Oculto en la inocencia Seguir historia

jsm Sebastian Martin

Gabriela visita todos los días a su novio Juan, que luego de un grave accidente, se encuentra internado en el hospital. Juan comenzará a contarle a Gabriela los sucesos extraños que ocurren en la habitación durante la madrugada, relacionados a la niña que duerme en la cama vecina. A medida que pasan las noches, los sucesos relatados por Juan serán cada vez más terribles. Esto llevará a Gabriela a una serie de preguntas sin respuestas. Debido a esto, comenzará una inquietante investigación que terminará desatando una lucha tanto psicológica como espiritual.


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Noche uno

- ¿Cómo dormiste anoche Juan?

Juan la miró y luego volteó la cabeza hacia la izquierda, clavó la mirada en la niña que dormía en la cama vecina.

- No muy bien amor, no muy bien.

Gabriela, su novia, notó un gesto extraño en el rostro de Juan, se sacó los guantes y la bufanda y los colocó en la pequeña mesa que se encontraba junto a la cama.

- ¿Por qué no muy bien? ¿Qué paso?

Juan aún miraba a la niña, con gesto pensativo.

- ¿Por qué no muy bien?

Insistió ella.

- ¿Viste la niña?

Gabriela dirigió la mirada hacia la otra cama de la habitación, y observó despreocupada.

- Si, ¿Qué pasa con ella?

Ahora sí, Juan miró a Gabriela a los ojos.

- Anoche, después de que la enfermera hiciera la revisión, me miró todo el tiempo, desde su cama.

- ¿Te dijo algo?

- No, no me dijo nada, sólo me miraba. Antes de dormirme, le pregunté si necesitaba algo, si le dolía algo, pero no me contestó, di vuelta la cabeza y me quedé un rato dormido. En la madrugada volví a mirar hacia la cama, y ahí estaba, aun mirándome, no se había movido ni siquiera un poco, estaba en la misma posición. Supongo que se habrá quedado dormida con los ojos abiertos.

Gabriela miró a la niña que ahora, al parecer, dormía pacíficamente. Luego tomó la mano de Juan y le sonrió.

- Si gordo, seguro debe haberse quedado dormida con los ojos abiertos. Ya pronto vas a salir del hospital y vas a volver a casa.

Juan había sufrido un accidente automovilístico. A causa de ello, estuvo dos semanas en terapia intensiva, en estado de coma. Hasta que un día despertó y con los cuidados de su familia y el seguimiento médico de la doctora Ruiz, empezó a mejorar su estado de salud. Fue trasladado de la sala de terapia intensiva a una habitación común, porque Ruiz consideró que Juan, su paciente, se encontraba fuera de peligro y estable. El joven fue trasladado a la habitación “5C”. La niña de la que él hablaba era su única compañera, había sido internada la mañana siguiente a la que Juan había sido transferido. Juan vio cuando llegó, la enfermera la traía consigo en silla de ruedas acompañada de una joven mujer. La acomodaron en la cama y le colocaron suero intravenoso. Luego de eso, el joven se concentró en el televisor y no prestó mayor atención a los detalles del cuidado de la niña.

Gabriela lo visitaba todos los días, se quedaba a su lado y le compraba comics para leerle por las tardes. A Juan le encantaban los comics, amaba coleccionarlos. En casa, tenía varios de Batman y algunas colecciones especiales de ciudad Gótica, además de muchas otras ediciones de héroes y villanos. También le gustaba el misterio, de la misma manera que le gustaba Batman y ciudad Gótica. Juan era un niño encerrado en el cuerpo de un hombre, que ya con sus treinta y tres años convivía con Gabriela, y esperaba en unos años, poder casarse con ella y tener un hijo. Seguramente, imaginaba Juan, podría hablar de los Cazafantasmas, de Scooby Doo, de Batman y Superman con su hijo y pasar noches enteras durante los inviernos viendo series acerca de invasiones extraterrestres y sucesos paranormales, todo eso le llamaba poderosamente la atención y le divertía.

