluvia, pero le gustaba que las calles estuvieran más limpias de gente, llegó a un paso de peatones y se paró, la gente lo rodeaba para poder cruzar, algunos lo miraban extrañado ya que no había autos y se podía cruzar perfectamente, pero él prefería esperar. Cuando ya no quedaba nadie el decidió cruzar, seguía caminando con la calle a su derecha mientras veía a la gente, a la poca gente que se atrevía a salir a las calles con tal lluvia, él los llamaba valientes. Gerald se interesaba incansablemente por las personas, le parecían infinitamente interesantes, él trabajaba en una cafetería, no tenía estudios universitarios y tampoco se interesó alguna vez en tenerlos. Gerald amaba escuchar a las personas, conversaciones ajenas, se emocionaba con palabras de amor entre gente que jamás había visto, y si no se trataban de clientes frecuentes posiblemente jamás volvería a ver. Una vez escucho una charla entre dos hombres, uno tuerto y otro que usaba un bastón, ambos se intercambiaban bromas sobre la impotencia y la incapacidad de amar de uno de los dos, Gerald no supo cuál de los dos era. De repente uno de los dos hombres bajo la voz y comenzó a susurrarle al otro
- La maté. Si, la maté -dijo seguido de un silencio que paró de repente las risas de ambos que se escuchaban por toda la cafetería
- ¿Cómo? -respondió el amigo entre unas risas nerviosas
- Como oíste, la apuñale 37 veces, 7 veces en el abdomen, 14 en el cuello y 16 en el pecho.
- vamos, hombre, siempre te pones raro cuando tomas mucha azúcar, cálmate.
En ese momento el que anteriormente se había proclamado un asesino tomó la mesa con una mano y la lanzó a un costado. Gerald se giró para mirarlos mientras toda la cafetería se hundía estrepitosamente en un súbito silencio, el que lanzó la mesa era el tipo tuerto y después de hacerlo se puso de pie acercándose al del bastón que seguía sentado, pero ahora con todo el regazo lleno de café.
- ¡la apuñalé 37 veces, 7 en el abdomen, 14 en el cuello y 16 en el pecho! ¡la apuñalé 37 veces, 7 en el abdomen, 14 en el cuello y 16 en el pecho!
De un momento a otro el hombre que ahora estaba gritando se metió una mano en el bolsillo y saco un cuchillo envuelto en un trapo ensangrentado. La mano del hombre temblaba y esta dejo caer el cuchillo al piso, desenvolviéndose y arrastrándose hacia los pies del otro hombre.
El tuerto comenzó a caminar hacía su amigo arrodillándose frente a él y lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
- la apuñalé 37 veces... 7 en el abdomen -se aclaró la garganta- 14 en el cuello y 16 en el pecho...
