El colectivero que terminó con el hambre en el mundo Seguir historia

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Leonardo Vaccani


Un pequeño cuento en el que se brindan los detalles de una apócrifa y momentánea solución al flagelo del hambre en el mundo.


Cuento Todo público.

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El colectivero que terminó con el hambre en el mundo

El flagelo del hambre en el mundo se resolvió en septiembre de 2015, pero fue un proceso que comenzó tres meses antes, en la línea de colectivo 542, durante la segunda vuelta del interno 54, que como todos saben, va desde Puente La Noria hasta la estación de Lomas De Zamora.

Del conductor diremos que, se llamaba Horacio y era un experimentado chofer a quien le faltaba un año para jubilarse y pasar sus días en una quinta —allá por la zona de General Rodriguez— que compró luego de ahorrar durante varios años.

Horacio era uno de aquellos colectiveros de antaño, de los que cortaban boletos en las viejas maquinitas y nunca se olvidaban de avisarle a las viejas despistadas dónde tenían que bajar. Además, era de esos que si te ven corriendo a lo lejos frenan y te esperan, y jamás te miran como diciendo me debés algo. Es decir, no esperan tu agradecimiento: lo hacen porque su cultura de trabajo tiene como estandarte brindar el mejor servicio posible al pasajero.

Esta segunda vuelta de Horacio me acerca en la semana hasta la estación, levantándome sobre Colombres y Frías alrededor de las 5:00 AM.

Es muy común, por esas horas, que en el asiento de adelante vaya algún conversador, amigo, colega o pasajero frecuente con quien el chofer entablase viaje tras viaje una especie de rutina, casi sin quererlo, o más bien una charla de café comparable con la de los parroquianos de un bar, que día tras día se reúnen a conversar, beber y timbear; sólo que sin café ni barajas y con la particularidad de que el bar anda sobre ruedas y levanta algún que otro pasajero que va hacia su trabajo o vuelve de alguna joda de muy dudosa reputación, en un estado que sobrepasa lo lamentable.

Esa mañana a la que le faltaban más de dos horas para que el sol se asomara completamente, hasta el momento no tenía nada de especial. Pero luego de sentarme casi en el fondo del colectivo tuve una sensación extraña: algo en el ambiente era distinto, algo estaba por suceder; como cuando uno se sumerge en el mar mirando hacia la arena y de repente tiene la sensación de que una ola gigante lo va a hacer pelota.

El caso es que al final del viaje no había habido ningún cambio visible en el entorno. Sólo unas palabras de Horacio que llegué a captar sin querer, y me quedaron rondando durante el resto de la mañana:

—En Asia y África se arregla el tema del hambre repartiendo el oro y las riquezas de dos o tres tipos, y en el resto del mundo se arregla con la guita que hay en el Vaticano.

Algo así fue lo que entendí. Tal vez algunas palabras fueron modificadas entre que lo escuché y lo escribí, pero más o menos el plan de Horacio era ese.

Ese tipo de conclusiones se han escuchado incontables veces, pero nunca se ha llegado a nada: el comunismo fracasó, la democracia enriqueció a unos pocos especuladores y a todos los políticos de turno, la anarquía solo dejó un fuerte gremio de panaderos y algunas buenas bandas de punk, los hippies son todos sucios y drogadictos, las dictaduras nunca terminarán de ser castigadas porque no existe tiempo ni castigo suficiente para el daño que han dejado; entonces, estamos solos.

A pesar de todo esto y a partir de las palabras del colectivero, fueron sucediendo algunos hechos puntuales que cambiaron la historia de la humanidad.

Al día siguiente, un periodista independiente y desocupado publicó un artículo al que tituló “El colectivero que tiene la fórmula para acabar con el hambre en el mundo”, en su pretencioso blog de escasos lectores llamado “Soy el mejor reportero solitario”.

Desconozco de qué forma este hombre conoció la historia. Debo creer que también se encontraba viajando con nosotros o es amigo de algún otro pasajero.

El caso es que desde hacía algún tiempo, a ese blog estaba entrando el editor de un medio muy conocido que decidió darle una oportunidad y publicarle la nota en la sección de curiosidades, a modo de prueba: si tenía éxito lo contrataría como colaborador.

La nota se viralizó rápidamente en las redes sociales y fue noticia en varios diarios y portales de todo el mundo: abundaron los comentarios ofensivos caracterizando al artículo como “extremadamente inocente y poco original”.

La televisión no tardó en hacer eco de la noticia y fue el tema principal de varios canales alrededor del mundo.

La discusión que desató era producto de la indignación mundial, ya que todos estábamos de acuerdo con el colectivero y todos en algún momento hemos llegado a esa conclusión: el hambre se puede terminar fácilmente.

Entonces sucedió lo inesperado: el hambre se terminó.

Las naciones unidas comenzaron a trabajar basándose únicamente en la receta de Horacio: Asia y África realizaron un plan de redistribución de las riquezas luego de una ley que obligó a todos los poderosos a justificar sus ingresos.

La misma ley se aplicó con sapiencia en toda América y en poco tiempo el 90% de los ricos y poderosos tuvieron que entregar sus bienes luego de no poder justificarlos.

Así, y con todo lo que se decomisó en el Vaticano, se acabó el hambre en el mundo en septiembre de 2015.

Las clases sociales se dividieron entre ricos, adinerados y conformistas: esta última clase era una minoría de familias austeras por decisión, convicción, religión o por haber perdido todo jugando. De todas formas eran subsidiados y su situación se analizaba todas las semanas para controlar que estuvieran realizando alguna actividad en pos de la comunidad.

El sistema parecía funcionar, pero como las buenas noticias nunca tuvieron mucha aceptación, era poco lo que se sabía.

Horacio fue buscado para ser condecorado como ciudadano ilustre, pero se encontraron con la triste noticia de que había sido asesinado al día siguiente de aquel viaje que cambió la historia, por unos delincuentes que intentaron ingresar en su casa al momento en que él estaba sacando el auto para irse a la terminal del 542 a comenzar con su rutina que ya tenía los días contados y tal vez, solucionar en tres frases el tema de la inseguridad.

El reportero independiente no consiguió el trabajo porque se presentó borracho a la entrevista con los directivos del periódico.

El hambre en el mundo volvió en pequeñas dosis y se intensificó un poco más por conflictos bélicos en oriente medio.

La porción de la humanidad que soñaba con acabar el hambre en el mundo se vio obligada a resignarse y volver a lo que se considera normalidad, pero con la desazón de haber presenciado una utopía realizada para luego verla despedazarse.

Algunos pocos seguimos viajando en colectivos, sin importar la línea ni el destino, y nos quedamos siempre muy cerca del chofer, atentos como cuando nos cuentan un chisme, esperando que nos revele algún nuevo plan tan magistral como conciso, que nos haga vivir otro período de alegría colectiva.

11 de Julio de 2018 a las 00:07 0 Reporte Insertar 0
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