Durante el primer día de internación, Juan recibió las visitas de su hermano Darío, de sus padres y de Gabriela. Darío sólo estuvo unas pocas horas con él y luego se retiró dejándolo a cargo de la custodia a Gabriela. Sus padres, María y Armando, habían decidido turnarse para visitarlo durante su internación. María y Armando estaban divorciados desde que Juan tenía dos años, ellos apreciaban mucho a Gabriela y pensaban que era la mujer indicada para su hijo.

Gabriela, una simpática psicóloga de veintisiete años, se encontraba ahora cuidando de Juan. De niña creció bajo la custodia de su madre, su padre había muerto cuando ella era chica. Vivió con su madre hasta haber cumplido los dieciocho años. Luego escapó de su hogar y acudió a la ayuda de su mejor amiga Fernanda, ella la había acompañado durante toda la secundaria en la escuela del pueblo. Fernanda y los padres de ésta decidieron integrar a Gabriela a la familia. Ellos adoptaron a Gabriela como si fuese una hija y la protegieron de su madre. Los profesionales del tribunal de leyes determinaron que Viviana, la madre de Gabriela, sufría de desórdenes psíquicos y que debía ser internada en el hospital psiquiátrico del pueblo, para un tratamiento intensivo. El tribunal otorgó la custodia de Gabriela a la familia de Fernanda dado que ningún otro familiar se presentó al cargo. Una vez que Viviana fue internada, Gabriela no volvió a saber más nada de ella. La joven había sobrevivido a la mente perturbada de su madre, y en esos años de martirio junto a ella, había aprendido mucho acerca de la psicología humana. Por dicho motivo Gabriela sentía que la psicología la había buscado a ella y no al revés. Vivió con la familia de Fernanda durante sus años de estudio y luego conoció a Juan, se enamoró y decidió mudarse con él a un departamento en la ciudad. Alquilaban allí y parecía que todo marchaba bien, hasta aquel día en el que Juan había sido accidentado en el cruce de un semáforo. Gabriela, el día del accidente, estaba teniendo una sesión con un cliente en el consultorio en el que trabaja, la cual fue interrumpida por el llamado desesperado de una mujer que había tomado el celular de Juan y la había contactado para informarle del accidente. Esta mujer había sido testigo del choque y se lo contó todo.

La mayor parte del tiempo, Juan era acompañado por Gabriela. Pero por la noche, luego de la revisión de la enfermera, quedaba solo. Pasadas las once, el hospital no permitía que los familiares se quedasen como acompañantes de los pacientes en las salas comunes.

En la habitación, durante la noche, solo quedaban Juan y la niña. Nadie más.

Gabriela soltó la mano de Juan y metió la mano en la bolsa que traía consigo.

- Bueno. ¿Cuál vas a querer que te lea hoy?

Juan revoloteó los ojos, leyendo los títulos de los comics.

- Estaría bueno uno de “Cazafantasmas”.

Mientras Gabriela leía, Juan miraba a través del ventanal el cielo repleto de nubes grises y la llovizna de invierno. Seguramente por la noche nevaría.


11 de Julio de 2018 a las 21:51 4 Reporte Insertar 4
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Marcela Valderrama Marcela Valderrama
Muy buen capítulo, no dejas detalle suelto y estuvo muy interesante. La ortografía está cuidada, pero los diálogos están mal, más que nada se utiliza el guion largo en ellos, no el corto, por lo demás, me gusta como narras, es rítmico, ya sigo la historia y te seguiré leyendo. ¡Un saludo!
19 de Septiembre de 2018 a las 17:40

  • Sebastian Martin Sebastian Martin
    Muchas gracias Marcela! Tendré en cuenta tus consejos. Saludos desde Argentina! September 19, 2018. 11:21PM
Elena Beatriz Elena Beatriz
Interesante tema.. atrapa...
20 de Julio de 2018 a las 20:03

  • Sebastian Martin Sebastian Martin
    Gracias! Este fue mi último escrito. Estoy trabajando en la segunda parte. July 21, 2018. 01:03AM
~

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