Gerald miraba con miedo la escena a unos pocos metros de él y apretaba en su mano derecha la cuenta que casi les llevaba a aquella pareja de amigos. Recordaba muy bien aquella escena del verano pasado, después de que el hombre del parche se calmó todos salieron de la cafetería y se lo llevó la policía. Al otro día cuando Gerald desayunaba mirando la televisión se enteró que la mujer asesinada por el tuerto era su esposa y estaba embarazada de 4 meses y el hombre se suicidó en la comisaria intentando tragarse un rollo de papel higiénico, muriendo de una forma lenta y agónica, pero de muerte no tocaba hablar ahora, pensaba Gerald. Pensaba en que los zapatos que tenía comenzaban a mojarse, y con eso también comenzaban a mojarse sus pies. Pensaba en volver, pero ya llevaba varios minutos caminando, levantó la mirada y noto que había llegado a una avenida, seguía con la calle a su derecha y a su izquierda comenzaron a aparecer varios escaparates de variadas tiendas, de nombres en idiomas que siempre quiso aprender con cosas que no podía pagar y tampoco quería. Se paró en una calle, esperando que diera verde el paso de peatones para poder cruzar al otro lado, frente a él había una chica, notablemente más joven que Gerald, se estaba arreglando el cabello, cabello de color gris que quedaba precioso en una piel oscura, tenía un abrigo y una cartera de color negro, Gerald había visto una idéntica en una de las tiendas de antes. La miró de lejos, miró su cabello y el maquillaje que, para su gusto, estaba ligeramente exagerado. Ella correspondió la mirada de Gerald y ambos se observaron como si llevaran toda la vida en ello, Gerald no se ponía nervioso, no era alguien tímido ni inseguro. La chica esbozo una sonrisa a la que Gerald correspondió rápidamente. La gente comenzaba a moverse y vio que el semáforo del cruce de peatones ahora estaba en ese color esmeralda, avanzó acercándose cada vez más a la chica de piel oscura, en ningún momento ni uno de los dos alejó la mirada del otro, cuando estuvieron uno al lado del otro Gerald pudo sentir su aroma, una mezcla entre esmalte de uñas y madera, cuando la tuvo a su lado, solo a unos pocos centímetros sentía que el tiempo paraba y volvía rápidamente a la realidad que tanto le gustaba, a una chica sin medio dedo que no sabía lo que realmente era el para ella a unas manos con cicatrices a una abuela turca que aún extrañaba y el sonido del agua cayendo sobre el paraguas arriba de su cabeza. Gerald siguió caminando como si lo que acababa de pasar jamás había pasado, llegó a la entrada del metro y comenzó a bajar. al llegar abajo, sacudió el paraguas y lo cerró, se puso frente al andén y esperó el vagón.
Miro fijamente el estuche de guitarra que llevaba aún como si estuviera pegado a su mano, estaba pesado así que aprovecho la oportunidad de por fin estar quieto unos segundos y lo dejo con cuidado sobre el piso, estiró el brazo haciendo sonar rápidamente su hombro, suspiró y giró la mirada al escuchar en la lejanía el vagón. levantó el estuche y entró apenas este abrió sus puertas frente a el. Al momento de estar dentro miró hacía ambos lados y notó que aparte de un vagabundo y una anciana leyendo la biblia no había nadie más, caminó hacía el fondo del vagón y se sentó lejos de ambos personajes, dejó el estuche sobre sus piernas y apoyó sus brazos sobre este. la luz tubular sobre su cabeza titilaba, lo hizo recordar cuando conoció a Joanne, la chica con la que despertó aquella mañana. fue una noche en un club, la música estaba demasiado fuerte y hacía mucho calor, Gerald fue arrastrado a ese lugar por un vecino de nombre William que lo consideraba como un amigo, pero él apenas sabía como se llamaba. mientras Gerald se distraía en la barra, su vecino tenía una mezcla de LSD y alcohol en el cuerpo por lo cual no se cansaba y bailaba como si su cuerpo se estuviera consumiendo con el mismo fuego con el que quemaron el cadáver de Hitler. Gerald bebía de un vaso que se notaba estaba sucio, un alcohol barato, pero le daba igual. Pasaba el tiempo y el vaso de Gerald se quedaba cada vez más y más vacío, mientras se preparaba para irse se apareció una chica delgada a su lado, le quitó el vaso y bebió lo poco que quedaba en el.
- Pareces un niñito - Dijo la chica mirando hacia abajo mientras el DJ cambiaba la música a algo aún más ruidoso ante los oídos de Gerald.
Gerald se rió ante el comentario y la miró sonriendo, y rápidamente volvió a mirar la barra. la chica se acercó un poco más a él sin dejar de mirarlo en ningún momento
- ¿Y vienes mucho por aquí? no te ves como alguien ruidoso, ni mucho menos con dotes de bailarín.
Se acercó por detrás William, pero un licor derramado en el piso hizo que este cayera sobre la barra, tirando así el vaso vacío que estaba sobre ella. Gerald lo ayudó a levantarse mientras William se reía.
- Es hora de irse Gerald. Me siento horrible y empiezo a sudar como un cerdo en un matadero - de su boca emanaba un olor ridículamente fuerte a whisky y a bebida de cola. Joanne estiró la mano derecha y tomó el brazo de Gerald, en el acto William notó recién la presencia de ella.
- Estamos hablando ¿Es realmente necesario que se vayan ahora? - Comenzaron a subir el tono de voz, ya que realmente el ruido era ensordecedor y se volvía difícil lograr escucharse entre sí.
- ¿Hablando? -preguntó irónicamente William entre risas- pues ten paciencia, he vivido junto a este tipo por 4 años y jamás lo he escuchado decir ni una palabra.
Gerald miró a William sonriendo por el modo en que hablaba, tanto alcohol en el cuerpo lo hacía modular de una manera torpe y desganada.
- ¿Es mudo? - Preguntó de manera tímida Joanne con miedo a incomodar a Gerald.
- No tengo ni la menor idea, también se lo he preguntado y se limita simplemente a mover la cabeza negándolo. Esta loco, y es una persona genial, cuando me voy de viaje cuida mis plantas y cuando vuelvo están mejor que cuando las cuido yo -La boca de William se llenó de vomito, se abrió paso moviendo a Joanne a un lado corriendo hacía el baño,
- bueno... Gerald, me llamo Joanne y la verdad odio los lugares así y odio a la gente en general.
Ya iban 2 meses de ese episodio, desde que Gerald conoció a Joanne, 2 semanas después de que esta lo sacara del club, eran inseparables. Joanne se acostumbró rápidamente a la ''mudez'' de Gerald, podía hablar de ella, de sus ideas y su modo de pensar, de como veía el futuro y sus deseos. Gerald disfrutaba escucharla, aunque no compartía algunas cosas que pensaba Joanne. Joanne odiaba mucho a la gente, decía que la mayoría eran seres sin fuerza que vivían gracias a otros y eran incapaces de vivir solos o por su propio esfuerzo.
''Parásitos'' los llamaba ella, pero a la vez aseguraba que siempre tuvo el miedo de quedarse completamente sola. decía también que no tenía amigas, que odiaba ese cliché que las mujeres debían estar rodeadas de gente, pero ella necesitaba estar con alguien.
Gerald recordaba como Joanne le contaba que si cuando pequeña sus padres llegaban a morir y ella se hubiera visto obligada a estar sola se hubiera suicidado, pero que la muerte también era algo que le aterraba.
Gerald despertó de su laguna mental en la que estaba cuando el vagón del metro comenzaba a detenerse lentamente. Abrió las puertas y la señora con la biblia salió, Gerald miró al vagabundo, que era el único, aparte de el, que quedaba en el vagón y ahora se encontraba durmiendo, miró el estuche pesado que tenía sobre las piernas, puso ambas manos en los cierres de clip y los abrió, levantó la tapa con una mano y miró el interior. Con la mano que tenía libre toco con la yema de los dedos una Colt AR-15, un fusil semiautomático que compró al primo del amigo de un conocido en un viaje a otra región, llevaba puesto un cargador de 30 rondas lleno y tenía otro, por si acaso. Resulta que de todo lo que hablaba Joanne, También decía que la gente necesitaba un ''mensaje'' algo que los ayudara a pensar y a cambiar, que las cadenas de abrazos en las plazas de las ciudades no eran suficiente, esas cosas eran motivo de burlas y ridiculizadas por la gente. Que no se podía cambiar a base de cariño y aceptación. Gerald creyó cada una de sus palabras, embelesado por Joanne, Gerald hubiera sido capaz de quemar todo, el cielo, el infierno y a nosotros en medio de ambos.
Gerald se peino rápidamente con una mano y se aclaro la garganta mirando fijamente el fusil, Cerró el estuche, aseguró cierres de clip y volvió a posar las manos sobre este, Se repetía a si mismo en su cabeza las palabras de Joanne, que todo iba a salir bien, que no quedaría como un monstruo, sino como un pensador, una persona con el coraje de por fin hacer algo por los demás y hacerlos pensar. Se repetía a si mismo el plan, su plan. Se pararía afuera de una de las puertas de la estación de tren, la que estaba al centro, estando allí, abriría el estuche, se guardaría el cargador de reserva en el bolsillo derecho, ya que esa era su mano hábil, luego tomaría el fusil, con el indice de la mano izquierda sacaría el seguro y comenzaría a disparar a la gente que estará dentro de la estación. Al ser la estación de tren en la capital de la región se llenaba rápidamente de gente queriendo entrar y salir. jóvenes y adultos trabajadores serían los elegidos. Joanne había escogido el lugar del gran evento de Gerald, la parte más transcurrida de la ciudad era aquella estación.
Oh, Joanne.
El vagón había parado lentamente en el destino de Gerald, tomó el estuche y el paraguas, se levantó del asiento y comenzó a caminar saliendo del vagón sacó el paraguas preparándose para la lluvia, pero ya había dejado de llover. El día cambio de un color triste a uno lleno de colores brillantes y amables.
Gerald vio a lo lejos las puertas de la estación, apretó la mano con la que llevaba el estuche e inició la marcha hacía su destino. Se detuvo en el paso peatonal para cruzar hacia la estación, suspiró y se sintió solo, podía escuchar a la gente a su al rededor, pero las ignoraba como ellas lo ignoraban a él. cuando el semáforo redondo se prendía en el color esmeralda, Gerald comenzó a caminar lentamente. Comenzaba a temblar de manera cada vez más exagerada, levantó la mirada y vio un teléfono publico, se acercó rápidamente hacía el, dejó con cuidado el estuche en el piso y marcó el número de Joanne. No, no podía hablarle, pero sentía que Joanne sabría que era él y ella podría calmarlo. estaba seguro de eso. Joanne le diría que todo iba a estar bien, que todos estamos aquí con un destino. Joanne había abierto los ojos de Gerald, era un futuro símbolo para la gente, para la gente que quiere que las cosas cambien, para la gente que no se conformaba con lo que veía todos los días, con el aire que respiraba todos los días, con la mierda que soltaba todos los días, con la porquería que veía todos los días en la televisión.
Pero Joanne no contestaba, volvió a intentarlo, pero la voz casi robótica que salía de la bocina del teléfono publico volvía a repetir el mensaje que anteriormente había escuchado. Sonaron las campanas que indicaban que era medio día. era el momento que Gerald había estado esperando toda su vida. Tomó el estuche y comenzó a caminar. Gerald pensaba, ¿Será que le lavaron el cerebro? No, siempre había decidido en su vida, No le gustaba la idea de que no controlaba su destino, el había decidido amar a Joanne, estar de píe en ese momento, en ese lugar para repartir su mensaje, el mensaje de Joanne y suyo.
Llegó a las puertas de la estación, sus manos temblaban sin control, puso el estuche en el piso, se acercó arrodillándose y se metió una mano al bolsillo, saco un reproductor de música, se llevo los audífonos a los oídos y subió el volumen, sonaba una canción de piano triste, pero rápida. abrió ambos cierres de clip del estuche, levantó la tapa, tomó el cargador y lo guardo en el bolsillo derecho, con el orificio de las balas hacía abajo, levantó el fusil Colt AR-15, lo miró rápidamente, apunto a un grupo de gente que entregaba pulseras para una causa benéfica, y sacó el seguro del arma con el dedo indice de la mano izquierda.
La gente comenzaba a correr. con el reflejo de un espejo al fondo de la estación Gerald se aseguraba que nadie estuviera detrás de el e intentara interrumpirlo. Contaba cada uno de los disparos los cuales acertaba de manera certera en cada uno de los objetivos que elegía de manera totalmente aleatoria, tomaba aire para evitar desmayarse, distribuía su peso en ambas piernas para evitar que sus rodillas lo hicieran caer debido a lo mucho que temblaban.
Cambió el cargador.
Pensó en Joanne, en las veces que ambos se amaron y en las muchas cosas que quedaron por hacer y que quizá, si el Dios en el que creía su abuela lo permitía. en otra vida volver a encontrarse ya con un mundo nuevo y cambiado, renovado y más sano.
Pensó en su vecino alcohólico y la mujer de piel oscura a la que amo unos cuantos segundos que parecieron vidas completas.
Pensó en las cicatrices de sus manos y en que extrañaba a su abuela. en el televisor que tuvo que vender para comprar el arma y lo difícil que se hizo encontrar la munición.
Pensó en su superheroe favorito y su camiseta. en que tenía los pies mojados y en que la cabeza le comenzaba a doler, quizá estaba entrando en un resfriado.
De repente por un costado de Gerald un hombre obeso de unos 50 años le disparo en una pierna, seguido de un disparo en el abdomen y en el brazo derecho.
Gerald cayó al piso soltando el fusil, ya en el suelo miro hacía el cielo mientras sentía como el viejo obeso se lanzaba sobre el, seguía escuchando la música de piano la cual no iba ni siquiera en la mitad y cerró los ojos.
Al abrirlos estaba esposado a una camilla, tenía puesta una bata y tenía frío, estaba la puerta de la habitación abierta de par en par y tenía una televisión encendida.
se levantó con dolor y cuidado de no sacar los puntos en las heridas de bala, se acerco a la ventana que tenía junto a el y vio toda la ciudad desde un piso 10.
Había llegado lejos, pero ¿que pasaría ahora? o mejor dicho ¿que debería pasar? no volvería a ver a Joanne y seguramente pasaría toda su vida encerrado, pero ¿la gente habrá entendido lo que hizo y por que lo hizo? seguramente si, osea, por eso estaba ahí.
Aléjate de la ventana - dijo un policía que había entrado a la habitación sin que Gerald se diera cuenta, tenía la mano en su arma preparado y deseando disparar- ¿Que planeas? maldito cobarde. Mataste a 48 personas con 57 balas. 48 personas inocentes y aún te quedaron 3 balas ¿por que no te pusiste una en el cerebro? mañana saldrás de aquí, afuera estará lleno de prensa, así que prepárate para la patética excusa con la que saldrás sobre por que lo hiciste.
Gerald se dejó caer de rodillas mientras lagrimas comenzaban a caer hacía el piso mientras el brazo esposado a la cama quedaba levantado.
- Joanne... ¿a visto a Joanne? -susurro Gerald con la voz quebrada-
- Nadie a preguntado por ti, y dudo que alguien lo haga. Ahora duerme, o no hables, no intentes nada estúpido, estoy esperando para reventarte la cara a patadas
Gerald empezó a sentir en sus rodillas como las lagrimas comenzaban a hacer un pequeño charco en el piso.
¿Que haría ahora? ¿Que le diría a la prensa? ¿Sonreiría fríamente haciéndose el duro?
¿Lloraría arrepentido? ¿Alguien creería la razón por la cual lo hizo?
No sabía, extrañaba el aroma de la mujer de piel oscura con la cartera de marca italiana, Deseaba estar con Joanne, con su abuela y en el metro nuevamente, deseaba que al estar en el teléfono publico apareciera alguien más y comenzara a disparar al azar entre la multitud, alguien más y no él.
Pero ya había pasado y Gerald no estaba realmente arrepentido.
aún tenía los píes mojados y la cabeza le dolía mucho.
Y es que así tenía que terminar todo. ¿verdad?

¿Bien? ¿no?  

14 de Julio de 2018 a las 08:21 0 Reporte Insertar 0
Fin

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